Ediciones de la Flecha

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9/12/10

La ruta de Ibsen en el teatro cubano ( I)

Es apasionante  la ruta de Ibsen en el teatro cubano. José Antonio Ramos (1885-1946) es el primero en hacer de su influencia - que también reciben Jaime Mayol y Domenech-  algo propio. Mi capítulo dedicado a “Un predicador iluminado” intenta analizar  esos comienzos, casi siempre despreciados por los estudiosos. En Almas rebeldes (1906), escribe desilusionado. 

En un medio ambiente lleno de mediocridades, vanidades pueriles, ideales raquíticos y sordas envidias, nada adelantaré atreviéndome a publicar obras dramáticas de género ibseniano. Hedda Gabler fue reída en La Habana por nuestra estúpida clase media y nuestra irrisoria aristocracia. ¿Qué puede sorprenderme? (1906, VIII).

En la obra, Eugenio Ferrand –abogado consultor de la Tobacco National Company––de treintidós años– organiza una huelga para mejorar las condiciones laborales de las obreras de la compañía. Lo singular es que es el hijo de su accionista mayor. La huelga desata muchos conflictos de Ferrand con el padre autoritario, pero sobre todo, con un sector de los obreros que quieren beneficiarse de las mejoras que corresponden en la visión del abogado, a  las despalilladoras. “Yo no soy obrero, soy burgués, pero siempre me han interesado las luchas entre el capital y el trabajo porque tengo corazón”, dice Eugenio. Pero todos le retiran su apoyo  y tiene que partir, obligado por el padre y el fracaso de su política.  Cuando regresa, Ramos lo hace escuchar un diálogo entre bastidores. Los invitados a la cena - la burguesía habanera-  comentan un estreno de  Ibsen. 

La marquesa. (atrayendo la atención) ¡Es realmente repugnante presenciar estas escenas vulgares donde las gentes del pueblo siempre tienen razón!
El marqués. ¡Y llamar a eso arte teatral!
Miguel. ¡Es la invasión de la sociología! Nos viene del norte de Europa.
La marquesa. Pues a mí eso me resulta realmente grotesco.
D. Germán. Ps.! ¡Ladridos a la luna!
Miguel. Es el abandono de las antiguas reglas, es el olvido del verdadero arte: el drama y la comedia deben ser puramente amorales.
El marqués. Y que traten de esos amores fatales.
D. Germán. ¿Qué acaben siempre con una puñaladita? Bah. ¡Tan aburrido como lo otro! (97).
 A pesar de su retórica y de más de veinte páginas de «discursos», este primer Ramos es muy fiel a su confesión: “Del melodrama sentimental al teatro de ideas. En un zig-zag pasé de Echegaray y Dicenta a Strindberg, Björnson e Ibsen”.

En Una bala perdida (1907) reescrita como Calibán Rex, (1914) el político Gómez Viso, representante a la cámara, es el hombre de púlpito, que quiere hacer reformas, pero es incapaz de advertir que a su alrededor, se trama su caída y que sus  partidarios buscan alianzas y componendas.  Ramos contrasta al político de púlpito y el hombre de acción que se burla de los «discursos filosóficos». Se ha comparado con
 Un enemigo del pueblo, de Ibsen, que defiende las élites. “¡Todos los grandes libertadores fueron espíritus de selección, querido amigo, espíritus de aristocracia!” dice mientras batalla contra la oposición (1976, 57). Pero una bala interrumpe su discurso y muere mientras escucha el himno nacional. Antes de Tembladera,  Ramos avizora la violencia interpuesta en medio de la trama social y el hombre sujeto a la voluntad de un "hombre fuerte": la balumba de la política de los demonios.

Ladridos a la luna: una entrada del 2006

Ibsen en los dibujos de Gustav Laerum. (1890)

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