Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

8/12/16

Diez años (2006-2016)

Cuando tuve al fin  mi blog,  el 13 de agosto del 2006,  había publicado en Gestos un conjunto de crónicas, recogidas inicialmente para la editorial Alarcos, con notas y artículos breves, pero ningún libro nuevo.  Ediciones de la Flecha comenzó en el 2010, después de diez años en los que investigué, releí, consulté y pensé en el teatro cubano. Un libro te lleva a otro. La mayoría  requiere  actualizaciones, otros se han fundido en el siguiente. 
Alguno ha tenido mejor suerte. Todos me han dejado satisfacciones. Conocer mejor en la distancia a Luisa Martínez Casado o conversar de las salitas y sus personajes  con Francisco Morín.  Ninguno ha cumplido su aspiración a cabalidad: dialogar con los interesados en el mismo tema.
De  investigar los procesos de creación, asistir a ensayos y festivales, y explorar el teatro vivo, me ocupé del libro, el manuscrito,  el documento, de conocer en persona a los teatristas y promoverlos por vocación y por responsabilidad,   me acercaba  con temor y muchas  dudas, a la historiografia, para intentar culminar un recorrido, dejar mi huella, seguir los pasos de otros, rescatar eso que con tanta levedad se llama memoria y no consiste en cuántas veces nos visitó la Bernarhdt o cuánto o mucho fuimos influidos por Arderíus, sin saber que otra vez elegía la asignatura más despreciada de las escuelas teatrales y los institutos de investigación.
Hasta aquí el blog ha sido un complemento, compañía,  alegría, una manera de hablar sobre mis preferencias  y las de otros y compartir  hasta dónde ha sido posible hallazgos y dudas. Sin embargo, mientras más me adentro en esta zona –Cuba: actores del siglo XIX  continúa Cuba entre cómicos... (con Manuel Villabella)– el blog es más una obligación que un juego, un deber y no un placer ya que pareciera rechazar esa temática, requerido de novedad. Muchos llegan aquí desde Facebook, donde como saben, se recomienda un texto, un enlace, pero no hay profundidad.
Tengo más proyectos que los que se han ¿terminado? en diez años y necesitaría otra vida para culminarlos, pero no va a quedar por mí. En Escritos de teatro... redescubrí al Conde Kostia y me quedé perpleja: el escritor  que más escribió sobre el teatro cubano tiene solo un libro póstumo, por encargo, con sus últimas crónicas, hecho para cumplir. En mi época se llamaban libros de consolación. También en  1850 José Agustín Millán culminó así la biografía de su amigo Francisco Covarrubias. La selva oscura, de Rine Leal, primer tomo, ha cumplido cuarenta y un años.Yo tenía  veintiocho y en una redacción desde donde nos miraba la giraldilla,  Noel Navarro me facilitaba los pasajes para ir al Escambray. Desde entonces hasta hoy, en los libros, viajo acompañada de esos recuerdos.
Pero el país y el mundo son otros. En el Escambray, en La Macagua,  está Roberto, en el fin del mundo, actor de primer nivel,  gana 640 pesos y lo prefiere porque se hace teatro "realista". Si se aburre mucho, juega a Call of Duty. Y en Miami o La Habana, en dependencia de Jet blue, reside Legna, escritora premiada, que extraña su i-phone 5 y cree que todo el mundo reside en Facebook.

Algún día ellos también se aburrirán de sus video-juegos, el i-phone 5 será, si no lo es ya, obsoleto y querrán saber quiénes fueron Rine Leal y el Conde Kostia. Pero antes que el blog muera de muerte natural, es mejor cerrar la tienda. Confío en Way Back Machine si hay algo que recuperar. Les agradezco a todos  y  como la flecha es adictiva, en algún momento I'll be back.

8/11/16

Fruslerías

No es el nombre de una tienda o una juguetería, ni el de un perfume (después de todo existe El jardín de las bagatelas), sino de un libro. Según mi viejo diccionario de sinónimos, fruslería es pequeñez, nimiedad, bagatela, futilidad, friolera, futesa y nadería. Fruslerías es el último título de Juan Cueto-Roig, publicado por Silueta. Breves y humorísticas, las narraciones y viñetas del texto (elucubraciones, divertimentos y contracuentos)  son una fiesta y no quiero perder la oportunidad de comentarlo con la esperanza de que sea disfrutado como corresponde ahora que proliferan las editoriales minúsculas, el mundo nano y diminuto, pero desgraciadamente no el de la brevedad. La brevedad con sustancia es lo mejor que puede pasarle al escritor. Y explorar el mundo del juego y el universo  lúdico, una de esas metas para otros inalcanzable. A Juan Cueto-Roig  le surge la espontaneidad (revisen los Very-cuetos), el juego de palabras y el juego con el lector en sus divertimento. Contiene un poco de todo, como en quincalla, dice la nota de contra cubierta,  como en aquellas  alcancías del artesano, escritas por  un coterráneo de Cueto, nacido no en Remedios, pero cerca.


