Ediciones de la Flecha

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Un nuevo libro
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7/7/15

Diez obras: el contorno imaginario de la isla


Dramaturgia cubana contemporánea. Antología, compilación y prólogo de Ernesto Fundora  para la editorial mexicana Paso de Gato (2015), reúne diez obras escritas en los últimos quince años,  datos relevantes sobre la creación de las piezas y los autores y un sustentado análisis de cada obra. La  nota del catálogo la  presenta así:  “Entre la diáspora y la permanencia que dibujan un contorno imaginario de la isla, las diez obras aquí reunidas presentan enfoques distintos de la “cubanidad” contemporánea". Para su compilador, la  muestra recorre “desde el texto teatral, el rostro críptico y multiforme de la dramaturgia cubana de los últimos quince años”, ese que no se ciñe a límites geográficos porque se constituye “más allá de competitividades estéticas o jurisdicciones nacionales”.  Amado del Pino, Nilo Cruz, Nara Mansur, Norge Espinosa, Ulises Rodríguez Febles, Abel González Melo, Reinaldo Montero, Salvador Lemis, Raúl Alfonso y Yerandy Fleites Pérez componen un arco de piezas estrenadas y/o escritas en un periodo corto pero pródigo en creatividad, sobre todo, por  la generación nacida entre los 70 y los 80. Desde luego, una sola antología no puede  responder en qué  consiste la cubanidad ni qué autor se libra de la jurisdicción nacional, pero es la iniciativa más perdurable desde que Emilio Carballido en Tramoya, publicara  obras cubanas importantes (de José Triana a Tomás González y Abilio Estévez).
Ulises Rodríguez Febles

Fundora insiste –sigue a Lillian Manzor y Ana M. López que lo aplicó al cine– en el concepto de la “gran Cuba”, la isla fuera de sus límites geográficos, abarcadora de su diáspora, que aquí funciona más como etiqueta que como calado teórico, ya que a la aceptación de este marco conceptual debemos que varias antologías  incluyan a los exiliados o emigrados, como en el 92 la de Espinosa Domínguez y Pérez Coterillo. En buena parte, porque como Fundora explica, seis de los diez dramaturgos de esta selección residen en otro lugar, como al ver la luz Morir del texto (1995) cuatro de los diez autores, ya vivían en otro sitio (Carmen Duarte, en Estados Unidos, Ricardo Muñoz en Colombia, Victor Varela en Argentina o Joel Cano en Francia) sólo que entonces  no era natural, sino traumático. Pero veinte años después, algunos residen en Madrid pero mantienen sus columnas periodísticas o sus aulas en La Habana y alternan vida y obra entre los lugares que han elegido para vivir y su país natal. Quizás esa internacionalización renueva el interés por el teatro cubano, ya que las últimas antologías parecidas datan del siglo pasado: España (1992) y Alemania (1998). Autores como Cano, Varela, Duarte, Alfonso y Lemis operaron a medias
Nara  Mansur
en la escena de su país y hay muchísimos que no lo hicieron nunca.

Artistas para la patria, oí decir a Fidel Castro cuando la preocupada directora  de una agrupación musical, contó en una asamblea de artistas, cómo tenía que renovar su repertorio continuamente pues las intérpretes se le «quedaban» en las giras. Sin saber qué decirle, contestó que se debían formar artistas para la humanidad. Ahora no parece interesar dónde vive el escritor, sino  desde dónde coloca su perspectiva  de dramaturgo. 
Esta antología es muy reveladora de esa tensión, ya que mientras hay piezas de la tierra, deudoras enriquecidas de la tradición, aunque  «retadoras» del realismo, sobre los ambientes marginales de los noventa o la isla escondida, en clave o a través de la subjetividad, resaltan las situadas fuera del  contexto delimitado por los marcos estrictos de la nacionalidad–asociada a menudo con tópicos y falsedades– que eligen  operar y proceder en el más profundo e inasible del lenguaje.  
Salvador Lemis
Norge Espinosa
La diáspora, representada por  Ana en el trópico, de Nilo Cruz, presenta una  isla soñada desde una tabaquería en Ybor City,  en 1929, en Tampa, cuando al  descorrerse el telón,  tres mujeres esperan un vapor de Cuba, y  tres hombres apuestan a los gallos. Llega Juan Julián para cambiar el destino de los obreros cuando decide leerles Ana Karenina.  El conflicto se manifiesta no sólo entre los partidarios del mítico lector  y sus detractores, sino entre la chata aceptación de lo que somos y las ilusiones posibles,  máquina y artesanía, progreso y deterioro, necesidad del arte y adocenamiento. Desde el punto de vista de su estética, narra a través de veladuras,  exóticos olores y perfumes de sabor “tropical” y una otredad, muy del gusto del público norteamericano que  ha visto la isla como un paraíso prohibido de seducción y magia. Sin embargo, el teatro “bicultural” de  Cruz,  requiere ser traducido, (la leí después de verla representada en California, por la  traducción de trabajo de Alberto Sarraín, la de ahora es de  Nacho Artime y el propio Cruz), mediación de la que nadie se asombra, como si fuese natural de esta cubanidad, escribir en una lengua y requerir para  ser representado o conocido, ser traducido a otra. La lengua literaria, en muchos casos, dejó de ser el español.
La idea de  no pertenecer a un límite o frontera rebasa el concepto de la gran Cuba. La mitad  de los incluidos huye de la excesiva dependencia del contexto, el marco realista, el apego a un aquí y ahora estrechos, por el que se acusó al teatro cubano de localismo –hasta la puesta mexicana  de Aire frío, de Virgilio Piñera  se consideró en los ochenta un aburrido melodrama–  para situarse fuera de los márgenes de la contingencia, en el plano de la memoria cultural (Liz, de Reinaldo Montero, El pie de Niyinski, de Raúl Alfonso) o la reescritura de los clásicos (Icaros, de Norge Espinosa e Ifigenia, de Yerandy Fleites).
Amado del Pino
Un conjunto que presenta la isla a través de espacios o fragmentos, y se ubica en  Santiago de Chile y La Habana, en  Ignacio y María, de Nara Mansur o en Creta, en  Ícaros, a los ambientes maltratados y marginales de Abel González Melo o a la suntuosa y verbal riqueza de los tiempos de Liz. Santiago de Chile visto con ironía desde La Habana. Mentora de los novísimos, Mansur destaca por su originalidad al crear ámbitos de intimidad donde la expresión de lo público y lo privado se convierte en debate angustioso. Se representa hoy en Buenos Aires como El pie de Niyinski se estrenó en Madrid, Chamaco, de Abel González Melo, en varias ciudades del mundo, Huevos, de Ulises Rodríguez Febles y Ana en el trópico, de Nilo Cruz, en La Habana y en Miami.
Sin entrar a analizar las obras en particular, el conjunto es algo monocorde. Mientras el lenguaje es apabullante y magnífico, desde la exploración  hasta la saciedad del vaivén, el «bamboleo» de la tragicidad, al cinematográfico y cortante de La cebra, de Salvador Lemis prima una condición monologante: los personajes, aunque pertenecientes a un conjunto, se expresan como el que quiere ser oído por un altavoz, orgulloso de la belleza o enjundia de sus palabras. Alguien rastreará alguna vez la influencia del discurso político sobre la dramaturgia de estos años. No sólo la familia no puede dialogar. La incapacidad se instala  en la entraña del diálogo, que no requiere de la réplica o no la busca. No quieren oír  a los demás sino a sí mismos.
Salvo la ironía rompedora de Ignacio y María, burlándose del kitch, la fraseología política y el teatro sicológico, pareciera desterrado el humor, suplantado por la gravedad de la cátedra. Desde luego hay una gran distancia entre las piezas probadas por sus varios montajes y las que apenas han salido del libreto.
La lengua reina cual minotauro. ¿ Respuesta a una escena por muchos años  disminuida como literatura o una reacción a otra zona de escritura no representada en la antología?  Una selección es una selección. Y esta tiene sobrados valores para interesar al lector y a los directores.   El tiempo dirá.

