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| Portada de Bohemia de 1955 tomada de Güije |
El teatro, mi principal interés, y por lo que busqué, está fuera de su ámbito y ni siquiera cuando escribe sobre La bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet, profundiza en un teatro de sátira política que existió por treinta y cinco años. Sin el Alhambra como fenómeno no se hubiesen producido ni la película ni la novela Canción de Rachel, de Miguel Barnet, fuente primaria del guión, muy diferente, y que continúan el tema como mito. El “ Papá Montero” de La bella... que inspiró a Guillén, es el que cantó Arquímedes Pous y se introdujo en El velorio de Pachencho: “A llorar a papá Montero, zumba, canalla rumbero” identificado en las notas al disco de la banda sonora de la película, como una versión de Mario y Gonzalo Romeu de un son atribuido a Eliseo Grenet y Tata Pereira. Lo interpreta Isabel Moreno con la voz de Omara Portuondo.
Y la Fiesta del Día de Reyes, que documenta Fernando Ortiz, que la rastreó desde 1906 para su publicación en los Archivos del Folklore Cubano y en la Revista Bimestre Cubana antes que en forma de libro en 1925, ilumina con variantes, múltiples creaciones danzarias hasta hoy. Desestimar el teatro en su recorrido por la fiesta cubana es una elección y no perjudica la totalidad. Sin embargo, el capítulo que me parece menos sustentado es el dedicado al cine pero ahí me gustaría conocer la opinión de los entendidos. Aparte de algunas ideas demasiado reductoras, faltan filmes muy representativos relacionados con la “fiesta” por citar sólo dos, Un día en el solar, de Eduardo Manet y Patakín, de Manuel Octavio Gómez.
Existen la fiesta de quince, la de cabaré, el violín, el rumbón, la descarga, el motivito como existieron el jolgorio y el bailongo. Y cada quien tiene la suya y habrá tantas fiestas como lectores y fiesteros. Un solo libro –por inclusivo que sea – no satisface a todos sus lectores.
Patakín

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