Así vio Cuba y América el 20 de mayo de 1902: arcos triunfales, multitudes e iluminaciones.
5/19/13
5/14/13
Memorias: Celebrando a Virgilio Piñera
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| La memorable fotografía de Mario García Joya |
El tomo II se centra en la figura de Piñera. Un amplio espectro temático nos lleva de "Piñera dentro de su contexto histórico" (Alejandro Armengol "Elogio de los cobardes") a Lillian Manzor "De homosexual marginado a ñángara: Virgilio Piñera en las tablas norteamericanas (1969–1987)" que indaga en las puestas en escena del Teatro Dúo, Repertorio Español, Prometeo y Teatro Avante, realizadas en esas fechas en Nueva York y Miami, ya que a juicio de la autora, "durante el periodo de ostracismo y muerte civil de Piñera en Cuba, las tablas norteamericanas tuvieron la oportunidad de conocer su teatro, en inglés y en español, algunas veces en medio de controversias e intentos de censuras." Ofrece datos sobre una tesis sobre Virgilio escrita por Sor Lucy Cardet, tan temprano como 1971, inédita hasta la publicación de Una caja de zapatos vacía por Luis González Cruz y otros muchos detalles, sin dudas, aportes al conocimiento de Piñera a partir de fuentes documentales.
En el acápite de los estudios comparativos se incluyen trabajos de Ernesto Fundora, Lourdes Batanzos, Andrew Bennet y Francisco Soto (sobre los enlaces entre Persecución de Reinaldo Arenas y la vida y obra de Piñera). Estudios sobre su poesía y narrativa de César A. Salgado, Ileana Zéndegui, Rolando D. H. Morelli y acerca de distintos aspectos de su escena por Antonio José Aiello, Morbila Fernández, Diana Alvarez Amell, Pilar Cabrera Fonte, Severine Reyrolle, Jesús Barquet, David William Foster y Luis González Cruz. Su testimonio en "Virgilio Piñera en la encrucijada de la Revolución" es uno de los más valiosos, por su amistad con Virgilio y ser su editor en los Estados Unidos. Es uno d e los pocos que leyó En esa helada zona, que reconstruye aquí y cuyos bocadillos memorizó Julio Matas, que iba a interpretarla. El volumen culmina con el homenaje a tres directores, Dumé, Francisco Morín y Julio Matas y uno muy original –escrito por la actriz Yolanda Castillo sobre la experiencia de Morín en la Universidad de Oriente y Santiago de Cuba– al que alguna vez le dedicaré más espacio. Si Luis González Cruz adelanta que hay un antes y después de Piñera como hay un antes y un después de José Martí en la cultura cubana, Montes Huidobro, lo cierra con una evocación poética en "La vida es sueño: cartas son cartas" y la reproducción facsimilar de una tristísima carta de Virgilio, que no adelanto para que lean el volumen.
Esta limitada nota –imposible reseñar tantísimos trabajos y menos, discutir con algunos– intenta dar cuenta de un valiosísimo esfuerzo. No ha sido un homenaje más, sino un aporte porque hay Virgilio con o sin centenarios.
5/8/13
Nota al pie sobre sats
| Marisabel Sáez en una fotografía muy poco conocida que debo a la escritora Nancy Alonso. |
Mientras la teatralidad política de otro signo –adhesión, solidaridad o coacción social– casi no ha merecido el interés de los estudiosos a pesar de la larga trayectoria de grupos o comunidades que las utilizaron para el cambio, la concientización, la culturización o el adoctrinamiento. Del llamado “coro hablado” que leía para una multitud la Declaración de La Habana a los actos, concentraciones, desfiles y marchas. Desde la iconografía del acto político, a veces altamente coreografiado, a las manifestaciones más espontáneas. De los teatros tradicionales a las performances, de calle o de la «comunidad», por citar algunas. Interpreten estos ejemplos como una verdadera nota al pie, interesada por el alcance de estas investigaciones.
Asistimos por otra parte a la apropiación de un término teatral para una plataforma política. El para algunos enigmático “Estado de Sats” toma su nombre de la teoría de Eugenio Barba, de su libro La canoa de papel (1992). “Es una terminología del teatro”, explican, sugerida por una actriz amiga cuando buscaban cómo definirse. Escribe Eugenio Barba en este libro:
En el instante que precede la acción, cuando toda la fuerza necesaria se encuentra lista para ser liberada en el espacio, como suspendida y aún retenida en un puño, el actor experimenta su energía en forma de sats o preparación dinámica. El sats es el momento en que la acción es pensada-actuada desde la totalidad del organismo que reacciona con tensiones también en la inmovilidad. Es el momento en que se decide a actuar. Hay un compromiso muscular, nervioso y mental dirigido a un objetivo. Es la extensión o retracción de las que brota la acción. (Traducción de Rina Skeel, edición de Buenos Aires, 2005).
