Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

7/30/19

Más de Escritos de teatro, crónica, crítica y...

Si rehiciera/actualizara Escritos de teatro... (2013) incluiría estas dos crónicas. La primera es de Bartolomé Crespo y Borbón, de 1839, publicada en El Noticioso y Lucero y documentada por J. Tabares, autor de una sección sobre La Habana Vieja en el periódico La Lucha. Al escribir sobre el Diorama de la calle Industria, rescató la crónica de quien  firma Anfibio y es antes y después Creto Gangá. El grabado es posterior, anuncia  las funciones del ventrílocuo el 25 de marzo  de 1845 en el Tacón.







Dulce María Loynaz ocupa el espacio de Pablo Alvarez Cañas como cronista social. En 1955 rescata las funciones caseras del pasado mientras las pequeñas salas abren con el teatro más "atrevido".
Aquí está el file.

7/16/19

Otra vuelta... y un tributo a Eugenio Barba

Con  tristeza, al cabo de trece años con el blog y sus aledaños (el II, la Página en blanco, Todo está en el Archivo), la entrada más leída sigue siendo "Otra vuelta al Odin en su Kaosmos" – escoltada por 115 ¿sospechosos? visitantes de Ucrania y 47 de Kazajstan–que quiero pensar son hispanistas interesados en el teatro cubano y no trolls del más allá.  Se lee y se busca no por mí sino por Eugenio Barba y eso amerita que no la oculte de la vista de los posibles nuevos lectores.
 A esos que vienen por Barba le recomiendo dejen de leerla ( pensaba entonces que el blog facilitaba un diálogo y no un monólogo), y busquen el último libro escrito por Barba, Nicola Savarese y decenas de colaboradores. The Five Continents of Theatre. Facts and Legends about the Material Culture of the Actor. Ilustrado con bellas fotografías y sustentado en una búsqueda rigurosa, excepcional para estos tiempos en los que la historiografía al uso recibe tantos embates e interesa tan poco. A mí me ha removido los cimientos de mi propia búsqueda.
Me sumo al tributo que rinde en estos días la Universidad del Peloponeso a este experimentador incansable, caminante, hacedor y teórico que no sé cómo calificar. Aquí están sus preguntas sobre una segunda vida. Lean estos textos y no esa "vuelta" de la que no me arrepiento pero está ya y desde hace rato en el archivo.
Gracias a Eugenio y sus actores del Odin Teatret.
Gracias  Ernesto Fundora, por la copia digital enviada a sus  Archivos.
Para los que necesitan armar una bibliografía.

Boudet, Rosa Ileana. Entrevista a Eugenio Barba. "El Odin en su Kaosmos”. La Gaceta de Cuba 5  (1994): 28-29. 

Con eso basta y sobra.

5/30/19

Raquel Revuelta, un nuevo libro




 Raquel Revuelta en el decimoquinto aniversario de su muerte es el segundo libro de Juan Cueto Roig sobre la actriz cubana. El anterior Raquel Revuelta, a la memoria de una gran actriz –reseñado en el blog– tuvo una excelente acogida por su belleza, cuidado y porque tiene una colección de fotografías y textos que no se encuentra en otra parte. Aparte de coincidir con el anterior en hechos y situaciones de la biografía de Raquel, Cueto-Roig introduce en este un artículo de Norge Espinosa, "Raquel en el espejo de la memoria", más información sobre sus actuaciones en el teatro, el cine y la televisión, muchas nuevas fotos y un recuerdo de Daniel García. El actor, intérprete de Juan Primito en la serie televisiva Doña Bárbara, y su compañero en Teatro Estudio, la conoció bien y como muchos otros, ofrece la descripción de lo que Juan Cueto-Roig llama "su arte interpretativo".
Admirador y devoto de una figura fundamental de la cultura cubana, Cueto-Roig no abandona su empeño de facilitar el conocimiento de una figura fascinante. Recomiendo este  su nuevo libro. 
La portada es una foto de Raquel y Manolo Coego en Corona de sombras, de Rodolfo Usigli en la televisión.  Por error asumí que el libro sería vendido pero como el anterior, se trata de una pequeña tirada de libros para las bibliotecas, colaboradores  y otros.

5/15/19

Un ensayo de La boda

Esta  fotografía se hizo  para el Mes de teatro cubano, en  febrero de 1958.  Adolfo de Luis, el director de La boda en Atelier conversa con Virgilio Piñera, y a ambos lados, las actrices Julia Astoviza y Consuelo Álvarez. De pie: Niso Malaret, también autor dramático y amigo de Piñera, finalmente sustituido para el montaje por Eugenio Domínguez. Lamentablemente no pude utilizarla y no por la marca de agua, sino por la resolución. Así hay otras en Piñera y Felipe: escándalo y mito.