Aire frío México 1985

5/20/15

Cuentos de La Habana Elegante

Están en circulación dos ediciones de Cuentos de La Habana Elegante, publicación de la revista del mismo nombre, editada en 1887, y cuyo ejemplar, según cuenta Cira Romero, no se hallaba en ninguna biblioteca cubana. Romero  escaneó, copió, cotejó y finalmente  entregó el volumen a la colección Catalejo, de la editorial José Martí, que la publica en el 2014 con un prólogo suyo. Casi simultáneamente Jorge Camacho, Rocío Zalba y Hugo Medrano la editan en  Stockcero (2014), Doral, Miami, a partir de un ejemplar de la edición príncipe existente en la biblioteca de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Aunque no conozco la de Romero, por la lectura de otros textos suyos sobre Cuentos... estoy segura que, como Camacho, autor del prólogo de la editada en los Estados Unidos, quiere demostrar que la aparición del cuento como género –como indica el título del libro– es anterior a Lectura de Pascuas, de Esteban Borrero Echeverría (1899). El rescate de esta  joya bibliográfica  dará pie a rectificaciones y nuevos acercamientos.
Camacho la refiere como  antología, aunque es la selección pensada por los  editores de la revista habanera, integrada por diecinueve autores, desde Ramón Meza, Aniceto Valdivia, Aurelia Castillo de González, Cirilo Villaverde y Antonio Zambrana hasta autores menos conocidos, que abarcan desde el “estilo modernista” de “La Estrella verde”, de Julio Rosas, un autor ignorado, según Camacho y de obra desigual, hasta Manuel Serafín Pichardo que narra la historia de unos amigos que rememoran el fusilamiento del poeta Zenea.
Aurelia Castillo de González –la única mujer–  aporta el relato que le contó una esclava, “Un cuento de Francisca”. De acuerdo a unas notas publicadas en el año de su muerte acompañando al texto, todos los nombres son reales, excepto el de Zorrolobo, que ocultaba el de un general español. Pero "cuanto al capitán Almogueras se refiere, su secreto amor por Amada, la alegría porque esta se casase con quien podía ofrecerla más ventajosa posición que él, el rescate de su hermano, las dádivas a cubanos y españoles "y hasta la costumbre de tutear a todos",  se ajusta a la más estricta verdad. Amada se apellidaba Carbonell y vivía con su familia cerca del río Cauto. Almogueras murió en Manzanillo en 1874 después de sufrir arresto en una prisión militar. Y Francisca existe en junio de 1891. Aunque en la ficción Francisca narra a su amita, la fuente para el relato de Aurelia, fue González, su esposo Francisco González del Hoyo,  amigo de Almogueras y de la familia de Carbonell. El único detalle que le atribuyó a Weyler aunque es de otro jefe español, es el de retorcerse el bigote. Aquí la estrategia fue otorgar al relato la verosimilitud del testimonio.
Aniceto Valdivia, poeta, periodista relevante, dramaturgo, traductor, y crítico teatral, el prolífico Conde Kostia, transforma algunos hechos de su estancia madrileña para contraponer en "Dos opiniones" el juicio despiadado de Clarín a un poema suyo, en El Mundo Moderno, según el cuento, al de una imaginaria amada. El veterano le brinda su "amarga hiel del sarcasmo" pero la muchacha borda "una rosa en el extendido pañuelo" y acepta al artista en su "vago aburrimiento", "cuando nada se anhela" en medio de un aguacero torrencial.  Ramón Meza escribe el cuento más sólido: "Los dos lentes", una arista diferente a la de Mi tío el empleado en otra noche tormentosa. En el de Calcagno hay varias escenas ¡de una pieza teatral! y un autor exitoso por su parodia  Traviata o la morena de las clavellinas, estrenada en 1879, José Tamayo y Lastres, escribe "Pilón con cuero". Se ha hablado de los paisajes extraños, del Rhin y los Alpes dentro de la pedrería modernista, pero también hay en estos estos cuentos, Marianao, la ensenada de Cárdenas, un coche de ferrocarril en dirección al Carmelo, el castillo de La Cabaña y Dulce María, la muchacha más linda de Palma Soriano.

Escena del cuento del erudito Calcagno.
Rosalía. Oh complemento de la humana fatalidad! [sic] (le da un patatús y por desgracia no se queda en él). Cae el telón.

4/10/15

Lecturas atrasadas 3. Antología de teatro latinoamericano

Una antología de teatro latinoamericano (1950-2007), realizada por los profesores y ensayistas Lola Proaño y Gustavo Geirola,  se encuentra disponible online o al menos ahora fue que la descubrí aunque su edición impresa es del 2010. Auspiciada por una beca del National Endowment for Humanities, de los Estados Unidos, se publica en tres tomos, y está agrupada por países, cada uno de ellos con una introducción histórico cultural. A su vez cada obra está precedida de un muy breve comentario y fichas ampliadas de sus autores. La edición en papel incluye una muestra audiovisual.
Cuba integra parte del  tomo II con los siguientes autores y obras. Abelardo Estorino con Vagos rumores,  Abel González Melo, con Chamaco, (introducida por Eberto García Abreu), Eugenio Hernández Espinosa, con Odebí el cazador, Raquel Carrió-Flora Lauten con La tempestad, Albio Paz con El paraíso recobrao, Alberto Pedro, con Manteca (introducida por Osvaldo Cano) y El viaje, de Virgilio Piñera. Las demás introducciones o estudios están escritos por Nara Mansur y Habey Echevarría Prado.   Relacionada como estoy con cuatro de estos textos bien porque los seleccioné alguna vez o los publiqué en las revistas donde trabajé, no voy a extenderme sobre ellos. Sólo les aviso que existe esta antología con una perspectiva muy diferente a las tradicionales. De Hernández Espinosa se ha escogido una de sus obras más «danzarias». Cuando se publicó en 1984, en la revista Tablas, Juan Carlos Martínez advirtió cómo había ganado con el montaje del Conjunto Folklórico Nacional. Es una pieza breve, de la corriente de sus "patakines",  y no pertenece a las consideradas  emblemáticas.  Virgilio Piñera está representado con  una pieza  "inconclusa", que nunca ha subido a escena ni fue «autorizada» por su autor. Es por decirlo mal y pronto, una opción arriesgada. La introducción tiene una errata mayúscula pues las "Palabras a los intelectuales"  no se pronunciaron en 1971. 

