Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

12/11/19

Calvert Casey va al teatro


En septiembre de 1964 y a manera de introducción a Cuba, Calvert Casey escribe tres  artículos sobre la historia del teatro cubano I. La colonia: del areíto a la ópera, II. La colonia: de Covarrubias a los bufos y III. La república: del Alhambra a la Revolución, publicados en Bohemia, dentro de una serie (Fausto Canel sobre cine, Miguel Barnet, folklore, María Teresa Linares, música)... y así, entre los que he podido revisar. A partir de la bibliografía conocida  en los sesenta, Jorge Antonio González, Eduardo Robreño,  José Juan Arrom y los artículos de Rine Leal y Antón Arrufat en Lunes de Revolución y Unión,  se adentra en un recuento,  certero aunque esquemático, sin la originalidad y hondura de "Hacia una comprensión total del siglo XIX", incluido en Memoria de una isla, su libro del mismo año. Sin embargo, la periodización es la que hemos seguido casi todos después.
 Si es cierto que Memoria... no incluye ningún texto sobre la escena entre los muchos que publicó en Diario de la Tarde, Lunes y otras publicaciones, la visión del siglo XIX cubano, su aversión al conformismo pintoresco, su llamado a contemplarlo desde su base, a partir de "la gente que nunca salió en las crónicas de La Habana Elegante ni veraneó en la Seiba ni se bañó en la Playa, las que la Condesa de Merlín nunca trató"  se corresponden con la que podría haber sido su mirada sobre esta disciplina.  "Comprender el falso brillo a que nos habituaron y a que nos habituamos con no poca complacencia". Quizás era el más preparado entre los formidables nuevos críticos de los sesenta para acometer el estudio del pasado.


En 1968, casi con casi el mismo propósito de esos artículos,  Rine Leal publica  El teatro dentro de la serie de Cuadernos Populares del Instituto Cubano del Libro. Con una aspiración informativa, muchas ilustraciones y una bella cubierta de Raúl Martínez,  el texto termina como el tercero de los artículos de Casey para Bohemia,  la enumeración de 16 o 17 obras cubanas de importancia. Las de Casey terminan en 1962: Recuerdos de Tulipa, Santa Camila de La Habana Vieja y Réquiem por Yarini (por la publicación de 1959)  y las de Leal, en 1964-1965. De La casa vieja a La noche de los asesinos. Queda por saber por qué Casey no actualizó el texto si La casa vieja  está en cartelera.  Calvert acredita a  Lunes (3 de abril de 1961) o "Lunes va al teatro" como autor de las pequeñas reseñas del "carácter" las obras, que Leal  asume como propias.
Una breve nota  bibliográfica  para los que buscan  la crítica teatral de Casey más allá de 1961.

11/19/19

La Habana y su jardinero

Un hallazgo de Alejandro González Acosta  publicado originalmente en Rialta con motivo de los quinientos años de La Habana –una obra teatral donde la ciudad es cita y no locación– me lleva inesperadamente a muchos de mis libros que aunque empezaron en el blog, tienen su propio recorrido. Si los cito es porque es inevitable. Me hubiese gustado comentar el artículo en cuestión en la publicación  donde se originó, pero ha pasado el tiempo. Ojalá sirva para que muchos otros se interesen por la historiografía teatral, que pareciera olvidada.

La primera mención de La Habana en el teatro 

Tres párrafos sobre los argumentos de Alejandro González Acosta 

Un príncipe disfrazado en el jardín. Capítulo de Cuba: actores del XIX 

11/4/19

Olga Flora: el último mimo de Cuba

Una entrevista de Yamil Cuéllar a Olga Flora en Miami (2007). En un parque de Miami disfrutamos de su expresividad silente al incorporar el ritmo y el cuerpo de la cubana a la técnica del mimo clásico de Marceau y Fialka. Claro que en La Habana todo empezó con Pierre Chaussat. Ella lo cuenta mejor con los movimientos y los gestos. Mi agradecimiento a Cuéllar y a Olga Flora.

Olga Flora, el último mimo de Cuba from Yamil Cuéllar on Vimeo.