4/28/19

Piñera y Felipe reunidos

Piñera y Felipe: escándalo y mito,(Ediciones de la Flecha, 2019 (paperback, 359 p.) se acerca a dos momentos indispensables del teatro del siglo XX cubano: las representaciones de El chino, de Carlos Felipe y Electra Garrigó, de Virgilio Piñera. Dos hitos, dos emblemas, como sostiene el guajiro festivo de la viñeta de Andrés García Benítez.
 No se explicarían sin conocer el teatro que les antecede, las fuentes que los nutren y aquellas que niegan. Hay dos capítulos sobre las puestas de Patronato, Teatro Popular, ADAD y el Teatro Universitario que podrían interesar al que quiera estudiar sobre todo a Mirta Aguirre, sagaz e irónica, que mantuvo por muchos años  una columna teatral  en el periódico Hoy.
El volumen tiene casi la misma cantidad de páginas de relato de la autora que material de los críticos que escribieron sobre estas puestas: Manuel Casal, Francisco Ichaso, José Manuel Rodríguez, Luis Amado Blanco, Mario Rodríguez Alemán, Regina de Marcos, José Massip, Rine Leal, Héctor García, José Corrales y Antón Arrufat. Estudios y detalles sobre las representaciones y/o la polémica de Electra Garrigó. No solo la puesta precursora de Francisco Morín sino las sucesivas "resurrecciones" en la medida que he encontrado material sobre ellas. No sola la solitaria de Modesto Centeno y Julio Martínez Aparicio de El chino. Es una lástima que de algunas no pude hallar referencia alguna y que hay Electras que no pude entrevistar.
Virgilio y Felipe representados hasta 1965. Y lo que se desprende de este contacto con la escena y que la crítica –con razón o sin ella– ha considerado fallido, incompleto o frustrado. De ahí la relación de Felipe con el sainete y la experimentación –Pirandello– y  Piñera con Jarry y Gombrowicz.
 Sé que quizás en cinco años más aparecerán bellas fotografías hoy sepultadas en los archivos, dibujos de los escenógrafos, recuentos, cartas y/o testimonios, pero no tengo tanto tiempo. Su autora lo termina "con la idea de embullar a otros en su pasión por Palma y la Garrigó". Esos «otros» son los nuevos, porque los que se embullaron antes están leídos, anotados y reconocidos.



El libro aquí


1/5/19

Catalina y María Cristina

En el libro de Alejandro G. Alonso sobre art deco.
Dos  entradas sobre Catalina Lasa, una sobre la lectura dramatizada de Yvonne López Arenal y Eddy Díaz Souza en Miami en 2009 de un texto mío Una rosa para Catalina Lasa y  la otra, "Catalina en el candelero" (2013), muestran que uno no deja a los personajes con los que ha establecido alguna relación. Así  pase el tiempo y no añada nada nuevo a Luisa Martínez Casado o no encuentre algo más de Francisco Covarrubias,  habitan mis recuerdos.
Cinco años después de aquella lectura,  se publica en La Habana  Catalina, novela de Mario Coyula, que no leí hasta ahora aunque la edición española es del 2011. Catalina dialoga consigo misma también desde la tumba como en mi obra teatral aunque  supera con creces el propósito de aquel divertimento, por su  gran ambición  nutrida de la portentosa cultura  del autor sobre La Habana.  Mi obrita, escrita después de una escaramuza virtual con un compañero, era un monólogo para mi hija. Entonces creía en el premio Catalina Lasa a los que persisten en el amor.  De todos modos, en esa polémica, el aludido recomendó quedarme con mis miamenses y fue en Miami donde  gracias a Yvonne, Eddy y un grupo de actores, se leyó. Después hice en Lulu una edición casera de 15 ejemplares «numerados». Mi  Catalina tuvo sus 25 segundos de fama.

Catalina se merece una biografía,  la pide a gritos.

Ayer revisé El Fígaro de 1894 que da a conocer los votos que obtuvieron varias jóvenes bellezas. Catalina está en el quinto lugar.  Es posible que después lo superase para conquistar el segundo. Pero al menos en esa ocasión no lo consiguió.  En la misma página donde se cuentan los votos de las agraciadas, se publica el  grabado de la hija de José Antonio Saco, María Ana Cristina Saco y Frías, Mariquita en las cartas,  en absoluta pobreza, con un llamado de la revista a contribuir por caridad con la sobreviviente de esa familia y la hija amantísima de Saco y Frías.No se dice el nombre.

En el número 27 de 1894 Enrique Fontanills escribe sobre Catalina Lasa. ¿Qué se dice de María Cristina?
 Si volviera sobre mi Catalina, no mencionaría solo a la mujer de Modigliani, sino a María Cristina, que murió en 1898 muy pobre en París.

