Ediciones de la Flecha

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11/13/09

La casona (I)

















No hay casi nadie. Cuatro de la tarde de un día de noviembre. La otrora residencia de Cosme Blanco Herrera, en la calle Línea 505 entre D y E, se conoce como la "casona". En el año 70, recién restaurada, fue casa de ensayos de Teatro Estudio. En su cochera se ensayó el Milanés de Estorino y lo último que vi allí fue una imborrable Zapatera prodigiosa y El mendigo y el perro muerto, de Bertolt Brecht. Ahora alberga un centro de documentación y lo que será un museo del teatro, así como la sala Adolfo Llauradó.
Recorrí sus pasillos oscuros. Revisé hasta donde pude programas y fotografías con motivo de los ochenta años de Vicente Revuelta, que ha estado allí muchas veces, igual que siempre.
Para festejar el nacimiento de Bertolt Brecht, Teatro Estudio reunió a muchos jóvenes en La Casona. Vicente leyó un texto de B.B. y representó El mendigo y el perro muerto, homenaje irreverente y audaz al al dramaturgo realizado por quien en Cuba -quizás- lo ha entendido mejor. Como su Galileo …– realizado con los estudiantes del ISA en 1985-- el Café Brecht también estaba lleno de jóvenes. Era una metáfora de años duros. Convocaba melodías desafinadas, poemas y fragmentos del diario de Brecht para afirmar su presencia al caer la tarde. Raquel observaba, cómplice, delante de una reproducción de Brueghel, el viejo. Se brindó con vino casero y pan duro y viejo. Rodeamos al Mendigo en una pasarela como los espectadores de las Trece Filas seguramente vieron a Cieslak. Todos éramos mendigos.






















Para La zapatera..., los espectadores subíamos por una escalera de caracol, dejamos los zapatos en la puerta, mientras en el segundo acto, al aire libre y en una taberna, la zapaterita devenida en vendedora se reconcilia con su amor. Los vecinos entraban agresivos interpretados por muchos jóvenes, actores o aspirantes, entre ellas, la jovencísima Raquelita, nieta de Raquel.
Camino por los pasillos oscuros y creo que Raquel me ronda por alguna parte (está en una fotografía inmensa), me sigue, es el año 89, dice que me da trabajo pero que es una mediocridad y llega con un cigarro encendido y una taza de café.





Pero no, Raquel no ha venido.

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