9/15/19

Entre Raquel y Myriam, el trueno-Morín

Entre el 2007 y  2017 fue rara la semana en la que no hablé con Francisco Morín.  Quise  saber del teatro de su momento y él de la Cuba que  entonces tenía más cerca. ¿Qué fue de fulanito, de mengano, de esperancejo? ¿Chica, tú te acuerdas  de este o del otro? Mira que se lo dije a Roberto. Roberto en la punta de la lengua y una de sus preferidas, Assenneh. ¿Y cómo está mi amiga tal y la otra? Y así. Era una delicia hablar con Morín, al menos para mí, aunque no se descarta que fue   huraño con otros. Me apresuré con su libro para que lo leyera y a lo mejor "aborté" la posibilidad de  un texto de más calado y hondura. Siempre me dijo: tienes que encontrar las críticas muy punzantes de Emma Pérez, también  una revista española anterior a Primer Acto en la que según Morín escribía Pepe Monleón a quien  entregó muchas fotografías de Prometeo.

Programa de recital de Raquel Revuelta. 
En los años que han pasado desde su muerte, por azar, han aparecido algunas referencias.  En el estupendo sitio web  "Raquel Revuelta, más allá del tiempo real", escrito por Lilliam Navarrete Vaillant, esta halló el programa de mano un recital poético que Morín le dirigió a Raquel y él no recordaba con exactitud.  Anota Navarrete: "El recital  tendría lugar en el Teatro de la Escuela Municipal Valdés Rodríguez de Quinta y 6 en El Vedado. [...] En este recital Raquel interpretaba versos de Amado Nervo, José Asunción Silva, Santos Chocano, Pablo Neruda, Sor Juana Inés de la Cruz, Rafael Stenger, Hilarión Cabrisas,  Juan Ramón Jiménez, Regino Pedroso, y por supuesto, José Martí.  El recital, dirigido por Francisco Morín, contaba además  como introducción a cada una de sus tres partes, la ejecución de variados temas musicales por una orquesta bajo la dirección del maestro Félix Guerrero".
En mi cronología escribí: Morín dirige a Raquel Revuelta en Cosas de Platero (1945), lo que indudablemente es un error o es  otro recital. El programa encontrado no tiene fecha, pero creo debe ser de 1945-1946, los años de mayor relación entre Raquel y Morín, ya que en su montaje de Hacia las estrellas, de Leónid Andreiev, el padre de Raquel es el protagonista e intervienen Raquel y  su hermano Vicente, este último como asistente.


Morín, Ernestina Linares y Myriam Acevedo, variante de portada
 En el estate de Myriam Acevedo-Jorge Carruana se conserva, fechado y digitalizado por Diana Caso García,  el epistolario de  Morín dirigido a Myriam, –una de las míticas intérpretes de Las criadas– imprescindible cuando se vuelva a escribir de alguno de los dos o se repase la memoria de estos años.
Encontré algunas de las notas de Emma Pérez sobre los montajes de Morín del año 56 que he incorporado a una ¿segunda edición?  de El teatro perdido de los 50. No he hallado la revista española con datos de Prometeo.

 Quise recordar a Morín con este texto,  rechazado por una revista  muy leída entre los más jóvenes. La historiografía no  interesa, ni Morín ni esta cronista. Tal vez porque ninguno de los dos fuimos entrevistados por Playboy.
 ¿Cómo puedo soñar todavía con reediciones en las cuales se rectifica, se preserva, archivos que se interesan por cartas, documentos y por publicar  materiales inéditos y nuevas ideas?
Pero sueño. 

9/3/19





Restablecido el enlace de "El libreto de Laura Zarrabeitia", la edición de Aire frío de Pagrán, digitalizada por Eddy Díaz Souza. Disculpen los que la buscaron sin suerte. Esto pasa con las entradas muy viejas. El blog es otra antigüedad. 

7/30/19

Más de Escritos de teatro, crónica, crítica y...

