Ediciones de la Flecha

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5/29/11

Un solo Virgilio y dos comentarios sobre la obra de Milián




 Juan Cueto-Roig sobre la puesta de Maroma Players

Maroma Players está presentando en «Teatro en Miami Studio» Si vas a comer espera por Virgilio, de José Milián, puesta en escena de Rolando Moreno, y actuada por Gerardo Riverón, Ariel Texidor y Jorge Hernández.

La obra, de carácter autobiográfico, está basada en la amistad del autor con Virgilio Piñera, el mítico escritor cubano. La diferencia generacional y estética es el eje alrededor del cual gira el diálogo entre los dos personajes principales, un intercambio matizado por la frecuente intervención de otro: especie de coro musical, elemento contrastante que imprime jocosidad a la obra.

Aparte de la calidad y el interés del texto, lo más notable de esta puesta es la brillante actuación de sus intérpretes. La dicción y el desempeño actoral de Gerardo Riverón son, como es habitual en él, impecables. El trabajo de Jorge Hernández es excelente, tanto en los distintos personajes que requiere su papel, como en su interpretación musical. La transición entre los diferentes caracteres es admirable. Yo le recomendaría que eliminara el batir de manos, que además de inconstante es forzado y poco orgánico. La modulación de la voz cuando interpreta a la anciana es eficaz y suficiente. El parkinsonismo que quiere endilgarle al personaje con ese falso temblor resulta ridículo. Ariel Texidor logra transmitirnos el matiz adecuado como el joven discípulo de Virgilio, aunque su dicción contrasta a veces con el perfecto y bien proyectado decir de Riverón. Pero su actuación como el amigo y admirador del maestro es magnífica.

La escenográfica es funcional y novedosa. Y la dirección de Rolando Moreno, tan inteligente como todo lo que él avala con su firma.

Quise dejar para el final este comentario que pudiera parecer subjetivo y, que más que una aseveración, invita a una respuesta de quienes conocieron mejor a Virgilio Piñera. Como dije antes, la actuación de Gerardo Riverón es estupenda, pero la recreación de la persona real me parece que dista mucho de la verdadera personalidad del autor de Dos viejos pánicos. Riverón interpreta a un hombre seguro de sí mismo, autoritario, dogmático, vociferante a veces, dueño en todo momento de las circunstancias. Y no creo que ese fuera el carácter de Virgilio. Pero quizás así nos lo quiso presentar el dramaturgo. Que los expertos digan la última palabra. Esto es solamente un escueto comentario.

          Resumiendo: si quieren disfrutar una magnífica puesta y tres maravillosas actuaciones no dejen de ver esta obra.

Rosa Ileana Boudet sobre el texto

 Nunca sabemos por qué algunas obras logran interesar mientras otras –también muy buenas– jamás llaman la atención de los directores ni de los editores y quedan en las gavetas. "Si vas a comer espera por Virgilio", de José Milián,  se publicó en la revista Conjunto 109  (1998), coincidencia rara entre una obra en proceso de montaje y su publicación, que me hace feliz en lo personal por las tantas veces que me he equivocado en elegir obras que no tienen significación para los demás. En la puesta del Pequeño Teatro de La Habana, dirigida por su autor, lo más desgarrador era que Virgilio estaba ahí, como un espíritu "desencarnado" de los suyos en El encarne (su último estreno en vida, 1969) sentado en la cancha del Capri con su amigo Pepe, el joven  dramaturgo,  hablando del menú, las colas, lo humano y lo divino. Filosóficos y triviales, amistosos y enemistados, solitarios y acompañados, representaban una especie de Función homenaje, de Rolando Ferrer, en tono de fiesta. ¿Podrá el espectador más de una década después entender  las alusiones, los múltiples intertextos del teatro y de la vida cubana, que ha cambiado tanto o no ha cambiado demasiado para apreciar en el encuentro del dramaturgo mayor y el menos experimentado,  el consagrado y el novato,  la obra de la amistad a secas aunque tenga detalles coloristas como "¡Deja que Antón se entere de ésto... y Pepe Feo... lo vas a saborear de lo lindo!".  Era un sobrecogedor momento de celebración de la persona y la memoria que pervivían en el recuerdo a pesar de tantas laceraciones, un homenaje sin necesidad de aclaraciones. Mientras hay muchos Pepes en la cultura cubana, solo hay un Virgilio.  

Será muy interesante leer cuáles son las reacciones del público de Miami. En La Habana todo el mundo sabía quién es la Doña, Antón, Pepe y cuál es el recital donde el autor leyó sus poemas y qué cosa era "marcar" en la cola como el universal puré de San Germán. La puesta y la interpretación de Waldo Franco insistían en el parecido físico (o el público lo imaginaba), la forma de coger el cigarro o doblar las rodillas con el paraguas. La reconstrucción de la banda sonora era increíble: Marta Strada, Rafael, Elena Burque, Pablo, Meme Solís,  Rita Pavone y muchos más cantantes y compositores como una partitura doble y muy bien pensada. Al parecer la idea de convocar a través de la similitud  física continuó en la versión del  2008 con la actuación de Angel Ramírez Lahera. En ambas  la enigmática y entrometida Ella era como la irrupción de Juana Bacallao en la obra de Tomás González, un autor que tan bien entendió a Milián.
Mientras el texto de 1998 esperó algunos años para aparecer en libro, fue publicado por la revista Tramoya y estrenado en Santo Domingo y en Brasil. Está en versión digital en este blog , imagino  autorizado por el autor ya que hay un emilio para escribirle, lo que completa la trayectoria que muchos desearían para su obra. 

Con motivo de sus cincuenta años de vida artística, Milián publica en las Ediciones Alarcos, Virgiliando mientras en Miami lo siguen esperando.

Las foto en una excelente nota de Maya Quiroga

Puesta de Rolando Moreno

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