Ediciones de la Flecha

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Un nuevo libro
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10/20/14

Prometeo en sus viñetas

Algún día la revista Prometeo tendrá su multi-media (conozco quienes tienen muy adelantada la tarea pero no me corresponde dar la primicia). En sus más de veinticinco ediciones  recogió el nacimiento del teatro de la primera modernidad –de los estrenos de El chino (1947), Electra Garrigó (1948) a los tantos del Teatro Universitario, ADAD, Patronato del Teatro y Prometeo, entre otros–  una sección de crítica teatral a cuya cabeza estaba Manolo Casal, hermano de la actriz Violeta. También artículos teóricos, estudios y entrevistas. En Los años de la revista Prometeo llamé la atención sobre ella, pero después no insistí más en el libro,  que en rigor carece de asientos bibliográficos realizados por un especialista en la materia.  Y volqué lo más importante para mi búsqueda  en El teatro perdido de los cincuenta. Conversaciones con Francisco Morín. Datos esenciales sobre la revista que dirigió y codirigió (con Mario Parajón) en la segunda época y sobre el estreno de Electra Garrigó, dossier con algunas críticas que demuestran que aunque los grandes nombres se abstuvieron de escribir, hay muchos artículos valiosos y comprensivos de la naturaleza de ese estreno cuyo sentido transgresor todavía se discute.


Sin embargo, el tema de las viñetas de la portada y las escasas ilustraciones en la revista será objeto de otros, más conocedores. El investigador Miguel Sánchez León, autor entre otros de Esa huella olvidada: el Teatro Nacional de Cuba (1959-1961), me facilitó una lista de  autores de las portadas que ha localizado porque Morín no las recuerda todas y muchas firmas son muy difíciles de identificar. A veces magníficos artístas gráficos como Andrés García no están representados como en otras publicaciones y así hay muchas otras mediaciones, errores o descuidos. Raúl Martínez tiene una portada con el nombre de René. Y no voy a descubrirlos para mantener el interés y abogar porque se publique digitalizada en alguna colección o se reúna en una multi-media.

Como se sabe, aquí mencioné el texto de Guy Pérez Cisneros, aparecido como una nota al programa o tal vez una presentación de La anunciación a María de Paul Claudel, dirigida por Louis Jouvet cuya compañía visitó Cuba en 1943. Morín republicó un texto que guardaba o  el mismo autor le facilitó. Las ilustraciones que lo acompañan están firmadas por Portocarrero, quien también colaboró con viñetas de portada y según el libro de Morín, hizo escenografía para uno de los montajes de la norteamericana Lorna de Sosa. Es autor de uno de los logotipos de Patronato del Teatro.
Mis fotografías han sido tomadas para mi estudio  (no sirven para publicar porque tienen un flashazo y porque tapé con un pincel el cuño de la biblioteca) pero son útiles  para adentrarnos en lo mucho que nos falta por saber de Prometeo.  

5/30/14

Precursores y prometeicos VI: Mario Parajón


Mario Parajón publicó tres libros de ensayo teatral en los cincuenta: El teatro de O'Neill, Orígenes, 1952, Técnica teatral de Ibsen, 1953 y Magia y realidad del teatro, Orígenes, 1954. Una rareza ya que si fue titánico hacer teatro, pareciera imposible dedicarse a pensar en él. Conozco el último, escasas cuarenta y una páginas, que se leen de un tirón por la elegancia de su prosa, donde el escritor se pregunta sobre la naturaleza del teatro  como “alucinación, videncia, registro de lo extraordinario, lance extraño y único, hazaña.”
En las primeras veinte esboza el instinto teatral en muchas manifestaciones, quizás la más aventurada, la que explica el enamoramiento de la monja portuguesa Mariana Alcoforado por Chevalier de Chamilly porque lo transfiguró en otro, los  consejos teatrales de Chevalier de la Merlé para dirigir la comedia de los salones del XVIII o el suicidio ante el espejo de Mariano José de Larra.  Sin dudas, lo más original, ya que después avanza por los derroteros establecidos sobre la acción dramática y otras categorías a la escena – de Evreinoff a Howard Lawson –es establecer el teatro como lugar de la metamorfosis y la transfiguración ya que "interpretar el papel es vestir el hábito" como en el Siglo de Oro fue "encarnación del silencio místico del hombre que dialoga con Dios". Su libro engarza con los textos teatrales publicados por Orígenes, en los que valdría la pena detenerse alguna vez, con escasa o nula influencia en el teatro escenificado. Sin embargo, no son esos libros por descubrir los que más iluminaron los años del teatro perdido.