Puede que por extensión, la palabra haya trascendido a otros grupos o manifestaciones ya que casi todos los que han teorizado sobre el arte del actor, se han referido de distinta manera a ese momento de arrancada. . No es casual que ocurra una apropiación de esta naturaleza.
4/26/13
Yvonne López Arenal: ¿qué tiene Lala Fundora?
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| FOTOGRAFÍA DE ULISES REGUEIRO |
De lejos me ha sorprendido que un personaje escrito hace más de cuarenta años haya tenido aceptación en Miami en un contexto tan diferente. ¿Qué tiene Lala Fundora?
Esa misma pregunta me hago yo, ¿Qué tiene Lala Fundora?
Lala es una protagonista, una heroína cotidiana, conmovedora. Nació con una estrella destinada a quedarse para siempre en las tablas y en la memoria colectiva. La lucha de esta mujer por sacar adelante a sus hijos, a su familia, paraliza al espectador, es una sufrida madre, pero es también la eterna optimista, es simpática, es una fuerza de la naturaleza. La gente vibra con ella desde que dice la primera palabra. Lala es el resultado de la capacidad que tuvo el autor para crearla, única, sui géneris y a la misma vez cercana a tantas madres que conocemos. Es un personaje con carácter, muy realista, bien construído, con una historia que nos resulta familiar.
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| Carlos A. Pérez e Yvonne López Arenal (Fotografía de Ulises Regueiro) |
Ha sido un acierto la selección de esta obra y se lo debo a nuestro director. Es una obra que reúne muchos factores. Ante todo, en su género, que para nada pienso que es menor, es única, no hay concesiones al mal gusto, ni al chiste barato. La gente se reconoce en los personajes. Contigo pan y cebolla es una joya de nuestro teatro, es lo cotidiano en una dimensión que pocas veces se alcanza, eso la distingue y las personas lo perciben. Los personajes están bien construídos, descubres de manera sutil quiénes son. Para nada, me parece que apele a fórmulas de un facilismo melodramático. Su maestría consiste en lograr un arte que eleva a los actores y al público a un nivel pocas veces alcanzado. Sin perder la riqueza de lo popular, coloca al teatro costumbrista en la categoría que merece y el público lo aprecia. En el teatro de Héctor Quintero prevalece la condición de la inteligencia humana, sus historias rondan al ser humano ligado a la familia, la sociedad y a su cultura. A la misma vez, tiene una universalidad que la induce a lo comprensible, las acerca a cualquier pueblo, independientemente de los rasgos inherentess que la identifican con nuestra cultura.
4/24/13
Carlos A. Aguilera: Olvídense de mí
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| Baile del Sol, 2012. |
Hay una manera de leer Discurso de la madre muerta, de Carlos A. Aguilera, como un desprendimiento de la teatralidad de su poesía (Gerardo Muñoz) y otra, como texto dramático que resistió la prueba y subió a la escena en versión en alemán en Dusseldorf en 2009. Muñoz la relaciona con dos obras narrativas: El frasquito, de Luis Guzmán y El apando de José Revueltas. Sin embargo, el rejuego con el título de Tadeusz Kantor La clase muerta, el diálogo del personaje del monólogo –la Madre– con muñecos, la localización no definida en un país del Este de Europa, las alusiones a Chopin y los “gemelos rusos”, ¿los hermanos que ostentaron el poder entre 2005 y 2010?, asocian o disocian con un imaginario de provincia desgastada, bosques y trenes, una atmósfera, sin dudas, una de las de mayor extrañeza, entre las descritas por un cubano para la escena.
Una madre autoritaria, de uniforme militar y medallas, arrastra una maleta y se dirige al Padre y al Hijo representados por muñecos. En Kantor, en rigor, serían maniquíes. Su autor escoge la forma dramática más difícil por lo apelativo y prefiere develar el diálogo implícito con los otros (El Padre, El Hijo y el Gato) mostrándolos en su inercia, habitando el silencio del interlocutor. Es un discurso-delirio contra el estado totalitario o de bienestar después de atrapar el «gato ruso», símbolo de la fuerza, la represión y el espionaje del estado. El gato que la madre ha cazado a perdigones y devuelve muerto como pieza de cartón, es el centro de una diatriba, cuarenta y tres páginas de texto, en cuya acción –todo lo que arrastra la pieza hacia su final– desde su lentitud, redundancia y espesor, intenta no revelarnos un quién o un pasado de la Madre sino un aquí avasallador. Un aquí de clausura, un aquí donde no es posible ninguna interacción, ya que el valor sígnico de los muñecos anula sus rostros, también su humanidad.
