Ediciones de la Flecha

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6/16/11

El tranvía de Williams en una casa de La Habana Vieja

Desde el 23 de junio y durante todo el mes de  julio, en una ciudad que se asa de calor como Luz Marina en Aire frío,  Sandra Lorenzo, emblemática actriz del grupo Buendía, estrena Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, en su casa del casco histórico de La Habana Vieja. Para acondicionarla, ella y su familia han dado  cincel para recuperar la piedra de la  fachada colonial donde antaño entraron los quitrines y ofrecer una versión inquietante de la conocida obra, que estrenó Modesto Centeno en 1948, por primera vez en América Latina. Representar en casas particulares no es algo nuevo. No en La Habana, donde  salvo la experiencia danzaria de Lorna Burdsall, en su apartamento de Miramar, para mí inolvidable, es difícil que alguien comparta su ámbito privado con los  fantasmas de los personajes.
Raquel Carrió, dramaturga involucrada en tantas experiencias osadas, en primer lugar con el Buendía que dirige Flora Lauten, y el Avante de Miami, de Mario Ernesto Sánchez, se pregunta “¿Por qué una versión de Un tranvía llamado deseo, tan alejada de su espacio original –la ciudad blanca y negra, negra y blanca, arrasada por el mar- y llena de intertextualidades (verbales, gestuales y musicales) me provoca un repetido desplazamiento de las sensaciones y vuelvo a caminar las calles, oír las voces y sobre todo la música de la ciudad sureña? ¿No estamos en La Habana, en 2011, en pleno centro de una ciudad que se derrumba y que intentamos salvar, una y otra vez, mucho más desde el recuerdo y la evocación que desde el difícil (o imposible) arte de la reconstrucción material? Uno se siente un arqueólogo entre ruinas.  Pero este oficio de evocación (traer aquí y ahora) lo que resta de un antiguo esplendor (de la ciudad, del texto, de sus caracteres) tiene un signo preciso”. Y ese signo preciso es el que intentarán encontrar Sandra Lorenzo y su equipo de actores, entre los que se encuentran  Juana García, que comparte con Sandra el rol de Blanche, Fanny Rojas, como Stella, Niusvel Ventura como Kowalski, en un reparto que integran además Hosny García y Jorge Enrique Caballero con el diseño escenográfico de Emilio Ballester y la música original de Yerani Marange y Agustín Gómez.

La versión es de la propia Sandra -que antes realizó un unipersonal, Carmen, según sus palabras, un ejercicio de soledad en el que realizó desde la dramaturgia  a la realización del vestuario y la escenografía, todo artesanal. Fue su ejercicio en todos los sentidos y con él se presentó en Ciudad Azul, Argentina y en Bogotá. A Sandra lo que le gusta es  actuar, pero "la propia vida y la responsabilidad de dar a los que necesitan aprender me han puesto en esta situación". Supongo que he podido hacerlo -dice- por la formación de  los actores en Buendía, que proponemos a todos los niveles en los procesos creativos."

"Con El tranvía... me resultaba dificil contar una historia resabida sin involucrar el suceso terrible del huracán  que arrasó Nueva Orleáns. Además, es un  fenómeno natural al que nuestro país también está  expuesto. Funciona como metáfora de lo que somos, o de que nada somos... y la idea trajo dos nuevos personajes,  además de los protagónicos:  el espíritu  de Tennessee WiIlliams que se posesiona del cuerpo de un negro que queda flotando después del paso de la tormenta,  el propio autor comenta su obra cantando y bailando, interpreta los roles restantes, es bisexual,  el  oráculo de la ciudad, casi siempre acompañado por la Virgen de Nueva Orleáns que lo interpreta una bailarina muy joven. Incluí  poesía  de Williams, Whitman y Poe, y algunos fragmentos de artículos   sobre la tragedia ..."

A unos pasos, en el Callejón de Jústiz,  radicó el primer teatro y alrededor de esas esquinas volatineros y teatros mecánicos asombraron La Habana del XIX.  Otros grupos tienen su sede en la ciudad antigua pero nadie  se había atrevido antes  a un acercamiento desde lo íntimo ni a aprovechar el espacio – según Carrió- como su protagonista.

Si pensamos que el dramaturgo fue un asiduo visitante de La Habana hasta 1959, muchas de sus cartas están fechadas en el Hotel Inglaterra de 1950,  y  el puerto habanero de esos tiempos era tránsito entre Nueva Orleáns y La Habana, no es tan distante pensar  en Un tranvía.... de una ciudad a otra "donde habita un deseo incontrolable, desafiante, de sobrevivir y estar despierto, con las pasiones a flor de piel, aunque se muestren –como en las viejas paredes carcomidas- las heridas, las huellas, y los rastros de amor y de belleza".   

Las citas de Carrió pertenecen a    "Poéticas de la destrucción y otros encuentros".  En: Dentro y fuera de los muros: dramaturgia e imagen escénica. La Habana, mayo de 2011. Las fotografías son del proceso de los ensayos.
Actualizado con los comentarios de Sandra sobre su versión el 25 de junio de 2011.

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