Ediciones de la Flecha

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5/29/09

Adah Menken y Zenea

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Infelicia By Adah Isaacs Menken

Adah Menken y Juan Clemente se conocieron cuando ella no había tenido oportunidad de reinventarse. No era todavía Menken. Era Adah Bertha Theodore, nacida en Nueva Orleáns de una madre mestiza y un hombre de piel negra, Auguste Theodore. Bailaba con su hermana en La Habana, y Zenea la encuentra, porque como periodista –narra Enrique Piñeyro– entraba entre bastidores en el Teatro Tacón. Después se llamará a sí misma “La reina de la plaza”. En 1859 apareció en Broadway en El espía francés.

Por eso es que en la cuantiosa bibliografía sobre la estrella, poeta, teatrera, acróbata, la actriz más cotizada de su época, en la leyenda reinterpretada hasta el infinito, apenas hay espacio para el romántico, elegíaco poeta cubano que la amó toda la vida y la recordó, sobre todo en la celda de su castigo final. Pero en el mundo que Adah comparte con Walt Whitman, Charles Dickens, Dante Gabriel Rossetti, Alejandro Dumas, y Algernon Swinburne, difícilmente hay lugar para un flechazo adolescente. ¿Qué es la relación Adah–Zenea en comparación con cuatro matrimonios y affairs, y obras a caballo, desnuda, ecuestre, Mazeppa? Y una voluntad de dejar constancia, documentar y archivar que para algunos estudiosos anticipa la era de las estrellas. Su retrato con Dumas fue un escándalo.
Pero quizás por eso la sobrevivencia del mito Menken es más escalofriante, sobre todo al releer La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea, de Abilio Estévez, que los reúne vigilados por un carcelero.
Qué fría y calculadora y célebre se nos ha vuelto la Menken de los biógrafos y qué dulce, frágil e indefenso el poeta de “Fidelia”.

Aquí está su retrato con Dumas. En este libro, entre tantos, se revisitan sus inesperadas personas y su atractivo como estrella.
En la obra de Abilio, como en el imaginario cubano, Zenea regala siemprevivas a Menken.

Performing Menken: Adah Isaacs Menken and the Birth of American Celebrity, Cambridge University Press, 2003.

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