Antología 

3/21/15

Lecturas atrasadas 2. Testimonios de teatristas paraguayos

Vy'a pope ña aprendé, quiere decir en guaraní, "aprender en manos de la diversión", título del libro de Testimonios de teatristas paraguayos, de  Carlos Espinosa Domínguez, (Arandura, 2014).Catorce artistas  cuentan sus historias  a manera de monólogos en los que el entrevistador ha actuado como un propiciador de confidencias y  recuerdos. Al reunir personalidades  provenientes de  generaciones, oficios y trayectorias muy diferentes, ofrece un panorama de la creación teatral en uno de los países más desconocidos y menos estudiados. El arquitecto José Luis Ardissone devino teatrero, reputado escenógrafo y  director de Arlequín Teatro con treinta años de ejercicio. También tiene esa edad el Bochín Teatro- Clown creado por Marisa Cubero y Jorge Brítez quienes como muchos otros fueron al exilio con la dictadura y regresaron para hacer el primer espectáculo de clown. Roger Bernalve habla del Grupo Real de Teatro, también con tres decenios. Alcibíades González del Valle escribió muchos textos, entre ellos, San Fernando, censurada antes de representarse. Los títeres son el mundo de Humberto Gulino y Elisa Godoy que han empleado el guaraní como vehículo de comunicación con las comunidades.
Erenia López está ligada al Teatro Popular de Vanguardia en los 60 y a muchísimas otras con las que ha visitado Argentina y Colombia, así como descubierto y cultivado el  teatro para niños y jóvenes y la narración oral. Wal Mayans recorre del deporte al ISTA de Eugenio Barba y   muchos países de Europa  al proyecto Tierra sin Mal como un encuentro de culturas y formas de vida. Agustín Núñez es un inconformista que ha vivido una intensa experiencia latinoamericana. Su encuentro con Augusto Roa Bastos y su montaje de Yo el supremo, lo ayudó a resinsertarse en el país. Antonio V. Pecci coordinó la Muestra Paraguaya de Teatro y es autor entre otras de la antología Teatro breve del Paraguay. Raquel Rojas, es parte de la historia de  Aty Ñé 'e desde  1974, uno de los proyectos fundacionales del país. Encarcelada por sus  posiciones políticas, es una de las más conocidas de los cubanos por su vínculo con la Casa de las Américas. Actriz y maestra, María Elena Sachero ha actuado en decenas de obras desde 1947 y Alberto Sánchez Pastor, recoge el legado familiar en la compañía de esos apellidos.
Ninguna de estas breves líneas recoge el sentido último de cada uno de los testimonios, que en su conjunto hilvana una secuencia y relata un proceso construido entre todos, sin necesidad de fichas biográficas. ¿Cómo pudieron sobrevivir en condiciones tan adversas colectivos que han alcanzado  tres décadas? ¿Cómo la búsqueda personal se imbrica con la historia del país? ¿Quiénes son y de dónde vienen sus hacedores? De la misma manera que en su libro anterior, dedicado al teatro del Perú, Espinosa Domínguez, con recursos propios y como iniciativa personal, fiel a  su "irresistible atracción por la palabra hablada," tiende un puente hacia la escena paraguaya.

3/8/15

Lecturas atrasadas I. 6 autores cubanos

Análisis de la dramaturgia cubana actual, de José Luis García Barrientos (Tablas-Alarcos, 2011) con sus 441 páginas, es uno de los libros más extensos dedicado a seis dramaturgos cubanos contemporáneos: Amado del Pino, Ulises Rodríguez Febles, Nara Mansur, Norge Espinosa, Lilian Susel Zaldívar y Abel González Melo, ya que se aclara Roberto D. M. Yeras estaba incluido  pero el encargado de estudiarlo no cumplió la encomienda. Integrado por estudios  realizados por investigadores de diferentes países, todos parten y/o utilizan con mayor o menor grado de libertad  la dramatología de  García Barrientos. Con una cubierta  algo desorientadora, se lee Barrientos director encima del título de la colección La selva oscura, sabemos que  no es  el director de la colección ni el editor del volumen sino el director de “Análisis  de la dramaturgia actual en español”, proyecto del Plan Nacional de Investigación y Desarrollo del Ministerio de la Ciencia e Innovación de España, suscrito también en Matanzas. Un proyecto institucional cuyas coordenadas, esbozadas por su director, son a grandes rasgos, huir del término hispanoamericano o latinoamericano para emplear en su lugar,  teatro en español,  por ser una “categoría más comprometida” y por separarse del paternalismo que comporta "hispánico".
Polemizar con esa postura desborda el marco de esta reseña. No se sabe cuántos años, litros de tinta y libras de letra de imprenta tomó al teatro latinoamericano ser  incluido en la academia para proponer su  sustitución, sin esbozar su compleja problemática. que comporta. Las otras consideraciones son incluir  autores nacidos después de los sesenta así como fundamentar el análisis a partir de  “estudiar las obras en cuanto obras de teatro” desde el canon aristotélico o la dramatología de Barrientos, que concibe el texto dramático como la “transcripción de un drama” y cuya síntesis aparece en "Resumen de un método".
Aunque un único método puede ser una guía válida para una obra colectiva, actúa más como una  camisa de fuerza que los ensayistas adaptan a sus intereses. A veces se erosiona la unidad que debía brindar un exclusivo marco teórico. Mientras Rodríguez Febles en su estudio sobre Amado del Pino  sigue al pie de la letra a Barrientos, éste al estudiar a Rodríguez Febles, sigue a Del Pino en el prólogo a las obras de Febles y como él, trabaja sobre una perspectiva más amplia, la totalidad de la obra del autor, incluida su experiencia con la puesta en escena de Huevos por Mefisto Teatro. Pero  Christophe Herzog, al escribir sobre Nara Mansur, se basa casi exclusivamente en un texto digital de "Ignacio y María". Desdramatizándome (Tablas Alarcos, 2012) estaba en camino, pero por la bibliografía no se consideraron las obras publicadas por las revistas Tablas y Gestos anteriores al 2011, sino artículos de la Internet.
 Abel Rodríguez Melo estudia la obra de Lilian Susel Zaldívar de los Reyes, “Retratos”, con acuciosa fidelidad a la dramatología, pero una obra todavía reducida la sitúa en desventaja en relación con los demás, a pesar de la novedad de su temática. Mientras en algunos casos se juzga un conjunto de obras, en otros, un texto específico.
Federico López Terra aporta el texto más agradable de leer acerca de "La virgencita de bronce", de Norge Espinosa, documentado y riguroso y  Laura Ruiz se ocupa de la dramaturgia de "Chamaco" de Abel González Melo en el contexto de sus obras. Si hasta aquí los ensayistas han abordado las  “claves” de cada uno de los dramaturgos, no es Ruiz la autora de este acápite sino Barrientos, cuya autoridad le otorga al análisis una relevancia impensada. A propósito de la “excepcional” obra de González Melo a sus treinta años, Barrientos señala que éste se ha abstenido de “recurrir al metateatro” tan “socorrido en el atolladero posmoderno”, como si los textos dramáticos legítimos fuesen sólo los que confían en la capacidad “representativa” del teatro. Pondera  su  “teatro netamente dramático”, de verdaderas fábulas sustentadas en auténticos personajes,  “teatro literario sin complejos”. Aseveraciones que  me hacen pensar en lo enriquecedor que hubiese sido,  un diálogo real con el que llama "espacio tan amplio como indefinido que Lehmann bautizó, entre el oxímorom y la hipérbole, teatro posdramático".
Comprendo que  escoger y seleccionar es muy difícil y nadie sale complacido con ningún retrato-robot. Y quizás lo más interesante de este enjundioso estudio es la posibilidad que abre para la discusión de sus postulados ya que contrariamente, muchos estudiosos de la dramaturgia cubana, desean  integrar a su  cuerpo, las creaciones  escritas en otras lenguas, como la dramaturgia cubano-americana en inglés. (Manzor, Lillian y Alberto Sarraín eds. Teatro cubano actual:  Dramaturgia escrita en Estados Unidos.  La Habana: Ediciones Alarcos, 2005).
Por otra, si el estudio del contexto de las piezas es válido  para explicar los actos de repudio, base argumental de "Huevos", de Rodríguez Febles, también debía serlo para entender la disyuntiva de "Ignacio y María", de Mansur.  ¿Puede un exclusivo marco teórico lidiar con experiencias tan disímiles de escritura escénica,  teatro de imágenes, partituras, teatro ritual y el hoy definido como posdramático?
Junto a las obras escritas a la manera tradicional, aristotélica y "sin complejos", hay dramaturgias fragmentadas, que emplean desde la  metateatralidad a la performance, y se resisten al análisis dramatológico.  Una dramatología, por válida que  sea, actúa como un corsé, un deber ser teórico, del cual los investigadores salen airosos con fórmulas de compromiso. De todos modos, inscrito dentro de la apuesta de Tablas-Alarcos por el estudio y la promoción de los nuevos autores, el texto –avalado por la indiscutible autoridad académica de García Barrientos – es una plataforma de lanzamiento y ojalá, de discusión y polémica.


