Ediciones de la Flecha

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8/23/11

Estremecimientos

La mitad del país ha sentido hoy lo que yo casi todos los días porque en Los Ángeles y sus ciudades cercanas -entre ellas Santa Mónica donde vivo- la tierra tiembla de manera leve, a veces más fuerte y es una realidad con la que hay que convivir. Uno de los sitios que más frecuento,  un mapa sísmico de California, pregunta ¿lo sintió usted?. Y allí  verifico un estremecimiento que he sentido o imaginado y a lo mejor no ha sido tal. El mapa está lleno de puntos amarillos, rojos y azules, que registran la actividad mientras rayas todavía más misteriosas dibujan las fallas volcánicas. Imagino lo que han sentido los que nunca antes han tenido ni la más remota  idea de un terremoto. La posibilidad real de que un día la tierra tiemble y nos trague, fuera de todo catastrofismo, es real y de ahí las tantas medidas se supone cumplan las viviendas, las carreteras  y los edificios públicos.
En la madrugada anterior al terremoto de magnitud 5, 8 que se sintió en la otra costa, nacieron Marc y Lucía, los mellizos de María y Jorge Ignacio Pérez, el periodista y escritor que lo ha venido contando, de  manera preciosa, en su blog "Segunda naturaleza". Bienvenidos al mundo, los pequeños, fotografiados por su padre, están a la luz pública para cientos de miles como yo que hoy pensé en los estremecimientos, aunque el de María, la esposa de Jorge Ignacio, es el superior.  Marc fue a la incubadora como estaba previsto y Lucía se adapta al mundo fuera del resguardo materno. Y como es un día lindo porque la tierra tembló pero no hizo mayores estragos en ninguna de nuestras ciudades  y nacieron dos niños maravillosos  en Barcelona, nadie tiene derecho a aguarme la fiesta. Mañana tocarán en el Hollywood Bowl, como se ha anunciado, Omara Portuondo  y Buenavista y si Sandoval no quiere, no se acercará a ellos ni compartirá el escenario – desde luego es un gesto retórico porque están en el mismo programa– y si no lo hace al  público de Los Ángeles le parecerá  muy raro porque si algo sobra aquí, aparte de  temblores, es  elegancia y respeto para los artistas a quiénes nadie pregunta cómo piensan.  

Los que siguen la Flecha teatral, hay un nuevo post, sobre Laboremus, de Bjornstjerne Bjornson,
puesta de Francisco Morín de 1949. La crítica  tan favorable de Amado Blanco no le trajo demasiadas gratificaciones, pero eso lo guardé para otra nota.

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