Ediciones de la Flecha

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Un nuevo libro
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6/25/14

Las de enfrente de Rolando Ferrer (1964)

Raquel Revuelta y Herminia Sánchez
La fotografía pertenece a Las de enfrente, de Rolando Ferrer, que compartió un programa en Teatro Estudio con La repetición, de Antón Arrufat, dirigidas por Rebeca Morales en 1964. Si la pieza de Arrufat ha conocido reediciones y alguna representación posterior, la de Ferrer es bastante desconocida y eso que abría un camino diferente para sus piezas en un acto. Aunque se concentra como Lila, la mariposa y La hija de Nacho, en mujeres fuertes a partir de un entramado épico (trasposición  de los elementos técnicos del "distanciamiento" brechtiano, un narrador y proyecciones cinematográficas),  su utilización indicaba una mirada irónica y un rompimiento. Un  narrador dice  “Faltan dos escenas de la clandestinidad, y tengo que sufrirlas y hacérselas sufrir a ustedes, ah, y esa horrorosa escena del descaro, de la desfachatez, de la corrupción…”. Mientras,  proponía un fresco de la historia cubana desde el gobierno de Menocal a 1959. Dos Marías blancas y dos Juanas negras viven frente a frente, la más rica y la más pobre, pero no se atreven a cruzar la calle. Cruzar es algo más que una acción física. Es aceptar, convivir, entender la diferencia por el origen social y por el color de la piel. El mundo blanco es el matrimonio, los  vestidos, los figurines,  aprender  inglés y bailar el fox, mientras el de la Juana negra es ser maestra y ver a Luz Gil.
 Cuando la leí  no recordaba demasiado la puesta ni las actrices que la interpretaron (Raquel Revuelta, Herminia Sánchez, Silvia Planas, Dania Guerra)  pero al releer una crítica de la época, constato que cuando se representó, el elemento racial no era importante ya que el "dolor las identifica y la Revolución las sitúa en una clase única". Ferrer acierta al denunciar la distancia racial entre sus mujeres, un tema que   será tabú.
Mucho antes, en 1959, Severo Sarduy, muy ligado a la gente de teatro, en Lunes, al escribir sobre La taza de café en un medio  "bochornosamente frívolo y comercial", destaca que el planteamiento de Ferrer en casi todas sus obras era poner en boca de los personajes negros, el deseo de superación de la raza como totalidad y descubrir las limitaciones que lo impiden. La obra recorrió el país, fue aplaudida, era una integración completa de público y escena (Sarduy) mientras Las de enfrente espera por volver a escena.

5/7/11

Nicolás Dorr : una edición de El Puente (1963)

Nicolás Dorr iluminó con su impronta el teatro de los sesenta hasta hoy. Esta edición de El Puente 1963 de su Teatro está digitalizada en la Digital Library of the Caribbean (Florida) para suerte de los estudiosos. Lo presenta  Osvaldo Dragún. A mi vez quise aportar un volante, que se repartía al público en la puesta en escena de La esquina de los consejales, realizada en Isla de Pinos, con actores aficionados. En mi cajita estará el programa.

Enlace al libro 
Programa de mis aficionados en la Isla de la Juventud

4/25/11

Guajira de Pineda Barnet

 Para Sacha Calzatti, operador de cámara de Soy Cuba.


No quería interrumpir a Enrique, que prepara su película Verde verde, pero me comía también a mí la curiosidad que comparten los muchos fans de  Soy Cuba (1964). Y aunque Vicente Ferraz, que dirigió El mamut siberiano me dijo lo mismo, sin entrar en detalles, interrumpí a Enrique Pineda Barnet.  ¿De quién es la letra y la música de una de las escenas más recordadas de la película, en la que después que el  padre de Teresa pierde sus tierras y su casa, "vendidas" a la United, los jóvenes van al pueblo y bailan muy felices con la música de una victrola? La victrola se cita siempre como símbolo de la visión  de los Estados Unidos que ofrece la cinta.  
Enrique Pineda Barnet,  director de tantas películas y documentales cubanos, entre ellos La bella del Alhambra es el  co-autor del guión de Soy Cuba, con el poeta ruso Evgueni Evtushenko. " La autoría de 'Vámonos para la ciudad (ven guajira)', es mía. Todos los textos de las canciones de Soy Cuba son mis textos y la música es de Carlos Fariñas. La guajira está  un poco inspirada en  Guillén y Zacarías Tallet.  Me refiero al estilo. Es la estructura de una guajira. Kalatozov quería, como siempre,  algo nacional y universal,  contemporáneo e intemporal . 
Este es el texto.