Nota. Agradezco a Febles la cita de la entrevista con Amado del Pino. Aquí la referencia, omitida en la edición, por ser  un texto extenso y próximo al tema del libro.
 
Boudet, Rosa Ileana. "Dramaturgias cubanas. La Habana: juego de espejos. Cuba Material en siete autores. "Seis autorretratos" (Nara Mansur, Salvador Lemis,Ulises Rodríguez Febles, Yvonne López Arenal, Amado del Pino, Norge Espinosa). Primer Acto 311 (2005) 96-117.

 

2/17/15

Montes Huidobro: "nadie te arranca"

Un libro de poesía, Un salmo quisiera ser (Linden Lane Press) y el  Dossier Montes Huidobro, (Ediciones la Gota de Agua), realizado por Armando González Pérez, se añaden a la prolífica y abarcadora obra del dramaturgo y ensayista Matías Montes Huidobro, cuya incursión en  varios campos literarios, incluido la novela policiaca, lo hace un ejemplar  único. Si se tiene en cuenta que, como él dice, los escritores que por razones históricas salieron al exilio pronto, " han estado sometidos a un embargo cultural internacional", se comprenderá que por encima de juicios encontrados, apreciaciones y matices, su labor es descomunal. No se detienen ni su curiosidad ni sus ganas de editar no sólo su propia obra sino la de otros, a través del estudio sostenido y desprejuiciado del teatro cubano a partir de Persona, vida  y máscara en el teatro cubano (1973). Pero sobre todo, los cinco tomos de Cuba, detrás del telón, pionero en acercarse desde la República a 1979, en la «insularidad» y el exilio, a pesar de que trabajó en la biblioteca sin ver casi representaciones en la isla.
Colaborador de Lunes de Revolución, empezó en sus páginas su acercamiento a uno de sus estudios más logrados, José Antonio Ramos, del que publica conjuntamente con su esposa Yara, su Diario de amor. Antes destaca la labor de ambos en la editorial Persona –mientras ejercían como profesores en la Universidad de Hawai– y su muy citado ensayo "Teoría y práctica del catedratismo". Y desde luego, su extensa obra teatral de la que La flecha ha ofrecido pálidas reseñas.
Estoy en deuda con los libros de Matías, fuente indispensable para estudiar a Cuba, testimoniante agudo y  protagonista, desdoblado en uno y otro para apresar con rigor el estatuto de los textos y su intrínseca complejidad. Muy joven integró la generación de los cincuenta, compañero del Instituto de Rine Leal, Cabrera Infante y Julia Astoviza, aunque tenía diecinueve años cuando gana en 1951 el premio Prometeo con Sobre las mismas rocas, montaje de Francisco Morín. No se parece a Bourbakis, Fermín Borges, González de Cascorro ni a nadie. Empieza un camino propio. Me gusta mucho "La sal de los muertos", que de haberse publicado y estrenado cuando se escribió, sería considerada precursora de la escena expresionista y ritual, cercenada en los setenta.
Con fraternales discrepancias y amistosos desencuentros, la obra de Montes Huidobro me acompaña y  la leo con el entusiasmo de la primera vez. Cuando llegué a los Estados Unidos hace quince años, sin conocernos, sus  ediciones llegaron de regalo. Las he leído y anotado con respeto,  como los anuarios, revistas y proyectos de Matías y Yara.  Si en 1992 Espinosa Domínguez y Pérez Coterillo abatieron su “embargo” con la antología de las dos orillas – con “Su cara mitad”– los lectores del siglo XXI encontrarán  “Exilio” en Teatro de la Revolución (Tablas Alarcos, 2012) y se preguntarán sobre su ejemplar recorrido. El destino de su obra se parece a los versos de Salmo...

Somos tu paisaje
 tu cielo
y tus palmas.
Al irnos nos volvemos tú.
Nadie te arranca.  

11/12/14

Yamil Cuéllar y su trío de fósforos

Con la seguridad y la naturalidad de un autor experimentado Yamil Cuéllar debuta con un libro-sorpresa con La caja de fósforos (Night Sun Ediciones, 2014). No se puede decir más con menos. Un libro para niños que leen los adultos con interés y que a través de sus dieciséis capítulos se mueve con ritmo a veces vertiginoso y otras más reposado por un mundo imaginativo, real y fantástico a la misma vez. Encontré a Yamil en la internet como actor, narrador y promotor. Me impresionó  cómo  empleaba su  tiempo libre en San Francisco en crear para este medio bellas adaptaciones de La Edad de Oro, de José Martí. Un actor que cuenta.
Después resultó que tenemos amistades comunes, intereses compartidos y que a su vez (cosa muy rara) el actor quería leer sobre la historia del teatro y la de Cuba en particular. Pero Yamil es escritor, no me cabe la menor duda y su relato  de tres fósforos (primos) cantantes y bailadores, llamados Tito, Cuco y Yuyo lo demuestra. Aventura o viaje iniciático, estos fósforos no quieren ser encendidos. Sin embargo, si la escritura es un don que no se ejercita en talleres literarios y es o no es, la relación con los objetos, la creencia de que una caja de fósforos puede ser un espejo, un barco o una golondrina, viene del teatro y  el narrador, a partir de la más leve y contundente materialidad, vuela y echa a volar a los lectores con  relaciones enrevesadas y sencillas entre los objetos que amamos y a veces desechamos. Un  zapato viejo o un globo, todo sirve al relato como al titititero le valen los dedos y las sombras. Como al mago, el sombrero. Si añado que la edición es escrupulosa (difícil no hallar en estos tiempos erratas en los libros) y el papel y la tipografía, preciosos, sólo me queda decir que las ilustraciones de Thays Valdivia, que  acompañan al libro con disimulo, como quien no quiere molestar, son eficaces a la historia y destacan por la belleza del trazo y por su falta de estridencia. Ninguno de los dos quiere decir llegué, estoy aquí,  sino entren, miren, lean, vengan con nosotros al viaje que – según la página 135 y la 137– será editado en inglés, tiene una versión digital y lo mejor, una segunda parte.