11/27/18

En busca de Amalia Sorg

Hace mucho que busco a Amalia Sorg, unas veces llamada la tiple del Molino, otras, la vedette del Alhambra o la  bella del Alhambra,  por la novela testimonio de Miguel Barnet y la película de Enrique Pineda Barnet. En mi libro sobre los actores del XIX,  no hay nada sobre Amalia –por elección– para no repetir a otros. Pero un libro nunca termina, bien porque hay erratas negadas a la corrección y  plecas o guiones  saltarines que con las nuevas tecnologías, se escapan al corrector más esmerado o porque, de pronto, como el detective de un caso cerrado,  se encuentra  algo que te lleva a otro punto y así.   En una entrevista de Guillermo Villaronda de 1958,  Amalia Sorg, es ya la "bella del Alhambra" y aunque puede afirmarse que, como en el vodevil, esconde más de lo que enseña, ella misma dice que nació en Nueva York en la calle 77, hija de un padre alemán y una madre húngara de nombre Yanka Stern.
Como por un efecto especial, eran muy pobres y ella y su madre   aparecen en Cuba y dejan a Sorg atrás,  en Chicago. La jovencita Sorg va a Cataluña, donde estudia música, pero nostálgica, regresa a la isla  y cae en las huestes del Albisu por trece años con el director  Modesto Julián.  Del Molino Rojo, de eso "no se habla".
Sorg, con picardía, convierte las preguntas íntimas en amenazas y retos al periodista, como en un juego  o se encarga de "novelar"  episodios de su vida. Muy pobres, su madre y ella encuentran a un hombre al que falta una pierna, le dan unos céntimos y resulta ser un millonario que quiere adoptarla con papeles y todo. Otro gran amor es "un señor cuyo hijo murió recientemente", otro, el padre del actor Julio Villarreal.  Hay un romance con  un magistrado –que se mudó a Matanzas– y estas palabras "¡No sé si lo odio, lo bendigo o lo quiero, solo sé que le debo la plenitud de mi vida!" Quizás el lector del 58 tenía todas las pistas.
Entre tantos anónimos, sobresale Federico Villoch: "Me quedé al lado de Federico hasta el día en que me retiré del Alhambra".  A los 36 años. Relata episodios pintorescos sobre cómo pudo salvar su fortuna  durante el crack de los veinte gracias a dos caballeros y algunas frases como para el mejor folletín: "Para ser la esposa de un canalla, prefiero ser la esposa de un caballero".
Si en 1958 se la trata como una figura mítica poseedora de "los ojos más lindos que brillaron en el Alhambra", ella se encarga de ofrecer algo más, su visión sobre el teatro.

Alhambra era un periódico satírico. Vivía de enjuiciar la política. Cuando se anunciaba "para hombres solos" era porque en realidad a las mujeres de la época no les interesaba la política y por lo tanto, nada tenían que hacer frente a su escenario [...]

Pero Alhambra era tan moral como el teatro que más lo pareciera en aquellos tiempos. Sus obras se resestrenaban en el Payret y el Nacional sin quitarle ni ponerle. Recuerdo que Waldo Frank estuvo una vez en Alhambra y salió maravillado de su arte genuinamente vernáculo. Hay que señalar que si Alhambra hubiera sido inmoral o desmoralizador, la reacción del gran escritor norteamericano hubiera sido otra.
Bastante más que la tiple del Molino, fue Guarina en Cristóbal Colón gallego, y escandalizó en La Pay pay.

En 1918 es la tercera en el concurso de simpatía de la revista Mundial después de Esperanza Iris y Consuelo Mayendía. Cyrano de Bergerac escribe que:

A la par que sencilla,  era estudiosa. Paso a paso ha ido imponiéndose al público, hasta  llegar a ser una  de las tiples del género bufo que con mayores simpatía cuenta. De tener  más amplios horizontes el género, Amalia acabaría por convertirse en una notabilidad. Y acabaría por convertirse en una gran estrella porque para ello cuenta con dotes de ductilidad envidiables. Culta e inteligente, de todo lo que ella es capaz bien dirigida y mejor encaminada nos lo prueba la labor que a diario rinde en el  Alhambra y que escabrosidades a un lado, rendirá muy en breve en el Nacional. Villoch ha encontrado en la Sorg una intérprete afortunada para uno de los tipos del teatro que con tanto acierto dirige.

Cuarenta años después, Amalia juega con el periodista y lo invita a probar una sopa húngara por la receta de su madre.