Décadas después, desde el Chinchón de Madrid, apartado 17 del 28370, Parajón rememora sus recuerdos de la escena para su columna del Diario de las Américas. Debutó como actor en el Teatro Universitario según su propia confesión, en el Hamlet de Luis A. Baralt, como un Marinero que imaginó con pipa y gorra pero Isabel Fernández de Amado-Blanco vistió con una malla negra. Se vincula a Morín (dirige La esquina peligrosa,de Priestley y Ensayando, de Jorge Antonio González) y muchas otras para el Patronato del Teatro –entre éstas El señor Lambertier– hace traducciones y escribe notas al programa. Co-dirige la revista Prometeo en su segunda y corta época. Las crónicas que consulté (alrededor de treinta), recortes en la papelería de Morín, no tienen fecha, las que la conservan, datan de los noventa. No todas están dedicadas al teatro. Bajo el título "La Habana eterna de ayer" evoca actores y directores,  Luis A. Baralt, Ana Saínz, Marisabel Sáenz, Reynaldo Zúñiga, Roberto Peláez, Rosa Felipe y tantos otros... ya que " a medida que más y mejor le doy repaso a mi vida, más feliz me siento de haber conocido a los que conocí. [...] Dios nos pone en el camino a éste, al otro, a ése que nos cae muy bien y ese otro que nos irrita. Sólo vivimos una vez y sólo una vez hacemos nuestra vida. Es importante que conozcamos a fondo a esos con los cuales nos ha tocado ir en la misma embarcación, realizar nuestras empresas, detenernos a descansar, llorar nuestras lágrimas y reír las carcajadas." En ocasiones son lugares: un café cerca de la Valdés Rodríguez, en Línea y 6 o el Principal de la Comedia,  otras, incidencias del interior del teatro, se vino abajo un decorado “como un gigante venido a menos”, Ana Saínz reclamó una capa para cubrirse en Salomé pero la capa nunca llegó,  recuerdos amables, nunca farandulería.  Cuando las leí, me sentí parte de su embarcación. Animo al Diario de las Américas a recuperar estas  crónicas maravillosas. 

5/16/14

Precursores y prometeicos V: Matilde Muñoz

La española Matilde Muñoz Barberi (1895-1954), vivió en Cuba entre el año ¿194...?  y 1954. Por una nota, a mi juicio  muy fiable, escrita por Armando de María y  Campos, basada en los datos aportados por un hermano de la autora, entre 1941 y 1943, Hortensia Gelabert le estrena en La Habana Los cisnes, sobre el destino de las hijas del zar Nicolás.  Aunque era ya estudiosa de la música, periodista reputada de El Imparcial  y autora de varios libros, en La Habana desarrolla una intensa relación con el teatro, de la que había dado muestras al traducir para Emilio Thuiller, Jazz, de Marcel Pagnol. Sus colaboraciones en la revista Prometeo de los años 1947-48  lo atestiguan, algunas dedicadas a sus temas musicales, la zarzuela, el género chico y –Adelina Patti–  cuyas arbitrariedades con Rossini señaló muy joven, pero también  crítica de la puesta en escena,  traducciones y hasta una “carta abierta” a los asombrados de que el teatro fuese objeto de una columna semanal. En el periódico El Siglo reseñó el estreno de Un tranvía llamado Deseo, Damas retiradas y otras muchas puestas de la ADAD y el Patronato del Teatro. 
Pero si su lugar en la crítica musical se ha establecido y se pondera su obra sobre el teatro dramático y Sor Juana Inés de la Cruz, su quehacer como crítico teatral y dramaturga es bastante menos atendido. De  "Primeros escritos de crítica musical", de Eva González Boullón, he tomado la fotografía del año 1929, original de la Estampa para contrastarla con la minúscula y borrosa que acompañaba sus reseñas. Cuando publiqué el dossier "¿Los críticos contra Electra Garrigó", muchos se asombraron de la agudeza  y actualidad de su acercamiento a la puesta de  Electra... con la firma de Selma Barberi. Ni siquiera Piñera mencionó alguna vez que hubo otra española (junto a María Zambrano) que entendió su pieza dramática.  
Si 7BXC  (1948) la situó como avanzada de la comedia ligera con el ingenioso tema de la fecundación in vitro  y en su puesta hubo fantasmas movidos por Ramiro Guerra, en Nocturno (1949), muestra  "su buen humor que ha logrado sobrevivir a una España sin esperanzas, sin alimentos y con Falange, de acuerdo a una nota de Eduardo Manet en Prometeo. Le sigue Las máscaras apasionadas, puesta de Francisco Morín (1950), “mezcla del drama y la sátira en el conflicto del amor” en la que “personajes y situaciones aparentemente sin relación han sido ligados interiormente por un mismo propósito creativo”. Trabajan entre otros, Miriam Acevedo, Xenia Facenda, María Luisa Castell  y debuta Ernestina Linares. Esa misma noche, 7BXC, se representa en México. Prometeo  estrenaba obras desconocidas y Matilde se unió a él como directora de La intrusa, de Maeterlinck y colaboradora del  Grupo Escénico Libre (GEL).
La reposición de 7-BXC en 1958 es póstuma,  puesta por el Patronato en Talía, dirigida por Modesto Centeno, con Adrian Cúneo y Ana Saínz. La “hilarante, fantástica y atrevida” obra,  tiene mayor éxito que el día de su estreno. Sin embargo, Muñoz no publicó  ninguna obra dramática. Armando de María y Campos, al escribir sobre el estreno mexicano de su obra 7-BXC,  puesta en 1950 por la compañía de María Tereza Montoya, dice mantenía  inédita La risa borrada. Aquí una pequeña selección de su crítica teatral ya que notas  recientes refieren solo  la publicada en este blog sobre La Carreta. Sobre 7/BXC, escribió  Nora Badía en su lugar y en  Jorge y Margarita, entendió ese algo especial de Vicente Revuelta comediante. Y tengo muchas más para continuar Escritos de teatro...