Cuando la Madre arriba al espacio escénico ya ha cometido su acto heroico, liberado al Hijo y al Padre. Ha dado muerte al Estado. Su discurso, como en todo monólogo – forma convencional entre las convencionales – es un diálogo con ella misma. El gato ruso y su proliferación en proporciones de plaga es el leit-motiv de las palabras. Se destierra de la narrativa todo amago de sicología, alusión sentimental y color local para imprimirle un tinte de grabado en madera, como las ilustraciones de Lubomir Typl para la edición.
“El pasado da urticaria. El pasado da mucha más picazón que la vigilancia del estado” dice la Madre. El gato destructor acabó con su vida y la de los demás, el Hijo por ingratitud, el Padre por inmovilidad, los tres como una sagrada trinidad, la misma de los personajes de René Ariza en La vuelta a la manzana.
Carlos A. Aguilera, que vivió en Alemania y Praga, donde radica, esgoge una deliberada des-territorialización. La maleta que la madre arrastra, fue un elemento usado hasta el cansancio en las puestas cubanas de los ochenta al noventa, como una referencia, sobre todo en la danza-teatro, al reciclaje de Pina Bauch. Pero Aguilera tenía diez años entonces, su personaje perdió la pierna y no hay objetos de signo costumbrista, sino neutros, como la “maleta rusa” y su escopeta de cazadora.
Al final, como maquinaria implacable, La Madre dice: “Por eso, ahora, púdranse. Olvídense de mí y púdranse” y sigue inexorable a consumar su próximo acto y en las acotaciones de sus grandes pasos y su cuidado por el uniforme, hay un inexorable militarismo. La Madre, salvadora del estado opresor, pareciera al final, demente y alienada, otra víctima más, ofuscada por una sola idea. El exterminio del estado, su gran meta, aniquila cualquier otra posibilidad mientras se proyectan imágenes de su infancia hasta la boda con el padre. Imagino que en el carácter de esas proyecciones, resida en parte, la lectura del espectáculo, siniestro o irónico como las figuras esperpénticas de La carne de René o de Los siervos.
Pero Aguilera se resiste a pertenecer a una tradición. Y si muchos autores, escriban donde escriban, trabajan con la materialidad de Cuba (aunque sean sueños como Nilo Cruz), el autor rechaza el color y la identificación para habitar el escenario desde la no pertenencia y el ajuste de cuentas.
4/10/13
Más sobre "Escritos de teatro"
Establecí límites a los «escritos» sobre teatro –una selección disponible para leer o bajar en Internet Archive– último libro de Ediciones de la Flecha, que también se lee en su página (digitales) y desestimé, muy a mi pesar, muchos textos valiosos. En primer lugar, los historiográficos. Así el famoso capítulo XXXIII del libro de Antonio Bachiller y Morales, Apuntes para la historia de las letras y de la instrucción pública de la isla de Cuba quedó fuera y con mucha tristeza otro de La Habana artística, de Serafín Ramírez, aunque en rigor se ocupa más de la música, pero es una fuente imprescindible y nunca se ha reeditado. También, el muy citado "El teatro y su decadencia en Cuba", de Casimiro del Monte, entre los más importantes, por razones de espacio ( 464 páginas) y para organizarlo alrededor de la crítica, la crónica y la gacetilla. Y porque Bachiller y del Monte aparecen en la selección de Ernesto Fundora en la revista Tablas.
Sin embargo, para el futuro, merecería una mirada más atenta el incipiente estudio del drama o algunas manifestaciones de las artes escénicas alrededor de finales del siglo XIX y principios del XX. Ahora no será la crónica ni la crítica lo más cultivado sino la charla, la tesis o el artículo para las revistas de corte académico. Entre ellos las Conferencias sobre la tragedia Hamlet (1882); de Luis A. Baralt, El clasicismo en Cuba (1913), de Salvador Salazar y Roig, quien aparte de dirigir Alma Cubana, escribió la muy documentada introducción del teatro para Evolución de la cultura cubana; de José Manuel Carbonell (Imprenta el Siglo XX, 1928); “Maeterlinck: la evolución de un místico (1905), de Eulogio Horta, los diferentes acercamientos de Emilio Blanchet a los románticos y otros dramaturgos como “Luaces” (1913) y la provocadora conferencia “El arte teatral”, de Gustavo Sánchez Galarraga (1916).