11/1/18

Un programa de El becerro de oro de Joaquín Lorenzo Luaces (1967)

"No se nos oculta la importancia de este programa. El becerro de oro, después de 109 años de escrita, sube por primera vez a un escenario. No se trata de una exhumación". Gracias a Julio Baladrón, arquitecto diseñador de la primera puesta de la obra de Joaquín Lorenzo Luaces, dirigida  por Armando Suárez del Villar –quien rescató entre otras, Los cheverones, de Barreiro, y La hija de las flores, de la Avellaneda  y que es, como se sabe, un director irrepetible, de los que marcó con su manera de hacer, un momento y una época,  tengo el programa de la puesta de diciembre de 1967, año teatral tan fértil y comienzo del parte-aguas, en los setenta, de la vida cubana y de su escena. Según me cuenta Julio, diseñó en papel kraft el telón de boca pero como la obra se puso tantas veces,  este no resistió y fue suplantado en otras puestas  por la escenografía de Tomás Oliva.
En todas se recuerda la concha del apuntador "para acentuar las analogías" y las candilejas, "que distorsionan la figura" así como las actuaciones de Laura Zarrabeitia, Flora Lauten, Manolo Terrazo, Adolfo Llauradó, Manuel Pereiro, la música de Jorge García Porrúa y las parodias operáticas de Marta Valdés, entre tantos nombres ilustres que figuran en el programa. Contiene un texto clásico: "Aviso sobre Luaces" de Antón Arrufat, recogido en varias selecciones del autor y uno de los ensayos que más me gustan. Todo en  papel de envolver mercancías, cuando se hacían programas  bellos e informados.
Mis fotocopias no le hacen verdadera justicia.


10/13/18

Manuel Villabella (1936-2018)

Me parece que ocurrió ayer. "Manuel Villabella  ha escrito para este libro el capítulo dedicado a Santiago Candamo y los anexos correspondientes. Cómico trashumante  y creador de la afición por el teatro en muchos pueblos del interior de Cuba, Villabella lo ha estudiado con rigor, como parte de su singular, paciente y meritoria tarea investigativa..." A tres años de la publicación de nuestro libro, una de las portadoras de los únicos ejemplares que le llegaron entonces, la estudiosa Lillian Manzor, me trae un mensaje triste: Villabella murió anoche como confirma el periódico Adelante de Camagüey. Termina el festival y como si quisiera despedirse entre los suyos, Villabella se va con la modestia con la que vivió y escribió. A mí me deja un inmenso vacío.  "Nos vamos".
 Ese libro (nuestro libro) Cuba entre cómicos... me acercó mucho más a él a quien conocía no solo por asistir al festival y conocer sus grupos, sino  por Costal al hombro (1996), fruto de su labor de veinte años en archivos, entre actas capitulares y legajos mientras  descifraba el  "misterio" de Santa María de Puerto Príncipe y dedicó a su Camagüey. En esos casi cuatro años, mientras su computadora resistió,  recibí de él incontables muestras de amistad intelectual, trabajos incompletos, ideas, rectificaciones,  notas sobre Nicolás Guillén, aspectos nuevos de sus estudios sobre Piñera, el libro editado en México que casi nadie conoce, Sones de marimbas y güiros, el prólogo a su todavía errante negrito, a pesar de que ganó el Premio Rine Leal, el más importante dedicado a los estudios teatrales en el país. Pero no es el momento de hacer la pequeña historia.
 
La primera noticia que encontré de él es de 1958. Junto a su paisano, el dramaturgo Raúl González de Cascorro escribe al Diario de la Marina, molesto porque la obra que nos representó ese año en el Congreso de México era Alta política, de Louis Verneuil  y los jóvenes camagüeyanos declaran "Nuestro banderín de lucha será el teatro cubano". Después aparece muy joven en el Lunes dedicado a su provincia. Las más recientes son de  2016 cuando Tablas Alarcos presenta  A nuevo vernáculo, nuevas risas,  concepto y selección suyos con  textos de Arquímedes Pous y  Ramón Espigul.  Premiado por El negrito del sainete cubano, se propuso  " seguirle los pasos a este tipo del teatro menor cubano, el negrito, desde su nacimiento y sus antecedentes que provienen del teatro español" (tomado del prólogo).  Villa para sus más cercanos, siempre estuvo siguiéndole los pasos a alguien. En Costal al hombro, a Hermosilla, Adelita Robreño y a  Candamo. Después a todos los negritos.
En el camino, entre tantas biografías rastreadas, nos deja su  pasión por la cultura, su  formidable entrega y  honestidad intelectual."Hemos podido rescatar del anonimato" escribiría y tenía en su cabeza  un nuevo episodio del teatro.

Con dolor reproduzco  la nota biográfica que aparece en el libro.