 
Crítica 1
Crítica 2
Crítica 3
Crítica 4




5/1/14

Precursores y prometeicos III: Pedro Álvarez

Con Miriam Acevedo

Se inicia como actor con una prueba realizada por CMQ para artistas noveles, dice la nota biográfica en el programa de La voz de la tórtola, puesta del Patronato del Teatro. Después La importancia de llamarse Ernesto. ¿En la televisión? Pareja de Gina Cabrera y de Minín Bujones,  Pedro Álvarez, consigue ser un elegido de la escena y una figura popular de la televisión.  Té y simpatía, de Robert Anderson, dirigida por  Modesto Centeno,  lo une a Bujones con quien trabaja en La muchacha de la vía Flaminia, de Alfred Hayes, puesta de Centeno con la que obtiene el premio de la Artyc  y en La voz de la tórtola, de John Van Druten, en Talía, dirigida por Ramón Antonio Crusellas, sobre el amor de una  actriz bisoña y un soldado de licencia.Con Gina Cabrera triunfa en Gigi y La dama de las camelias, puesta de María Julia Casanova.  En 1955 se declara entusiasta de los tele-teatros, grupo que lo elige su presidente.
Quizás una de sus primeras interpretaciones para la escena, fue con Francisco Morín en  El señor milímetro, de Rafael Suárez Solís, en 1952. El novato tuvo un tropiezo pero su  desenlace sella la amistad y la confianza entre ambos, según cuenta el director  en Memorias de un teatrista cubano.  Dirigido por Vicente Revuelta  en Las medallas de la señora Ana, de James M. Barrie, Nena Acevedo, que interpretó la anciana,  ha contado lo que sufrió para lograr sentarse en sus  piernas, el galán de moda. Rine Leal reparó en su trabajo y destacó sus momentos de sinceridad humana y sencillez. Al año siguiente, lo vuelve a deslumbrar como el padre de  Viaje de un largo día hacia la noche, de O’Neill,  el recordado montaje de Revuelta, y su mayor elogio es que lo hizo olvidar la diferencia cronológica que lo separaba del personaje y no podía apartar la vista del anciano decrépito. Hace mucho que era exclusivo de CMQ y de la firma Regalías el Cuño.
En 1959, en Prometeo y no dirigido por Morín, sino por Reinaldo de Zúñiga, permanece por muchos meses en cartel, con Aniversario de bodas, de Chodoray y Field,  versión cubanizada por Enrique Núñez Rodríguez, ahora pareja de Fela Jar. Ese año conoce a Verónica Lynn, quien será su esposa. Tengo entendido que trabajan Miguel Llao y Parmenia Silva y me parece que Verónica también está  en la fotografía aunque no logro identificarlos. Después también con Morín, será  el hijo del senador en La ramera respetuosa, de Sartre, de quien se enamora Lizzie (Miriam Acevedo). Más conocida, la etapa posterior, su trabajo en la televisión, presidente del Sindicato de Artistas, el grupo Trotamundos y su incursión dramatúrgica. Un rostro tan familiar –envuelto en el humo de los anuncios– y tan olvidado.