Vámonos, ven guajira, vámonos para La Habana,
vámonos, ven guajira, vámonos para La Habana,
vámonos, ven guajira,
arranca pa la ciudad.

A mí me gusta el guateque
y echarle a mi gallo ron
la hamaca en el bajareque
y tu cintura con son.

El vaivén de tu cintura
tiene mejor el sabor
tiene la fruta madura
al golpe de mi pilón.
Amárrate la montura
para montarte en el son.

(ESTRIBILLO):
Vámonos, ven guajira
Vámonos para La Habana
Vámonos, ven guajira
Arranca pa la ciudad.

La música es de Carlos Fariñas y lo que falta saber es qué conjunto la interpreta, ya que no está  acreditado en la película. Según Barnet, Milestone le ha preguntado lo mismo, y con seguridad, las correcciones aparecerán en sus nuevas versiones, donde espero se escriba correctamente  Salvador Wood, Rosendo Lamadrid y así otros nombres de los créditos.

4/8/11

Héctor Quintero: la libertad de soñar

Ignacio Gutiérrez en primer plano y Quintero
Héctor Quintero hizo tantas cosas en el teatro  (actor, director, dramaturgo, guionista radial y cinematográfico, narrador de documentales y obras sinfónicas, crítico y antologador ocasional, creador de espectáculos musicales y revistas, animador de tertulias) aparte de las nominaciones oficiales, director del Teatro Musical de la Habana, ejecutivo de la UNEAC,  presidente  del comité de teatro musical y del Centro Cubano del Instituto Internacional del Teatro, que no hay obituario que abarque  su extensa y sorprendente obra, siempre fiel a una de sus frases: "prefiero hablar de la Loma del Burro que de los Campos Elíseos". Y habló de la loma  pero llegó a Francia  donde gustó al jurado internacional que le otorgó en  1968 el galardón del ITI,  que consistió en la traducción a varios idiomas de El premio flaco, con su mezcla de absurdo y comedia sentimental-grotesca, que también le interesó a Luibimov que la vio representada en La Habana por Candita Quintana. Según Amado del Pino que lo entendió y admiró, su obra más perdurable. La noticia de su muerte, por inesperada, duele más, porque Héctor -con 68 años-  podía darnos más, ya que a pesar de sus dolencias y de no estar muy "inspirado",  acababa de re-estrenar en La Habana su obra sobre Bola, representada primero en el teatro Gala de Washington, que hizo otros títulos suyos.
Guardo conmigo un Quintero muy especial, caballeroso y amable, doméstico e imprevisible que lo mismo admiraba la zarzuela y el music hall  que nos impresionaba con una entrevista a Heiner Müller a quien celebró su cumpleaños en la isla. En los viajes, camino a alguna reunión del ITI,  podía decir ¿trajiste tu chambrita? como cualquiera de sus queridos personajes. Aunque  identificada con el "teatro nuevo" mientras Quintero era el bastión del teatro que prefería llamar, de formas clásicas, conversamos mucho, sobre todo en 1996, cuando integró el jurado del Premio Casa y se sintió tan feliz que volvió a las andadas. Una nueva obra larga: Te sigo esperando, que describe los tristes noventa en los avatares de una dirigente cuadrada, su padre y una fauna de vividores. Mientras casi todas sus obras terminan con un final abierto de cierto optimismo, Teté sigue con el mismo hueco de su ventana contra el que lanza un cubo de agua. Un rayo de luz entra hacia el público.  Se inscribe también en el que se ha llamado su teatro mayor, en el que retrata la voluntad de la gente común y más simple, su particular comedia de la pobreza. Con la muerte de Héctor, se acaba parte del teatro que nos ilusionó. Uno de los  grandes, queda en sus creaciones  y  junto a su hermana Yolanda y Marta Viera, su madre, que se fue antes, lo lloramos sus compañeros del teatro y también Esperanza Mayor, Lala Fundora, Teté Mondragón e  Iluminada Pacheco. Pero sobre todo, el público, que lo dejó soñar.