8/3/16

Diez años: el teatro reunido de Reguera Saumell

Desde hoy hasta el 13 de agosto –diez años del blog– comentaré algunos de los temas en camino o que están en el tintero no con ánimo celebratorio, ya que a diferencia de lo que muchos piensan, la internet es más hostil, los blogs se leen menos y la mayoría prefiere dos líneas de tuits o una llamada personal en facebook. Pero agradezco mucho a mis 18 seguidores (2 en la Flecha II) y sus 155 730 páginas vistas y a los  que se han interesado por la autora y por sus libros. Cuando  cierre el 13 su primera etapa,  me ocuparé de revisar las erratas y los errores así como me entretendré en  borrar las entradas que han caducado. Pero tal vez alguno de estos proyectos interese a alguien para colaborar y/o retomar. 




Está en camino el teatro reunido de Manuel Reguera Saumell, y digo  así y no completo porque el propio autor  cree que es mejor no  incluir Copérnico o la coyunda, que le resulta una pieza demasiado ambiciosa, ya que al mismo tiempo es una historia de la república, con cantos y melodías que sólo entenderían los cubanos «antiguos». Y aunque la decisión no está tomada, es mejor no excluir Copérnico... al menos  por ahora cuando se trata de agrupar y no de seleccionar una  zona importante del teatro de los sesenta que como la de algunos otros  no se incrementa a partir del exilio. En Barcelona, sobre todo, Reguera Saumell escribe narrativa.
Publicar teatro no es coser y cantar, sobre todo,  cuando el autor ni siquiera tiene todos sus manuscritos digitalizados y en muchos casos, he (mos) trabajado con ediciones previas, que habría que cotejar preferiblemente leyendo  a dúo  parlamento a parlamento.  Así están  terminadas  y con una primera revisión  Sara en el traspatio, El general Antonio estuvo aquíLa calma chicha, Recuerdos de Tulipa y La soga al cuello,   ya que  Propiedad particular y La hora de los mameyes (escrita para la televisión) se consideran perdidas. Maquetar un volumen de muchísimas páginas es otro de los escollos. 
Agradezco a Carlos Espinosa Domínguez su colaboración en la  transcripción de uno de los textos y a Daniel Fernández  la fotografía. Y a Reguera siempre su confianza y su amistad.


