Ediciones de la Flecha

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9/30/10

Lo que vi en Cuba: Eva Canel

 el Chaparra está casi urbanizado: tiene calles muy anchas, se agrupan las familias en ellas y hay modestas viviendas y chalets elegantes; hay un hotel bastante cómodo donde se come bien con precios impuestos por la Compañía para sus empleados. Trajina mucha gente, se ve movimiento, hombres de toda catadura, razas y tipos, mujeres bien trajeadas, jóvenes coquetas y tan escotadas como en La Habana... es pueblo, aldea y factoría, todo en un grupo heterogéneo.
Eva Canel (1916). 

En el blog de Adalys Ray Haynes.

En Lo que vi en Cuba, (A través de la isla),  publicado por  la editorial Oriente en el 2006, Eva Canel, controvertida y pasional asturiana, cuenta su experiencia durante sus viajes de 1914 y 1915, de regreso a la isla después de dieciséis años. Nacida Agar Eva Infanzón Canel, sale muy joven de España para acompañar a su marido desterrado, peregrinan y  se establecen  en  Bolivia y  Perú. Juntos  fundan publicaciones y viven de lleno la literatura y la política.  Viuda a los treinta y dos años, se reiventa como mujer y escritora y llega a ser una voz influyente, prolífica y sarcástica.
En su libro de 1916,  hay preciosas descripciones de la vida de los emigrantes españoles, sobre todo, de las sociedades de recreo, las "colonias" y el mundo de los negocios, pero también el transporte – viaja en el vapor Las Villas,  ferrocarril,  “gasolineras”  y en el ford–  sobre economía, (“ ya se prevé la necesidad más apremiante cada día de producir todo lo que se come, dejando de pagar tributo odioso, por lo caro, al producto extranjero”),  intensas descripciones de la geografía de Cuba, todavía válidas, “¡Y pensar que la mayoría de los cubanos no conocen estas excelsitudes naturales de su tierra!” escribe a la entrada  de Banes, y frente a la bahía de Nipe, exclama. "¡Qué hermosura!". Se extiende en la caracterización de sus anfitriones, los marineros del vapor, los peninsulares que la reciben con simpatía, o sus esposas cubanas,  ya que la mayoría formó una familia en la isla, pero también los negritos cicerones y los guajiros amables. A veces personajes ilustres como el anciano Emilio Bacardí.
En la edición cuidadosamente anotada y prologada por José Abreu Cardet y su esposa Elia Sintes Gómez, las notas situán al lector y remiten a nueva bibliografía. Intentan  no censurar a Eva, sino entenderla. Sin embargo, hubiese sido atinado consignar que el  libro no está completo, sino es  parte del viaje,  concentrado  sólo en las ciudades del Oriente de Cuba. Pudiera extenderme en más detalles, pero los remito a “Eva Canel: una mujer de paradojas”, de María del Carmen Barcia, para un retrato muy completo y si se quiere demasiado crudo.
En el libro, hay  escasas pero precisas referencias al teatro, uno de los géneros que cultivó más. En Puerto Padre las confunden con cómicas extranjeras - Eva viaja con Felisa, su dama de compañía. La más delgada, contestan, es Tina di Lorenzo y la más gruesa, Eva, ¡la característica! En Holguín,  para reciprocar a sus anfitriones, asiste al Teatro de la Colonia Española,  donde ve a un "transformista, uno de los infinitos seudofrégolis que trotinan por el mundo" y en Santiago de Cuba, asiste a Elíxir del amor, con unas "partes principales" que partían el alma.
En el central Chaparra encuentra a Santa, que recordaba todavía su drama La mulata, estrenado en La Habana, en 1893 y  le dice "¡Las mujeres de color le debemos tanto¡-¡Fue usted la primera blanca que nos dignificó en Cuba!".
Muchos han reparado en su integrismo, sus contradicciones,  su coqueteo con Weyler, su defensa a ultranza de los valores coloniales, su  tardío reconocimiento de su amistad con Martí, pero no demasiados en esa  obra - de factura melodramática- que reivindicó el derecho de una mulata,  de nombre Patria,  a un trato igualitario. Diez años antes la mulata era bella, decorativa, sensual y discriminada en los artículos de Francisco de Paula Gelabert.

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