4/22/14

Máscaras cubanas


Antonia Rey y Miriam Gómez 1957
Quizás el grupo que me fue más difícil de rastrear para El teatro perdido de los cincuenta fue Las Máscaras, de Andrés Castro y Antonia Rey, aunque a él se integraron muchísimas otras grandes figuras.  En enero de 1950, la revista Prometeo le dedicó su editorial a su antecedente, GEL (Grupo Escénico Libre) cuyas primeras funciones en el Palacio de los Yesistas (Xifré y Maloja) fueron notables, ya que captó a un “público nuevo” en el escenario de un barrio popular y ofreció funciones a bajo precio.  "Queríamos crear un público", dice Antonia Rey en un video casero en el que repasa junto a René Sánchez la historia de  GEL para luego concentrarse en Las Máscaras y es hasta ahora el testimonio más completo que conozco sobre esa trayectoria. Afortunadamente, gracias a Juan Cueto-Roig, obtuve una copia que me facilitó el resto de la búsqueda, que no considero terminada.   “Prometeo les dice adelante” a los fundadores de GEL y anota los nombres de Matilde Muñoz, Eduardo Manet, Andrés Castro, Clara Ronay, Carlos Malgrat y María Antonia Rey.  Fue el primero en trabajar con un elenco fijo, aunque con diferentes directores. Cuando se renombran Las Máscaras, en octubre, debutan con Don Juan, protagonizado por Augusto Borges y La ramera respetuosa, con Antonia Rey y Amador Domínguez. Adela Escartín y Vicente Revuelta hacen Yerma allí, dirigidos por Andrés Castro.  En un barrio de fama dudosa, en tiempos de funciones solitarias, Adela representó (el espectador abonaba veinticinco centavos) durante cincuenta noches. La escenografía es de Agustín Fernández, la coreografía de Ramiro Guerra y las fotografías de Ramón Ferreira.
Fue por esas fechas que Elvira Cervera hizo con GEL Antes del desayuno  y se descubrió  esa “rotunda promesa teatral”. Activa en su diminuto escenario, representa  La dama de las camelias, con Adela Escartín y Elena Huerta, La zapatera prodigiosa, interpretada por Vicente Revuelta  y Esperanza Magaz,  La loca de Chaillot con Marta Muñiz y Miguel de Grandy y otras del repertorio universal como Espectros y Cándida. Reponen  Yerma en el anfiteatro de La Habana, con Violeta Casal en el protagónico, cuando Adela, entre otros compromisos,  hace en la Plaza de la Catedral, Juana en la hoguera, de Paul Claudel, oratorio de Honnegger. Sin contar los estrenos de obras de Rolando Ferrer.  
Y así con incursiones en el teatro Martí y extensas giras por el interior de la isla, inaugura su sala el 27 de septiembre de 1957, en un edificio de quince plantas situado en Primera y B, en el Vedado, con parqueo, aire acondicionado y decoración interior de Tomás Oliva. Mesas separadas, de Terence Rattigan abre con gran éxito junto con Yerma, interpretada ahora por Antonia Rey.   “Hacía mucho tiempo que Las Máscaras no brillaban con tal clara luminosidad, con tal ritmo, con tan suaves matices” escribe Rine Leal a propósito de El amor castigado, de Anouilh, gracias a la obra y a la labor de conjunto (“María Antonia Rey lució más bella que nunca, matizando bien, llena de intención, de fraseo, de espíritu”). Castro era responsable con Prometeo de los mejores repertorios.   Tan es así, que el crítico se asombra con El jardín de yeso, de Enid Bagnold, una selección de buen gusto y erudición del director, en Broadway dos años antes con Georgina Almanza,  Carmen Bernal,  Vicente Revuelta, Antonia Rey y René Sánchez. Allí estrenan  Algo salvaje en el lugar de Tennessee Williams, (título cubano de Orfeo desciende),  “una verdadera llamarada de pasión”, con Antonia Rey y Carlos Alberto Badía bajo la dirección de Andrés Castro. Y aunque en el libro reproduzco la fotografía de Antonia Rey en Espectros, de Ibsen, realizada por Crucet, incluyo una entrevista del Diario de la Marina con el  director, que dice mucho de su personalidad, su empeño por dejar atrás la función mensual y el teatro de minorías, así como de su formación norteamericana, me pesa no haber incluido más, como ésta de Antonia con la debutante Miriam Gómez. Mientras mi admiración crece por las realizaciones de esta etapa y la labor de esta actriz de gran magnetismo y presencia –activa todavía– espero encontrar las originales.