Hay un texto sobre “Isadora Duncan”, de Julia Mestre (1920), que se publica en Cuba Contemporánea y Revista de la Facultad de Ciencias y Letras con los grabados que finalmente llegaron desde París donde residía la autora y "Lope de Rueda", de Mireille García Moré (1912). La revista Teatro cubano, publica entre otros, "Ars et patria", de Sergio Cuevas Zequeira y de Guillermo Martínez Márquez "El teatro cubano en los últimos años". José Antonio Ramos escribe crónicas desenfadadas para el periódico La Noche mientras la revista de Avance intenta hacer del teatro de arte su prioridad.
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| Dibujo de José Claréns para Isadora Duncan de Julia Mestre |
Hay un texto sobre “Isadora Duncan”, de Julia Mestre (1920), que se publica en Cuba Contemporánea y Revista de la Facultad de Ciencias y Letras con los grabados que finalmente llegaron desde París donde residía la autora y "Lope de Rueda", de Mireille García Moré (1912). La revista Teatro cubano, publica entre otros, "Ars et patria", de Sergio Cuevas Zequeira y de Guillermo Martínez Márquez "El teatro cubano en los últimos años". José Antonio Ramos escribe crónicas desenfadadas para el periódico La Noche mientras la revista de Avance intenta hacer del teatro de arte su prioridad.
3/28/13
Elvira Cervera: una estrella
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| De izquierda a derecha, Raquel Revuelta y Elvira Cervera |
Es un recuerdo, no una curiosidad porque lo que dice en 1950 lo mantuvo siempre. No consiguió ser una estrella radial, entonces. Muchos se asombraron de que «hablaba bien», comenta en esta nota anónima, que imagino tomada de alguna entrevista de la época. Con Antes del desayuno, de O'Neill, con el grupo GEL (Grupo Escénico Libre) se reafirmó esa "recia personalidad" de los tantos personajes que interpretó y de las muchas asambleas y reuniones donde alzó la voz que hoy se apaga, con tanto que queda por hacer.
3/25/13
La Habana y Fosse (Jon)
Mis excusas a los que encontraron un link vacío por una impericia de La Flecha
A través de la lectura de la última revista Tablas -dedicada a las prácticas teatrales contemporáneas– y observé un fenómeno nuevo, no conocido ni en las etapas de más fuerte relación entre la escena cubana y la europea (es decir, la del este), cuando decenas de jóvenes directores estudiaron en sus academias. Fenómeno a analizar con más detenimiento, La Habana de los más jóvenes, se rinde ante Jon Fosse, el dramaturgo noruego (1959), ganador del prestigioso premio Ibsen en su país y muy representado en casi todas las lenguas. El fenómeno se extiende a varias zonas de la dramaturgia inglesa, alemana y polaca, a saber, junto al interés despertado por la española Angélica Lidell. Gracias a la eficaz política de promoción noruega, los buenos oficios de la Fundación Ludwig y el talento de Fosse, los creadores hallan algo en él para "romper el hielo". Se habla de una nueva generación y de teatro urgente.
A pesar de que el incansable y talentoso Pedro Vera estrenó Alguien va a venir en Teatro D’ Sur (2004), ya se sabe que por desgracia Unión de Reyes no marca las pautas. Y es a raíz de una visita más reciente de Fosse a Cuba –su primera a América Latina– , una panorámica con muestras de películas y conferencias, que Juan Carlos Cremata estrena Sleep (Duerme), Rogelio Orizondo acomete su versión de El nombre, titulada Porque los no nacidos también son personas, y un equipo de jóvenes directores (Amarilis Pérez Vera, Marien Fernández Castillo y William Ruiz), realiza un experimento, a partir de "habitar un apartamento" para conformar una trilogía de la soledad, estrenado en el Festival de Bergen (2012), bajo el título Quiero todo lo que calma, variación con textos de Fosse. Marta María Borraz lo califica un "cuestionar la experiencia de su generación que pone en crisis los presupuestos del deber-ser del sujeto revolucionario cubano".
Nunca antes existió identificación semejante con un dramaturgo escandinavo, ni siquiera con Ibsen que fue rechazado a principios de siglo y tuvo sua puesta esporádica en los cuarenta. ¿Es un descubrimiento orgánico o hechura institucional? ¿Cómo las ha recibido el público? ¿Obedece a un rechazo al realismo crítico –en todas sus variadas formas – la búsqueda de esas formas minimalistas? ¿O es que el teatro de Fosse es la puerta para hablar sobre ellos mismos?