10/31/14

Centenario de Felipe

Para  conmemorar un centenario hay  que conocer la fecha de nacimiento del homenajeado  y la de Carlos Felipe está en entredicho. Es el 4 de noviembre pero según su hermana, la actriz Rosa Felipe,  nació en 1911 (el Archivo digital Cubano atesora un documento con su rectificación)  mientras que Escarpenter y otros lo sitúan en 1914.Y quizás ya alguien encontró el certificado de nacimiento para la celebración  ya que si no cumple 100, cumpliría 103 años o gracias a la repetición, damos por válida la fecha del catorce. Lo segundo, el nombre. Carlos Fernández Santana se supone su nombre  pero Rosa asegura fueron inscritos con el apellido del padre, Fremión Felipe, por lo que Felipe no es el apellido artístico sino el real. Armando Correa establece su nacimiento en 1914, en el barrio de Atarés y su primera obra La Gaceta del pueblo, a los doce años, inspirada en el personaje de una chismosa. También los Cid en Teatro contemporáneo de Aguilar (1962) Garzón Céspedes (1978) en la de Letras Cubanas y por supuesto la de Boulder (1988) lo ratifica.  Realizada por José A. Escarpenter y Madrigal, es la más completa hasta hoy, con tres obras inéditas –Esta noche en el bosque, Tambores y La bruja en el obenque– notas aclaratorias y un excelente estudio.
Así que  Felipe nació en el catorce y dentro de unos días, recordamos su centenario, no tan espectacular como el de Piñera, pero con más incentivo para investigar. Más de treinta años como empleado de la Aduana son demasiados para sostener una carrera dramatúrgica y la consiguió.  Premiado en varios concursos, antes del 59 estrenó El chino con ADAD, interpretada por Marisabel Sáenz y dirigida por Centeno y Aparicio. También  puso Tambores, cuyo estreno comentó Eduardo Manet. Eduardo Casado dirigió El travieso Jimmy para el Anfiteatro y Morín puso una sola noche, Capricho en rojo, con una crítica bastante ácida de Mario Rodríguez Alemán.  Y cuando Marisabel se embulló con Ladrillos de plata, el Instituto de Cultura la cancela por inmoral y se quedó con las ganas.  Lisia quería fundir su soledad con un albañil, dejar a sus hijos y huir de su hogar.

En los sesenta Feijóo le publica tres obras, Gilda Hernández le estrena Réquiem por Yarini en 1965, terminada en el 61 y empezada muchos años antes y obtiene gran éxito su espectáculo De película (trabajo de conjunto con los actores del Conjunto Dramático y el mimo francés Pierre Chaussat). Pero el éxito de Réquiem..., con tantas puestas y versiones, ha opacado la consideración de su teatro anterior.
El día 4 varios investigadores y dramaturgos lo recordarán en La Habana. En el aviso del Centro Dulce María Loynaz se habla de un Hernández por Fernández y se lo cataloga de  gran músico. ¿Son las letras de las canciones de De película,  suficientes para apreciarlo  así o es otro de los entredichos de este tal vez centenario y se ha descubierto que ese Carlos llamado Felipe, dejó también obras musicales?  El estribillo era muy pegajoso y cuando uno salía de Las Máscaras,  cantaba:

Acaba el cuento
Me voy p'al cine
Compadre, no me detengas
que lo que quiero es divertirme.

(Si mal no recuerdo con la música de "Juan Quiñones.")

6/15/14

Segundo tomo de Verycuetos

Fan de los Verycuetos,  de Juan Cueto-Roig,  no tengo mucho que añadir sobre su novedad, salvo  avisarles de la aparición del segundo y voluminoso tomo (Silueta, 599 páginas) con textos y mensajes sobre diversos tópicos de la cultura y la sociedad, artículos, entrevistas (Manuel Reguera Saumell) y presentaciones de libros, entre ellos, el de Martica Ruilópez sobre Los Martínez Casado  o las memorias de Yolanda Farr. Traducciones y opiniones, citas literarias y gastronómicas, poesía, reseñas de danza y teatro. Sin revisarlo en su totalidad, intuyo que el  comentario  político  tiene más presencia que en el volumen anterior así como la "respuesta" de lectores y amigos sobre  las dos ediciones de su excelente libro sobre Raquel Revuelta, ampliamente comentado en este blog. También, ocupan más espacio, las entrevistas realizadas al autor y las opiniones sobre su obra.
Hay autores que dejan a los demás la tarea de expurgar su papelería. Cueto-Roig nos ahorra el esfuerzo y nos brinda  como acabadas de salir del tintero conversaciones con amigos,  vivencias después de una entrevista, cartas y  hasta sus " sugerencias" a una escritora anónima. Conozco muy bien a la escritora, se benefició con la atenta lectura de Cueto-Roig de casi todos sus libros y le está muy agradecida,  aunque no aceptó todas sus proposiciones. Le deseo largo recorrido y permanencia a los esperados muy-cuetos.   

6/9/14

Un príncipe y un mar de Díaz Souza




El príncipe y el mar,
de Eddy Díaz Souza, ilustrado por Esperanza Vallejo en una bella edición de Panamericana en Colombia, es una nueva pieza dramática para niños del también director de Artefactus Project, cuyo blog nos tiene al día de acontecimientos teatrales y literarios.  Sus preocupaciones están emparentadas con su obra anterior, reseñada en este blog, (en la Flecha II) donde la poesía  se establece como el medio natural para hablar con el niño que somos y jugar con él a través de la magia de la representación. Su interés, en la era de la internet y los cuentos interactivos de los tablets, es el pequeño espectador y a él se dirige otra vez.
De ahí su  mezcla de  tópicos clásicos –del espejo mágico al disfraz medieval–  para hacer que los  padres se diviertan con su príncipe, el frágil y enfermizo Mariano. Sus corpulentos tronos conviven con el mosquitero de nailon, las sillas plásticas, el teléfono o el plumero pues los juegos de piratas y castillos no hacen más que ahuyentar al niño, en busca de aventuras de verdad. Hay una madre sobreprotectora, pariente de la que  en el teatro adulto es otra reina –la de Bachiche, de José Milián– quien infunde a Mariano miedos y terrores en aras de protegerlo de los riesgos del exterior, ya que  aunque el juego suceda en una barcaza en medio de la cama, al niño se le impide vivir sus experiencias y se le propone mirarlas  a través de un catalejo. Salvadora, llega la abuela  con ardides y sabiduría, los niños buscan debajo de sus asientos unas llaves (como Carucha Camejo invitaba a buscar la bota del cuento en el Guiñol de mis recuerdos), hay rejuegos con títeres, trompetas y redoblantes y el  mar es el  horizonte. Dice la nota de contraportada: "Una hermosa fábula sobre las relaciones entre padres e hijos y el derecho de los niños a imaginar y recorrer sus propios caminos".