Manuel Villabella, (Camagüey 1936).
Integrante en la década del 50 del siglo pasado de los grupos artístico-literarios camagüeyanos Los Nuevos, Tiempo Nuevo y Novación Literaria. Fundador en 1962, de la compañía Edad de Oro, de teatro para niños y posteriormente ingresó  en el Conjunto Dramático de Camagüey. Ha publicado Luis Felipe (cuentos), Jucaral (teatro), Aventuras de mambisitos (teatro), Un teatro y su historia (ensayo), Pólvora y Estampas (cuentos), Costal al hombro (ensayo), Coloquios teatrales (ensayo), Sones de marimbas y güiros, (crónicas), Guillén: Romance de pueblo viejo (crónicas, ensayos y entrevistas con Nicolás Guillén). Fue compilador de Pisto Manchego,  primeras crónicas de Guillén, publicadas en el periódico El Camagüeyano de su ciudad natal. Crónicas cuentos, ensayos y críticas de su autoría han visto la luz en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Sus producciones han sido publicadas en diversas antologías. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente, fue redactor-jefe de la página Visión Cultural del periódico Adelante de Camagüey y jefe de redacción de su mensuario cultural Opción, por más de 30 años. Fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), le ha sido conferida la distinción de Miembro Emérito (2010), se le ha otorgado también la distinción Alejo Carpentier (2004) y el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro (2004) Ha viajado las desaparecidas Unión Soviética y Yugoeslavia, también Rumania.
En el año 2005 fue profesor invitado de la Escuela Libre de Psicología, de Puebla, México, en la que se le publicó un libro de crónicas. Trabajó en un montaje teatral aplicando improvisaciones del método Stanislavski, con el grupo Ucronía de esta institución. En el 2006, puso en escena un recital dedicado a Nicolás Guillén: El amor y la fugacidad. En el 2007 montó un “collage” teatral dedicado a José Martí, bajo el título Yo soy un hombre sincero. El pasado año recibió el premio Rine Leal de Teatrología, por su ensayo El negrito del sainete cubano, que verá la luz próximamente.

 En esta entrevista  habla de Cuba entre cómicos...
 https://youtu.be/brka7CZWB-c


12/10/17

Para Morín, mañana

Ha muerto Francisco Morín, me avisa Yvonne López Arenal, aunque desde la semana anterior, cuando el teléfono lo despertó y no me conoció, aturdido, sabía que algo andaba mal. Se dice en dos segundos pero terminan casi cien años. El vacío es insalvable. Acudí a él, ya lo he contado, por la revista Prometeo, que conseguí en fotocopias llegadas de La Habana y al fin existe digitalizada por  Miguel Sánchez León. Por desgracia, se ha recibido con indiferencia.
La revista pasó a un segundo plano en mi interés después de Los años de la revista Prometeo (2007). Para  El teatro perdido de los 50. Conversaciones con Francisco Morín (2011), fue laborioso lograr que hablara de sus montajes, quería conversar de los demás, y yo a mi vez me apuré porque quería que viera el libro que, como es natural, recibió con su acostumbrado escepticismo. Fue difícil.  Pero cuando lo creía decepcionado con el resultado, llegaron cargamentos: las anotaciones que usó para Por amor al arte. Memorias de un teatrista cubano, esas en las que se empeñó a pesar de que Roberto Fandiño, el editor, le decía que eso «se lo dejara a Rine Leal»  y al fin, a destiempo, las fotocopias de Prometeo de New York Public Library, con ejemplares que no tienen las de La Habana, pero sí  el compendio de Sánchez. Y en el camino algún libro, Priestley,  Ugo Betti, la biografía de María Casares, de la que fue un gran admirador, el libro de memorias de Buñuel que le regaló a Felipe.
Cartas, papelitos, pero sobre todo, fotocopias, recortes de prensa, la columna de Mario Parajón en Diario Las Américas,  y programas maltrechos de su trabajo en Miami y  Nueva York.  En los programas ha escrito con lápiz números de teléfono y en las fotocopias de las fotografías –que alguien le envió– anotó de su puño y letra los actores del reparto o algún otro detalle.  Aunque lo que más le gustaba era hablar sobre teatro y comentar el cine que veía en la televisión.  Hablar con él requería estar alerta, porque si le fallaba la memoria y no le venía el nombre en el momento, había que suplir ese vacío.

–Chica, una que es muy inteligente, que es un genio. (Pausa). Sí, la de los submarinos. (Pausa). Una que se desnudó en los treinta.

– ¿.... Hedy Lamarr? 
– Esa misma. Qué maravilla.