Cuba estaría casi a la par que Argentina en el descubrimiento y la puesta de Jon Fosse y muy por encima de los Estados Unidos donde casi no se representa. Los dejo con una pregunta escrita con un idioma ortopédico y de traducción encontrada en un catálogo relacionado con las puestas de Fosse.
“¿Qu é hacer con el silencio de los fiordos cuando uno es chapapote?”
Puestas argentinas según Alternativa teatral
Programa Cuba-Noruega
A través de la lectura de la última revista Tablas -dedicada a las prácticas teatrales contemporáneas– y observé un fenómeno nuevo, no conocido ni en las etapas de más fuerte relación entre la escena cubana y la europea (es decir, la del este), cuando decenas de jóvenes directores estudiaron en sus academias. Fenómeno a analizar con más detenimiento, La Habana de los más jóvenes, se rinde ante Jon Fosse, el dramaturgo noruego (1959), ganador del prestigioso premio Ibsen en su país y muy representado en casi todas las lenguas. El fenómeno se extiende a varias zonas de la dramaturgia inglesa, alemana y polaca, a saber, junto al interés despertado por la española Angélica Lidell. Gracias a la eficaz política de promoción noruega, los buenos oficios de la Fundación Ludwig y el talento de Fosse, los creadores hallan algo en él para "romper el hielo". Se habla de una nueva generación y de teatro urgente.
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| Fosse y Juan Carlos Cremata |
Nunca antes existió identificación semejante con un dramaturgo escandinavo, ni siquiera con Ibsen que fue rechazado a principios de siglo y tuvo sua puesta esporádica en los cuarenta. ¿Es un descubrimiento orgánico o hechura institucional? ¿Cómo las ha recibido el público? ¿Obedece a un rechazo al realismo crítico –en todas sus variadas formas – la búsqueda de esas formas minimalistas? ¿O es que el teatro de Fosse es la puerta para hablar sobre ellos mismos?
Cuba estaría casi a la par que Argentina en el descubrimiento y la puesta de Jon Fosse y muy por encima de los Estados Unidos donde casi no se representa. Los dejo con una pregunta escrita con un idioma ortopédico y de traducción encontrada en un catálogo relacionado con las puestas de Fosse.
“¿Qu é hacer con el silencio de los fiordos cuando uno es chapapote?”
Puestas argentinas según Alternativa teatral
Programa Cuba-Noruega
3/19/13
Escritos de teatro: crónica, crítica y gacetilla
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| Caricatura de Aniceto Valdivia (Conde Kostia) |
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| Enrique Piñeyro |
También el aviso, la nota de ocasión, la proclama, la gacetilla, el libro de viaje, la ordenanza, la censura ácida o biliosa y la reflexión amarga sobre la censura misma y sobre la labor crítica. No es exhaustiva ni representativa salvo del deseo de recomponer los fragmentos del pasado como una vasija rota.
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| El Iris de México.José María Heredia publicó su crítica teatral a los veintidós años. |
464 páginas.
El libro está disponible en Ediciones de la Flecha (digitales) Nuevo ya que si es un compilación que en su mayoría incluye libros en el dominio público debe circular en esa esfera.Y en Internet Archive
Actualizado martes 20, 10:47.
2/24/13
Héctor Quintero todavía en Cruz del Padre
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| Puesta de Alberto Sarraín con Akuara 2013 |
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| Programa de 1974. Tomado del Archivo Digital de Teatro Cubano |
A lo largo del 2010, intercambiamos algunos emilios, me aclaró datos que necesitaba, algunos para mi libro, me dijo cosas lindas acerca de mi hija y me mandó besos tropicales. Como de ahora en adelante no voy a dejar nada en el tintero que crea debe ser compartido, aquí está lo que me dijo.
Hablamos de El premio flaco, la película de Cremata.
No hubo un guión y el director se limitó a filmar la obra tal cual y luego hizo cortes para llevarla a tiempos convencionales de cine. En los cortes se llevó casi todo el humor y por eso carece de esa mezcla habitual en mi teatro donde rompo el melodrama con el humor. Aquí el melo queda a pulso y ya no es lo mismo. Por otra parte, hay actuaciones muy sobreactuadas, incluso en actrices que nunca se han distinguido por eso. A mi juicio no es cine sino teatro filmado y así el teatro no sale bien parado. A mí personalmente no me gusta, pero con el público funcionó mejor de lo que yo esperaba. Creo que con Chamaco [de Abel González Melo] le ha ido mejor. La obra tiene una estructura más moderna y cinematográfica además del atractivo de la temática actual. La mía me resulta vieja y a mí la vejez no me gusta.Hablamos del ITI, Instituto Internacional del Teatro por sus siglas en francés, del que fue presidente después de Ignacio Gutiérrez y por muchos años, de su comité de teatro musical. Le pregunté por amigos comunes y colegas que dejé de ver.