Si rehiciera/actualizara Escritos de teatro... (2013) incluiría estas dos crónicas. La primera es de Bartolomé Crespo y Borbón, de 1839, publicada en El Noticioso y Lucero y documentada por J. Tabares, autor de una sección sobre La Habana Vieja en el periódico La Lucha. Al escribir sobre el Diorama de la calle Industria, rescató la crónica de quien  firma Anfibio y es antes y después Creto Gangá. El grabado es posterior, anuncia  las funciones del ventrílocuo el 25 de marzo  de 1845 en el Tacón.







Dulce María Loynaz ocupa el espacio de Pablo Alvarez Cañas como cronista social. En 1955 rescata las funciones caseras del pasado mientras las pequeñas salas abren con el teatro más "atrevido".
Aquí están los files.

7/16/19

Otra vuelta... y un tributo a Eugenio Barba

Con  tristeza, al cabo de trece años con el blog y sus aledaños (el II, la Página en blanco, Todo está en el Archivo), la entrada más leída sigue siendo "Otra vuelta al Odin en su Kaosmos" – escoltada por 115 ¿sospechosos? visitantes de Ucrania y 47 de Kazajstan–que quiero pensar son hispanistas interesados en el teatro cubano y no trolls del más allá.  Se lee y se busca no por mí sino por Eugenio Barba y eso amerita que no la oculte de la vista de los posibles nuevos lectores.
 A esos que vienen por Barba le recomiendo dejen de leerla ( pensaba entonces que el blog facilitaba un diálogo y no un monólogo), y busquen el último libro escrito por Barba, Nicola Savarese y decenas de colaboradores. The Five Continents of Theatre. Facts and Legends about the Material Culture of the Actor. Ilustrado con bellas fotografías y sustentado en una búsqueda rigurosa, excepcional para estos tiempos en los que la historiografía al uso recibe tantos embates e interesa tan poco. A mí me ha removido los cimientos de mi propia búsqueda.
Me sumo al tributo que rinde en estos días la Universidad del Peloponeso a este experimentador incansable, caminante, hacedor y teórico que no sé cómo calificar. Aquí están sus preguntas sobre una segunda vida. Lean estos textos y no esa "vuelta" de la que no me arrepiento pero está ya y desde hace rato en el archivo.
Gracias a Eugenio y sus actores del Odin Teatret.
Gracias  Ernesto Fundora, por la copia digital enviada a sus  Archivos.
Para los que necesitan armar una bibliografía.

Boudet, Rosa Ileana. Entrevista a Eugenio Barba. "El Odin en su Kaosmos”. La Gaceta de Cuba 5  (1994): 28-29. 

Con eso basta y sobra.

5/30/19

Raquel Revuelta, un nuevo libro




 Raquel Revuelta en el decimoquinto aniversario de su muerte es el segundo libro de Juan Cueto Roig sobre la actriz cubana. El anterior Raquel Revuelta, a la memoria de una gran actriz –reseñado en el blog– tuvo una excelente acogida por su belleza, cuidado y porque tiene una colección de fotografías y textos que no se encuentra en otra parte. Aparte de coincidir con el anterior en hechos y situaciones de la biografía de Raquel, Cueto-Roig introduce en este un artículo de Norge Espinosa, "Raquel en el espejo de la memoria", más información sobre sus actuaciones en el teatro, el cine y la televisión, muchas nuevas fotos y un recuerdo de Daniel García. El actor, intérprete de Juan Primito en la serie televisiva Doña Bárbara, y su compañero en Teatro Estudio, la conoció bien y como muchos otros, ofrece la descripción de lo que Juan Cueto-Roig llama "su arte interpretativo".
Admirador y devoto de una figura fundamental de la cultura cubana, Cueto-Roig no abandona su empeño de facilitar el conocimiento de una figura fascinante. Recomiendo este  su nuevo libro. 
La portada es una foto de Raquel y Manolo Coego en Corona de sombras, de Rodolfo Usigli en la televisión.  Por error asumí que el libro sería vendido pero como el anterior, se trata de una pequeña tirada de libros para las bibliotecas, colaboradores  y otros.