6/1/16

Teatro arena 1952


En Por amor al arte. Memorias de un teatrista cubano, Francisco Morín apenas repara en la puesta de Un nuevo adiós, de Allan Scott y George Haight, dirigida  en 1952 por un agregado  cultural  de la Embajada de los Estados Unidos, Walter M. Bastian,  en la sala del Ballet Nacional de la calle Quinta y E en el Vedado. La obra no tenía importancia, dice el director, pero sí la fórmula del “teatro arena” que les permitía romper con los grandes teatros y la función única al  experimentar con un espacio válido para las pequeñas salas. No habla del  reparto, pero sí del espacio escénico que utilizará dos años después en su puesta de Las criadas, de Genet. Sin embargo, la  novedad de un público alrededor de los actores desencadena al menos varios  artículos de Rafael Suárez Solís: “Verdad o poesía del teatro arena”, “El teatro arena sin pared de cristal”, “Otra vez el tinglado de la antigua farsa”, entre otros, que discuten y/o problematizan lo que según el director de la obra, fue  un apremio de la necesidad que condujo a Glenn Hugues, director del Departamento de Drama de la Universidad de Washington, a trabajar en esos escenarios  a finales de los cuarenta. En 1932 este director realiza el montaje de Espectros en la azotea de un hotel en Seatle y en la década siguiente, el teatro circular, modalidad que los cubanos adoptaron como “arena”, está establecido. Para Suárez Solís, la proximidad, el contacto y la irreverencia que provoca la cercanía del actor, es  la estética de los  escenarios de reducida tramoya de Shakespeare o los corrales españoles.
Para Myriam Acevedo, en sus  memorias (inéditas), no fue un montaje más. No sólo conoció al director en su estancia en los Estados Unidos, sino que la obra, presentada bajo el patrocinio del Patronato del Teatro, le permitió salir del encasillamiento.   “Yo fui una de estas víctimas: –escribe–:  dramática, seria, rara, excéntrica; la comedia estaba vedada para mí. Imposible concebir a la Acevedo en un personaje ligero, divertido, cómico.”  El Patronato no quería elegirla para el personaje pero Bastian la impuso.
Estrenada el 5 de diciembre de 1952, cuando Francisco Ichaso la reseña en “Un ensayo de teatro sin plataforma”, ha realizado once funciones debido a su éxito con el público, aunque el crítico apenas menciona a los actores del extenso reparto (Myriam la recuerda como una  obra de dos personajes, ella y Carlos Badías) pero sabemos cómo es de traicionera la memoria. Ichaso habla de  una taquígrafa “discretamente indiscreta”, un Badías muy natural y por supuesto, Adela Escartín, en un personaje secundario,  debe haber desaparecido la nota de su álbum de recortes. Myriam obtiene el premio Talía y en el acto de entrega “al subir al escenario, la falda espectacular que escondía un miriñaque monumental, una armazón enorme contrastando con mi figura que se diría anoréxica...”, la saya se enredó con un cable suelto.
Bartian murió en 1979,  a los ochenta años, después de una vida dedicada al servicio exterior. Realizó un master en Drama en la Universidad de Yale y fue profesor en Cuba, uno de sus primeros destinos diplomáticos.  La argentina revista Talía informó en 1953 que “se introduce en Cuba un nuevo estilo de teatro”.
Algún día se publicarán las memorias de Acevedo, los programas de Patronato se revisarán completos, alguien habrá guardado una fotografía...
Con otro  vestido de saya enorme, Myriam Acevedo   aparecerá en Las criadas, dirigida por Morín.

  
1. El reparto de Un nuevo adiós estaba integrado además por César Carbó, Conchita Brando, Carmen Scott y Armando Calderón.
Agradezco a Diana Caso García y Xerxes Carruana el acceso a las memorias de  Myriam Acevedo.
 Marcos Britos, investigador argentino dedicado a la reconstrucción de la labor del Fray Mocho, me facilitó la referencia de Talía.


3/23/16

Black Crook o Blas Cruz

 
He sabido que muchos colegas tienen internet en sus casas de Cuba y quiero presentarles la Flecha... más activa con unos apuntes de Cuba: actores del siglo XIX, título provisional.


En una línea de Los negros catedráticos, de Francisco "Pancho" Fernández, obra emblemática del bufo, la negrita Dorotea  presenta a su enamorado como "un tipo perfecto de galancito del Black Croook". [En la primera edición y la antología de Leal aparece así.] ¿Qué es el Black Crook? La compañía norteamericana llega a La Habana en enero de 1868, unos meses antes del furor bufo, aunque algunos lo castellanizan y hablan del Blas Cruz, grandioso espectáculo en cuatro actos, original de Charles M. Barras, mágico y elaborado, con un coro de muchachas ligeras de ropa.

¡Con que ¡ojo, ópera! ¡Ojo, circo de Albisu! ¡Ojo, Black Crook! ¡Ojo, poetas, ojo, actores dramáticos! [...] se trata de un espectáculo que consta de magníficos bailes, transformaciones sorprendentes por medio de una complicadísima maquinaria,  tramoya, cuadros plásticos, el diablo y la capa, en una palabra, el diablo representado por una veintena de muchachas admirablemente bonitas y ¡ay, me! y la capa... brillando por su ausencia en la representación. 

Felicia escribió sobre las adaptaciones escénicas requeridas en el escenario del Tacón y  “los mil y un cachivaches de maquinaria”. En realidad las  reseñas son muy restringidas y existió bastante desprecio de la prensa hacia un espectáculo musical  único con más de cien bailarinas que entre 1866 y 1868 ha ofrecido  475 representaciones en varias ciudades de los Estados Unidos.  Debuta en La Habana el 11 de enero. El 26 ofrecen algunas funciones en Matanzas. La propia Felicia escribe que nos inundará con "sílfides poéticas y magias fantásticas". Pero después de la primera función con La historia encantada, se comenta que era una bella pintura, como un tejido,  que despojado de sus   hermosas decoraciones y sus luces de bengala, quedaría reducido a una mala comedia de magia.  Es un  “entretenimiento entretenido para los ojos de la inocencia”. El localista cantinflea sobre las exigencias de la moral  y “su bombo de mutaciones deslumbradoras y combinaciones fantásticas de luces y colores” para afirmar que “es tanto lo que se abusa de lo aceptable en materia de “enseñamientos” que no es posible aplaudirlo  con la pluma, por más que cada uno lo aplauda pareciéndole poco todavía, en su calidad de espectador ansioso de emociones”. Lo problemático fueron "los enseñamientos".
Para  estas fechas han actuado en el mismo recinto agrupaciones norteamericanas llegadas de Nueva Orleáns, artistas afamados como el músico Gottschalk y quien después  será Adah Menken.

