Ediciones de la Flecha

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5/20/15

Cuentos de La Habana Elegante

Están en circulación dos ediciones de Cuentos de La Habana Elegante, publicación de la revista del mismo nombre, editada en 1887, y cuyo ejemplar, según cuenta Cira Romero, no se hallaba en ninguna biblioteca cubana. Romero  escaneó, copió, cotejó y finalmente  entregó el volumen a la colección Catalejo, de la editorial José Martí, que la publica en el 2014 con un prólogo suyo. Casi simultáneamente Jorge Camacho, Rocío Zalba y Hugo Medrano la editan en  Stockcero (2014), Doral, Miami, a partir de un ejemplar de la edición príncipe existente en la biblioteca de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Aunque no conozco la de Romero, por la lectura de otros textos suyos sobre Cuentos... estoy segura que, como Camacho, autor del prólogo de la editada en los Estados Unidos, quiere demostrar que la aparición del cuento como género –como indica el título del libro– es anterior a Lectura de Pascuas, de Esteban Borrero Echeverría (1899). El rescate de esta  joya bibliográfica  dará pie a rectificaciones y nuevos acercamientos.
Camacho la refiere como  antología, aunque es la selección pensada por los  editores de la revista habanera, integrada por diecinueve autores, desde Ramón Meza, Aniceto Valdivia, Aurelia Castillo de González, Cirilo Villaverde y Antonio Zambrana hasta autores menos conocidos, que abarcan desde el “estilo modernista” de “La Estrella verde”, de Julio Rosas, un autor ignorado, según Camacho y de obra desigual, hasta Manuel Serafín Pichardo que narra la historia de unos amigos que rememoran el fusilamiento del poeta Zenea.
Aurelia Castillo de González –la única mujer–  aporta el relato que le contó una esclava, “Un cuento de Francisca”. De acuerdo a unas notas publicadas en el año de su muerte acompañando al texto, todos los nombres son reales, excepto el de Zorrolobo, que ocultaba el de un general español. Pero "cuanto al capitán Almogueras se refiere, su secreto amor por Amada, la alegría porque esta se casase con quien podía ofrecerla más ventajosa posición que él, el rescate de su hermano, las dádivas a cubanos y españoles "y hasta la costumbre de tutear a todos",  se ajusta a la más estricta verdad. Amada se apellidaba Carbonell y vivía con su familia cerca del río Cauto. Almogueras murió en Manzanillo en 1874 después de sufrir arresto en una prisión militar. Y Francisca existe en junio de 1891. Aunque en la ficción Francisca narra a su amita, la fuente para el relato de Aurelia, fue González, su esposo Francisco González del Hoyo,  amigo de Almogueras y de la familia de Carbonell. El único detalle que le atribuyó a Weyler aunque es de otro jefe español, es el de retorcerse el bigote. Aquí la estrategia fue otorgar al relato la verosimilitud del testimonio.
Aniceto Valdivia, poeta, periodista relevante, dramaturgo, traductor, y crítico teatral, el prolífico Conde Kostia, transforma algunos hechos de su estancia madrileña para contraponer en "Dos opiniones" el juicio despiadado de Clarín a un poema suyo, en El Mundo Moderno, según el cuento, al de una imaginaria amada. El veterano le brinda su "amarga hiel del sarcasmo" pero la muchacha borda "una rosa en el extendido pañuelo" y acepta al artista en su "vago aburrimiento", "cuando nada se anhela" en medio de un aguacero torrencial.  Ramón Meza escribe el cuento más sólido: "Los dos lentes", una arista diferente a la de Mi tío el empleado en otra noche tormentosa. En el de Calcagno hay varias escenas ¡de una pieza teatral! y un autor exitoso por su parodia  Traviata o la morena de las clavellinas, estrenada en 1879, José Tamayo y Lastres, escribe "Pilón con cuero". Se ha hablado de los paisajes extraños, del Rhin y los Alpes dentro de la pedrería modernista, pero también hay en estos estos cuentos, Marianao, la ensenada de Cárdenas, un coche de ferrocarril en dirección al Carmelo, el castillo de La Cabaña y Dulce María, la muchacha más linda de Palma Soriano.

Escena del cuento del erudito Calcagno.
Rosalía. Oh complemento de la humana fatalidad! [sic] (le da un patatús y por desgracia no se queda en él). Cae el telón.

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