5/15/19

Un ensayo de La boda

Esta  fotografía se hizo  para el Mes de teatro cubano, en  febrero de 1958.  Adolfo de Luis, el director de La boda en Atelier conversa con Virgilio Piñera, y a ambos lados, las actrices Julia Astoviza y Consuelo Álvarez. De pie: Niso Malaret, también autor dramático y amigo de Piñera, finalmente sustituido para el montaje por Eugenio Domínguez. Lamentablemente no pude utilizarla y no por la marca de agua, sino por la resolución. Así hay otras en Piñera y Felipe: escándalo y mito.

4/28/19

Piñera y Felipe reunidos

Piñera y Felipe: escándalo y mito,(Ediciones de la Flecha, 2019 (paperback, 359 p.) se acerca a dos momentos indispensables del teatro del siglo XX cubano: las representaciones de El chino, de Carlos Felipe y Electra Garrigó, de Virgilio Piñera. Dos hitos, dos emblemas, como sostiene el guajiro festivo de la viñeta de Andrés García Benítez.
 No se explicarían sin conocer el teatro que les antecede, las fuentes que los nutren y aquellas que niegan. Hay dos capítulos sobre las puestas de Patronato, Teatro Popular, ADAD y el Teatro Universitario que podrían interesar al que quiera estudiar sobre todo a Mirta Aguirre, sagaz e irónica, que mantuvo por muchos años  una columna teatral  en el periódico Hoy.
El volumen tiene casi la misma cantidad de páginas de relato de la autora que material de los críticos que escribieron sobre estas puestas: Manuel Casal, Francisco Ichaso, José Manuel Rodríguez, Luis Amado Blanco, Mario Rodríguez Alemán, Regina de Marcos, José Massip, Rine Leal, Héctor García, José Corrales y Antón Arrufat. Estudios y detalles sobre las representaciones y/o la polémica de Electra Garrigó. No solo la puesta precursora de Francisco Morín sino las sucesivas "resurrecciones" en la medida que he encontrado material sobre ellas. No sola la solitaria de Modesto Centeno y Julio Martínez Aparicio de El chino. Es una lástima que de algunas no pude hallar referencia alguna y que hay Electras que no pude entrevistar.
Virgilio y Felipe representados hasta 1965. Y lo que se desprende de este contacto con la escena y que la crítica –con razón o sin ella– ha considerado fallido, incompleto o frustrado. De ahí la relación de Felipe con el sainete y la experimentación –Pirandello– y  Piñera con Jarry y Gombrowicz.
 Sé que quizás en cinco años más aparecerán bellas fotografías hoy sepultadas en los archivos, dibujos de los escenógrafos, recuentos, cartas y/o testimonios, pero no tengo tanto tiempo. Su autora lo termina "con la idea de embullar a otros en su pasión por Palma y la Garrigó". Esos «otros» son los nuevos, porque los que se embullaron antes están leídos, anotados y reconocidos.



El libro aquí


1/5/19

Catalina y María Cristina

En el libro de Alejandro G. Alonso sobre art deco.
Dos  entradas sobre Catalina Lasa, una sobre la lectura dramatizada de Yvonne López Arenal y Eddy Díaz Souza en Miami en 2009 de un texto mío Una rosa para Catalina Lasa y  la otra, "Catalina en el candelero" (2013), muestran que uno no deja a los personajes con los que ha establecido alguna relación. Así  pase el tiempo y no añada nada nuevo a Luisa Martínez Casado o no encuentre algo más de Francisco Covarrubias,  habitan mis recuerdos.
Cinco años después de aquella lectura,  se publica en La Habana  Catalina, novela de Mario Coyula, que no leí hasta ahora aunque la edición española es del 2011. Catalina dialoga consigo misma también desde la tumba como en mi obra teatral aunque  supera con creces el propósito de aquel divertimento, por su  gran ambición  nutrida de la portentosa cultura  del autor sobre La Habana.  Mi obrita, escrita después de una escaramuza virtual con un compañero, era un monólogo para mi hija. Entonces creía en el premio Catalina Lasa a los que persisten en el amor.  De todos modos, en esa polémica, el aludido recomendó quedarme con mis miamenses y fue en Miami donde  gracias a Yvonne, Eddy y un grupo de actores, se leyó. Después hice en Lulu una edición casera de 15 ejemplares «numerados». Mi  Catalina tuvo sus 25 segundos de fama.

