Ediciones de la Flecha

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5/24/09

Luisa (I)


Hace tiempo que me intriga la escasísima atención prodigada a Luisa Martínez Casado (1860-1925), actriz cienfueguera, vigente desde que a los tres años pisa un escenario, a los nueve recibe su primer elogio en la prensa, hasta que se recluye en su ciudad natal a la muerte de Isaac Puga, actor cómico, esposo y empresario. Creó una compañía y puso el apellido Martínez Casado en alto no sólo en España sino en Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela y sobre todo, en México. Mientras existen libros sobre ópera italiana, artículos sobre las visitas de Sarah Bernhardt, Adah Menken o Fanny (Arrufat escribe La divina Fanny), se le rinde tributo a Eleonora Duse, existen páginas enteras sobre la rivalidad Galino–Gamborino y sobre cuanto actor o actriz extranjero pisa La Habana, esta bella, esbelta y estupenda actriz - de la que se dijo, "la primera actriz del mundo", cuenta, que yo sepa, con un esbozo biográfico de monseñor Eduardo Martínez Dalmau (1948) y para de contar.
Rine Leal – pródigo en detalles de Luisa en el segundo tomo de La selva oscura– consultó un manuscrito inédito de Luis Martínez Casado. Ojalá exista o esté en camino una biografía actual de Luisa.
Para los que intenten conocerla, en la biblioteca de Harvard atesoran, en versión digital, el folleto Juicios que la prensa de varios países ha dispensado a la compañía dramática española Luisa Martínez Casado. Tipografía La Universal, Tabasco, 1896, que comenté en La flecha II, pero ahora he releído y anotado y que reseña las críticas de sus actuaciones. Casi todas son elogios. También se relaciona su repertorio y –un detalle curioso– le da crédito a los traductores de sus textos, como Don Ventura de la Vega, que tradujo a Scribe, lo que habla ya –antes de Puga– de su precisa organización empresarial. El original catalán de María Rosa, de Guimerá, por ejemplo, fue traducido por José Echegaray, que sucumbe ante la belleza y el talento de Luisita y le escribe su primer personaje de importancia como dama joven en “Mar sin orillas”, recién llegada a la península.

Su único descalabro parece haber sido el Hamlet que hace con Burón, fracaso en La Habana, a su regreso según el Diario de La Marina. El biógrafo tiene que admirar muchísimo a Luisita, como la llama Rine, que la chiquea y disminuye sin querer, porque crea una compañía "española" en medio de la lucha por la independencia y se mantiene fiel al teatro mientras se encendía la hoguera. Pero valdría la pena descubrirla en su interior, más allá de la fervorosa católica, "artista y santa", a la que desde niña corresponde cuidar del “gorrión” en la enardecida obra en defensa de los voluntarios que su padre le escribe. ¿Algún día conoceremos a Luisa, librada del oropel romántico? Luisa que vira al revés un vestido para debutar en España. Luisa que elige “hacer las Américas” en lugar de continuar allí una vida de éxito y seguridad.
Incidentes sobran en la vida de Luisa que logró en tiempos de difícil comunicación, continuadas travesías con su familia y un amplio repertorio, pues como se señala en el folleto de Tabasco, se preciaba de no repetir función alguna. Luisa, que a finales del XIX actúa con su compañía en casi todos los poblados de Cuba. Luisa, todavía tan desconocida y solitaria.

Con permiso de Harvard, pensé que a muchos nos gustaría tener un autógrafo de Luisa que dedicó un ejemplar del folleto de Tabasco a la Sra. Doña Francisca Echemendía, en Santiago de Cuba, 1897.

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