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2/5/14

Precursores y prometeicos I

Mes de teatro cubano 1958 en página del Diario de la Marina. 
Considerada un páramo, una tierra baldía o un momento de transición, la puesta en escena estrenada en Cuba entre finales de los años cuarenta y 1959, es un tema aplazado y casi enterrado. La Revolución de 1959 barre con los vestigios del teatro anterior y no sólo el producido en sus "salitas". Mi  libro, escrito a partir de conversaciones con Francisco Morín,  director del grupo teatral Prometeo,  se propone un registro y no un enjuciamiento de la imagen escénica en  años de  convulsión y crisis.  Empieza cuando muchos como él llegan a ADADEL, academia anexa a la Escuela Libre de La Habana y termina en 1959 cuando muchos regresan eufóricos a integrarse a la vida cultural y otros empiezan a marcharse del país. Todavía Mujeres de Claire Boothe está en cartelera, la obra más taquillera de las "salitas". Aunque Morín es el eje principal,  se nutre de fuentes documentales y testimonios para preguntarse sobre sus avatares y sus  paradojas. Entre éstos, además de las crónicas de En primera persona de Rine Leal, que todos hemos saqueado, las de Gastón Baquero, Francisco Ichaso y Walfredo Piñera en El Diario de la Marina, menos conocidas, sobre todo las de este último, asociado más al mundo cinematográfico; Manuel Casal en la revista Prometeo, Mario Rodríguez Alemán en Mañana y Matilde Muñoz en El Siglo.  También la colección de programas de Patronato del Teatro y Atelier en Cuban Heritage Collection. Una revisión pormenorizada de la prensa periódica arrojará sorpresas y lo harán otros con más calma.
Como todos saben, Morín escribió su libro, ha narrado su parte y su testimonio es intransferible. Nadie podrá contarlo a su manera y aunque le agradezco las horas que me ha dedicado, insistió en que no fuese un libro sobre él sino sobre todos los que sostuvieron contra viento y marea ese teatro "perdido"  así que se dedica a los precursores y los prometeicos. En próximas entradas, contaré no lo que hice (o estoy haciendo que el libro es un proceso) y pueden leer, sino lo que a mi juicio, quedaría por hacer. 