Catalina se merece una biografía,  la pide a gritos.

Ayer revisé El Fígaro de 1894 que da a conocer los votos que obtuvieron varias jóvenes bellezas. Catalina está en el quinto lugar.  Es posible que después lo superase para conquistar el segundo. Pero al menos en esa ocasión no lo consiguió.  En la misma página donde se cuentan los votos de las agraciadas, se publica el  grabado de la hija de José Antonio Saco, María Ana Cristina Saco y Frías, Mariquita en las cartas,  en absoluta pobreza, con un llamado de la revista a contribuir por caridad con la sobreviviente de esa familia y la hija amantísima de Saco y Frías.No se dice el nombre.

En el número 27 de 1894 Enrique Fontanills escribe sobre Catalina Lasa. ¿Qué se dice de María Cristina?
 Si volviera sobre mi Catalina, no mencionaría solo a la mujer de Modigliani, sino a María Cristina, que murió en 1898 muy pobre en París.

11/27/18

En busca de Amalia Sorg

Hace mucho que busco a Amalia Sorg, unas veces llamada la tiple del Molino, otras, la vedette del Alhambra o la  bella del Alhambra,  por la novela testimonio de Miguel Barnet y la película de Enrique Pineda Barnet. En mi libro sobre los actores del XIX,  no hay nada sobre Amalia –por elección– para no repetir a otros. Pero un libro nunca termina, bien porque hay erratas negadas a la corrección y  plecas o guiones  saltarines que con las nuevas tecnologías, se escapan al corrector más esmerado o porque, de pronto, como el detective de un caso cerrado,  se encuentra  algo que te lleva a otro punto y así.   En una entrevista de Guillermo Villaronda de 1958,  Amalia Sorg, es ya la "bella del Alhambra" y aunque puede afirmarse que, como en el vodevil, esconde más de lo que enseña, ella misma dice que nació en Nueva York en la calle 77, hija de un padre alemán y una madre húngara de nombre Yanka Stern.
Como por un efecto especial, eran muy pobres y ella y su madre   aparecen en Cuba y dejan a Sorg atrás,  en Chicago. La jovencita Sorg va a Cataluña, donde estudia música, pero nostálgica, regresa a la isla  y cae en las huestes del Albisu por trece años con el director  Modesto Julián.  Del Molino Rojo, de eso "no se habla".
Sorg, con picardía, convierte las preguntas íntimas en amenazas y retos al periodista, como en un juego  o se encarga de "novelar"  episodios de su vida. Muy pobres, su madre y ella encuentran a un hombre al que falta una pierna, le dan unos céntimos y resulta ser un millonario que quiere adoptarla con papeles y todo. Otro gran amor es "un señor cuyo hijo murió recientemente", otro, el padre del actor Julio Villarreal.  Hay un romance con  un magistrado –que se mudó a Matanzas– y estas palabras "¡No sé si lo odio, lo bendigo o lo quiero, solo sé que le debo la plenitud de mi vida!" Quizás el lector del 58 tenía todas las pistas.
Entre tantos anónimos, sobresale Federico Villoch: "Me quedé al lado de Federico hasta el día en que me retiré del Alhambra".  A los 36 años. Relata episodios pintorescos sobre cómo pudo salvar su fortuna  durante el crack de los veinte gracias a dos caballeros y algunas frases como para el mejor folletín: "Para ser la esposa de un canalla, prefiero ser la esposa de un caballero".
Si en 1958 se la trata como una figura mítica poseedora de "los ojos más lindos que brillaron en el Alhambra", ella se encarga de ofrecer algo más, su visión sobre el teatro.

Alhambra era un periódico satírico. Vivía de enjuiciar la política. Cuando se anunciaba "para hombres solos" era porque en realidad a las mujeres de la época no les interesaba la política y por lo tanto, nada tenían que hacer frente a su escenario [...]