2/19/16

Una mirada a los artefactos

Las fotografías quedaron espantosas, pero valió la experiencia. Este blog se ve bastante bien en la versión para móvil –me he interesado por ella con bastante retraso– como también la página de las Ediciones de la Flecha, que necesita su buen remozamiento. En Kindle, cuyo buscador es Bing, las ediciones no existen sobrepasadas por el deporte del arco y la flecha, y por supuesto, ni intenté mirar el blog. Ya se sabe lo difícil que es posesionarse de un espacio en la selva no tan oscura de la internet. Por azar los artefactos están sobre mis notas de los periódicos de 1846. Confío  que «alguien» salve las entradas de alguna permanencia para después.


2/14/16

Bravo por Mialhe


En la búsqueda de imágenes de los actores de los años cuarenta del siglo XIX,  encuentro una curiosa polémica entre los redactores de dos periódicos a partir de la sexta entrega de Viaje alrededor de la isla de Cuba, de Federico Mialhe. El 26 de mayo de 1849, el redactor del Diario de la Marina, comenta sus bonitas láminas pero dice que no son "exactas" ya que a su juicio "alrededor" no se justifica para  referirse a estampas del  interior de Cuba y es más apropiado utilizar en ...  y que no debió llamarse "zapateado" a lo que en la isla es zapateo, ya que  zapateado es el baile provincial de Cádiz y zapateo, el  de la isla. Al parecer hay una nota de El Faro Industrial atacando al redactor del Diario rival, que lo llama  "el bravo" y el "colega erizo", que supone a Mialhe parte del diálogo. El Diario de la Marina vuelve sobre el tema. "No conocemos al Sr. Mialhe, pero sabemos que es extranjero y esta circunstancia le excusa de la falta de conocimientos de nuestros campos", explica en una segunda nota en que vuelve sobre los  reparos sobre el  título y la concepción de viaje y se adentra en sus objeciones a las láminas. Los guajiros no usan copa chata y de ala ancha, ni usan botines; el que está recostado, con blusa, no parece un guajiro sino francés, las guajiras no se prenden las sayas de esa manera, ni los hombres llevan el pañuelo en la cabeza ni se agarran los pies con cintas,  el zapateo no se baila como el rigodón ni hay perros galgo y perdiguero en los campos de Cuba. "La civilización no destruye las costumbres nacionales". El día 3 de junio el pintor escribe al  Faro Industrial una carta.  Se declara una víctima inocente, puesto que  juega un papel ridículo en la nota del Faro. 

"Soy del país de la crítica, he aprendido a respetarla, y estoy muy lejos de experimentar la susceptibilidad que usted me supone; si [la crítica] es justa me servirá de lección provechosa, si es pérfida e injusta la desprecio, pues cuento con el buen sentido del público y de mis amigos que me harán justicia; pero yo nunca intervendré en cuestiones de esa naturaleza". Dice que no se ha resentido por la crítica del Diario de la Marina...pues "aunque la crítica mortifique el amor propio de un artista, el que ama el arte por el arte no puede menos que someter pasivamente sus obras al juicio público". No ha formado parte del citado diálogo, el del Faro y espera  por la indulgencia del público.

Como se supone, casi no he encontrado imágenes de los actores –salvo  Mariquita Cañete en El Colibrí y un grabadito de Macalister– pero de vez en cuando, me divierto con los efectos secundarios de  la búsqueda aunque pueda ser del conocimiento de  los muchos estudiosos de la obra de  Mialhe.  El mismo criterio de verosimilitud se aplica por desgracia también al teatro.

Las notas en  el Diario de la Marina del 26, 31 de mayo y del 3 de junio de 1846.
La imagen esttá en Beinecke Rare Book and Manuscripts Library de la Universidad de Yale.

1/29/16

Quintero sin arrepentimientos I

Interior de la revista Tablas 1986
Acerca de un nuevo libro de Carlos Espinosa Domínguez.

