Ediciones de la Flecha

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4/3/12

Barrientos y Varela: otra cuarta pared

Fotografía : Tersites Domilo
Imagino que ustedes sienten la misma frustración que yo cuando entran y no hay nada nuevo que leer. A muchos de mis enlaces les sucede algo parecido por la poca frecuencia con la que se actualizan, pero no es posible escribir por escribir. Sin embargo, hay mucho. Les  recomiendo una crónica de Tersites Domilo sobre La cuarta pared, de Víctor Varela, en Nueva York con excelentes fotografías de donde extraigo ésta de Bárbara Barrientos. Varela y Barrientos en una cuarta pared para una sola actriz en un espacio de Nueva York, más de veinte años después.

La nota que a continuación transcribo fue escrita hace muchos años -a propósito d e la actuación de Varela y Barrientos en el Festival Latino de Los Angeles, que organizó Jorge Folgueira– para una agencia de prensa. En un gesto típico de Víctor, se demoró mucho en revisarla y la agencia que trabaja con  la inmediatez, la desestimó. Hoy todos hemos cambiado. El festival no se realiza, pero Baby y Víctor siguen haciendo teatro. Yo no he tenido regreso pero acumulo alguna papelería que tengo la osadía de publicar. Cuba: viaje al teatro en la Revolución (Ediciones de la Flecha, 2012 ) termina con La cuarta pared.

 Víctor Varela: un teatro amable con el espectador

Rosa Ileana Boudet  Especial para....

El director teatral cubano Víctor Varela reaparece en el Festival de Teatro Latino de Los Angeles. Aunque hace cinco años que reside en Buenos Aires y ahora en Miami, todavía las notas al programa presentan al Teatro Obstáculo como el más importante grupo de vanguardia de La Habana. Pero como muchos otros jóvenes artistas, Varela decidió quedarse en la Argentina  en 1997 “huyendo de una estructura de control que te mataba” y a pesar que considera que el artista es muy maltratado en la Argentina donde les “serrucharon el piso” porque era competencia, recibió una influencia fuerte y realizó un aprendizaje en el que pudo hacer algo impensable en Cuba, tener su propia escuela de teatro.
En 1985, Varela interrumpió sus estudios de astrofísica y se decidió por el teatro. Con veinticuatro años, estrena Los gatos en la sede de Teatro Estudio, uno de los más antiguos grupos cubanos. Y tres años después, en un apartamento de la ciudad, La cuarta pared, que aunque convocaba a ocho espectadores por noche, fue un suceso  en todo el país. Debuta como coreógrafo. Viaja. Es invitado como profesor de varios talleres internacionales. En el 91, el Consejo de las Artes Escénicas de Cuba le otorga un teatro, una antigua logia masónica que se transforma en la sede de su Teatro del Obstáculo y donde desarrolla su filosofía: “¿Si lo hostil es tan productivo, por qué no inventarnos dificultades que no existen para favorecer la circunstancia creativa?” Pero las dificultades no eran imaginarias. Desde el desnudo colectivo en La cuarta pared hasta las alusiones críticas de sus espectáculos, el último de ellos, El arca, que alude al fracaso del proyecto utópico, Varela parecía uno de los teatristas cubanos más dotados para establecer una complicidad con el espectador de la isla, sobre lo que se podía decir o no sobre el escenario, en especial con los jóvenes que abarrotaban su sala. Pero estaba aburrido de lo que llama “hacerle el juego a la expresión”. Le dio horror convertirse en un Carlos Saura que después del franquismo no tenía nada qué decir.  Considera que el teatro no tiene por qué dirigirse al pueblo y cuando llegó a Buenos Aires, comprendió que vivía un dilema, atacaba a la izquierda y a la derecha. No tenía a quien decirle nada. El teatro no suplantaba las tribunas o los periódicos. Tenía que encontrar su propio espacio.


Radicado en Buenos Aires, escribe y experimenta alrededor de “El árbol del pan”, su método de trabajo. Cree que el actor no nace sino se hace y pretende eliminar la mística y la superstición del oficio. Allí se le une su actriz fetiche, Bárbara María Barrientos, graduada del Instituto Superior de Artes de Cuba y participante en sus montajes desde el principio. Barrientos siente que se renueva en cada propuesta de Víctor por las que ha abandonado incluso a su familia y ha vencido todos los obstáculos incluido “el de no ser la preferida de Víctor Varela”.
El pasado año, invitados al Festival del Monólogo que organiza Alberto Sarraín en Miami y en contacto de nuevo con su cultura, decidieron quedarse en la Florida donde han encontrado mucho público joven. Fascinados por la ciudad y por su acogida, han creado una academia de actuación para teatro y cine y un teatro-galería de arte. “Vamos a una velocidad tremenda”, dice entusiasta el director de cuarentiún años que fue el niño terrible de la Cuba de los 80’.
El montaje que trajeron a Los Angeles, Aplaude con una mano, no es como podría esperarse una reflexión directa sobre Cuba ni sobre su condición de emigrados. Barrientos interpreta a la abuela del escritor japonés Yukio Mishima, que para subsanar un error en la educación de su nieto, realiza un arreglo floral. Compone su personaje con muchos gestos tomados de una tradición milenaria pero también de las décimas campesinas de Cuba o el base-ball.
A casi más de quince años del estreno de La cuarta pared, Varela manifiesta que “la nueva vanguardia debe apuntar a un teatro amable con el espectador y a un artista que reconoce la radiante belleza de todas las cosas” Pero igual que en su austero teatro de La Habana, situado en la Plaza de la Revolución, corazón de las concentraciones populares,  Varela y Barrientos apuestan por  seguir underground . El Teatro del Obstáculo en Miami tiene cuarenta butacas.

1 comment :

  1. Rosa Ileana:

    Gracias por esta crónica, y gracias por la mención y el enlace. He visitado desde hace un tiempo y con fruición su blog. Saludos,

    Tersites

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