Ediciones de la Flecha

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4/14/09

Luz Marina apócrifa


Muchos de los que ahora, con la eliminación de las restricciones impuestas por Bush, viajen a la isla lo harán no para restregarle en la cara a los de allá lo bien que se vive en el primer mundo ni para hacer turismo (prohibido antes y ahora para la mayoría) ni para darle cuatro vueltas a la ceiba, ni para visitar el panteón familiar, sino porque lo quieren y lo necesitan y porque el viaje, instituido en el imaginario del cubano desde tiempos remotos, es un derecho. Soy de las que agradece al presidente Obama restaurarlo porque viajé a los Estados Unidos en un vuelo regular, casi el último que hizo el trayecto La Habana-Los Angeles y me gustaría que la ruta existiese, sólo por la idea de que estamos más cerca.
Pensé que los cubanos de Estados Unidos estarían jubilosos y en su lugar, he visto reservas y objeciones. Si miráramos la vida no tan en blanco y negro, sabríamos que hay personas (las conozco) que traen los diazepanes de su pueblo natal, se hacen chequeos médicos y cirugía estética (sí señor), siguen creyendo que la Vita Nova es la mejor salsa para las pastas y extrañan el perfume Alicia Alonso, y cuando van, de paso, traen su cargamento. Cuando voy a visitar a mi familia, la mayoría de las veces ni salgo de allí y si lo hago es para caminar La Víbora, saludar a mis amigas y traer los libros que necesito. Y de paso, escribir un fragmento apócrifo para Aire frío en el que Luz Marina dice:
"No te preocupes, Oscar, el ventilador vendrá este mes, de allá, y dicen que es el último modelo de la marca Westinghouse".

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