Muchos  autores cubanos de 32 años tienen por lo general varios libros publicados  en las editoriales del país, pero se desconocen muchas  obras de los dramaturgos mayores, sobre todo, los despreocupados por el  destino de sus  piezas. No existe diferencia entre el aprendiz y el experimentado,  la edición teatral ha dado un vuelco de noventa grados  (para bien) pero  prodiga títulos de los más jóvenes, sin reparar demasiado en el pasado.  Una excepción es Héctor Quintero: un comediógrafo sin arrepentimientos, de Carlos Espinosa Domínguez (Ediciones Alarcos 2015) en el que Quintero, pausado y apacible,  ¿sentado en la comadrita de su casa del Cerro?,  entorno un poco kitsch como el de sus obras, conversa con el entrevistador sobre sus inicios, su concepto del teatro y las etapas de su trayectoria –Teatro Estudio o el Teatro Musical– en el que hubiese constituido un proyecto mucho mayor, interrumpido por la sorpresiva  muerte de Héctor. No había cumplido 69 años. Al leerlo me parece escuchar su voz de locutor radial (esa que aparece tantas veces en el cine cubano). Quintero le habla al entrevistador de  Ojos azules, "el teatro más baladí o más absolutamente intrascendente", estrenada en la sala Ciro Redondo en el año 60 o 61 e influida por el teatro comercial que había visto. Recuerda otra similar,  Habitación 406, dirigida por Miguel Montesco en la Sala Tespis en 1963. Dos obras escritas antes que Contigo pan y cebolla lo lanzara a la fama.

A pesar de que intuyo que una nueva sesión de trabajo hubiese revelado quizás  un Quintero más beligerante y Espinosa habría  sido tentado a hacerle  preguntas acaso más imprudentes, el testimonio no está trunco y Héctor está de cuerpo entero en su sentimentalismo y su verdad. “Me sentí un autor obsoleto”, dice con tristeza, ya que quien se sabía un “continuador de tradiciones”, vio la escena asaltada por tendencias a su juicio sectarias. Espinosa Domínguez hizo bien no sólo en recoger su testimonio sino en completarlo con las notas al programa de muchas de sus obras, con  valiosa  información, útil para estudiar  en especial textos irrecuperables como Algo muy serio o Chorrito de gentesss. El lector puede establecer el contraste en el programa de Sábado corto,  escrito cuando se sentía un autor amenazado y en peligro de extinción y el hombre sereno y confiado en el futuro que reflexiona con Espinosa Domínguez.  Una de sus mejores obras, Sábado...  escribe Héctor, trata sobre los “pequeños seres trágicos, la bata de casa y el café con leche, esa también poesía, de la cotidianeidad”.   Treinta años después, desaparecidos los gestos costumbristas, queda la soledad de Esperanza Mayor que a pesar de sus encontronazos con la vida, pregunta a su hijo con un candor patético " ¿Oye, por casualidad tú sabes que película echan esta noche en el Payret?”

Ediciones Alarcos, 2015. 118 p.

1/3/16

Persona del año: Matías Montes Huidobro


Entre mis personas del año 2015, el dramaturgo y estudioso (además de novelista y  poeta),  Matías Montes Huidobro, nacido en Sagua la Grande en 1931. En el año que terminó recibió un homenaje de la Feria del Libro de Miami, mientras Artefactus celebró junto a su esposa Yara, también investigadora y ensayista, sus 84 años. Se dice fácil pero esa edad no la alcanzaron ni Aurelio Mitjans, ni José A. Escarpanter ni Rine Leal, y si la edad no es todo, pues hay quien pierde su tiempo, la obra de Matías habla por sí sola y merece toda mi admiración.
Pero los dramaturgos nunca son considerados en las selecciones y los estudiosos menos. Ni siquiera Ecured o Caribe se han puesto al día con su obra.
El pasado  año con Del areíto a la independencia claves literarias de las letras cubanas, completó  su  mirada hacia el teatro cubano del siglo XIX, recopilación revisada de sus ensayos y artículos desde 1959 hasta la actualidad. Del areíto no hay mucho pero sí de El príncipe jardinero y fingido Cloridano, incluidos sus comentarios sobre la más reciente  bibliografía. Sus ensayos sobre el bufo (entre estos "la distorsión matemático-gramatical en Los negros catedráticos de Francisco Fernández) y "Los hijos de Thalía") se corresponden a sus búsquedas desde 1973 hasta el momento con un añadido sobre los "timbales del Alhambra". Estudia  los textos y sus  "claves literarias" preocupado porque  el presente "con toda su degradación farandulera, termine por empañar el pasado". Le siguen revaloraciones del teatro de la Avellaneda (material sin dudas para su obra teatral).
Uno de sus hallazgos, el que más me gusta del libro, es su acercamiento a Un poeta en la corte, de José Jacinto Milanés, escrita en 1839, solicitada por varios actores, entre ellos Pedro Iglesias y Vicenta Lapuerta, según nos descubre el Centón epistolario, pero en el Índice de censura. Como los delmontinos, casi toda la crítica cubana del XX la subestimó o la consideró de pasada.
 Sin embargo, Matías la ilumina en su muy esclarecedor ensayo. En el  poeta que no se doblega ante los poderosos encuentra la clave de la permanencia del dramaturgo. Mientras la solapa del libro recuerda que en Persona: vida  máscara en el teatro cubano (1973) es el primero en integrar en sus estudios colonia, república, revolución y exilio,  quiero recordar un ensayo de 1959, publicado en Lunes de Revolución, titulado "Necesidad de José Antonio Ramos". En tiempos en que Virgilio está muy orgulloso de haber puesto a la Avellaneda «en su lugar» y  muchos de los jóvenes del magazine, consideran a Ramos un vejestorio, Matías lo enjuicia y sin ocultar sus defectos, establece una pauta para futuros análisis, por su mesura y lucidez. Escribió "no ha sido plenamente olvidado, ni plenamente recordado del todo".