Un análisis muy detallado el día de su presentación.

 

2/23/14

Las Tulas de Montes Huidobro

Retrato de Antonio María Esquivel tomado del blog La divina Tula, de mi preferencia.
La Avellaneda regresa  triunfante como personaje. Matías Montes Huidobro concibe La Avellaneda una y otra vez en siete partes que podrían funcionar como obras independientes o actos, entre ellas, un monólogo o unipersonal en el que Gertrudis dialoga con las cartas que escribe a Ignacio de Cepeda.  Prevalece en su arquitectura, una imagen majestuosa,  presidida por tres personajes, Tula, Gertrudis y la Peregrina, que  interactúan entre sí y con más de veinte caracteres, que, de acuerdo al autor, pueden reducirse  a doce y transitan una escenografía que a partir de un muro y una rampa,  abarca el espacio geográfico en el que vivió la Avellaneda. La idea de cubrir, historiar y documentar  una vida y una obra que se resisten a ser enmarcados, crea una tensión legítima entre la fidelidad al material  y a las extensas citas de la obra literaria de Tula y la plasmación de éste como carne y hueso en la escena y, sobre todo, lo más arriesgado, que Tula o las Tulas vivan en el escenario en su dimensión espiritual.  No creo que la extensión o las citas interfieran en que un director logre un  espectáculo, sino más bien que la ausencia de la «gran» biografía de la Avellaneda  obliga a casi todos los que emprenden llevarla a escena, a insistir en hechos  que podrían ser  sugeridos o esbozados en aras de aligerar y no solamente de ropas a este personaje-emblema cuyo bicentenario celebramos.  El autor lo consiguió en Un objeto del deseo, una pieza larga para tres personajes, José Martí, su esposa Carmen y Lucía, uno de sus personajes de ficción.

Sin embargo, es difícil que obras así lleguen a la escena. Pienso en La divina Fanny,  (1995) o Las tres partes del criollo (2003), de Antón Arrufat, nunca representadas, salvo la primera como ballet, a pesar de su excelencia y apuesto por nuevos  directores que no se asusten con los clásicos, con el teatro histórico ni con los extensos repartos. Piense el lector en los muchos  personajes de Calígula, de Camus y las reducidas dimensiones de una salita como Prometeo donde Morín la estrenó  o los montajes de Roberto Blanco, de Valle Inclán a María Antonia, de Eugenio Hernández. 
Montes Huidobro se propuso  unir  al estudioso y el dramaturgo, y envuelto en una capa, se presenta como el Autor que ironiza, comenta y se integra a la acción para develar una imagen multifacética, pasional y profunda, que se abre paso a pesar del peso de la Gertrudis grave y monumental. Sorprende un "juicio" ¿uno más? a la Avellaneda, en la tradición del enjuiciamiento de los bufos y Falsa alarma, con Fornaris, Portuondo, y hasta Piñera presentes en el tribunal y desde luego, su regreso a Cuba y la “coronación”, momento en el que al fin, las Tulas oyen un eficaz leit motiv sonoro, el repicar de las campanas de la Soledad.


La Avellaneda una y otra vez, Plaza Editorial, 2014. www.plazaeditorial.com


1/24/14

Teatro incompleto de Reguera Saumell

Releer el  teatro de Manuel Reguera Saumell es una deuda para muchos de nosotros. Conocido de manera incompleta, sus estrenos puntuales terminan con el de La soga al cuello, que Taller Dramático lleva a México en 1968 y aunque Recuerdos de Tulipa ha gozado de varios y una puesta en el cine y está antologada en Teatro cubano (Madrid, 1992),  nunca se ha reunido como una totalidad  a partir de El general Antonio estuvo aquí, ya que hay obras como Propiedad particular, estrenada en el Rita Montaner, cuyo libreto se presume perdido. Arquitecto y pintor, reacio a los grupos y los encasillamientos, su obra más reciente es narrativa. La Flecha... que dio breve noticia de sus méritos, sorprende a Manolo en Barcelona para hablar de su obra dramática mientras ojalá  él busque  en un altillo los manuscritos de las obras que necesitamos recuperar.

¿Cómo se acerca al teatro? ¿Desde la arquitectura?
Sara en el traspatio. 1959. Sala de Bellas Artes.


No creo que exista relación alguna, a menos que recurramos a la catalogación, que siento obsoleta, que se decía en mi época de estudiante de las "bellas artes", cuando se incluían arquitectura y literatura.  Yo había llegado a un acuerdo de horarios  con el Ministerio de la Construcción, que me ocupaba la mañana, y luego la sesión de la tarde la dedicaba a mi asesoría literaria en el Conjunto Dramático Nacional, lo cual me  facilitaba el tiempo necesario para escribir. No era la solución ideal, pero una dedicación total a mi principal interés no era posible entonces, al menos en mi caso. En aquella época, como en esta, “vivir del teatro”(exceptuando a los autores consagrados) era/es ardua tarea, pésimamente remunerada.
Eso explicaría, también, en que tener todo el tiempo ocupado, (y falta de interés, en verdad)  me impedía formar parte de grupos. Yo creo que con los dedos de la  mano podría contar las veces que visité la UNEAC de la calle 17.
Mis amistades íntimas entre los artistas se limitaban a Rine Leal, Rubén Vigón, Gilda Hernández, Gloria Parrado, Miriam Cabrera Infante (que aún mantengo), Piñera (éramos vecinos) y poco más. Me relacionaba con los actores del Conjunto Dramático y  con Carlos Felipe (a través de Rosa, su hermana), con Adolfo de Luis, Abelardo Estorino…

¿Cómo surge su primera obra, Sara en el traspatio?  Yo la siento deudora del teatro anterior, como el de Ramos, pero no la he releído completa porque jamás he encontrado la revista blanca donde apareció?  ¿Estaba completa allí?

Como te dije, mi amistad con Rine era entrañable. Asistí a sus cursos de la Academia [Municipal de Arte Dramático] (el de Estilografía teatral era soberbio, conservo  un ejemplar fotocopiado, a tu disposición) y  era muy amigo de Ingrid González, su mujer. Él  estaba al tanto de mi afición por la dramaturgia y me propuso que ampliara a tres actos una breve obrita que conocía sobre la vida en un central azucarero, para enviarla a un concurso de la Dirección Nacional de Cultura, de la que él era jurado. Lo hice y obtuve el premio.Cuando Rubén Vigón (también, jurado)  me propuso montarla, accedí sugiriendo a Rosa Felipe y Mary Munné como actrices (¡que acierto!). El resultado fue bueno, sobre todo de público, en el  teatro de Bellas Artes había colas. Fíjate que “Sara…” no es más que un culebrón tipo “novela del aire Palmolive” con ciertas pretensiones de autor (la misma intención que me llevo a escribir “El adolescente pálido” siglos más tarde). Aquellos culebrones a los cubanos les gustaban mucho. Y les siguen gustando.
Creo, como tú, que Sara… le debe mucho a la vena popular (¿populachera en mi caso?) de Ramos.
La obra fue publicada completa en la revista del “Centro Cubano del teatro del ITI” y tengo un ejemplar de dicha revista “blanca”. Puedo fotocopiar la pieza y enviártela si te interesa.

