Marina Cabrera es el nombre de una de las primeras actrices del cine de ficción de la era silente de Cuba cuando se conocían como las «muchachas» de la compañía Cinematográfica Nacional. La primera fotografía que vi de ella, en la revista Mundial, seguida del comentario de un cronista eufórico, asegura que Marina haría carrera en Hollywood, contratada por Universal con quinientos pesos de sueldo. Después tristemente, el reportero no vuelve sobre Marina. Desde el 25 de enero de 1920 en la sección Cinematográfica de Bohemia un admirador presenta a "la sublime trágica de las fuertes emociones, genial, apasionada del cine y una futura estrella". Mientras conversa con la actriz y en presencia de Lady Godiva, ella adopta las poses de su personaje. La actriz dice: “ solo vivo para el arte. Nada me detendrá”. Cuatro meses después, al fin la revista Bohemia, cuyo periodista Artístides Pérez Andreu espera por el estreno de Inexperiencia hasta mayo, da cuenta de este celebrado en el Fausto en mayo de 1920. La cinta la dirige Jaime Gispert con fotografía de Manuel Martínez. Marina *(Malintzyn) es pareja en la cinta de Alberto Amaya junto a Enrique Hernández, Estela Arza y La Tigresa. El mismo año hace Plana y en 1921 ¡Alto al fuego! basada en el argumento de una pieza teatral de Ramón Sánchez Varona titulada Con todos y para todos, cuya acción ocurre en un campo de reconcentrados en 1898. Y luego Mamá Zenobia, “que no agrega ningún laurel a la cinematografía cubana, no dicho por el crítico, sino por el público que acudió a verla” se escribe en Mundial. Dirigida por Ramón Peón, trata de las penurias de una mujer seducida por un joven aristócrata que, para ocultar su embarazo, se refugia en una vega de tabaco. Allí da en adopción a su niña a los propietarios con la condición de conservar el secreto. Al cabo de los años y a punto de morir, Zenobia confiesa la verdad a su hija. Después, en los estudios mexicanos, filma La parcela, de Alberto Fowler (1923).
En el camino, Marina exhibe modelos de vestidos, escribe artículos en la prensa y en 1928 publica un libro de poesía titulado Nosotros los modernos, editado en Nueva York, que recibe comentarios del poeta Agustín Acosta y Francisco Ichaso. Firma Marina Cabrera de Amero, casada con Emilio Amero, artista plástico mexicano. Sergio Acebal le dedica su sección Casos y Cosas al poemario que de tan corto, leyó en un viaje del tranvía. En 1939 todavía es bella, joven y fotogénica.
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