Cuando se termina de leer este esperado libro, Mito, verdad y retablo: el guiñol de los hermanos Camejo y Pepe Carril, de Rubén Darío Salazar y Norge Espinosa, (Ediciones Unión, 2012) se podrían decir muchas cosas, pero la más apropiada es la idea de colaboración (esencial para la investigación y el rescate de la memoria).Terminado a dos manos a partir de fuentes diversas y muchas entrevistas, la mayoría hechas por los autores, otras acreditadas a Liliana Pérez Recio, el titiritero y el escritor han trabajado juntos como Carucha, Pepe Camejo y Carril, (además de Berta y Perucho) a pesar de que cada uno tenía indiscutible talento por separado que al reunirse creó esa conjunción preciosa, el Guiñol del libro, cuya idea se gesta desde mucho antes, con la publicación el 28 de marzo de 1956 del "Manifiesto y programa por un Guiñol Nacional de Cuba". Tienen razón los autores, la crítica ha reparado más en el de Teatro Estudio dos años después.
Si significativo es el resultado, la búsqueda ha sido apasionante pues desde 1999 junto a Yanisbel Martínez, Rubén Darío Salazar fue al encuentro de Carucha Camejo, en Nueva York desde los ochenta con la ayuda de Allán Alfonso y de la hija de Carucha, Mirta Beltrán. Comenzó la correspondencia entre ambos, avatares mejor contados aquí con las muy bellas fotos. Pocos de los "olvidados" han tenido la fortuna de saber que los más jóvenes valoran un teatro y una estética que no tuvieron la fortuna de gozar. Carucha tuvo esa alegría.
La ilustración es una viñeta de Pepe Camejo y apareció el 27 de enero de 1957 en "Un cuento para niños cubanos" de Pepe Carril que el año siguiente publicaría Cuentos simples. Diario de la Marina. Digital Collection of the Caribbean. Desde mediados de los cincuenta están muy activos.
Una aclaración del 2021.
Han transcurrido ocho años desde su publicación y quisiera comentar me parece inexacta la conclusión que los autores hacen de una breve crónica escrita por Boudet, Rosa Ileana. “Cinco dificultades para escribir sobre el Guiñol”. Aparecida en La Gaceta de Cuba (abril) 1969 pp. 14-15 e incluida en En tercera persona: crónicas teatrales cubanas. Ediciones de Gestos, 2004.
Rubén Darío Salazar y Norge Espinosa en Mito, verdad y retablo: el guiñol de los Camejo y Pepe Carril, hacen una lectura interesada de mi «arrogancia» al partir del modelo de Brecht “para escribir la verdad” en relación con el Guiñol, pero ignoran el recorrido que en un año tan crucial, hago por las obras de su repertorio. Solo consideran la última parte del corto texto, en la que recomiendo encontrar los espacios abiertos y ejemplifico con el Bread and Puppet de los Estados Unidos. Como observan los autores, el Guiñol se presentó en escuelas, plazas, parques, pero hasta donde sé, dentro del retablo. Admito que no soy quien ni antes ni nunca para dar “lecciones” al Guiñol, si es que consideran la crítica una lección. Rechazo que juzguen con igual rasero a quienes lo amábamos y por eso escribimos, que a los que los condenaron al silencio. Y menos que inventen le pedía al Guiñol, “cosa de agitación y propaganda.” El Bread and Puppet que vi en Caracas y en La Habana no lo es y mi crónica no quiere pedirle nada a nadie. A título de defensores del Guiñol no tienen, sobre bases especulativas, que establecer nuevas descalificaciones. El libro se rebaja también con las muchas anécdotas y conversaciones de café con leche, elevadas al rango de “posiciones”, como la observación sobre Zenaida Elizalde. Majestuosa Obatalá en Shango de de Ima, escriban sobre su actuación y no de lo que se habla en los pasillos. Para enaltecer a Carucha Camejo, no hay que empequeñecer a Zenaida. Y si se hiciera, poseer la gracia de Francisco Morín en Por amor al arte.” No sirve de excusa, pero en esos años, en 1963 en el que nace Darío Salazar –que por cierto republicó el texto en La Mojiganga– entraría en la Escuela para ser instructora de teatro y después titiritera yo misma (por cierto, mala ). Con Roberto Fernández en el Teatro de Muñecos de La Habana se enraizó mi amor por los títeres. En el 64 nació mi hija, una asidua del Guiñol en esos primeros años en los que buscábamos al Gato con botas debajo de los asientos.
Sí recomiendo a los que me sigan no reunir jamás sus críticas y notas. Siempre habrá otro que, si sirven, lo haga por nosotros, como creo mereció la pena rescatar una parte de la larga historia del Conde Kostia. A quienes les interese, voy a poner en Drop box materiales varios sobre el Guiñol. Favor de escribir a La Flecha para obtener el link.
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