¿Estuvo satisfecho del montaje de sus piezas?

Del todo satisfecho. Rubén Vigón creó unas correctísimas puestas en escena tanto de Tulipa, como Sara…  y El general Antonio….  Y Adolfo de Luis lo mismo con La calma chicha, entre los mejores. Y desde luego conté con un plantel de actores de primera, imagínate reunir protagonistas de la talla de Idalia Anreus (Tulipa y La calma...) y Rosa Felipe  junto a Mary Munné en Sara….”, además de los personajes que intervinieron en La soga al cuello, Magali Boix, Eduardo Moure, Miguel Navarro, etc. Recuerdo una versión de Dumé de Tulipa... en la que Isaura Mendoza estaba espléndida. Luego, en Miami,  Eduardo Corbé, en una estupenda versión, utilizó a Isaura en el papel de La Barbuda. Si, miro atrás y me regocijo de lo que hicieron con mis obras en general.
En cuanto a la actualidad que puedan tener mis obras, me sincero contigo y creo que solo Tulipa .. conserva su vigencia. Carballido Rey, a quien conocí bien entonces, me decía que era una obra que lidiaba con la dignidad personal y eso no caduca. Las demás, están ¿fuera de época? No obstante, un director barcelonés recientemente se ha interesado en Sara…  porque insiste en que uno de los problemas más graves que tiene la actualidad española es el desalojo de familias de sus casas, en este caso al no poder afrontar las hipotecas bancarias.
En cuanto a las otras, te contaré una anécdota reciente. Un grupo teatral de Miami conectó conmigo porque estaba interesado en hacer un montaje que no fueran las ya representadas en Miami. Alentado por un elogio que me dedicó Montes Huidobro sobre El general Antonio… le envié un ejemplar. El director me respondió: “Saumell, sinceramente, ¿puedo montar una obra en Miami cuyo héroe es Fidel Castro?”
Pero tengo el consuelo de que “en su momento y en su lugar”, funcionaron todas bien.

1/22/14

Carlos A. Aguilera: Clausewitz y yo

Aviso 7

En diferentes formatos, la editorial Suburbano presenta este título de Carlos A. Aguilera, Clausewitz y yo, que según el autor, "es un libro sobre la violencia. La violencia que genera toda familia, y la violencia como hecho que está construido encima de una estética, de un placer, de un "territorio de goce". Como el hijo mata al padre, entonces hay parricidio (en el sentido doble del que habla Girard), y a la vez hay redención en este parricidio, ya que realizarlo significa una liberación y a la vez una prueba de la belleza escatológica que subyace -según este personaje- en todo gusto estético...



1/8/14

Rescate de San Duarsedo

El nombre de Eduardo Sans dice poco a la gente de teatro. Quizás sí a los cienfuegueros, ya que aunque muchos lo consideraron un revistero sin importancia, para otros fue el creador del ambiente teatral en Cienfuegos como cronista de espectáculos y por muchos años redactor, entre otros, del periódico local La Correspondencia así como corresponsal de otros periódicos. Como Zerep (Rafael Pérez Cabello) en 1898, recogió una mínima parte de sus crónicas o notas de prensa en su libro De las dos farsas, (Imprenta del Siglo XX, 1916), que me facilitó Lisley Peña Benavides, documentalista del Centro Yolanda Perdiguer del Teatro Terry y se encuentra en la Biblioteca Provincial de Cienfuegos.
Pequeña memoria del movimiento teatral local, lo califica en el prólogo el poeta Hilarión Cabrisas, quien cita elogios de sus compañeros de oficio, Luis G. Costi, Denis, y otros, que hoy apenas significan a los lectores. Nació en 1888 y firmaba San Duarsedo y aunque escribe desde 1902, el libro se redujo de cuatrocientas páginas a noventa y dos "por las dificultades que existen en este pueblo para editar".
Cuando seleccioné textos para Escritos de teatro: crónica, crítica y gacetilla, me pareció que Sans era un caso muy peculiar y su libro, como el de Zerep, debía ser rescatado en esas colecciones imaginarias de Ediciones de la Flecha que no hace falta imprimir, pues basta  digitalizar para los pocos estudiantes de Teatrología interesados por el pasado. De Zerep recogí algunas, las mejores, el libro está en Google y hay quien lo vende impreso, pero éste existe en pocas bibliotecas y publicar una o dos reseñas no le hacía justicia.
Sans reseñó todo lo que pasó por Cienfuegos en los primeros años de la República, figuras mayores y menores, de Ana Pávlova a María Guerrero, de Emma Calvé a Enrique Borrás, de las actuaciones de la compañía de Luisa Martínez Casado "enemiga del reclamo a bombo y platillo" a la inauguración del teatro Luisa (de su propiedad convertido en cine)  y los artistas que allí se presentaron (entre ellos, Esperanza Iris), los empresarios (Carlos Rafael Sanz) y el escenógrafo Miguel Lamoglia. Escribió sobre glorias locales como Arquímedes Pous, quien "nació para vivir entre las bambalinas como otros nacen para aburrir a los demás con su eterna ridiculez e insoportable grosería", pero lo más valioso y original para el estudio de la sensibilidad de una época, son sus reseñas sobre  coristas, cupletistas, bailarinas exóticas que ofrendan su pulga o sus lunares o sus «picos de paloma», de la Pepita Pupill, con sus ademanes peligrosos, a La Tirana, Alyna Lyna, Angelita Torrijos, la bella Oterito y tantas otras, así como los teatros de variedades y los ilusionistas.  Volveré sobre San Duarsedo. Lo leerán con más placer quienes se ocupan de las variedades y la sicalipsis.  Dijo que "la crítica teatral para ser sana y docta requiere antes que nada la ausencia de improvisación pues ésta trae desasosiegos e injusticias."

1/6/14

La Avellaneda de Montes Huidobro

No sé lo que nos deparará el bicentenario de la Avellaneda en términos de nuevas obras o reposición de las conocidas, pero ya hay una primicia de  La Avellaneda una y otra vez, de Matías Montes Huidobro, dada a conocer en el blog Gaspar, El Lugareño que por su interés reproduzco. Se suma a las de  Silvia Ramos, "Tula" , La peregrina, de Héctor Santiago y Magna Tula, de Pedro Monge Rafuls, entre las que recuerdo sin haber realizado una pesquisa. Pronto estará disponible en Amazon.  Ojalá se escenifiquen todas.

