Ediciones de la Flecha

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8/3/12

El pequeño teatro (II)

En la sala más pequeña del Pacific Resident, en Venice, Concealing Judy Holliday, escrita y protagonizada por Wendy Johnson, revive – bajo la dirección de Guillermo Cienfuegos– momentos de la vida de la gran comediante, confinada a   un hospital en la primavera de 1965, a los 43 años. Su cama de enferma es el centro del decorado y el eje de una concepción convencional, que por fortuna cede paso a los personajes que entran y salen de la vida de Judy cuando  se despide de la vida - víctima de un cáncer- o se aferra a ella en pleno éxito  después de una no extensa pero sí intensa presencia en Broadway y en las películas en las que se inventó el personaje de esa rubia alucinada y errática. La obra tiene lugar en la mente de Judy- acosada por alucinaciones y recuerdos- y como su vida, es trágica y cómica. Intenta especular sobre sus pensamientos, su infancia y sus relaciones profesionales,  y aunque no se ajusta en su totalidad a lo biográfico, tampoco lo traiciona. La actriz-dramaturgo agradece en el programa a Glenn Mc Mahon, autor del website The Judy Holliday Resource Center,  fuente inagotable para conocer a  la Judy real.
La pieza articula la presencia en su vida de su madre Helen Tuvin y de Tallulah Bankhead, entre otros,  mientras dos personajes masculinos y uno femenino interpretan decenas de amigos, amores, familiares, agentes, de Betty Comden a Jimmy Durante, de Bob Hope a Groucho Marx.   En  especial, se enfatiza en los interrogatorios del Comité de Actividades Anti-norteamericanas en 1951, cuando después de recibir el Oscar por Nacida ayer, el proceso ensombrece o ilumina su personalidad acusada de comunista y de defender a los diez de Hollywood.
El pequeño teatro, la caja negra o la escena de bolsillo son fascinantes por la proximidad entre actores y espectadores que se encuentran y casi se rozan  en la sala oscura, pero es arriesgado porque se ven mucho las costuras. Marilyn Fox sale airosa como la madre y como Laurette Taylor, una de las inspiraciones de Judy, la legendaria Amanda Winsfield. Wendy Johnson también, porque no pretende convencernos de un parecido, sino redescubrirla.
Después de la representación, leí el interrogatorio de 1952 - que recomiendo- de dos horas y media de duración ante un subcomité del congreso de los Estados Unidos que investigaba sus supuestas actividades «subversivas» y me emocionó la firmeza de la Holliday que en una situación tan adversa, recordó el Old Vic y el Teatro de Arte de Moscú.

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