La mayoría de los dramaturgos y estudiosos, para desgracia de la cultura, ha muerto en esa tierra de nadie y ese limbo piadoso.

12/9/15

¿Borrón y cuenta nueva?


Una nueva etapa de las relaciones entre los teatros de Cuba y los Estados Unidos empieza a interesar a los estudiosos. Acabo de leer  este documentado artículo y otros en la revista Elevate, que recibí  convoyada con el  LA Times,  puesto que, dedicada a estilo de vida e inmobiliaria,  nunca compraría. Son puntos de vista optimistas sobre la “apertura” o el deshielo, triunfalistas,  más bien llamados al turismo. Resalta un interés, quizás inconsciente, por adjudicar el protagonismo, repartir las parcelas del pasado,  o simplificar procesos muy complejos  en los que han intervenido muchas personas.
Se dice por ejemplo que el  Festival de Teatro de La Habana es de la autoría de Helmo Hernández – lo inventó en 1980– no que fue  creado por una institución ni fue obra del Ministerio de Cultura. Cuando intenté documentar o precisar muchos datos del artículo, al que presupongo muy buenas intenciones, y escribir un comentario, me di cuenta que al hacerlo pareciese que yo misma busco protagonismo. En mi pesquisa de autores y apoyatura, hay muchos, más jóvenes que yo, que han muerto en el camino.  Y me di cuenta que el único remedio y la única salida a tantos intentos de reescritura a conveniencia, serán los muchos libros que vendrán.
De  paso, me enteré en Facebook que Esther Suárez lo ha emprendido. Muy jovencita, recién terminados sus estudios de Sociología,  su sensibilidad  e inteligencia la decidió por el teatro y  vino a los Estados Unidos con el Teatro Escambray, en una gira apenas recordada,  casi por las mismas fechas en las que el San Francisco Mime Troupe nos dejó encantados con su commedia dell' arte  política y el carismático Ronnie Davies se apropió de un lunajod de recogida de basura y eso fue el revuelo de su taller del ISA. Antes probamos el pan del Bread and Puppet ¿o fue después?  Visitaron Cuba José Luis Valenzuela, Oscar Ciccone, Joe Papp, Ntozake Shange como antes Joanne Pottlitzer (traductora de Triana)  y gracias al apoyo de  Martha Coagney, presidenta por muchos años del centro norteamericano del Instituto Internacional del Teatro, entre otros, se celebró en La Habana, en 1989 un congreso de teatristas, que los rusos en medio de la guerra fría, querían adjudicar a Finlandia. Pero un finés que nos entendía –Ralf Långbacka– comprendió que no había otra oportunidad.   Todos sabemos qué ocurrió en 1989.
Me gustaría rectificar que todo no empieza en los 50, sino mucho antes. En los veinte Jorge Mañach traduce In the Zone, de O'Neill y en 1860, el Black Crook está en La Habana como luego los minstrels. Y en los cuarenta, Cuqui Ponce de León, antes que Modesto Centeno, está al día en las comedias de Broadway,  viene a los Estados Unidos todas las temporadas,  traduce y las dirige en la isla. Por favor, ¿y las vilependiadas "salitas"?

Cada vez que pueda, como el Murciélago, intentaré «reescribir» no los hechos  que he vivido, sino mejor,  los que he leído y no hay forma de borrar.         