5/14/13

Memorias: Celebrando a Virgilio Piñera

La memorable fotografía de Mario García Joya
Acaban de aparecer dos tomos de las memorias del congreso Celebrando a Virgilio Piñera, editado por Yara González Montes y Matías Montes Huidobro, con   los textos presentados al  evento, celebrado en Miami  el pasado año y organizado por el Instituto Cultural René Ariza, presidido por Montes Huidobro.  Emil Volek sobre José Antonio Ramos, y  un homenaje a Lesbia O. de Varona –bibliotecaria que se sumó a la celebración y da cuenta de las valiosas colecciones de la Herencia Cubana– abren el volumen que incluye  un conjunto  de textos sobre autores del exilio, Julio Matas, Raúl de Cárdenas, Iván Acosta, Manuel Martin, José Corrales, Pedro Monge Rafuls, Dolores Prida, Ernesto García, Marisel Mayor, Julie de Grandy, Yvonne López Arenal, Cirstina Rebull y Nilo Cruz así como tres ensayos dedicados a José Triana,  bajo la premisa que Virgilio Piñera es la figura unificadora, cuya vida y obra trascienden  los límites de la insularidad y el exilio, como si fuera, escribe Montes Huidobro, "el contrapunto que nos une".
El  tomo II se centra en la figura de Piñera. Un amplio espectro temático nos lleva de "Piñera dentro de su contexto histórico" (Alejandro Armengol "Elogio de los cobardes") a Lillian Manzor "De homosexual marginado a ñángara: Virgilio Piñera en las tablas norteamericanas (1969–1987)" que indaga en  las puestas en escena del Teatro Dúo, Repertorio Español, Prometeo y Teatro Avante, realizadas en esas fechas en Nueva York y Miami, ya que a juicio de la autora, "durante el periodo de ostracismo y muerte civil de Piñera en Cuba, las tablas norteamericanas tuvieron la oportunidad de conocer su teatro, en inglés y en español, algunas veces  en medio de controversias e intentos de censuras." Ofrece datos sobre una tesis sobre Virgilio escrita por Sor Lucy Cardet, tan temprano como  1971, inédita hasta la publicación de Una caja de zapatos vacía por Luis González Cruz y otros muchos detalles, sin dudas, aportes al conocimiento de Piñera a partir de fuentes documentales.
En el acápite de los estudios comparativos se incluyen trabajos de Ernesto Fundora, Lourdes Batanzos, Andrew Bennet y Francisco Soto (sobre los enlaces entre Persecución de Reinaldo Arenas  y la vida y obra de Piñera). Estudios sobre su poesía y narrativa de César A. Salgado, Ileana Zéndegui, Rolando D. H. Morelli y acerca de distintos aspectos de su escena  por Antonio José Aiello, Morbila Fernández, Diana Alvarez Amell, Pilar Cabrera Fonte, Severine Reyrolle, Jesús Barquet, David William Foster y Luis González Cruz.  Su testimonio en "Virgilio Piñera en la encrucijada de la Revolución" es uno de los más valiosos, por su amistad con  Virgilio  y ser su editor en los Estados Unidos. Es uno  d e los pocos que leyó En esa helada zona, que reconstruye aquí  y cuyos bocadillos memorizó Julio Matas, que iba a interpretarla. El volumen culmina con el homenaje a tres  directores, Dumé, Francisco Morín y  Julio Matas y uno muy original –escrito por la actriz Yolanda Castillo sobre la experiencia de Morín en la Universidad de Oriente y Santiago de Cuba– al que alguna vez le dedicaré más espacio. Si Luis González Cruz adelanta que hay un antes y después de Piñera como hay un antes y un después de José Martí en la cultura cubana, Montes Huidobro, lo cierra con una evocación poética en "La vida es sueño: cartas son cartas" y la reproducción facsimilar de una tristísima carta de Virgilio, que no adelanto para que lean  el volumen.
Esta limitada nota –imposible reseñar tantísimos trabajos y menos, discutir con algunos– intenta dar cuenta de un valiosísimo esfuerzo. No ha sido un homenaje más, sino un aporte porque hay Virgilio con o sin centenarios.   

1/13/12

Lorna de Sosa: una presencia

Aquí  un recuento de la despedida que la gente de teatro hizo a la directora norteamericana Lorna de Sosa, de la que hay algo en La Flecha II. Se trata de su montaje de Filomena Marturano, de Eduardo de Filippo, el último en la isla y de un trabajo muy citado, que al fin pude localizar, "Presencia y ausencia de Lorna de Sosa", de Adolfo de Luis.

¿ Por qué en otro blog? Para facilitar  ordenar las entradas que  intentan  reconstruir hechos de la puesta en escena.

1/1/12

Poemas en la revista Prometeo

En la breve etapa “prometígena” de la revista Prometeo – fundada por Francisco Morín en 1947-  en la que Mario Parajón figura como co-director (tres números que comienzan en 1951 hasta que desaparece en 1953), junto a textos completos de obras teatrales, (“Jesús” de Piñera, en tres partes y “Mañana es una palabra” de Nora Badía), se publican poemas de José Lezama Lima, Eliseo Diego, Cintio Vitier y del propio Parajón. El de Lezama – publicado en el número 26, junio de 1951–  titulado “Dados de medianoche” y dedicado a Eliseo Diego,  no es el que con ese título figura en sus antologías, sino uno que empieza

...pues el Decreto tiene que fijarlo así:
que los cerdos no brinquen por las calles

 A partir de un cotejo muy rudimentario, hallé que varias  secciones del poema – publicado sin divisiones– integran  el II, el IV, el VIII, el X, el  XI ( con otra ordenación) y el XII de “Aguja de diversos”. La que comienza con

El brindis del pescado sigue el mismo cordaje
La ligera curva fácil del mayordomo

pertenece a  “Los dados de medianoche”. De no ser un descuido tipográfico, que en esta etapa hay muchos, tanto que existen dos números 26 de acuerdo a las portadas, pareciera que Lezama hubiese utilizado sólo la sección final para el poema de este título. 
En el propio número 26 aparece “Poema de la criatura”, de Mario Parajón y “Velorio del año doce” de Eliseo Diego y en el 27, “La torre” y “El gato y el viento” de Cintio Vitier.
"Prometígena", según Morín, era una frase burlona de Cabrera Infante para aludir a la imagen  de la nueva época de Prometeo. No tengo la menor idea  de si estas referencias puedan servir a alguien, pero Lezama Lima siempre está en el tintero de la  Flecha que le debe no sólo su título.