2/21/13
Una carta de Enrique Piñeyro
Me imagino que muchos pueden identificarse con esta carta de Enrique Piñeyro escrita en París en 1886, rodeado de una muralla de libros, cuando intenta rehacer por tercera vez su biblioteca. La primera desapareció, según sus palabras, víctima del «torbellino revolucionario». La segunda, cuando la movilidad de su vida de emigrado, en la Junta de la Revolución, no le permitía conservar volúmenes, y dejaba acá o allá pedazos mientras viajaba a Chile, Perú o los Estados Unidos para buscar apoyos. Establecido en París desde 1882 – en la que sería su residencia definitiva– se propone ahora un plan diferente y lo cuenta a Enrique José Varona, que la publica su carta en Revista Cubana. Rompe el silencio de seis meses. Narra ahora no busca los libros sólo por la utilidad del contenido sino por las formas, los colores, la tipografía, la encuadernación, detalles que antes pasaba por alto y en su caso llegan a la mortificación.
Asiduo a las ventas de libros del hotel Drouot, cuando se remata la biblioteca del A. de Latour, literato que residió muchos años en Sevilla, el día del entierro de Víctor Hugo, mientras todo París lo lloraba, Piñeyro encuentra un ejemplar de Baltasar, encuadernado en pasta de Rusia, con una dedicatoria de la Avellaneda y una litografía que la representa joven y hermosa. La imagen no se parece a la que vio entretelones durante su coronación, cuando Enrique era parte de la juventud que rechazó el acto, “corresponsal de un periodiquillo de teatros”. Sin embargo, escribió una de las más bellas páginas al recordarla: de sus labios corría un hilo de sangre de tanto morderlos de la impaciencia con la tortura que fue el acto.
Piñeyro nunca más volvió a la isla, a la que enviaba sus colaboraciones literarias. Algunas de Revista Cubana tienen sus iniciales E. P. Otras, su nombre completo, como “Resurrección de una polémica”, cuando a propósito del Diccionario de Calcagno, quiere sentar su posición y aclarar un juicio «estrictamente literario».
¿Aceptarían los cubanos de hoy que E. P. contase el recorrido erudito por sus libros y sus ediciones? ¿Aceptaría una revista publicar de forma regular una columna como E. P. su "Correspondencia literaria"?
2/10/13
Una vuelta al Odin sin su Kaosmos
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| Cartel del taller impartido en Santa Clara |
La primera vez que vi el Odin Teatret fue en Chile en 1993 y Eugenio Barba me sentó, imagino por azar, al lado de Isidora Aguirre, la autora de La pérgola de las flores. Era Kaosmos. Creo lo hace muy a menudo como Arianne Mnoushkine recibía en la puerta a sus espectadores. Estoy esperando a terminar mis libros "laboriosos", para escribir como casi todo el mundo, mis “memorias” y por eso no he vuelto sobre casi nada después de 1989. Sin embargo, algo de lo que leo para De la gacetilla a la crítica, se relaciona con la nota de Norge Espinosa sobre la última estancia de Barba y Julia Varley en La Habana, donde impartieron un taller en el Estudio Teatral de Santa Clara y recibieron el Premio Raquel Revuelta: lo fuerte e insistente que es, ha sido y será la crítica de tendencia biliosa o vitriólica. En su recuento, mezclados como en un cajón de sastre, todas las estancias, todos los momentos, desde el primero, casi clandestino, según cuenta Roxana Pineda, en un salón del ICAIC, organizado por Helmo Hernández Trejo, donde sé que estuve pero no lo recuerdo, hasta los últimos a partir del 2000 donde ya no estoy en Cuba.
Sin embargo, el de 1994 lo conservo con tanta nitidez que hablar de ello me pareciera banal y de crónica social. Y ni siquiera porque el dramaturgo lo refiere voy a dejar de cumplir mi promesa. Sólo dos aclaraciones. En los papeles, la atribución de la temporada pertenece a Lécsy Tejeda y a Eberto García Abreu, entonces dirigentes del Consejo de las Artes Escénicas, pero el grueso del trabajo real fue del equipo de la Casa de las Américas, desde Cristina Arestuche en la producción a José Luis en las grabaciones y la luz, transformando un salón de actos, en un espacio teatral «mágico», como en los buenos tiempos cuando los Festivales de Teatro Latinoamericano. Sólo Kaosmos se hizo fuera de Tercera y G.
