Ediciones de la Flecha

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12/3/11

Boquitas pintadas para Oscar Wilde

Fotografía de The Observer
Así estaba la tumba de Oscar Wilde en Per Lachaise, tapizada de boquitas pintadas de rojo carmesí de sus admiradores. Dicen los que saben de tumbas que mientras en otras dejan flores y mensajes, los besos le están reservados sólo a él.  La posteridad lo ha premiado con ese  extraordinario graffiti de creyón de labios, que se ha limpiado porque erosionaba la piedra del monumento funerario.
Wilde murió en la pobreza  a los cuarenta y seis años y tuvo un entierro de sexta categoría en Bagneaux, en las afueras de la ciudad. El artículo de The Observer brinda todos los detalles, que emocionan al que está lejos y, sobre todo, a quien caminó por Per Lachaise, buscó la tumba de Moliere y Sarah Bernhardt pero se perdió por sus callecitas (Nara Mansur no me dejará mentir), sin reparar en Oscar, a quien los demás cubrían de besos. Fue  punto menos que imposible  para mi generación ver una representación del irlandés.  La Habana de los cuarenta puso sus obras. En 1943 Serge A. Vermel estrena en el Teatro América El ruiseñor y la rosa y Salomé. En  1945 Modesto Centeno La importancia de llamarse Ernesto,  y ese mismo año, el Patronato del Teatro Una mujer sin importancia. Francisco Morín se graduó de Filosofía y Letras con una tesis sobre el dramaturgo.

 Augusto Monterroso, al escribir sobre traiciones y traducciones, proporciona  la clave:
 En este momento no recuerdo quién lo tradujo así, pero quienquiera que haya sido merece un premio a la traición. Traducir The Importance of Being Earnest por La importancia de ser honrado hubiera sido realmente honesto; pero, por la misma razón, un tanto insípido, cosa que no va con la idea que uno tiene de Óscar Wilde. Claro que todo está implícito, pero se necesitaba cierto talento y malicia para cambiar being (ser) earnest (honrado) por “llamarse Ernesto”. Es posible que la popularidad de Wilde en español comenzara por la extravagancia de ese título.

Pero en La Habana no funcionan las  extravagancias de los títulos. Ahora un envoltorio de plástico impedirá que los admiradores inscriban  sus besos en la piedra.  

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