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| Antonia Rey y Miriam Gómez 1957 |
Quizás el grupo que me fue más difícil de rastrear para
El teatro perdido de los cincuenta fue Las Máscaras, de Andrés Castro y Antonia Rey, aunque a él se integraron muchísimas otras grandes figuras. En enero de 1950, la revista
Prometeo le dedicó su editorial a su antecedente, GEL (Grupo Escénico Libre) cuyas primeras funciones en el Palacio de los Yesistas (Xifré y Maloja) fueron notables, ya que captó a un “público nuevo” en el escenario de un barrio popular y ofreció funciones a bajo precio. "Queríamos crear un público", dice Antonia Rey en un video casero en el que repasa junto a René Sánchez la historia de GEL para luego concentrarse en Las Máscaras y es hasta ahora el testimonio más completo que conozco sobre esa trayectoria. Afortunadamente, gracias a Juan Cueto-Roig, obtuve una copia que me facilitó el resto de la búsqueda, que no considero terminada. “Prometeo les dice adelante” a los fundadores de GEL y anota los nombres de Matilde Muñoz, Eduardo Manet, Andrés Castro, Clara Ronay, Carlos Malgrat y María Antonia Rey. Fue el primero en trabajar con un elenco fijo, aunque con diferentes directores. Cuando se renombran Las Máscaras, en octubre, debutan con
Don Juan, protagonizado por Augusto Borges y
La ramera respetuosa, con Antonia Rey y Amador Domínguez. Adela Escartín y Vicente Revuelta hacen
Yerma allí, dirigidos por Andrés Castro. En un barrio de fama dudosa, en tiempos de funciones solitarias, Adela representó (el espectador abonaba veinticinco centavos) durante cincuenta noches. La escenografía es de Agustín Fernández, la coreografía de Ramiro Guerra y las fotografías de Ramón Ferreira.
Fue por esas fechas que Elvira Cervera hizo con GEL
Antes del desayuno y se descubrió esa “rotunda promesa teatral”. Activa en su diminuto escenario, representa
La dama de las camelias, con Adela Escartín y Elena Huerta,
La zapatera prodigiosa, interpretada por Vicente Revuelta y Esperanza Magaz,
La loca de Chaillot con Marta Muñiz y Miguel de Grandy y otras del repertorio universal como
Espectros y
Cándida. Reponen
Yerma en el anfiteatro de La Habana, con Violeta Casal en el protagónico, cuando Adela, entre otros compromisos, hace en la Plaza de la Catedral,
Juana en la hoguera, de Paul Claudel, oratorio de Honnegger. Sin contar los estrenos de obras de Rolando Ferrer.
Y así con incursiones en el teatro Martí y extensas giras por el interior de la isla, inaugura su sala el 27 de septiembre de 1957, en un edificio de quince plantas situado en Primera y B, en el Vedado, con parqueo, aire acondicionado y decoración interior de Tomás Oliva.
Mesas separadas, de Terence Rattigan abre con gran éxito junto con
Yerma, interpretada ahora por Antonia Rey. “Hacía mucho tiempo que Las Máscaras no brillaban con tal clara luminosidad, con tal ritmo, con tan suaves matices” escribe Rine Leal a propósito de
El amor castigado, de Anouilh, gracias a la obra y a la labor de conjunto (“María Antonia Rey lució más bella que nunca, matizando bien, llena de intención, de fraseo, de espíritu”). Castro era responsable con Prometeo de los mejores repertorios. Tan es así, que el crítico se asombra con
El jardín de yeso, de Enid Bagnold, una selección de buen gusto y erudición del director, en Broadway dos años antes con Georgina Almanza, Carmen Bernal, Vicente Revuelta, Antonia Rey y René Sánchez. Allí estrenan
Algo salvaje en el lugar de Tennessee Williams, (título cubano de
Orfeo desciende), “una verdadera llamarada de pasión”, con Antonia Rey y Carlos Alberto Badía bajo la dirección de Andrés Castro. Y aunque en el libro reproduzco la fotografía de Antonia Rey en
Espectros, de Ibsen, realizada por Crucet, incluyo una entrevista del
Diario de la Marina con el director, que dice mucho de su personalidad, su empeño por dejar atrás la función mensual y el teatro de minorías, así como de su formación norteamericana, me pesa no haber incluido más, como ésta de Antonia con la debutante Miriam Gómez. Mientras mi admiración crece por las realizaciones de esta etapa y la labor de esta actriz de gran magnetismo y presencia –activa todavía– espero encontrar las originales.
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