Ediciones de la Flecha

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3/23/12

Una antología y una nota

Lo que más me interesó de la nota de Yasimel Alba Garib en Cuba Encuentro sobre Dramaturgia de la Revolución (1959-2008). 30 obras en 50 años. Volumen II, bajo el concepto y selección de Omar Valiño y al cuidado de Ernesto Fundora,  es aparte del recuerdo de Rine Leal –oportuno cuando se celebran  otras iniciativas de diálogo entre la isla y su diáspora– es la percepción de los más jóvenes. Sin conocer la totalidad de la selección  y sin un prólogo,  la nota no hace mención a que tenga uno, es lo primero que leo sobre la repercusión de incluir El súper, de Iván Acosta, Exilio, de Montes Huidobro, Alguna cosita que alivie el sufrir, de René R. Alomá, y  Sanguivin en Union City,  de Manuel Martin Jr. en un volumen de esta naturaleza, publicado en Cuba. Dos de sus autores están vivos y en la plentitud de su obra.

Los temas que propone la obra (se refiere a Exilio)  no pueden catalogarse de infructuosos, ni de contrarrevolucionarios.
Solo es una expresión otra del arte teatral durante la Revolución, de los que soñaron y se desencantaron, de los que dolorosamente fueron marcados, de aquellos a quienes ahora, en esta antología, se les pide perdón.

Si un crítico al que supongo joven porque no lo he leído antes, cuyo nombre pertenece a la generación de la Y, cree que la sola inclusión de los textos, sin más, ya que aparentemente no hay un cuerpo crítico que los apoye ni una narrativa sobre las obras, pide perdón, habla bien del teatro, pues las obras no deberían necesitar nada más, aunque sin dudas es una novedad que contraviene las reglas al uso de las antologías. Se  puede interpretar como lo hago yo y también como una especie de ahorrarle al lector valoraciones y permitirle hacer sus propias conclusiones.   

En la misma nota, su autor nos previene  de que podría ser  sólo  una estrategia coyuntural, pero prefiere no pensar en ello.

 El riesgo de publicar en una antología de teatro de la Revolución tales textos, al parecer asumidos, significa, para aquellos que marcharon y aun marchan del país, la voluntad de las direcciones culturales de iniciar un diálogo con los artistas cubanos de “aquella orilla”. Que sea una estrategia, una manipulación, una política cultural, no creo que valga la pena pensarlo.
  

Confieso que  en lugar del  «perdón» cristiano que he visto utilizado con mucha frecuencia, hablaría de restitución, ya que de lo que se trata no es de hallar un culpable o una remisión sino de recomponer  y reconciliar  una totalidad. No hay dudas sobre la actualidad de Rine Leal en sus  textos del 92 y del 95 a propósito de la antología de Carlos Espinosa y Moisés Pérez Coterillo y la suya propia en Ollantay. Tampoco de que no se hubiese privado de escribir -al menos- una breve introducción.



¿Para estos tiempos escribió Rine Leal?
Encuentros en La Habana y Nueva York

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