El Departamento Teatral de Galich, todavía con sus máscaras y su poltrona, se volvió camerino y allí Carreri planchaba sus vestidos y Julia lustraba sus zancos. Y Eugenio se ocupó de custodiar la puerta de cristales para que no viniera abajo, porque fue el público – los más jóvenes de entonces que traían sus libros de poemas – los que hicieron de esa jornada, eso que fue y nadie ha logrado describir y quedó plasmado en la pequeña partitura que los músicos-actores del Odin hicieron de los versos de Martí.
Detrás quedaron muy atrás los artículos confundidos que alguna vez se publicaron. Conjunto como Tablas desde mucho antes se rindieron a Barba y Varley, y visitaron Cuba muchos colaboradores del ISTA, desde Schechner a Marco de Marini y Clelia Falleti sin contar con la labor y los escritos de Raquel Carrió, quien por mucho tiempo fue el vínculo espiritual con el Odin.
Es más fácil recordar el lunar, el gazapo, al estilo del aguafiestas, como el implacable Emilio Bobadilla. Recordar un momento desafortunado del excelente seminario de José Sanchís Sinisterra, un hombre como Eugenio, de la experimentación y el teatro “fronterizo” que acogió a tantos en Barcelona. Como muchos otros, Norge Espinosa, asistirá y visitará el Odin Teatret en Holstebro en cuyas paredes estará el premio con el nombre de la gran actriz que nunca lo secundó y el Gallo de La Habana, labrado por la mano de Dreke, y los artículos elogiosos y los contestones, los buenos y los malos junto con los tantos recuerdos que ellos deben conservar para sí de todos nosotros.
Todo lo que atesoro del Odin no es material. Mi canoa de papel con la dedicatoria desapareció de Infanta y Manglar y no tengo ni la cinta con la entrevista de Eugenio (“El Odin en su Kaosmos” era en gran parte una transcripción de las palabras de Barba en esas sesiones y no una reseña) ni el ejemplar de La Gaceta de Cuba. Volví a grabar sobre ella a tono con la carestía de cinta virgen como perdí la voz de Lezama Lima de “Lanzar la flecha bien lejos” . Recuerdo a la poeta Reina María Rodríguez y un grupo numeroso de la Azotea, el tumulto de gente que quería entrar y aunque no he vuelto a ver al Odin y nunca conocí la sede de Holstebro, me gustaría pensar que Barba no levantó a Rine Leal de ningún asiento para darlo a Víctor Varela, o decirle que si lo hizo fue un error, aunque casi estoy segura que Rine se apartó caballeroso como era y le cedió su lugar si es que entonces no estaba ya en Venezuela.
Cuando las memorias se reúnan en el tiempo, nadie se acordará de la minucia, el gazapo ni del detalle frívolo y quedará lo esencial limpio de polvo y paja.
2/5/13
Antonia y Abelardo
Abelardo Estorino tiene muchas ediciones para revisar y muchos prólogos y afortunadamente, también libros sobre su creación. Sin embargo, pocas veces se repara en el valor de las ilustraciones. De ahí que me cuesta desprenderme de los pocos papeles que he salvado -y están conmigo- como estas fotocopias de la revista del año 1964 que publicó "Los mangos de Caín" por las ilustraciones de Antonia Eiriz, que siempre me parecieron, un punto de vista sobre la obra, que no he visto nunca en la escena. Lástima que son eso, fotocopias, porque los originales en esa época quedaban en los talleres de impresión.
1/31/13
Flirt : burla de la diplomacia
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| Ilustración de Massager en Social para Flirt |
Otra de estas obras es "Flirt" (1923) de José Antonio Ramos, publicada en Social. Cuando pensé colgar la fotocopia en mi cajita, un desconocido reclamó sus derechos de autor sobre un programa de Fuenteovejuna y saqué de box net todo lo que no era exclusivamente mío. Y aunque nadie me va reclamar por Aurelio Mitjans o El Regañón, se rompió en mi caso el clima de confianza necesario para hacer circular las obras en libertad. Parece que le ocurre a los demás porque el ciber-espacio se parcela y cada vez hay más hay bibliotecas estilo HATHI Trust, en las que el investigador fuera de las instituciones, no puede descargar un libro completo. Muy lejos me parecen los años en que los capítulos iniciales de Relectura... estuvieron en Scribd, ya que éste se ha vuelto imposible: amenazado por un torbellino de anuncios si no se paga la suscripción aparte de la idea de que hay que «compartir» todas las lecturas.