El programa de Sábado corto estará en mi cajita. En la fotografía, Corina Mestre, que encarnó a Teté Mondragón en la puesta de Teatro Estudio.

Sábado corto. Programa. I 

Sábado corto. Programa. II

Nota: Cuando hay alguna entrada que se lee más de lo acostumbrado, la reviso pero  no he podido arreglar en ésta la inconsistencia del tamaño de la letra. También avisarles que los programas no están en mi cajita porque un anónimo denunció una violación de sus derechos de autor con el programa de Fuenteovejuna,  por lo que,  desprotegida desde un blog, saqué con gran pesar, programas y otros. Se podría documentar que el programa pertenecía en todo caso al Consejo Nacional de Cultura, que no existe, pero intentarlo es entablar una batalla legal que no es del caso pues hay Archivos como el Digital Cubano que con toda propiedad protegen los documentos y los preservan. Pienso que cualquiera que haya sido perdió más porque en este blog  cualquier investigador o interesado podría servirse de él. Mi cajita se empobreció y nada más que la uso  para mis documentos.
P.D. Al fin arreglé la tipografía. Ojalá los que llegan revisen otras entradas relativas al Centro Cubano del ITI que no comenzó con Quintero, sino con Morín y en el que fungió más de quince años como presidente, el dramaturgo Ignacio Gutiérrez que acompaña a Quintero en la fotografía.  

3/24/11

Pequeña crónica de Humberto Solás

Para recordar a Humberto Solás, he guardado en box net una crónica de Eduardo Manet de 1966 sobre dos documentales,  El ring, de Oscar Valdés y Pequeña crónica, de Humberto Solás, de los que no se habla mucho. Pequeña crónica me conmovió siempre aunque no lo he vuelto a ver nunca más. Manet lo explica mejor en su nota. Es un recorte, tal y como lo he conservado, porque Olguita, instructora de arte, murió en un accidente en Fomento en 1963 - el personaje ausente del relato-  fue una compañera y una amiga  y porque esta escribana es una de las tres o cuatro jóvenes que aparecen en el documental y la ven quedarse atrás mientras su madre cumplía su tarea en los bosques. Olga en el documental como en Manuela es una actriz natural y Humberto testimonió  más allá  su tragedia personal. ¿Por qué no se exhibe nunca la obra documental de Solás? ¿y la de Oscar Valdés?
La ilustración, muy poco conocida, pertenece a una edición que me regalaron en  La Habana de los trabajos manuales de Humberto Solás.
Identidicada como trabajo manual 1, Humberto Solás, Técnica mixta.

2/25/11

Tomás González: no dejo de trabajar

 Con este breve  intercambio de emilios en el  2006 me sumo al recuerdo de Tomás González que le dedicaron sus compañeros en Miami. De Tomás, como le ocurre a tantos dramaturgos cubanos, conocemos la parte más visible del iceberg, pero no la totalidad que es casi inabarcable. Después compré el libro de Letras Cubanas y escribí  "Tomás González en su oráculo", que estuvo en Scribd y se integrará al que escribo mientras se rescatarán nuevas obras de su prolífica labor. " De salud no muy bien, pero no dejo de trabajar". Junto con el emilio, me acompañaba dos textos y un largo curriculum. Por suerte sus obras siguen en los repertorios y habrá Tomás González por mucho rato.


Estimadísima y generosa amiga: De salud no muy bien; pero no dejo de trabajar. Ya salió mi libro en La Habana se titula El bello arte de ser, y contiene la obra que da nombre al libro; La artista desconocida; El viaje en círculo, Delirios y visiones de José Jacinto Milanés; y la de más interés para el período que estudias, Yago tiene feeling (1963, Sala Las Máscaras) que unida a Otelo vino en charter (escrita veinte años después) componen El Camino del Medio.
Mis primeras obras están fechadas a partir de 1960 y ellas son El trapo sobre el muro; El monstruo; Eclipse y tú lo sabes; El camarada (Premio Concurso de obras para teatro rural); El procedmiento; Agamenón de Santa Clara; La viuda en deshabillé (Mención del Concurso Nacional de Teatro, 1963); Oshún Panchágara (perdidas estas dos últimas en una quema de obras del CNC). Aún no he recibido ninguno de los ejemplares que me tiene que dar Letras Cubanas. La edición y corrección estuvo a cargo de Mayra Hernández, esposa de Waldo González. Creo que puedes entrar por Google donde hay toda una información online. Leí que estaba registrado el libro en la Universidad de Miami. Si hubiera tenido los cinco ejemplares que se suponen me deben dar, te lo hubiese enviado. El libro está ya en librería. Bueno, sin más por el momento, un abrazo. Tomás


