Ediciones de la Flecha

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6/3/11

Fiesta cubana

Portada de Bohemia de 1955 tomada de Güije
Esperaba con ansiedad Cuban fiestas, (Yale University Press, 2010) de Roberto González Echevarría después de leer un fragmento en la revista Encuentro. El libro es tan enjundioso y abarcador que me imagino los atentos académicos cubanos le dediquen el espacio y la discusión que se merece. Texto interdisciplinario, incluye no sólo la  fiesta en la literatura desde los costumbristas a Daína Chaviano, sino en grabados y obras de las artes visuales,  el baseball, la  música  y  el cine. También  viñetas con sus  vivencias de su infancia en Sagua la Grande, las matinées del cine Mara y en otros momentos de sus reencuentros con la isla. Un universo tan complejo no se analiza con la misma profundidad en todas las disciplinas y la literatura es el terreno más beneficiado, y donde el autor se mueve con más fluidez como en  sus estudios anteriores de la obra de muchos autores, entre ellos Carpentier. Supongo que el baseball también dada la excelente recepción de  The Pride of Havana: A History of Cuban Baseball.
El teatro, mi principal interés, y por lo que busqué, está fuera de su ámbito y ni siquiera cuando escribe sobre  La bella del Alhambra, de Enrique Pineda Barnet, profundiza en un teatro de sátira política que existió por treinta y cinco años. Sin el Alhambra como fenómeno no se hubiesen producido ni la película ni la novela Canción de Rachel, de Miguel Barnet, fuente primaria  del  guión, muy diferente, y que continúan el tema como mito. El “ Papá Montero” de La bella... que inspiró a Guillén, es el  que cantó Arquímedes Pous y se introdujo en El velorio de Pachencho: “A llorar a papá Montero, zumba, canalla rumbero” identificado en las notas al disco de la banda sonora de la película, como una versión de Mario y Gonzalo Romeu de un son atribuido a Eliseo Grenet y Tata Pereira. Lo interpreta Isabel Moreno con la voz de Omara Portuondo.
Y la Fiesta del Día de Reyes, que documenta Fernando Ortiz,  que la rastreó desde 1906 para su publicación en los Archivos del Folklore Cubano y en la Revista Bimestre Cubana antes que en forma de libro en 1925, ilumina con variantes, múltiples creaciones danzarias hasta hoy. Desestimar el teatro en su recorrido por la fiesta cubana es una elección y no perjudica la totalidad. Sin embargo, el capítulo que me parece menos sustentado es el dedicado al cine pero ahí me gustaría conocer la opinión de  los entendidos. Aparte de algunas ideas demasiado reductoras,  faltan  filmes muy representativos  relacionados con la “fiesta” por citar sólo dos, Un día en el solar, de Eduardo Manet y Patakín, de Manuel Octavio Gómez.

Existen la  fiesta de quince, la de cabaré, el violín, el rumbón,  la descarga, el motivito como existieron el jolgorio y el bailongo. Y cada quien tiene la suya  y habrá tantas fiestas como lectores y fiesteros. Un solo libro –por inclusivo que sea – no satisface a todos sus lectores.

Patakín

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