"Flirt" es una comedia frívola y galante que ridiculiza el teatro ligero, un «aparte» dentro de la obra a ratos severa y moralista de Ramos ya que no conocemos De Las Villas a La Habana, escrita para el Alhambra. Una ridiculización del flirteo y la seducción en tono de vodevil en el despacho de un político, que llega al final, mientras su esposa flirtea con su secretario. Detrás de la comedia, el verdadero motivo es satirizar la manera en la que se reparten los cargos diplomáticos, al que aspira José Fernández, apodado el Rubio, con una breve entrada, y un inglés “detestable” pero que después del incidente, reclama para sí el secretario, aunque sea en el ¡Consulado de Australia!
En HATHI encontré “La combinación diplomática”, del dominicano Max Henríquez Ureña, estrenada en el Teatro Oriente el 13 de abril de 1914 por la sección de Declamación del Ateneo de Santiago de Cuba y dedicada a Fernando Ibarra, con una nota del autor, que la considera una "caricatura de la vida pública", y reclama su derecho de “agrandar las llagas y lunares que observa en las costumbres”. Se suceden los enredos en torno al nombramiento de una “combinación” y el recomendado para el puesto termina siendo otro. Las intrigas, los detalles de las reuniones del Senado, donde se lanzan tinteros a la cabeza, se halan las levitas, y se dormita, mientras se discute la ley del divorcio y se reúnen con el representante norteamericano, son algunos de los entuertos para deshacer la propuesta del Secretario. El Ministerio de Rusia va a parar a quien menos había pensado. Ocho personajes, en lugar de los cuatro de Ramos, la acción ocurre también en gabinete, en este caso, la Secretaría de Estado.
Ramos llama a Flirt, “conato” de drama y Henríquez Ureña a "La combinación dilomática", juguete cómico. Ambos están juntos en la Sociedad de Fomento del Teatro y desarrollarán largas carreras en el servicio diolomático.
1/28/13
Estorino: teatro completo
Aunque es un placer encontrar viejas ediciones, no hay dudas que Teatro completo, de Abelardo Estorino, Tablas Alarcos 2012 ( 863 páginas, tapa dura, páginas muy legibles, excelente papel y un marcador), es un libro-libro, de esos envueltos en celofán como los caramelos. Uno de los pocos que celebra en vida del autor, la totalidad de su obra, aunque reunirlo sea huidizo ya que la anterior edición termina con "Yo fumo Marlboros" y ahora, por fortuna, con "Medea sueña Corinto". Estorino sigue activo. Como se sabe acaba de dirigir su soñada y postergada versión de Pedro Páramo en el Hubert de Blanck. Lo más prometedor, el anuncio de que vienen nuevos "teatros completos" y otros tendrán en vida lo que ni Virgilio Piñera ni Carlos Felipe conocieron.Para Omar Valiño que lo presenta, se trata de "borrar toda aparente dicotomía, ofrecer todos los registros". Prologado por Graziella Pogolotti, como la anterior, en "Una educación sentimental", la ensayista enmarca su obra dentro de un teatro político en el más alto sentido del término, que ha apostado a favor del cambio social:
"El teatro de Abelardo Estorino recorre medio siglo de profundas transformaciones. En esas circunstancias, el dramaturgo toma partido a favor de la historia. Por ello su obra no escapa de las grandes interrogantes de los tiempos que hemos vivido, matizada por el debate angustioso entre lo viejo y lo nuevo y por las polémicas en torno a la función del teatro y a la relación entre arte y sociedad."Ordenados cronológicamente, 22 textos dramáticos desde "Un muerto en la calle " (1954) hasta "Medea sueña Corinto" (2008). Se hace la salvedad que nunca se encontró su Alicia en el país de las maravillas. Al parecer lo único desestimado son "esbozos dramáticos" (entre ellos los recitales para Teatro Estudio en los 70 y su versión de Lola Cruz). Sin notas aclaratorias sobre los estrenos, bibliografía y universo biográfico, la edición –que juzgo un acontecimiento– es el comienzo de una tradición que debíamos intentar a la manera de José A. Escarpenter y Madrigal con Carlos Felipe (Boulder, 1988). El lector tiene en sus manos la obra prístina en una edición de lujo. Estorino se presenta s olo con sus personajes y sus entornos limpios de paja y polvo.
Mientras disfruto de mi “biblia estorineana”, felicito al equipo de este proyecto editorial y sobre todo al autor, que a sus 88 años, nos sorprenderá de nuevo y a lo mejor entrega para su próximo teatro completo Ecos y murmullos de Comala, todavía en "un proceso de ajustes escriturales". Rulfo ha sido una influencia declarada en su obra como el cine, la novela del boom y Marcel Proust.
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