Ediciones de la Flecha

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10/12/15

Precursores y prometeicos VIII: Manet y Buch

Vicente  Revuelta y Minín Bujones. Escenografía de Rubén Vigón
Entre finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta prevalece en la escena cubana un momento de “extrañeza”, que otros han llamado corriente exótica, piezas de la imaginación, incursiones en la fantasía a través de mitos y leyendas o  traslado de la acción a otros países y épocas. De Roberto Bourbakis sobrevive “La gorgona” (1951), “ejercicio de sadismo escénico en un acto”, interpretada por Marisabel Sáenz y de Eduardo Manet, Scherzo,  publicada con La infanta que quiso tener los ojos verdes y Presagio (1951), en una bellísima edición de Prometeo –ilustrada por Servando Cabrera Moreno– con prólogo de  Luis A. Baralt, muy generoso con la pieza y contento de  descubrir a su joven autor.
¿Qué buscan los personajes de Manet? Se buscan.  Y el mundo les ofrece una leve, elegante resistencia que el autor agranda un poco con el natural fervor de sus cortos años […] sin alardes librescos, el lenguaje fluye fácil, convincente, preciso en metáforas novedosas y expresivas”, escribe el director.
Manet se burla de los moldes gastados y a manera de pirueta acrobática, se define a través de lo irreal. Tristán y Marbac (Antonio Hernández y Angel Espasande) se disputan en el bosque el amor de Ivelina (Minín Bujones). Tristán le profesa un amor “alto como la montaña, recio como el huracán” y Marbac, anciano muy rico, le ofrece “la esmeralda de Siva, más bella que las noches de Bagdad, cuando las estrellas abren su luz desde el cielo floreciendo en mil pupilas”. Pero la joven se decide por un Satán candoroso que dice encarnar la  época del avión de propulsión, la penicilina, los átomos y el cinematógrafo… y fue interpretado por Vicente Revuelta. En La infanta..., dedicada a Violeta Casal, un guerrero salva a una princesa de las garras de un monstruo, pero tuvo menos suerte, la crítica dijo que “la intención no parece muy lograda... tiene lagunas imperdonables”. Fue interpretada por los alumnos de la academia Enrique Vega, José Díaz, Aldo Guash, Ofelia González, Aurora de la Torre, Martha Matamoros y Anaís Callado.
Se ha creado ATA (Asociación de Autores Teatrales) y junto con Scherzo, se estrenan  Cita en el espejo, de Rolando Ferrer y  Nosotros los muertos, de René Buch, dirigidas por Modesto Centeno.  La iniciativa de ADAD fue seguida por Patronato y de sus concursos surgen, además de los mencionados, Carlos Felipe, Antonio Vázquez Gallo, María Álvarez Ríos y muchos más incluido Piñera. Otra pieza de ese estilo que no sobrevive, también dirigida por Centeno, es La comedia de la vida, de Luis Manuel Ruiz, estrenada por  Patronato. A saber por González Freire, es el drama del bello trapecista Eloy, que imposibilitado de acceder al amor de Colombina, sufre al querer dominar su condición de “invertido sexual”.  Será el blanco secreto de Piñera en su artículo ¿¿Teatro?? 
Rolando Ferrer realizó un encomiable trabajo como autor y director en la Cuba de los sesenta. Casi todas sus piezas han sido publicadas. Manet ha desarrollado una prolífica carrera teatral en Cuba hasta mediados de los sesenta y  en Francia después con textos muy representados como Las monjas y René Buch ha sostenido  una obra precursora al frente de Repertorio Español en Nueva York (co fundado con Gilberto Zaldívar). De esa etapa, "La caracola vacía" apareció en la revista Lyceum. Pionero n acercar el teatro de la isla al hispano de los Estados Unidos por el que merecería mayor atención.


En la revista Celcit no. 32 escribí un testimonio sobre la presencia de Revoltillo, de Eduardo Machado en La Habana y Parece blanca, de Abelardo Estorino, en los Estados Unidos, que ya es historia antigua.
La fotografía tomada de la Colección de Prometeo digitalizada por Miguel Sánchez.

http://www.celcit.org.ar/publicaciones/rtc/26/32/  

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