Pero Alhambra era tan moral como el teatro que más lo pareciera en aquellos tiempos. Sus obras se resestrenaban en el Payret y el Nacional sin quitarle ni ponerle. Recuerdo que Waldo Frank estuvo una vez en Alhambra y salió maravillado de su arte genuinamente vernáculo. Hay que señalar que si Alhambra hubiera sido inmoral o desmoralizador, la reacción del gran escritor norteamericano hubiera sido otra.
Bastante más que la tiple del Molino, fue Guarina en Cristóbal Colón gallego, y escandalizó en La Pay pay.

En 1918 es la tercera en el concurso de simpatía de la revista Mundial después de Esperanza Iris y Consuelo Mayendía. Cyrano de Bergerac escribe que:

A la par que sencilla,  era estudiosa. Paso a paso ha ido imponiéndose al público, hasta  llegar a ser una  de las tiples del género bufo que con mayores simpatía cuenta. De tener  más amplios horizontes el género, Amalia acabaría por convertirse en una notabilidad. Y acabaría por convertirse en una gran estrella porque para ello cuenta con dotes de ductilidad envidiables. Culta e inteligente, de todo lo que ella es capaz bien dirigida y mejor encaminada nos lo prueba la labor que a diario rinde en el  Alhambra y que escabrosidades a un lado, rendirá muy en breve en el Nacional. Villoch ha encontrado en la Sorg una intérprete afortunada para uno de los tipos del teatro que con tanto acierto dirige.

Cuarenta años después, Amalia juega con el periodista y lo invita a probar una sopa húngara por la receta de su madre.

11/1/18

Un programa de El becerro de oro de Joaquín Lorenzo Luaces (1967)

"No se nos oculta la importancia de este programa. El becerro de oro, después de 109 años de escrita, sube por primera vez a un escenario. No se trata de una exhumación". Gracias a Julio Baladrón, arquitecto diseñador de la primera puesta de la obra de Joaquín Lorenzo Luaces, dirigida  por Armando Suárez del Villar –quien rescató entre otras, Los cheverones, de Barreiro, y La hija de las flores, de la Avellaneda  y que es, como se sabe, un director irrepetible, de los que marcó con su manera de hacer, un momento y una época,  tengo el programa de la puesta de diciembre de 1967, año teatral tan fértil y comienzo del parte-aguas, en los setenta, de la vida cubana y de su escena. Según me cuenta Julio, diseñó en papel kraft el telón de boca pero como la obra se puso tantas veces,  este no resistió y fue suplantado en otras puestas  por la escenografía de Tomás Oliva.
En todas se recuerda la concha del apuntador "para acentuar las analogías" y las candilejas, "que distorsionan la figura" así como las actuaciones de Laura Zarrabeitia, Flora Lauten, Manolo Terrazo, Adolfo Llauradó, Manuel Pereiro, la música de Jorge García Porrúa y las parodias operáticas de Marta Valdés, entre tantos nombres ilustres que figuran en el programa. Contiene un texto clásico: "Aviso sobre Luaces" de Antón Arrufat, recogido en varias selecciones del autor y uno de los ensayos que más me gustan. Todo en  papel de envolver mercancías, cuando se hacían programas  bellos e informados.
Mis fotocopias no le hacen verdadera justicia.


10/13/18

Manuel Villabella (1936-2018)

