Ediciones de la Flecha

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2/23/12

El terruño de Hernández Espinosa


La pupila negra. Teatro y terruño en Eugenio Hernández Espinosa. de Alberto Curbelo. Premio razón de ser 2005 y Mención del premio UNEAC 2011.


Muy valioso para los interesados en el teatro de Eugenio Hernández Espinosa (1936), este libro del dramaturgo Alberto Curbelo, director teatral del grupo Cimarrón, amigo y colaborador de Espinosa,  a quien llama su “padre intelectual”, recoge conversaciones o relatos – todo no  parece oral – con un autor bastante desconocido. Aunque premiado, desconozco si existe una edición en papel y la que he leído – digital– me la proporcionó un amigo, en esta suerte de cofradía para hacernos de los libros cubanos.

Hernández Espinosa es un gran entrevistado (recuerdo las  de Maité Hernández  Lorenzo  y Cristilla Vasserot) donde como es lógico, hay pasajes que aquí se repiten o se cuentan con más detalles.  Sin embargo, por primera vez se puede seguir el recorrido desde el niño hasta el autor consolidado que recibe el premio Nacional de Teatro en el 2005, sus lecturas, influencias, su iniciación política – en la Juventud Socialista– su trayectoria literaria, antes y después de El Puente, su numerosa obra no recogida,  escrita en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional y para los aficionados, su pasión por los autores cubanos del XIX, que lo lleva a escribir Manzano, el Caribe y la negritud y desde luego su mirada única sobre su propia obra, que casi nadie tiene oportunidad de revelar.
Eugenio narra el proceso que lo lleva a María Antonia (1967), los entresijos de la puesta de Roberto Blanco y Calixta Comité (1980), dirigida por él, la fundación de varios proyectos teatrales, su relación con la Casa de las Américas y otras instituciones,  su opinión de las versiones cinematográficas de sus obras y también otros aspectos biográficos en distintas etapas, también las de marginación y  su amor por Ana Aurora Díaz,  entre tantas revelaciones. Menciona su teatro engavetado (se agradecerían  algunas sinopsis). Dividido por versos del Oddun, Eugenio habla de teatro y de “terruño”, el barrio del Cerro, su espacio vital y la locación de la mayoría de sus obras.
 Por este recuento  me entero que en 1992 escribió El viejo reloj marca la hora exacta,  después de un viaje a la URSS de la perestroika, que Quiquiribú mandinga (2009), prologado por Curbelo, reúne sus piezas breves, y la revista Unión publicó  "Deja que llegue Josefa"  (2001).  En los últimos años su experiencia ha sido intensa en el Caribe. Para mi sorpresa, tiene un tomo del absurdo titulado Delirium.  A pesar de haber estudiado su Teatro completo  y las anteriores ediciones de sus libros, puedo afirmar, lo mismo que digo de Brene en mi último libro, acercarnos a él por ahora será sólo una aproximación. Ahora viene lo más duro: perseguir esos otros libros.   

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