Ediciones de la Flecha

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11/29/11

Luisa Martínez Casado y México

Hace más de quince días la Hemeroteca Nacional Digital de México ha abierto sus fondos (más de 9'201,500 imágenes digitales de revistas y periódicos del siglo XIX),  " el más completo patrimonio hemerográfico de México; su portal es la entrada a ese mundo donde las publicaciones periódicas que han acompañado sin fatiga a este país, emergen de las bóvedas donde aguardaron pacientemente el día de volver a circular y enfrentar a su destinatario, el momento de regresar a su natural dominio" reza la entrada al portal. Y yo que aguardé con paciencia por ese momento,  abro, cierro y  guardo centenares de asientos que hablan de la etapa mexicana de Luisa Martínez Casado. Llegó en 1888 con la compañía de Leopoldo Burón, vuelve al año siguiente y así para hacerse una favorita entre los años 1893 y 1898. Armando de María y Campos la llama "ídolo" de México.  De uno de sus libros tomé la frase de una entrevista "Soy una actriz española nacida en la perla del sur". Ahora encontré el periódico donde está la entrevista con su caricatura, imposibles de reproducir por el libro. ¿Cambia algo mi percepción de los años mexicanos de Luisa? No, sin embargo, me proporciona detalles cotidianos o menores que  me resultan entrañables.
La prensa está al tanto de si se enferma, de cuándo se restablece, de los días en los que su vapor no puede hacerse al mar por un temporal, de la vez que se hiere un muslo al agredir con un cuchillo en María Rosa, de Guimerá y cuando está en España piensan si vendrá, si volverá. Cuando regresa se felicitan, "Luisa no nos ha sido ingrata". Y aunque tiene críticas feroces como la que firma El Implacable en El Teatro Cómico del 23 de abril de 1893 y cito en mi libro Luisa Martínez Casado en el paraíso,  detrás de las palabras, "pobre Luisa", no sólo hay reparos técnicos –se le achacaba un cierto dejo cubano que daba monotonía al fraseo– sino comprensión hacia la actriz y la mujer, la madre, la esposa y la voz cantante de una compañía entonces ya numerosa.  Cuando en un teatro no le caben los decorados de La pata de cabra, la prensa  se duele de sus esfuerzos por poner la obra con todas las de la ley.  Aunque  me sirva para incorporar  dos o tres añadidos y tal vez ningún cambio sustancial,  no supe antes de investigar sobre Luisa, el vínculo tan fuerte que se crea entre el  escritor y su biografiado ni los lazos  indelebles que me unen a esos papeles que la acompañaron sin fatiga. Como México  la entendió tanto y su recorrido allí  ha sido el de muchos antes y después de ella, como tiene críticas preciosas, más  sentidas y emocionales que las de La Habana, volveré más de una vez a la temporada mexicana de Luisa Martínez Casado.

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