Me parece que ocurrió ayer. "Manuel Villabella  ha escrito para este libro el capítulo dedicado a Santiago Candamo y los anexos correspondientes. Cómico trashumante  y creador de la afición por el teatro en muchos pueblos del interior de Cuba, Villabella lo ha estudiado con rigor, como parte de su singular, paciente y meritoria tarea investigativa..." A tres años de la publicación de nuestro libro, una de las portadoras de los únicos ejemplares que le llegaron entonces, la estudiosa Lillian Manzor, me trae un mensaje triste: Villabella murió anoche como confirma el periódico Adelante de Camagüey. Termina el festival y como si quisiera despedirse entre los suyos, Villabella se va con la modestia con la que vivió y escribió. A mí me deja un inmenso vacío.  "Nos vamos".
 Ese libro (nuestro libro) Cuba entre cómicos... me acercó mucho más a él a quien conocía no solo por asistir al festival y conocer sus grupos, sino  por Costal al hombro (1996), fruto de su labor de veinte años en archivos, entre actas capitulares y legajos mientras  descifraba el  "misterio" de Santa María de Puerto Príncipe y dedicó a su Camagüey. En esos casi cuatro años, mientras su computadora resistió,  recibí de él incontables muestras de amistad intelectual, trabajos incompletos, ideas, rectificaciones,  notas sobre Nicolás Guillén, aspectos nuevos de sus estudios sobre Piñera, el libro editado en México que casi nadie conoce, Sones de marimbas y güiros, el prólogo a su todavía errante negrito, a pesar de que ganó el Premio Rine Leal, el más importante dedicado a los estudios teatrales en el país. Pero no es el momento de hacer la pequeña historia.
 
La primera noticia que encontré de él es de 1958. Junto a su paisano, el dramaturgo Raúl González de Cascorro escribe al Diario de la Marina, molesto porque la obra que nos representó ese año en el Congreso de México era Alta política, de Louis Verneuil  y los jóvenes camagüeyanos declaran "Nuestro banderín de lucha será el teatro cubano". Después aparece muy joven en el Lunes dedicado a su provincia. Las más recientes son de  2016 cuando Tablas Alarcos presenta  A nuevo vernáculo, nuevas risas,  concepto y selección suyos con  textos de Arquímedes Pous y  Ramón Espigul.  Premiado por El negrito del sainete cubano, se propuso  " seguirle los pasos a este tipo del teatro menor cubano, el negrito, desde su nacimiento y sus antecedentes que provienen del teatro español" (tomado del prólogo).  Villa para sus más cercanos, siempre estuvo siguiéndole los pasos a alguien. En Costal al hombro, a Hermosilla, Adelita Robreño y a  Candamo. Después a todos los negritos.
En el camino, entre tantas biografías rastreadas, nos deja su  pasión por la cultura, su  formidable entrega y  honestidad intelectual."Hemos podido rescatar del anonimato" escribiría y tenía en su cabeza  un nuevo episodio del teatro.

Con dolor reproduzco  la nota biográfica que aparece en el libro.

Manuel Villabella, (Camagüey 1936).
Integrante en la década del 50 del siglo pasado de los grupos artístico-literarios camagüeyanos Los Nuevos, Tiempo Nuevo y Novación Literaria. Fundador en 1962, de la compañía Edad de Oro, de teatro para niños y posteriormente ingresó  en el Conjunto Dramático de Camagüey. Ha publicado Luis Felipe (cuentos), Jucaral (teatro), Aventuras de mambisitos (teatro), Un teatro y su historia (ensayo), Pólvora y Estampas (cuentos), Costal al hombro (ensayo), Coloquios teatrales (ensayo), Sones de marimbas y güiros, (crónicas), Guillén: Romance de pueblo viejo (crónicas, ensayos y entrevistas con Nicolás Guillén). Fue compilador de Pisto Manchego,  primeras crónicas de Guillén, publicadas en el periódico El Camagüeyano de su ciudad natal. Crónicas cuentos, ensayos y críticas de su autoría han visto la luz en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Sus producciones han sido publicadas en diversas antologías. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente, fue redactor-jefe de la página Visión Cultural del periódico Adelante de Camagüey y jefe de redacción de su mensuario cultural Opción, por más de 30 años. Fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), le ha sido conferida la distinción de Miembro Emérito (2010), se le ha otorgado también la distinción Alejo Carpentier (2004) y el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro (2004) Ha viajado las desaparecidas Unión Soviética y Yugoeslavia, también Rumania.
En el año 2005 fue profesor invitado de la Escuela Libre de Psicología, de Puebla, México, en la que se le publicó un libro de crónicas. Trabajó en un montaje teatral aplicando improvisaciones del método Stanislavski, con el grupo Ucronía de esta institución. En el 2006, puso en escena un recital dedicado a Nicolás Guillén: El amor y la fugacidad. En el 2007 montó un “collage” teatral dedicado a José Martí, bajo el título Yo soy un hombre sincero. El pasado año recibió el premio Rine Leal de Teatrología, por su ensayo El negrito del sainete cubano, que verá la luz próximamente.