From: "Rosa Ileana"
To: Tomás González
Subject: obras
Date: Mon, 28 Aug 2006 11:02:06 -0700

Estimado Tomás: Espero que te encuentres bien de salud. Hace tiempo que no sé de ti -- a través de las intrincadas redes de internet-- como me dice Salvador Lemis. Te escribo porque estoy terminando mi libro sobre la dramaturgia cubana (1900-1964) y no he podido localizar ningún texto tuyo de ese periodo. La última vez me escribiste que el libro salía en La Habana. ¿Salió finalmente? He mandado a averiguar con todos los que debían saber y no he tenido respuesta. Si es así ¿incluye obras de ese periodo? Es posible que esté en librerías y no me haya enterado, me mandaron el de Milián, pero no el tuyo. Si eres tan amable y puedes decirme algo al respecto, te estoy muy agradecida. Quiero intentar que estén todos, si es posible. Por lo demás, de verdad que como siempre, te deseo lo mejor y ojalá no perdamos el contacto pues éste es un nuevo e-mail que mandé en su oportunidad a todos, pero nunca se sabe si no te llegó.
 
Muchos saludos y cariños de,
 
Rosa Ileana

4/21/10

Montes Huidobro: dos obras de los sesenta

Matías Montes Huidobro lee mañana, en Miami, donde reside, dos de sus piezas de los sesenta, en un ciclo cuyos detalles se encuentran en el blog del Instituto Cultural René Ariza.  La autora de La Flecha adelanta un texto-en progreso, que integrará con ayuda de los dioses, el segundo tomo de El enigma de la leontina, hasta ahora titulado Viaje al teatro cubano (1960-1985).

Si en Los acosados… una luz extraña indica que subirá el coste de la electricidad y los cobradores acosarán a la pareja a perpetuidad en espiral repetitiva; en Gas en los poros, (1960) de Matías Montes Huidobro, abrir la ventana y permitir la entrada de aire limpio es símil de  libertad. Madre e Hija tratan de exorcizar el pasado en un espacio cerrado, mediante una escena de «teatro en el teatro». A la vista del público, hay una ventana imaginaria. Como en Las criadas, de Genet, que Francisco Morín estrena en 1954, Madre e Hija intercambian acusaciones y culpabilidades en el procedimiento víctima-verdugo. La historia no se cuenta de manera coherente, sólo mediante atisbos. La Madre alquilaba su sótano como sitio de tortura y es cómplice de crímenes y asesinatos. Ahora existe un muro, pero la hija recuerda, aunque la Madre persista en contaminarla: “Estabas al tanto de todo. Sabías tanto como yo” (1991,112). “El pasado es un cadáver que apesta y tú y yo pertenecemos al pasado” Pero la madre se justifica… “ellos tenían las armas en la mano”, porque “alguien tenía que mantener en pie esta casa”. Pero la hija (de la que se conoce todavía menos), educada a la antigua, enfermiza,  recibía clases de piano y fue a un colegio de monjas, quiere saberlo todo, e intenta salir del encierro y como Luz Marina, respirar el aire fresco. Asfixiadas en una atmósfera de miedo y pesadilla, el recuerdo del sótano se hace visceral.

La hija. ¿En dónde me has encerrado, mamá? ¿En qué cárcel he vivido durante todos estos años? (113).

La cárcel se extiende a la existencia. La obra articula el intercambio de acusaciones con las secuencias de “Había una vez”, que como en los cuentos infantiles, narra las distintas versiones que se ofrecen del pasado, en  teatro dentro del teatro. Entra la «vieja camarilla»: el General, el Alcalde, el Senador, el Jefe de la Policía y se teatraliza la escena en la cual La hija presencia la violencia del sótano: “aquella descarga inesperada de ametralladoras, cerrada” (114). La Madre interpreta el papel del Sr. Ministro. “Aquí no ha pasado nada”, y ambas incorporan diferentes personajes, anticipo del profuso intercambio de roles de La noche de los asesinos.  Sólo que aquí la representación no es para saber la verdad como en El chino, de Carlos Felipe, sino para ocultarla. «Todo ha cambiado» y «esta casa no es la misma de antes». La Madre no tolera que la Hija improvise y agregue palabras de más. La historia tiene que ser disfrazada, la verdad debe ser sepultada. En su delirio, la Madre actúa como si nada hubiese cambiado. Pero la Hija oye palabras nuevas y quiere entender.