Cuando revisé el cajón y aproveché muchos de sus datos, me di cuenta de sus muchas anotaciones con diversas cronologías, de Prometeo, del Teatro Universitario y así... A medida que pasaron los años, Morín necesitaba esas certezas. Intercambió fotocopias con muchos que hoy no sé ni quiénes son. La más extensa correspondencia la sostuvo con Myriam Acevedo, a quien llamaba su «querida Aché» como le decía Ernestina Linares.

Tengo dos cartas suyas, un bellísimo echarpe que echó en el cajón, el recuerdo más allá de su voz  y el compromiso de terminar la segunda parte de ese libro con la polémica casi-completa de la Garrigó. Mientras reviso copias de copias que pasaron de mano en mano, desgastadas, La Habana atesora los originales. He visto  una bella fotografía con el reparto de la segunda puesta de Electra... Morín rodeado por Lilian Llerena y Elena de Armas. Pero él nunca las volvió a ver. Quise que El teatro perdido... contuviera esas fotografías, desvaídas y borrosas, por él y para recordar que la memoria no le pertenece a nadie y  debemos ser capaces alguna vez de reunir el archivo.

10/31/17

Recortes I

En Teatro cubano: relectura cómplice (Ediciones de la Flecha, 2010) se habla de la obra teatral de Carlos Montenego publicada por La Verónica en 1939: Los perros de Radziwill,  drama en tres actos, a la que no volvería de no ser por estos recortes. Otro espectáculo con guión de Montenegro fue Tururí ñan ñan que también se anuncia, sobre el que leído existen dudas acerca del título. Al menos con ese se dio a la publicidad.  Estén al tanto de los Recortes para ampliaciones o desacuerdos sobre los libros.

Colección del periódico Hoy. Digital Library of the Caribbean.

10/14/17

Sobre Francisco Covarrubias

Portada de la versión para Kindle
Muchos saben por qué se titula La chimenea encantada (Ediciones de la Flecha, 2017) versión en papel (137 p.) y para Kindle pero los dejo con el misterio. Después de mi recorrido sobre el aporte del intérprete al teatro cubano –con Luisa Martínez Casado en el paraíso en el 2011, Cuba entre cómicos: Candamo, Covarrubias y Prieto (con Manuel Villabella que ha estudiado esencialmente a Candamo)  y Cuba actores del XIX,  es casi obligado ¿terminar? con Francisco Covarrubias (1775-1850),el actor de obras desconocidas que funda el teatro de la isla.
Un periplo desde el asombro ya que  jamás pensé hallar tanta bibliografía, tan abrumadora referencia a estas figuras y a sus contrapartes españolas, también poco estudiadas.  Consciente de que falta mucho, alegre por los libros de mis colegas (algunos de estos reseñados aquí), percibo una creciente indiferencia hacia el pasado teatral que sin embargo no detuvo los estudios de José Juan Arrom, Jorge Antonio González, Yolanda Aguirre,  Rine Leal ni  Matías Montes Huidobro. Y la lista podría completarse con  los nombres de Raquel Carrió, Enrique Río Prado,  Manuel Villabella, Elina Miranda,  Magaly Muguercia, Miguel Sánchez León,  Esther Suárez y Cristóbal Díaz Ayala cuya persistencia es milagrosa. Y todos los otros que omito para que este post no sea la guía telefónica.
Covarrubias aparece  a cada rato en cualquier publicación con los mismos consabidos epítetos. Con su capacidad de fabular, Rine Leal en  "El hombre que rara vez reía" pp. 136-163, aventuró un retrato del cómico  partir de los escasos datos encontrados de su biografía. Se  atreve a juzgarlo: "embriagado por los honores de más de cuarenta años, olvidó su propia vejez y decadencia y "los rumbos diferentes que tomaba el teatro cubano".  Al parecer no es exclusivo de Covarrubias ya que siempre las exigencias de "los nuevos rumbos" intentan sepultar lo anterior y  enterrarlo. Cuando Bachiller y Morales escribe sobre él ya es un olvidado, Mitjans no cree siquiera  posible encontrar rastro de las obras, no sólo de las de Covarrubias  –probablemente «desacreditadas» por él mismo – así que aparte del recuerdo de Bachiller, los datos más hermosos sobre el cómico se encuentran en un libro sobre los cementerios, un diccionario biográfico publicado en Nueva York y en las páginas de los periódicos. Y de no ser por el comediógrafo  José Agustín Millán, no hubiese quedado ni rastro de su andadura.  Hay que esperar a 1928 por la biografía de Larrondo y Maza y a 1959 para que se nombre Covarrubias la sala más pequeña del Teatro Nacional.

En el libro incluyo  décimas y sueltos con los que convocaba al público a sus representaciones, en la versión para Kindle, por el formato, algunas menos.  