11/22/15

Recuerdo de un murciélago






Los blogs son algo del pasado, dijo alguien ayer, mientras apostaba por las "redes sociales", donde al menos yo no he leído un texto de alguna elaboración. Acostumbrados a descartar, al fast food y al fast fashion,  y que el último medio reemplace al vigente con asombrosa rapidez, los blogs son inservibles a la inmediata utilidad. De alguna manera permanecen, no se pueden borrar. No serán obsoletos. Siempre quise cumplir diez años con la Flecha, porque me gustan las cifras redondas, pero ahora es que ha llegado a 99, 069 visitantes en toda su historia en La Flecha principal  y más de 40 mil en La Flecha II. Antes que llegue la fatiga y el cansancio de la escribana y  sus lectores,  hay  que concentrarse en los libros,  nunca van a desaparecer.  Cuando reaparezca una entrada en el blog, aquí o en otra parte, será como El Murciélago, un periódico teatral del XIX, "a cualquier hora que se me antoje, tomaré el rumbo que más me conviniere, revolotearé donde sea necesario, picaré la fruta que más me plazca, devoraré el insecto que me venga a manos". No es necesario esperar ninguna puntualidad. Siempre hay lectores voraces y pacientes. Después del Murciélago hubo La Campanilla, El Cartel, El Entreacto, muchos más...

11/10/15

Diminuta Ritilla

Antes que Espiridiona Cenda deslumbrase a los lectores en Chiquita, de Antonio Orlando Rodríguez, hubo otra pequeñita columpiándose sobre el cáliz de una rosa en el grabado que recorrió la prensa de la isla, Ritilla Leonarda Valiente, de quince años, que sin embargo medía 31 pulgadas, la misma estatura de cuando cumplió cuatro. Natural de Macurijes y de “semblante melancólico”, Ritilla, hasta donde sé, tuvo una temporada exitosa en La Habana de 1848 pero no logró sus deseos de realizar una gira internacional como otras personas bajitas llegadas al naciente mundo del espectáculo, entre ellos su rival en esos días, Tom Thumb. Con mucha anticipación se vistió de hombre, cambió de trajes, se mostró como guajiro de machete al cinto y cantó, entre otras, La Colasa. Casi todos los que la vieron dicen que era muy ocurrente.
Antes compartía en el blog los datos o las sorpresas que me deparan los libros.
Ahora los guardo mientras trabajo en el manuscrito, pero antes que piensen que el blog se ha mudado o ha dejado de escribirse, les adelanto este minúsculo hallazgo del recorrido por los actores y actrices del XIX que completa Cuba entre cómicos.

10/20/15

Manuel Villabella, más que coautor

Manuel Villabella, escritor y estudioso cubano, es uno de esos tenaces que ha dedicado su vida a la investigación del teatro cubano aunque también ha  publicado cuento y teatro (Jucaral y Aventura de mambisitos, infantil), trabajado con los grupos de Camagüey, entre ellos su Conjunto Dramático y ejercitado, entre otros el periodismo y crónica. Su libro Costal al hombro (1996), profundiza en la historia del teatro en Camagüey e ilumina aspectos considerados "locales",  más que valiosos, únicos, como el recuento de sus primitivos cabildos, fiestas y procesiones y el bregar de la ciudad  por lograr escenarios decentes. Nos presenta a  José Marty, Pepe el Cordonero, "duende invisible"  de las artes escénicas en Puerto Príncipe y desentraña qué hicieron los Robreño –muy queridos desde que un naufragio trae a nuestras costas a los hijos del catalán Robreño y Tort, actor y grabador de oficio. No es mi propósito reseñar el libro, obligada referencia, sino decir algo propio sobre alguien que es más que coautor de Cuba entre cómicos...  por si no llegan al final del libro con su nota biográfica.
Santiago Candamo es  un fabulador de quien los españoles se olvidaron (como de Burón y Torrecillas) porque vino a hacer la América con un baúl y cuatro trastos. Cómico de la legua, actuó en muchas ciudades de Cuba y  Puerto Rico, y Villabella ha logrado  presentarlo  convincente y ameno con datos de periódicos y legajos, como también  descubrió a  Antonio Hermosilla,  Francisco Javier Franck, autor de El Hermenegildo y Un amigo,  estrenadas en 1840, Adelita Robreño y tantos otros.
Entre sus obras más recientes hay un  libro de crónicas  (Sones de marimbas y güiros, publicado por la Universidad de Puebla, 2011) en el que al tiempo que  vuelve sobre sus temas –entre ellos Guillén a quien ha antologado en Pisto manchego– incursiona en facetas muy poco conocidas de la música y el teatro de Cuba y México.

