Ediciones de la Flecha

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10/28/12

Remite Piñera (II)


Uno de los episodios más tristes y sórdidos en Virgilio de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978 está relacionado con el dramaturgo y cuentista Ramón Ferreira (1921-2007) y el pintor y escenógrafo Agustín Fernández. Ramón, oriundo  de  Galicia, llega a Cuba a los ocho años, estudia cine y fotografía en los Estados Unidos y a partir de los cuarenta, comienza a publicar cuentos y se establece como fotógrafo. (He visto sus fotos de  Yerma, puesta de Andrés Castro con Adela y Vicente, y aunque son malas reproducciones, imagino la calidad de las originales). En una carta, Pepe [José Rodríguez Feo] le comunica a Virgilio, en Buenos Aires, que el Instituto de Cultura piensa estrenar una obra de “Ramona” [sic].  Donde está la luz (1956), es su primera pieza en medio de una abundante producción cuentística que le vale el Premio Nacional de Literatura por Tiburón y otros cuentos. Rodríguez Feo proyecta hacer coincidir el estreno con la publicación del texto en la revista  Ciclón. "Así le escamoteamos el triunfo a Zendeguito” (148). Al parecer Pepe quiere atraerlo para triunfar contra “las hordas de Zéndegui”, director del Instituto de Cultura del gobierno. Cuando en abril 22, el Diario de la Marina publica una entrevista realizada por Gastonete [Gastón Baquero] a Ferreira, “su cinismo raya en la canallada”, cuenta Pepe. La entrevista, cuya localización me facilitó Carlos Espinosa Domínguez, que sabe rastreo en el teatro perdido de los cincuenta, coincide con la fecha de la carta y está en una sección dedicada a la promesa de los jóvenes. Ferreira logra con una primera obra ser estrenado y Júpiter-Baquero (la firma así), lo acosa a preguntas.
Ferreira contesta que todo el teatro que ha visto le parece "bastante malo" y  es más interesante "el teatro que se escribe pero no se pone",  le ha gustado Calígula de Morín y la Yerma, de Andrés Castro  y fuera de Cuba, Un tranvía llamado deseo y Un gato sobre el tejado de cinc caliente. También el teatro de Arthur Miller, a quien por cierto, ha visto muy mal puesto por el señor [Francisco] Petrone. Que admira a Carlos Felipe y a Rolando Ferrer en su Lila la mariposa.
Preguntado por la Electra... de Piñera, contesta: "Se nos pide que admiremos la obra porque tiene nombres griegos pero no aporta mucho a la tragedia". En algún momento de la muy desconcertante entrevista, se habla de los llamados “grupos”. No creo que existen, contesta Ramón. Orígenes se ha pasado ocho años poniendo pies de grabados a las obras de otros  y Ciclón es Rodríguez Feo y su libreta de cheques.  Aclaro,  no son citas textuales.
A esta altura, Rodríguez Feo, obsesionado con el triunfo de Ferreira,  cree  la entrevista fue un boomerang ya que el estreno se pospone para el 27 de abril, y antes habrá salido Ciclón con su texto. Piensa comisionar a Niso [Malaret] “que sabe mucho de teatro” para que le de un buen palo. Malaret se revela en la revista como crítico y autor dramático con Anuncia Freud a María. Pero su nota “ Dónde está la luz”. Ciclón  3 (mayo de 1956): 55-56 es bastante mesurada. Unos días después Ichaso, en su columna para la Marina, destaca el impacto de la obra que, auspiciada por el Instituto de Cultura, se pone en Bellas Artes y compara a Ferreira con las figuras del teatro de Unamuno que “parecen flotar en una atmósfera sin ubicación y sin tiempo”. La mejor caracterización es la de Júpiter: “tan preocupada por la moral como una obra de Benavente o de Pemán”, en definitiva “teatro viejo”.
En septiembre pareciera que Virgilio ha leído la entrevista: “no concibo que se puedan decir tantas pavadas” (p.171). En diciembre – cuenta a Arrufat–  los estrenos del “ anciano” en el Mes del teatro cubano, entre los que está La boda, dirigida por Adolfo de Luis,  Electra Garrigó, por Morín,  una reposición con un nuevo elenco y Los siervos, publicada en Ciclón, por Juan Guerra. Se burla de sí mismo con cierta coquetería con Arrufat ya que “No tiene tiempo para tantos ensayos, para tanta gente que lo llama”, pero no deja de recordar que se estrenó Un color para este miedo, de Ferreira, que llama despectivamente “Un color para esta mierda” y compara con “El derecho de nacer”. La de noviembre 4 de 1958 es una carta muy triste. Relata un encuentro con Ramón [Ferreira] y Agustín [Fernández] en 23 y 12,  en el lugar donde  va a limpiarse los zapatos. Me parece que banalizo si lo cuento y lo leerán en las Cartas....

 Ese año Ferreira asiste como delegado al Congreso Panamericano de Teatro celebrado en México  y al año siguiente Adela Escartín representará allí Un color para este miedo.  Si hemos sabido algo de Ferreira o se infiere por los relatos, en las cartas se le identifica sólo como un dramaturgo cubano, no hay  nada sobre Agustín Fernández, el pintor y escenógrafo,  a pesar de los tantos reconocimientos a su obra y su importante papel en la escenografía de GEL (Grupo Escénico Libre).
El domingo 27 de junio de 1957 se publica esta variación de Andrés García sobre Donde está la luz, interpretada por Adela Escartín, Sergio Doré, Olga Lidia Rodríguez y José Díaz Lastra, bajo la dirección de Carlos Piñeiro, representada en la sala de Prado 260. Para esa fecha, Virgilio y el artista gráfico se han reconciliado.

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