9/25/17

Nuevos verycuetos de Cueto-Roig

El tercer tomo de  Verycuetos, de Juan Cueto-Roig, tan voluminoso como el anterior (359 páginas sin el índice), publicado por Silueta, contiene como siempre traducciones, avisos, crónicas, crítica, reseñas, entrevistas, recuerdos, citas gastronómicas-literarias y mucho más, como esa recurrente preocupación por la muerte ("De esquelas, obituarios y ritos fúnebres"). Hay  despedidas  y  recuentos biográficos, entre ellos sobre  Blanca Varela, Olga Andreu y Eduardo Moure, este último,  con una excelente y triste entrevista a su viuda y una muy útil cronología de su quehacer como actor.
Si a ello sumamos que Cueto-Roig es uno de los más enterados del quehacer de su entorno y  previene de una buena película, un libro o un buen  espectáculo de teatro, ópera o ballet con una reseña  y que sus verycuetos están ordenados por fecha y  materia, nada más útil y de agradecer. Yo la primera. Cueto-Roig ha sido más que lector,  crítico y  promotor de los libros de la Flecha, que tienen tan escasa divulgación. Los que no vivimos en Miami sabemos por él  no de los datos habituales de los periódicos –con otros requerimientos– sino de la opinión que el escritor  podría confiar en una tertulia, dentro de un círculo  íntimo y en un ambiente más relajado, a veces festiva o satírica, pero siempre respetuosa. Advierte:

No busque el lector  crítico y severo
erratas ni dislates en mi texto
Búsquele al gato  el quinto miembro o sexto
y no a un libro que he escrito con esmero.

Tres reseñas sobre los  espectáculos de Nilo Cruz ponen al día sobre sus estrenos entre  el 2013 y el 2016, entre ellos uno que no le gustó demasiado. O su  recuento sobre Miami cultural. Traducciones de poemas de Cavafis, Cummings y poesía original del autor y ... no entro en más detalles para no aburrir porque sus verycuetos no aburren. Mi entusiasmo por su rigor y su constancia no decae desde que los verycuetos y yo nos encontramos hace nueve años. Como abrir una caja de Pandora, con él uno se entera de por qué Martínez Páez no decía dónde había nacido, te sorprende con los matices que encuentra en una lectura que has hecho antes o entreabre una puerta que conduce a su mundo más personal, cartas, poemas y evocaciones de lugares y seres queridos,  desde esa «sincera eticidad» que Pío Serrano advierte en la nota de contra portada.

8/15/17

Ichaso ante un busto de Pous

Enrique Arredondo fue un apasionado de Pous a pesar de que no lo conoció y en sus memorias cuenta que desde  1937 quiso  erigir un busto a la memoria del actor. Pero la idea demora en materializar  hasta el 30 de abril de 1950 cuando se coloca el busto de Carlos Era Yero en el parque próximo al teatro Terry en Cienfuegos. Francisco Ichaso lo vio actuar en su niñez, asiste al acto, pronuncia un discurso, y escribe este texto  (Diario de la Marina, 4 de mayo de 1950) que la revista Prometeo reproduce en su número de mayo-julio de ese año. En otra entrada de hace mucho tiempo comenté un artículo suyo publicado en la revista de avance sobre Kid Chocolate en el camino hacia la liberación del negrito. Y en otro, su idea  del embullo.  Pous representó con dignidad y excelencia tanto la liberación del personaje como su contagiosa alegría. El destino final del busto instalado hoy en el Terry, se comenta en detalle en el libro de Río Prado ya reseñado.

 