La madre. (Amenazante). Esas palabras se las dirás una a una al jefe de la policía.
La hija. El jefe de la policía está muerto.  Ha sido ametrallado, mamá. (118)


Gas en los poros remite al contexto de los primeros primeros años de la Revolución en los que se castiga a los criminales de la dictadura. Acorraladas y acosadas, la madre no se comunica con el exterior y la hija la acusa de estar contra los jóvenes “culpables del heroísmo”. Y aunque su lectura ideológica no ha sido la más frecuente, se inserta con valentía en el tema de los sesenta. Por una parte, una obra de la memoria (“el olvido tiene una memoria que se clava en el recuerdo y tiene que salir” (117) y por otra, de la responsabilidad y complicidad con el régimen anterior como en El hombre inmaculado, (1959)  de Ramón Ferreira,  un torturador. Se insiste en que después de consumada la violencia, el ejercicio de la libertad no será fácil ya que nació escondida en las mazmorras y está hecha de míseros ocultamientos y egoísmo.
La tercera secuencia de “Había una vez” es más enigmática, se refiere a una tercera persona: una vecina se escapa y una abuela autoritaria da bastonazos en el piso. La Madre incorpora a la abuela déspota: “Que les quemen las cañas, que arda todo, que no quede más que ceniza y sal” (121). La hija identifica la tiránica abuela con su madre y  “cansada de aquellos siglos de opresión, de silencio” envenena una copa de vino –que acaricia como un cáliz—  especie de ceremonia ritual, y  se la ofrece. Y al fin, abre la ventana.

La madre. ¡Me asfixio¡ ¡Necesito un poco de aire¡
La hija. Abriré la ventana.
La madre. ¡Abrela, ábrela al fin¡ ¡Tu libertad no te será fácil¡
La hija. Es cierto. Todos lo sabemos (123)

El último bocadillo la deja abierta a más de una interpretación, y la desenmarca de otras obras suyas de adhesión entusiasta aunque “cautelosa” como La botija (1960) y El tiro por la culata (1961). Los acosados se estrena junto a La botija ya que era habitual que en los programas de piezas cortas, se representara una obra de afirmación y apología, y otra de urgencia y agitación.

4/13/10

El libreto de Laura Zarrabeitia

Hace muchos meses, interesada en conocer más de las puestas de Aire frío, de Virgilio Piñera, a propósito de la tan comentada de  Teatro Avante, de Miami, en versión de Raquel Carrió, pregunté a Laura Zarrabeitia, actriz que realizó en su estreno de 1962 el personaje Ana, en la puesta de Humberto Arenal. Laura, muy joven entonces, tuvo que caracterizar a una mujer de cincuenta años. Ahora Zarrabeitia - que  no actúa de manera regular- después de una exitosa carrera en Cuba y Venezuela, aporta sus conocimientos y recuerdos a la reconstrucción de la escena cubana, que es un empeño mayor. Ella es una protagonista de los sesenta, no sólo por su trabajo como actriz, que llenaría  un capítulo, sino porque aporta una visión desde dentro de las bambalinas, que no es la que brindamos  los críticos o outsiders.

