Ediciones de la Flecha

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4/3/15

Tennessee en La Habana. 1


Fotografía de Un tranvía... en la revista Prometeo.
"El Tennessee desemboca en La Habana" es el título de la entrevista de Guillermo Cabrera Infante  al dramaturgo que entonces no requería su nombre completo. En 1961 era habitual de los repertorios desde la década del cuarenta cuando Modesto Centeno, al  regreso de un viaje a los Estados Unidos, dirige para Farseros The Glass Menagerie.  Marisabel Sáenz la tradujo como Mundo de cristal.  El que  “desemboca” es  Tennessee Williams, que la concibió como teatro de la memoria, desconfiado del naturalismo fotográfico de «refrigerador y cubos de hielo de verdad». Centeno trajo de Nueva York el libreto, las fotografías de los decorados y copió la concepción. Es el estilo de puesta en escena del cual Vicente Revuelta se burlará: la copia del «libro-modelo» de los éxitos de Broadway.* El norteamericano se representa por primera vez. Es el 24 de julio de 1947.  Teatro de la Comedia. Se repitió el día 26 en una función de  matinée y otra nocturna debido al éxito. Nadie pareció advertir su significado.  Manuel Casal  escribe que es una “delicada comedia, de muy nobles valores sicológicos y concebida al ritmo actual que le ha suprimido todo sentimentalismo ñoño a que se prestaba gustoso el argumento”. Centeno la dirigió con acierto. Pese a los pesimistas pronósticos, escogió a una actriz de radio, Minín Bujones, para hacer Laura Wingfield, quien sorprendió junto a Marisabel Sáenz, (la madre), Sergio Doré (Tom) y Ángel Espasande (Jim). Los decorados no están acreditados.  Según Casal, Bujones insistió en darle irrealidad al personaje como si fuera una anormal absoluta.  Desde entonces y por más treinta años,  Williams, junto con García Lorca, son los dramaturgos más representados.
Le sigue Un tranvía llamado Deseo, también dirigida por Centeno, una de las más “discutidas” del Patronato del Teatro, fundado en 1942.  El público desborda el Auditórium (9 de julio de 1948), escribe la española Matilde Muñoz en El Siglo, primera nota de la sección firmada por Selma Barberi. Se veían “las conocidas cabezas de todos los estrenos, toda la Habana de las grandes solemnidades.[...] Los aplausos más calientes sonaron donde debieron sonar: en el momento ciego y brutal en que Stanley atropella a Blanche”.

Pero le hace muchísimas objeciones al texto, a pesar de significar el camino experimental del teatro norteamericano. No la entendió.  Habló del morbo de la obra, de su incapacidad para reflejar las pasiones y del lenguaje soez de la traducción. “Por esta preocupación cinematográfica, es una obra excesivamente diluida, técnicamente muy deficiente y sin ritmo, llena de reiteraciones, que como el propio tranvía que le da nombre, no van a ninguna parte.” Ni las actuaciones de Marisabel Sáenz ni de Sergio Doré encajaron en el personaje. En cambio, Violeta Casal realizó una labor completa, “llena de inspiración”. La escenografía con su escrupuloso realismo fue la sensación y Luis Márquez obtuvo el premio al suceso técnico del año. Y lo mejor, no cabe la menor duda, es no dejarnos con la duda, escribe. Marlon Brando, Stanley en el Ethel Barrymore de Nueva York, asistió y fue “cortésmente saludado por el público”.
Francisco Ichaso en el Diario de la Marina opinó que igual que estaba lleno el teatro  de Nueva York, estaba lleno el nuestro, más por el “verismo de la fábula”, las licencias del autor  y el suceso de escándalo y no  por la obra misma que sigue más que un procedimiento realista,  un “naturalismo determinista” y un desarrollo “fragmentario y algo jadeante”. Es una pintura descarnada, fuerte, impúdica.  Acertada encontró a Marisabel Sáenz con ese entrevero de espiritualidad y sensualidad,  histeria y poesía, incurriendo  en el defecto de alzar demasiado el diapasón expresivo y por eso no matizar debidamente sus personajes. En esa tendencia arrastró a Doré, actor muy natural que dice muy bien y al que solo le falta madurar. Violeta Casal  dio muy bien el tipo con un fondo de bondad y hasta de finura sentimental. Egea en el Harold Mitchell subrayó su candor, su erotismo ávido. Menciona entre los personajes episódicos a Ricardo Lima. No se refiere a  la escenografía, el suceso más comentado,  y desde luego, habla de la presencia de Brando.
Manuel Casal trazó un paralelo con las “mujeres histéricas, casi dementes” de Williams como Blanche que “está muy bien tratada en sus líneas generales y en efectos teatrales concurrentes” y aseguró que Sáenz “realizó con brillantez las escenas de bravura” pero  dejaba caer el personaje “cuanto éste retornaba a una humilde anormalidad”, Sergio Doré hizo el esfuerzo por reflejar la parte sentimental de Stanley y Violeta “atrajo a Stella Kowalski, con decisión, a donde con más seguridad podía alzarla: sensualidad discreta y honda ternura.” 
Muñoz señala con sobriedad que “tuvieron muy en cuenta”,  a Elia Kazan y a Joe Mielzinier, director y escenógrafo de la puesta de Broadway.  Centeno lo confirma. Alguien le prestó un libreto en inglés, la leyó dos veces, quiso dirigirla para ADAD, cuando el Patronato, que tenía las mismas intenciones se enteró, y le encargó hacerla para ellos. Aprovechó unas vacaciones para ver la representación de Nueva York tres veces seguidas.  Por primera vez en español (la puesta mexicana de Seki Sano se realiza en diciembre del 48) y traducción de Roberto Bourbakis).  Ichaso considera la traducción muy literal ya que Bourbakis no tenía gran experiencia y usó muchas palabras «extravagantes». La puesta ha merecido un estudio muy completo de Phillip C. Kolin, que la sitúa como  precursora de puestas del norteamericano en el ámbito hispano.
No se ha encontrado una entrevista a Marlon por esos días y no será hasta  1956 cuando  Caín lo entreviste en su célebre “Marlon Brando, un amigo", en el hotel Packard, en una pausa entre su merodear por los bares de la Playa de Marianao para aprender a tocar tumbadora con El Chori y ver a su amiga Dorothy Dandridge en el Sans Souci. Caín no le  pregunta nada de teatro.


 *Aprovecho para rectificar con el cotejo de la revista  Prometeo (edición digital de Miguel Sánchez León) y Cronología del teatro habanero, de Jorge Antonio González y algunos periódicos de la época. Como no puedo indicarlo en el texto y no quiero sumarme a los tantos que citan como propios los textos ajenos, aquí están.
[1] Cabrera Infante, Guillermo. "El Tennessee desemboca en la Habana". Revolución [¿9 de abril? ], 1961.
[1] Casal, Manuel. "Crítica". "Mundo de cristal". Prometeo. no. 3 dic. 1947 . pp.13-14.
[1] Muñoz, Matilde. El Siglo. 21 de julio de 1948. p. 6
[1] Ichaso, Francisco. "Escenario y pantalla".11 de julio de 1948.  pp.8,10.
[1] Casal, Manuel. “Crítica”. "Un tranvía llamado Deseo". Prometeo no.8 de agosto de 1948. p.22.
[1Caín, C. [Guillermo Cabrera Infante]. "Marlon Brando, un amigo". Carteles. (marzo 4, 1956). pp.42-44, 48.


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