Ediciones de la Flecha

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9/28/14

Hilda Oates y Alicia Mondevil

Roberto Blanco las reunió en María Antonia, de Eugenio Hernández Espinosa. Alicia Mondevil a la izquierda, junto a Hilda Oates en  la imagen tantas veces reproducida, que resurge con la muerte de la primera  de las María Antonia. Roberto encontró su cuerda en muchas actrices, desarrolló toda la potencialidad de  Alicia, Susana Alonso, Elsa Gay, Lili Rentería  y tantas otras y también de  Hilda, con tanta fragilidad interior y tanta fuerza externa,  una antes de la obra y otra después. Roberto aprehendió con Morín, con quien trabajó como actor en Prometeo, la espectacularidad esencial que volcó en otros montajes  de finales de los sesenta como Lumumba o una temporada en el Congo, de Aime Cesaire. En María Antonia rompe con los estereotipos y la estampa del solar, los barrios populares y traslada la violencia de la vida cotidiana al escenario con decenas de bailarines, músicos y actores.
La fotografía  completa  la conversación de Zoila Sablón con Eugenio, en la que se menciona la puesta. Estuve  cerca de ella cuando viajó a Canadá a la primera edición del  Festival de Theátre des Ameriques, por la osadía de María Helene Falcon en 1985 y sé que escribí pero no encuentro el recorte. Roberto Blanco la retomó después de catorce años, según sus palabras en esta entrevista y artículo,  porque estaba  viva y los actores la acometieron como si la hubiesen dejado de hacer ayer, y estuvo entre sus planes retomarla desde la creación de Irrumpe,  aunque en el festival, por obra quizás de un escenario a la italiana, muchos espectadores y periodistas apreciaron sólo lo externo y la compararon con CarmenPorgy and Bess y West Side Story. Carmen caribeña. Un poco después será "María Antonia: wa-ni-ilé-ere de la violencia", el artículo con el que Inés María Martiatu fue premiada en la revista Tablas. Ella le imprime a María Antonia,  escribe Martiatu, una "majestuosa sobriedad que la aleja de todo pintoresquismo". También Mondevil otorgó al personaje con sus súplicas y ruegos esa serenidad interior.

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