 En esta entrevista  habla de Cuba entre cómicos...
 https://youtu.be/brka7CZWB-c


12/10/17

Para Morín, mañana

Ha muerto Francisco Morín, me avisa Yvonne López Arenal, aunque desde la semana anterior, cuando el teléfono lo despertó y no me conoció, aturdido, sabía que algo andaba mal. Se dice en dos segundos pero terminan casi cien años. El vacío es insalvable. Acudí a él, ya lo he contado, por la revista Prometeo, que conseguí en fotocopias llegadas de La Habana y al fin existe digitalizada por  Miguel Sánchez León. Por desgracia, se ha recibido con indiferencia.
La revista pasó a un segundo plano en mi interés después de Los años de la revista Prometeo (2007). Para  El teatro perdido de los 50. Conversaciones con Francisco Morín (2011), fue laborioso lograr que hablara de sus montajes, quería conversar de los demás, y yo a mi vez me apuré porque quería que viera el libro que, como es natural, recibió con su acostumbrado escepticismo. Fue difícil.  Pero cuando lo creía decepcionado con el resultado, llegaron cargamentos: las anotaciones que usó para Por amor al arte. Memorias de un teatrista cubano, esas en las que se empeñó a pesar de que Roberto Fandiño, el editor, le decía que eso «se lo dejara a Rine Leal»  y al fin, a destiempo, las fotocopias de Prometeo de New York Public Library, con ejemplares que no tienen las de La Habana, pero sí  el compendio de Sánchez. Y en el camino algún libro, Priestley,  Ugo Betti, la biografía de María Casares, de la que fue un gran admirador, el libro de memorias de Buñuel que le regaló a Felipe.
Cartas, papelitos, pero sobre todo, fotocopias, recortes de prensa, la columna de Mario Parajón en Diario Las Américas,  y programas maltrechos de su trabajo en Miami y  Nueva York.  En los programas ha escrito con lápiz números de teléfono y en las fotocopias de las fotografías –que alguien le envió– anotó de su puño y letra los actores del reparto o algún otro detalle.  Aunque lo que más le gustaba era hablar sobre teatro y comentar el cine que veía en la televisión.  Hablar con él requería estar alerta, porque si le fallaba la memoria y no le venía el nombre en el momento, había que suplir ese vacío.

–Chica, una que es muy inteligente, que es un genio. (Pausa). Sí, la de los submarinos. (Pausa). Una que se desnudó en los treinta.

– ¿.... Hedy Lamarr? 
– Esa misma. Qué maravilla.

Cuando revisé el cajón y aproveché muchos de sus datos, me di cuenta de sus muchas anotaciones con diversas cronologías, de Prometeo, del Teatro Universitario y así... A medida que pasaron los años, Morín necesitaba esas certezas. Intercambió fotocopias con muchos que hoy no sé ni quiénes son. La más extensa correspondencia la sostuvo con Myriam Acevedo, a quien llamaba su «querida Aché» como le decía Ernestina Linares.

Tengo dos cartas suyas, un bellísimo echarpe que echó en el cajón, el recuerdo más allá de su voz  y el compromiso de terminar la segunda parte de ese libro con la polémica casi-completa de la Garrigó. Mientras reviso copias de copias que pasaron de mano en mano, desgastadas, La Habana atesora los originales. He visto  una bella fotografía con el reparto de la segunda puesta de Electra... Morín rodeado por Lilian Llerena y Elena de Armas. Pero él nunca las volvió a ver. Quise que El teatro perdido... contuviera esas fotografías, desvaídas y borrosas, por él y para recordar que la memoria no le pertenece a nadie y  debemos ser capaces alguna vez de reunir el archivo.