LA AVELLANEDA UNA Y OTRA VEZ
de Matías Montes Huidobro
(una secuencia de la obra)


(Al llegar al pie de la rampa, La Peregrina, Tula y Gertrudis, se abrazan y se miran).
GERTRUDIS: ¡No hemos cambiado nada!
TULA: ¡Somos las mismas!
PEREGRINA: Será el Infierno.
TULA: Será la paz de los sepulcros.
PEREGRINA: ¿Y el juicio?
TULA: ¿Pero habrá juicio?
PEREGRINA: Por supuesto.
TULA: ¿El juicio de quién?
PEREGRINA: De nosotras. De Gertrudis Gómez de Avellaneda.
GERTRUDIS: Pero, ¿quién planea tal cosa?
TULA: El Autor, posiblemente.
AUTOR: La posteridad.
GERTRUDIS: ¿Quién se atreve a juzgarme? ¿Quién puede hacer de juez? ¿Quién será el fiscal? ¿Quién se encargará de la defensa?
TULA: Será un juicio sumario.
AUTOR: Es inevitable, Gertrudis. ¿O es que tú crees que en el reino de los Cielos se entra así como así?
TULA: Habrá que esperar por San Pedro.
GERTRUDIS: Arregladas estamos, ¡porque si es el actor que venía a despedir el duelo!
TULA: El Autor nos ha metido en un callejón sin salida.
PEREGRINA: La muerte es un callejón sin salida.
GERTRUDIS: ¡La vida es un callejón sin salida! Pero estoy bien entrenada, y de esto me encargo yo. (Al Autor). Me vestí para la escena de la coronación, como en mis mejores tiempos, con todos los perifollos, y te bajaste con la escena del cementerio, para que ni asomara la cabeza. Y ahora planeas la del juicio. Como bien sabes yo estoy lista para lo que sea. Haz lo que quieras, porque estoy preparada para todo y mi papel me lo sé al dedillo. Pero la escena de la coronación va, aunque tengan que pasar por encima de mi cadáver.
AUTOR: Pensé eliminarla, porque era un poco rígida y tendría, además, que buscar un centenar de actores y, lo que es peor, llenar el teatro.
TULA: Aquello fue un éxito rotundo.
PEREGRINA: Tan apoteósico que me sentí deprimida.
GERTRUDIS: (Al Autor). ¿Y mi matrimonio con Verdugo? ¿Lo eliminaste porque era un militar español? Quiero advertirte que con él pasé los años más tranquilos de mi vida, y que en todo momento se portó como un caballero. ¡Ni un sí ni un no!
TULA: Sin la tentación de cometer alguna locura y sin la pejiguera de Cepeda, que finalmente se casó y nos lo quitamos del camino.
PEREGRINA: (A Gertrudis). No tuviste un minuto de descanso. Claro, escribías siempre, aunque fuera una fuente de dolor.
TULA: ¡Un concierto para sordos!
PEREGRINA: Una y otra vez…
GERTRUDIS: Hasta Verdugo fue objeto de un atentado en la acera izquierda entrando por la Puerta del Sol, entre las calles del Candil y de Rompeplazas.
PEREGRINA: Estuvo en peligro de muerte. Creía que el episodio de Sabater se repetía y que Verdugo se moría de un momento a otro, pero Dios oyó mis oraciones.
TULA: A su modo y manera, porque nunca se recuperó del todo.
PEREGRINA: Dios aprieta pero no ahoga.
GERTRUDIS: (Al Autor). Claro, todo eso lo has querido omitir…
AUTOR: Porque alarga la obra y no es posible meterlo todo.
GERTRUDIS: ¿Y por qué no? Mi vida fue así.
AUTOR: Eras responsable de tus actos.
GERTRUDIS: Pero no de la historia. ¿Qué culpa tenía yo de ella? Escribía. Eso era lo que sabía hacer y no iban a detenerme mis enemigos.
AUTOR: Todos los géneros literarios te eran válidos: novela, poesía, teatro…
GERTRUDIS: ¡Teatro! ¡Sobre todo, el teatro!
TULA: Se sacarán a relucir los trapos sucios.
GERTRUDIS: Porque si me acusa, es esencial que mis personajes tomen la palabra, para que ellos mismo me defiendan… Teatro dentro del teatro…
AUTOR: Tú nunca hiciste teatro dentro del teatro.
TASSARA: ¡Quién sabe!
GERTRUDIS: (Al Autor) Pero tú sí… De hecho, que se representen todas mis obras… y que la Real Academia de la Lengua Española me dé el lugar que me ha escatimado.
AUTOR: Se están recogiendo firmas.
GERTRUDIS: En contra de la voluntad de algunos, supongo: Vitier, Portuondo, Piñera, hasta Chacón y Calvo.
AUTOR: No te preocupes, porque todos están muertos.


1/2/14

Cercanos días de Teresa María Rojas

Aviso 6

 Sabía que llegó a los escenarios casi adolescente como actriz, que hace grandes personajes, ha sido maestra, directora  y profesora emérita, pero no que Teresa María Rojas cargaba con su violín de Ingres entre bastidores, tejía su poesía  mientras desmenuzaba un libreto o componía el personaje. Y de la misma manera que nunca supe qué decirle a un actor cuando llegaba al camerino despues de los aplausos ("memorable", "inolvidable") y por eso nunca subí a decirle nada a nadie, enmudezco con los libros de poesía que me gustan. Los días cercanos (257 páginas, Eriginal books, 2013) tiene  tres enjundiosas notas de solapa, una fotografía, un pie de foto y
muchos poemas nuevos y rescatados de libros anteriores. En esta entrevista de Marlene Moleón  lo explica en pocas palabras. El libro es sencillo, que no simple, es hondo, que es más que profundo, y sobre todo, llega tan sin pretensiones, tan despojado, tan sin falsas credenciales, en un mundo donde pareciera que las condecoraciones y los grandes gestos han suplantado  la belleza de lo que  González-Esteva llama "brotes" soplados por un ángel, o quizás algún travieso eolo que ha alborotado los rizos y las palabras. La fotografía dice: "Teresa es habanera, pero piensa que todo el mundo es su pariente". Un libro que tiene y tendrá mucha aceptación. 
Fotografía de Eriginal Books

Lectura en la feria del libro
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12/23/13

Mariposas de la guerra


Aviso 5

Mariposas, de Grethel Delgado Álvarez  aborda a través de alusiones, asociaciones y nunca de manera directa el tema de la guerra civil española a través de una "madrina de la guerra", cuyas cartas animaron a los soldados en la lucha con palabras de consuelo y solidaridad. Grethel la ha reescrito  a partir del libro de Manuel de Ramón y Carmen Ortiz Madrinas de guerra. Cartas desde el frente y las presenta como "material didascálico" , pórtico antes de cada escena. Será  utilizado por el director.
Lo restante es el imaginario de una "margarita", situada en cualquiera de los bandos del conflicto, y la creación de un tejido de imágenes poéticas y plásticas fugitivas, que no narran una historia de principio a fin y funcionan  a manera de óleos, estampas, bocetos y dibujos en la difícil conjunción entre peripecia y poesía dentro del escenario de la guerra. Editada por Pinos Nuevos, 2011, portada de Cirenaica Moreira. Delgado es  autora de Mi familia ideal (premiada por la Casa del Teatro en República Dominicana) e incluida en Isla teatral, un libro comentado antes y que ha vuelto a estar disponible en Amazon.