Ediciones de la Flecha

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9/7/11

Doce obras de los sesenta

Escritas en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, integraron una proyectada novísima de teatro. Se reedita una obra de José Mario, fundador de la editorial El Puente.

“Re-pasar El Puente”, editorial fundada por José Mario  en los sesenta (1961-65), es el título con el que Roberto Zurbano abrió la brecha en La Gaceta de Cuba con  testimonios de algunos de sus miembros, entre ellos el dramaturgo Gerardo Fulleda León. La afirmación “nos menospreciaban” del autor de Plácido llegó a muchos oídos receptivos. Con el mismo título, Inés María Martiatu continúa su tarea de revisar textos dramáticos y darlos a conocer.  Doce obras de los entonces alumnos del Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional y una  proyectada “Novísima de teatro” que quiso hacer Eugenio Hernández Espinosa. Como se trata de una reivindicación, no queda claro si es una cosa o la otra o las dos al mismo tiempo. Es difícil precisarlo ya que la edición carece de las fechas de escritura.
Me inclino a a conjeturar que son escritas en el Seminario (1961-63), dado el interés del prólogo de resaltar su papel –indiscutido- en la llamada “eclosión de los sesenta”, que  incluyó autores con alguna obra anterior y los que comienzan y adquieren en el Seminario del Teatro Nacional técnicas dramatúrgicas, cultura general y una relación con el teatro en vivo. Pero como la editorial duró dos años más que el Seminario, imagino que la “Novísima” real ¿consideraría piezas de esa etapa?.
Algunas son obras primerizas, a veces  ejercicios, que como “El sacrificio”, de Eugenio Hernández Espinosa  demuestra  cuán temprano estuvo presente en su dramaturgia lo que después Nancy Morejón llamará la “poética de los altares”. No eran sólo Argeliers León con sus ciclos de música y danza o Ramiro Guerra con su obra coreográfica en el Teatro Nacional o el Teatro de Guiñol con sus montajes sino una preocupación de los autores, desenterrar prejuicios sobre la cultura mestiza, hablar de sus ceremonias y sus ofrendas.
Las inéditas son Las Ulloas, Maité Vera (1930), con  el tema de blanquear, el sufrimiento de las mujeres de una familia por la discriminación racial; “Isabel está dormida”, Jesús Gregorio, sobre la la emigración cuando casi no se hablaba de ella;  “Los cuchillos de 23”, de Reinaldo Hernández Savio, tan representada, vuelve al solar en una época donde se escriben varias sobre el tema, como “La palangana”, de Raúl de Cárdenas y  “Gloria”, de Ingrid González. Y en la línea de las obras de agitación “Los ángeles no son dogmáticos”, deliciosa farsa de Joaquín Cuartas, que siempre ubiqué en fecha posterior, y se adelanta en muchos años a El esquema de Freddy Artiles y se burla de la gente atragantada de manuales de marxismo leninismo.


“Vade retro”, de José Milián (1946),  su gran obra, escrita a los quince años, estrenada en 1967, aunque recogida en Vade retro y otras obras, prólogo de Tomás González, no ha ocupado el lugar que merece, aunque no se conocen  Mamico-Omi-Omo – su título de El Puente- ni sobre todo “Camino para llegar a viejo”, si se trata de restaurar la totalidad. Y desde luego, “La esquina de los concejales”, de Dorr, que creo no ha salido del libro de El Puente que la publicó.   
Es innegable el valor de rescatar obras que nunca se han publicado o cuyas ediciones están muy lejanas en el tiempo. Otras han formado parte de proyectos cercanos de la misma autora.  “Yago  tiene feeling” está incluida en El bello arte de ser (2005), de Tomás González; “Aquél verano”, de Gerardo Fulleda León,  en Remolino en las aguas y otras obras (2004) y “Santa Camila de la Habana Vieja”, casi la única obra de Brene que se divulga entre sus más de treinta sepultadas, circula en varias antologías, entre éstas Dramaturgia de la revolución, (Valiño y Sarraín)  Teatro y revolución, (Pogolotti) y Teatro cubano (Caridad Chao).
Si la juventud de sus creadores es un argumento indiscutible del prólogo, recuerdo que Brene, autor de una de las mejores obras teatrales de Ediciones el Puente, y del teatro cubano, Santa Camila de La Habana Vieja, nació en 1927. Cuando termina el seminario, le preocupaba ser solo el autor de esa obra. Tenía treinta y cuatro años cuando se da a conocer. Estorino es dos años mayor que él nada más – Piñera bromea  “como un bólido no se contaba con Brene” –mientras Dorr y Milián tienen quince años y Héctor Quintero, veinte, la mayoría tiene alrededor de veinticuatro años cuando empieza, lo que hace de la edad de los autores un tema muy relativo.
Se publica una obra de  José Mario, “El rey desnudo”, basada en el cuento de Anderson. Gestor e inspirador de El Puente,  publicó allí su Teatro. 15 obras para niños . También, “Romance del papalote que quería llegar a la luna”, de René Fernández Santana, una muestra bastante menor dado el interés manifiesto de la editorial y los muchos autores del Seminario (Bebo Ruiz, Karla Barro, Silvia Barrios, Santiago Ruiz, entre otrso)  por el teatro para este público.

Roberto Zurbano. “Repasar El Puente”, en La Gaceta de Cuba, (4): 2-3, jul.-ago., 2005.
Repa-sar el puente. Selección y prólogo de Inés María Martiatu. Letras Cubanas, 2010.

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