Mientras me congratulo de su aporte a «nuestro» libro, espero ansiosa  por El negrito del sainete cubano (Premio de Teatrología Rine Leal 2013) en proceso de edición por la casa  Tablas-Alarcos.

10/12/15

Precursores y prometeicos VIII: Manet y Buch

Vicente  Revuelta y Minín Bujones. Escenografía de Rubén Vigón
Entre finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta prevalece en la escena cubana un momento de “extrañeza”, que otros han llamado corriente exótica, piezas de la imaginación, incursiones en la fantasía a través de mitos y leyendas o  traslado de la acción a otros países y épocas. De Roberto Bourbakis sobrevive “La gorgona” (1951), “ejercicio de sadismo escénico en un acto”, interpretada por Marisabel Sáenz y de Eduardo Manet, Scherzo,  publicada con La infanta que quiso tener los ojos verdes y Presagio (1951), en una bellísima edición de Prometeo –ilustrada por Servando Cabrera Moreno– con prólogo de  Luis A. Baralt, muy generoso con la pieza y contento de  descubrir a su joven autor.
¿Qué buscan los personajes de Manet? Se buscan.  Y el mundo les ofrece una leve, elegante resistencia que el autor agranda un poco con el natural fervor de sus cortos años […] sin alardes librescos, el lenguaje fluye fácil, convincente, preciso en metáforas novedosas y expresivas”, escribe el director.
Manet se burla de los moldes gastados y a manera de pirueta acrobática, se define a través de lo irreal. Tristán y Marbac (Antonio Hernández y Angel Espasande) se disputan en el bosque el amor de Ivelina (Minín Bujones). Tristán le profesa un amor “alto como la montaña, recio como el huracán” y Marbac, anciano muy rico, le ofrece “la esmeralda de Siva, más bella que las noches de Bagdad, cuando las estrellas abren su luz desde el cielo floreciendo en mil pupilas”. Pero la joven se decide por un Satán candoroso que dice encarnar la  época del avión de propulsión, la penicilina, los átomos y el cinematógrafo… y fue interpretado por Vicente Revuelta. En La infanta..., dedicada a Violeta Casal, un guerrero salva a una princesa de las garras de un monstruo, pero tuvo menos suerte, la crítica dijo que “la intención no parece muy lograda... tiene lagunas imperdonables”. Fue interpretada por los alumnos de la academia Enrique Vega, José Díaz, Aldo Guash, Ofelia González, Aurora de la Torre, Martha Matamoros y Anaís Callado.
Se ha creado ATA (Asociación de Autores Teatrales) y junto con Scherzo, se estrenan  Cita en el espejo, de Rolando Ferrer y  Nosotros los muertos, de René Buch, dirigidas por Modesto Centeno.  La iniciativa de ADAD fue seguida por Patronato y de sus concursos surgen, además de los mencionados, Carlos Felipe, Antonio Vázquez Gallo, María Álvarez Ríos y muchos más incluido Piñera. Otra pieza de ese estilo que no sobrevive, también dirigida por Centeno, es La comedia de la vida, de Luis Manuel Ruiz, estrenada por  Patronato. A saber por González Freire, es el drama del bello trapecista Eloy, que imposibilitado de acceder al amor de Colombina, sufre al querer dominar su condición de “invertido sexual”.  Será el blanco secreto de Piñera en su artículo ¿¿Teatro?? 
Rolando Ferrer realizó un encomiable trabajo como autor y director en la Cuba de los sesenta. Casi todas sus piezas han sido publicadas. Manet ha desarrollado una prolífica carrera teatral en Cuba hasta mediados de los sesenta y  en Francia después con textos muy representados como Las monjas y René Buch ha sostenido  una obra precursora al frente de Repertorio Español en Nueva York (co fundado con Gilberto Zaldívar). De esa etapa, "La caracola vacía" apareció en la revista Lyceum. Pionero n acercar el teatro de la isla al hispano de los Estados Unidos por el que merecería mayor atención.


En la revista Celcit no. 32 escribí un testimonio sobre la presencia de Revoltillo, de Eduardo Machado en La Habana y Parece blanca, de Abelardo Estorino, en los Estados Unidos, que ya es historia antigua.
La fotografía tomada de la Colección de Prometeo digitalizada por Miguel Sánchez.

http://www.celcit.org.ar/publicaciones/rtc/26/32/