Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

11/19/10

Más allá del zapato sucio

Fotografía de Murrieta
Cuando escribí el dossier de la revista Primer Acto "Cuba material en  seis autores" (Amado del Pino, Ulises Rodríguez Febles, Nara Mansur, Salvador Lemis, Yvonne López Arenal y Norge Espinosa), en el 2004, segundo y último intento por "reunir y agrupar" dramaturgos,  entre los varios que entrevisté y tuvieron la gentileza de contestar –  manía o deformación profesional– creía que el lenguaje descarnado, directo y procaz de Amado del Pino en El zapato sucio, era el más radical desde la frutabomba de Electra Garrigó. Los que han leído el texto -que es muy bueno, sabrán a lo que me refiero- sin embargo, ahora veo  que la escatología y la suciedad del lenguaje se han instalado por derecho propio en una zona de la dramaturgia novísima, con una crudeza tal, que hace palidecer a los autores que -como Salvador Lemis en los ochenta- trabajaron los bajos fondos y los ambientes sórdidos que de manera poética teatraliza Chamaco, de Abel González Melo. Corriente que me propongo seguir en la distancia y  nadie ha intentado interrogar sino venerar  con complacencia. El otro día leí que un profesor le  dijo a un joven después de su primera o segunda obra, que era  Electra Garrigó.
Sin embargo, lo único que salta a la vista, es que mientras todavía en los autores que he mencionado y en muchos otros,  la huella de la tradición es cercana y tangible, en las últimas promociones, las influencias parecen venir de la nueva dramaturgia alemana, Koltés, Harold Pinter  y el "bacilo griego" trabajado como en una especie de vacío, pero sobre todo, de los más cercanos maestros que han sido sus profesores en el ISA como Nara Mansur. Desde luego los distingue que mientras Piñera esperó  años para  que Morín se atreviera con su Electra - que todos en ADAD y hasta Schajowicz rechazaron- los nuevos leen y /o representan en el Royal Court de Londres, La Habana,  Miami o Quintana Roo en una ampliación del circuito habitual en el que han funcionado las obras cubanas que parecen dirigirse a un espectador ¿global?. Una de las obras que me ha sugerido esta "nota" (que no una reflexión) es Una obra inconclusa de Rogelio Orizondo, que puede leerse en este link. También en la entrevista se observa cómo se ha acortado  el espacio entre la creación  y su difusión-aceptación y ¿éxito? 
 Entrevista en la Jiribilla por Las vacas, premio David.
Puesta  en escena de un autor de veinticinco años y un director de treinticinco, la imagen de la fotografía de Murrieta  con su agresividad, mal gusto e iconografía revolucionaria se parece más a la visualidad de los Aldeanos en sus conciertos que a las  tradicionales del teatro cubano hasta los noventa.
Fenómenos como el que intento describir van más allá del lenguaje excrementicio, el regodeo en la inmundicia y la libertad sexual  para hablar de la sociedad en su conjunto. Por eso discrepo de los colegas que piensan basta leer  los textos. Dentro de muchos años no sabremos cómo y por qué se produjeron  estas obras y sobre todo, cómo interactuaron con su público, si no las vivimos, allí, en la primera persona que es la razón de ser de la crítica.

No comments :

Post a Comment

Note: Only a member of this blog may post a comment.