Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

5/9/14

Precursores y prometeicos IV: en voz alta



Adolfo de Luis: Pájaros de la playa
Como otros muchos el debate de qué hacer con el blog  me consume ya que, muy a mi pesar, se ha teatralizado demasiado. Cuando empecé (hace ocho años), los libros no pensaban ser publicados y las Ediciones de la Flecha estaban por nacer. Pero pasó el tiempo y pasó... y el blog –que al principio habló  hasta de boxeo– y su autora nunca ha visto una pelea, se ha concentrado en materiales relacionados con mi oficio desde que terminé la Escuela de Periodismo. Tuve la suerte de poder escoger.  Pero mi percepción de la crítica y la investigación han cambiado, ya que si abogué por el crítico vinculado a los procesos de creación, no el que llegaba a última hora y sentaban en la mejor butaca para dictar su juicio demoledor, sino el que asistía a un ensayo o un estreno y aportaba, discutía, mediaba, se equivocaba pero pensaba el teatro, ahora me interesa otra época, que intento interpretar. Para lo primero  hay que seguir el proceso teatral.  Ni siquiera los que están al tanto de los estrenos de la isla  y asisten de festival en festival logran explicar sus ocurrencias. Por mucho que ayude leer los textos, incluso los videos y las entrevistas, a pesar de mi interés, no se puede seguir el teatro en la distancia, sin saber por qué se produce y me lamento de desconocer su singularidad. El terreno de la crítica –copado casi en su totalidad por los nuevos– es como una zona vedada, por lo general hablan entre sí y con la obra, con bastante benevolencia.
Una posibilidad es continuar Cuba: viaje al teatro en la Revolución, no sólo porque todos sus capítulos pueden enriquecerse, sino porque estaba allí y si hablo de Las pericas, no sólo la leí sino la dirigí con un grupo de aficionados de mujeres de un barrio de Mantilla, y si recuerdo a Brene, Quintero, Estorino,
María Álvarez Ríos
hablé con ellos y los conocí y vi casi todos sus estrenos, condición indispensable al teatro tal y como lo viví, no sólo una experiencia literaria.Y porque termina en 1989 y le seguí fiel hasta el 2000, una década significativa. ¿Qué fue de Joel Cano, Lira Campoamor, Abilio Estévez, Amado del Pino? ¿Del Escambray, el Buendía? Nacieron nuevos grupos.  Se redescubrió a Piñera. Los festivales cambiaron de signo. Se consagraron nuevos dramaturgos.  Muchas piezas siguieron en las gavetas.
Sin embargo, por ahora, atada como a un imán, sigo en el teatro perdido de los cincuenta, porque somos pocos los que tenemos un recuerdo de esa etapa aunque sea vago y difuminado. ¿Cuántos entraron a una “salita”? ¿Cuántos vieron actuar a Raquel Revuelta, Manolo Coego, Griselda Nogueras, Vicente Revuelta  o Antonia Rey? Aparte del mito y la farandulería, ¿cuántos entraron en el Martí? ¿A quiénes dicen algo de verdad los nombres de Morín, Zúñiga o Crusellas?¿Adolfo de Luis? ¿María Álvarez Ríos?


El otro día entré en Revolico, un termómetro de la actualidad, y leí cómo se empleaba de manera reiterada “casa capitalista” para diferenciarla de las nuevas construcciones.  Del mismo modo que los viejos edificios son reevaluados,corresponderá restaurar  otras fisuras y otras grietas.

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