Ediciones de la Flecha

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12/24/14

Norteamericanos en el teatro de Cuba


En 1868 se representó en Santiago de Cuba, un juguete cómico  del venezolano Tomás Mendoza: Los mocitos del día.  En la obra,  Gabriel, el padre de Cachita, debe decidir si entregarle la mano de su hija a un fingido catalán,  petimetre y "mocito" o a Mr. Charles,  norteamericano, maquinista de ingenio,  inculto y extraviado,  pero honrado y trabajador.  Mientras el  “mocito” se preocupa sólo por las apariencias y la vida fácil,  el Míster,  fogonero, con su español maltrecho y  olfato para detectar los tunantes, descubre el entuerto del falso pretendiente de Cachita. El catalán, horrorizado  declara   "la guerra del carbón de piedra contra el boniato, la guerra del coñac contra el guarapo. Sí, del rosbif contra el fufú." Y anuncia que Míster Charles "es un bisteque y yo soy tu tasajito con platanito verde machucado” en una comparación gastronómica  a lo José A.  Millán en Manjar blanco y majarete.
El bufo del siglo XIX no tuvo piedad con nadie pero la imagen del norteamericano honrado –interpretado por el pintor Walter Goodman, de visita en la ciudad–   antecede a la del emprendedor de las Californias y después, en el teatro social de la República, los dueños de haciendas, fincas y propiedades como Tembladera. Mendoza, bastante ignorado como autor, muere  en el ataque a Tunas en 1869 con grado de comandante en la manigua. La obra se conoce poco de no ser por los testimonios de Goodman  sobre los ensayos, el director, Baltasar Torrecillas  y sus percances con el apuntador, pero perdura  la imagen del personaje: el norteamericano honesto que de forma imprevista se asombra de que se solicite aplaudir una obra tan chapucera. 

 

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