Eddy Díaz Souza, dramaturgo y director, digitalizó el libreto de Laura, (en realidad, su primera edición realizada por Escena Cubana, colección de Paco Alfonso en 1959), un año antes de la salida de su Teatro completo. Gracias a los dos, hoy podemos revisar un  libreto, manoseado, tachado, corregido, y preservado por Laura, que dice muchísimo sobre los primeros "cortes" que se hacen a la obra, hechos por el propio autor, que desconfiaba si el público soportaría su extensión y  arrancó de un tajazo parlamentos de Ana, demasiado melodramáticos o de novelón. El protagonismo de la Madre fue cediendo paso y en algunas puestas, por desgracia, se convierte en un personaje menor frente a la fuerza avasalladora de Luz Marina.
Laura  no sólo ha sido la intérprete de esta puesta memorable sino de muchas otras que configuran una imagen de los sesenta. Miembro de Teatro Estudio, estudia en San Alejandro y en la academia de Actuación del grupo  y participa dentro y fuera del escenario en muchas de sus puestas, entre ellas El alma buena de Se-Chuan. En 1961 hace  Las pericas, de Nicolás Dorr, dirigida por su hermano Nelson, con Nancy Fernández Novo, en la sala Arlequín y todavía recuerda la agitación del público con aquel "Arroz con frijoles" del non sense y el bufo criollo. Y tiempo después, en muchos montajes del Guiñol Nacional en la etapa de los Camejo-Carril, dentro y fuera del retablo, como La loca de Chaillot.
Mi trabajo sobre Aire frío se ha demorado. Y a lo mejor, en realidad, no aporta demasiado. Pero lo que de manera provisional he llamado el libreto de Laura,  reconstruido gracias a Eddy,  servirá para llenar cuartillas de especulaciones e hipótesis. Como se han aventurado muchos con las diferencias entre las «copias» de los manuscritos lorquianos, Piñera ofrece también muchas posibilidades de estudio a partir de un manuscrito que testimonia la  relación viva de un texto con sus intérpretes.
Mientras futuros archivos acogen el texto, aquí está  esta  primera "versión" de Aire frío, que documenta  el libreto de Laura.
Fotografías de la puesta de 1962 del archivo de Zarrabeitia con Angel Espasande.
Mi programa de mano de la puesta.

Libreto de Laura Zarrabeitia digitalizado por Díaz Souza



3/27/10

Protagonistas de los sesenta (II) Raquel otra vez

Conocí bastante poco a Raquel Revuelta para mi desgracia y vivimos juntas algunos momentos no particularmente gratos.
Yo regresaba de Madrid, no tenía trabajo - me habían cesado como diplomática por causas que no vienen a cuento explicar ahora- y  ella estaba al frente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Entre sus medidas,  sustituía  a la directora que me reemplazó en la revista que fundamos. Me recibió muy amable en la casona de Línea y con un cigarro en la mano,  me dijo " tienes trabajo allí, pero eso es una mediocridad".
 Raquel, le digo, ¿si usted me dice que es una mediocridad cómo cree que puedo aceptarlo?.
Y algo se creó entre nosotras, yo que la admiraba desde niña, intenté escribir su biografía y la había entrevistado en dos ocasiones.
Me cuesta trabajo imaginar a Raquel de casa en casa, con el libreto de Los siete contra Tebas en la mano, con anotaciones llenas de faltas de ortografía.. A Raquel  solicitando   represión contra el dramaturgo. No lo pongo en duda, lo dice el autor que lo sufrió. Y más difícil se me hace pensar que una mujer sola -por poderosa que ésta sea- y Raquel lo era, no por gusto muchos la conocían como la "doña", que luchó con su prestigio contra la parametración, sacó gente de las cárceles  y salvó a muchos del ostracismo, refugiados en Teatro Estudio, pueda ella sola, condenar a alguien a la oscuridad por catorce años como ocurrió con Arrufat. No  habla de política cultural, dirigentes incapaces, decisiones erradas, coyunturas históricas, situaciones deplorables, ni siquiera de la maquinaria del estado   sino sólo del inmenso poder aniquilador de los Revuelta. Y más ajeno me resulta que Vicente - que está demostrado  casi nunca se interesó por los autores cubanos o sólo como excepción- se empeñase con ese fanatismo contra  un texto. Ya había leído esta versión en la entrevista de Jesús Barquet, publicada en Encuentro.... hace muchos años. Oírla en la voz de Arrufat, en vivo, y con Raquel en la tumba,  me ha parecido de los momentos más tristes de esta jornada de hoy.
Pero sé que algunos tienen la misión de aguarnos  la fiesta.

3/10/10

Los sesenta

Celebrarán en Miami el día 27 de marzo la conferencia "Protagonistas de los sesenta" y la Flecha .. se dispone a publicar materiales relativos a esos años para contribuir a su necesario estudio y valoración. Entre sus invitados está Rafael Mirabal, autor de la escenografía de Fuenteovejuna, de Lope de Vega, puesta de Vicente Revuelta con Teatro Estudio (1963) en el teatro Mella cuyo detallado programa de mano fue realizado por Villa y está incompleto en mi cajita.

Programa de Fuenteovejuna
Agradecimientos a Juan Cueto Roig