Ante la estatua de un mimo

Francisco Ichaso

Cienfuegos acaba de  erigir un busto a la memoria de Arquímedes Pous.  La modesta escultura ha sido colocada en el Parque Martí, frente por frente a la fachada del Teatro Terry. Emplazamiento justo, pues en ese antiguo coliseo lleno de tradiciones soñó y actuó con juvenil entusiasmo el malogrado comediante cienfueguero.
“La posteridad no teje coronas a los mimos”, se ha  dicho. En efecto, la gloria de los histriones es como una llama fugaz que vive lo que el pabilo que en ella  y por ella se consume. Por un Yorik, inmortalizado por Shakespeare, por un Garrick o un Talma o una Guerrero, cuyos nombres repiten las generaciones presentes  con un entusiasmo un poco rutinario, ¡cuántos actores y actrices ilustres sepultados en el olvido! Paul Gsell ha recordado a este respecto la anécdota de aquel Falguiere, escultor  famoso, que durante el sitio de París en  1870 entretuvo su angustia modelando en  la nieve que cercaba su trinchera una estatua de la Francia martirizada. Tan pronto brillaron los primeros
rayos del sol primaveral el níveo monumento se deshizo. Los comediantes tienen por misión fabricar estatuas de nieve,  condenadas por su propia naturaleza a una vida fugaz. Las generaciones contemporáneas exaltan al comediante mimado hasta un plano casi divino. No se conoce nombradía más clamorosa, más envanecedora. Las generaciones siguientes, atenidas a la tradición oral, prolongan la fama por inercia. Las otras generaciones tienen una ineluctable misión archivera. A partir de ellas el histrión insigne es una nombre, una ficha,  la sombra de un mito.
Para rescatar al artista teatral del olvido no hay más que un medio: llevar su gloria de un día a la perpetuidad de la piedra. Eso ha hecho Cienfuegos con Arquímedes Pous, autor, actor, director y empresario del teatro vernáculo que durante más de una década proveyó a la ciudad de esa alegría sana y ese romanticismo espiritado que resultan tan necesarios a la vida del hombre como las bienhechurías materiales.
Tuve el gusto de proclamar en mis palabras el mérito de un miembro del Consistorio cienfueguero, la señora Justina Hernández que presentó la moción del “memorial”, de Nick Machado, el querido compañero de La Correspondencia, que secundó la idea y le  brindó eficaz cooperación, y del alcalde Sueiras que comprensivo y delicado, la viabilizó económicamente.  No son muchas las autoridades municipales que se movilizan tan activamente para estos empeños de  edificación cultural.
Arquímedes Pous fue un artista popular. Esbocé en mi breve "discurso" un paralelo entre su “caso” y el de aquel Francisco Covarrubias a quien podemos considerar como el Lope de Rueda de nuestra escena vernacular. Pous, al igual que Covarrubias, nació en un hogar de clase media, se educó en un buen colegio privado y trató de estudiar una carrera. Pero la vocación histriónica no  le permitió seguir tan “razonables” senderos. Con gran disgusto de sus familiares, Pous dio un día el salto al teatro profesional y ya quedó ligado  a él para siempre.

7/28/17

Arquímedes Pous historiado

En una breve etapa de dieciséis años, Arquímedes Pous, deja no sólo una producción teatral y musical abundante y rica, sino lo más importante para un actor, un mito. Cienfueguero como Luisa Martínez Casado, nacido en 1891, en una familia de prósperos comerciantes, nada podía anticipar que ya en su niñez, el futuro actor improvisaría pequeños actos  en la casona de Velasco 32, ni que  con rapidez se convertiría en un actor popular, director y empresario cuando como Covarrubias abandona sus estudios de medicina, se relaciona con la farándula habanera  y sale por primera vez a escena acompañando a Consuelo Portela, la famosa Chelito, en el Actualidades en 1909.
Enrique Río Prado en su premiado libro Arquímedes Pous: una vida para el teatro cubano (Editorial Tablas Alarcos, 2016), rectifica el año en el que la cupletista, que se buscaba la pulga debajo de su mantón, conquista La Habana y sale de gira con el joven que no teme al escándalo. No sería justo abundar aquí en cada una de las  facetas del libro, que repasa la vida y obra de Pous, casi desconocida, no sólo como actor y creador de famosos duetos, sino como autor de la célebre obra seriada con el personaje de Pachencho  Papá Montero y otras muchas representadas en sus incesantes giras por toda la isla y también  Puerto Rico, México y los Estados Unidos. Solo su labor en el Teatro Cubano –empresa con Eliseo Grenet y Pepe Gomis– bastaría para situarlo y sin embargo juntó colaboradores eficientes y talentosos, acometió otros proyectos, grabó muchísimo  e hizo pareja  con Angelita Martínez, Conchita Llauradó y Luz Gil.
Otro acápite revelador es el de sus aportes como negrito, aunque representó una gran gama de personajes  del galán al gallego y el borracho. Para Río Prado la clave fue su versatilidad, “los despojó de estereotipos falsos y exageraciones caricaturescas al otorgarles una naturalidad hasta entonces poco vista en la escena vernácula”. En 278 páginas, y con numerosas ilustraciones, Río Prado –con el rigor acostumbrado– reúne datos apreciables, revisa el paso de Pous en la revista El Teatro Alegre, los periódicos, la crítica  y la discografía de Díaz Ayala, nunca antes recopilados. Destaca junto a su gracia y ductilidad como actor, su arista de autor de más de 300 piezas anotadas en el catálogo. Su muerte antes de los 35 años tronchó un talento extraordinario.
El libro cierra con una cita de Sánchez Galarraga que en 1929 rectificó su insultante valoración del Alhambra y otros teatros de variedades en su charla “El arte teatral” de 1916.  “Arquímedes tenía un entendimiento genial y un respeto profundo al decoro de las tablas”.

Arquímedes y Conchita en un diálogo cómico