Ediciones de la Flecha

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8/25/10

Del Esteban al Sauto


Treintiséis años en la vida de un teatro son prácticamente su infancia. Nombrado Esteban, en honor del gobernador de Matanzas, ha sido Sauto hasta hoy por Ambrosio de la Concepción Sandalio Noda,  uno de sus entusiastas promotores. Daneris Fernández en Historia del teatro Sauto (1863-1899) (Ediciones Matanzas, 2008) nos acerca a la ciudad de los recodos y los puentes cuando "nace" la idea. Y a  la intrincada historia  de la búsqueda del dinero, las suscripciones y los accionistas hasta la primera piedra y su dificultosa construcción en un terreno desnivelado y húmedo, en los alrededores de la Plaza Vigía. Varios proyectos se sometieron a concurso. Y fue la autorizada opinión del ingeniero Albear la que decidió se otorgase a Daniel Dall' Aglio, el italiano que finalmente lo construye y es objeto de un estudio aparte -ya que entre otros, se ha encontrado en los Archivos su pasaporte fechado en 1811. Desde luego que el señor Piqué se ofende y pide una indemnización. Detalles como éste recompensan la muy agradable lectura historiográfica. Aparte de relacionar a los intérpretes, actores y actrices que actuaron en su escenario, despeja algunas interrogantes acerca de  la fecha de su inauguración y  por qué aparecen en la decoración de la bóveda sólo ocho musas de la mitología. Pero como en las novelas policíacas, no se vale contar el final. A mi vez, entusiasmada por el libro, busqué y encontré un informe en el que el «juez» Albear, tan competente,  estuvo tentado de hacer su proyecto propio.
El aspecto del Teatro era preciosísimo.—Los palcos, como canastillos de flores, rebosaban animados rostros de adorables vírgenes.—Las lunetas, cuajadas de trajes negros, formaban marcadísimo contraste con aquella guirnalda de ángeles.—El pueblo ocupaba la terlulia y la cazuela, que se doblaban al peso de tanta gente.
 Escribe  Rafael Otero  el 30 de diciembre de 1881 cuando asiste a  El calvario de la deshonra, de Augusto Madam.
Soy una enamorada de los teatros coloniales de Cuba. Promovería una excursión que los recorriera de este a oeste y estoy segura  muchos  me seguirían. Con libros como el de Daneris en lugar de guías turísticas.

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