Ediciones de la Flecha

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6/23/17

El circo en Cuba

En su documentado  El círculo mágico: orígenes del circo en Cuba 1492-1850 (Editorial Oriente 2016), Hilda Venero de la Paz, recorre el devenir de esta manifestación  con conocimientos de primera mano. Integrante con su esposo José Cruz del dúo de equilibrio Los Adolain, escribe con  pasión y  serenidad.   Cuando repara en el significado de la palabra “cirquero” logra  emoción y altura,  el vértigo  propio de su experiencia, algo lastrado por esa ya antigua  queja sobre los que no han encontrado “trascendente”  el circo,  cuentan sobre  “miserias y de vidas absurdas”, desconocen las  nomenclaturas antiquísmas o  no han revisado  incontables bibliografías. Sus reparos son aplicables a otras disciplinas.  El investigador escoge lo que le parece relevante,  ya sea  la miseria en la que vivieron  Santiago Candamo o Virgilio Piñera y la  dificultad con  las “nomenclaturas” explica por qué el estudio del  ballet es una especialidad y  la zarzuela y el lírico  un coto aparte. Pero si se estudia desde el espectáculo, hay que saber  distinguir entre Robleños y Robreños. El estudio de  la práctica del actor ha sido tan preterido como la del funámbulo. 
El límite de las artes del espectáculo es un tema de interrogación permanente y hubiese sido provechoso que por su  complejidad Venero estableciese el suyo. Para Tadeusz Kowzan es esencial determinar si  el hombre sale del campo visual (como en los juegos de agua o los fuegos artificiales) pero  aún sin esa presencia, los  clasifica  como espectáculos.  El circo como el music hall  suma elementos de procedencia muy diversa y en dependencia del criterio, es un espectáculo, sin  lo que llama afabulación, una fábula desarrollada en el tiempo.
El libro   se suma a una escasa bibliografía de estudios sobre el circo, integrada a saber porMuy buenas noches, señoras y señores... de Rigoberto Cruz Díaz (1972),  testimonio  sobre el circo La Rosa,  El arte circense en Cuba, de Miguel Menéndez Mariño, de la Colección Tablas-Alarcos, y El circo a través de los años (El Artista, 1945), del periodista Jesús Sánchez Valcayo,  reportaje a partir del diario de Pablo Santos, empresario con Jesús,  del famoso Santos y Artigas.  Todos están fuera del marco temporal de El círculo mágico...  que analiza alrededor de cincuenta años, a partir de 1799 cuando se introduce en Cuba el circo moderno creado por Philip Astley en Inglaterra, hasta la inauguración y los primeros tres años del Teatro del Circo con  capítulos generales dedicados a la cultura circense,  el Circo Romano o el papel del británico Astley. No encuentra nada significativo para su estudio en la etapa precolombina pero sí aclara que por la condición de isla y llave del nuevo mundo  tuvimos  circo antes de México.  Un aserto luego  rechazado es la suposición de que artistas ambulantes participan en las ceremonias del Corpus Christi aunque  la Tarasca se parece mucho a las «cabalgatas». Al no situar límites muy precisos, todas las manifestaciones del espectáculo (incluidas las religiosas) tienen elementos comunes.
Mis únicas observaciones son las referidas al teatro. Se habla de un Coliseo  ¿Provincial? con bastante insistencia cuando tendría que ser en todo caso Provisional  a veces escrito Provicional o es una errata como seguramente los Robleños y se decanta por nombrar a los personajes de manera diferente a como han existido en las bibliografías.  También  juzga  muy rigurosamente a Buenaventura Pascual Ferrer  (1772-1851), al que considera el primer censor o enemigo del circo. En su  Viaje a La Habana  este registra, en forma de cartas, el estado de las  diversiones públicas: los toros,  los baños,  los bailes y el teatro. Ventura  lo considera  parte esencial de la cultura de un pueblo, pero determina que si esta se conoce por el teatro, la de la isla “se quedaría muy inferior”. Y también hay una cita sobre el tema de El círculo... “no dejan de concurrir también por temporadas volatines, titiriteros, santimbanquis, toda especie de charlatanes, que giran por Europa. Hacen en esta ciudad  sus representaciones y  pasan a México o a Perú.”    Dado que la obra se publica entre 1795 y 1801, se puede suponer la fecha del  trasiego de estos artistas. La Revista de Cuba, dirigida por José Antonio Cortina, (1877) reproduce, con una nota bibliográfica de Eusebio Valdés Domínguez,  estas cartas, pero ese mismo rigor, si se quiere inflexible,  caracterizó su escrito sobre el teatro, la ópera, la pantomima y las costumbres.
Por supuesto que en una época en la que el espectáculo es un continuum de distintas manifestaciones,  el circo se apropia de  la pantomima. Así Arlequín esqueleto, se representa en 1792 y en 1800. El 27 de febrero de 1787 hay un Arlequín esqueleto en el Teatro de la Cruz de Madrid y  entre 1810 a 1832 el Diario de Avisos está lleno de referencias a este título como también  a la muerte de Arlequín, en ambas Arlequín muere de un pistoletazo, cuando Pantalón lo sorprende robándole a Colombina, un astrólogo  disecciona su cadáver,  recobra la vida y se casa con Colombina. Los personajes de la comedia del arte italiana del XVI y el XVII llegan a todos los países europeos en donde toman en ocasiones otros nombres. Arlequín se corresponde con los zanni de la comedia italiana y para muchos es el antecedente más lejano del negrito del bufo cubano. A Buenaventura Pascual Ferrer no  le agrada porque  “la pantomima por sí es una cosa pesada y soñolienta, pues los gestos solo pueden agradar, si se expresan bien, un fastidio inmenso  que sólo divierte a cuatro babiecas que se quedan elevados mirando al payaso cuando abre la boca, cuando echa a correr y cae, o cuando le dan un latigazo en las espaldas. Ningún hombre de razón puede gustar de esas insulseces y frivolidades...”.   Como hombre de la ilustración  en su sentido más rígido,  favorecía la obra dramática por encima de la pantomima porque “el objeto de la representación debe ser divertir el espíritu declamando contra el vicio; y no mover una risa indiscreta en el pueblo haciéndole adquirir un mal gusto en sus diversiones”. No me extrañaría que Arlequín... contase con  elementos propios del circo,  pero no  se indica cuáles, sobre todo, cuando trata de  forma tan ligera  la comedia del arte italiana o el personaje del gracioso. Buenaventura no es un censor sino  el primer crítico teatral del patio. No se trata de vituperarlo  o admirarlo,  sino de entenderlo. Gracias a su prosa  sabemos algo de las representaciones.  Para Valdés Domínguez “El regañón supo presentar por primera vez artículos verdaderamente literarios de crítica teatral, refiriéndose a la escena habanera que ayudaron mucho al mejoramiento del gusto estético de actores y espectadores”. 
 Cerrado el Coliseo en 1788 por su estado ruinoso, el contratista de espectáculos Eustaquio de la Fuente ( también citado como Eustoquio), recluta actores para el nuevo circo- teatro del  Campo de Marte,  llamado así porque para abaratar los costos, allí había una gradería del circo anterior.  En sus inicios sus intenciones parecen  inclinadas a mantener espectáculos de ese carácter,  con funciones a beneficio del “pallaso”, pantomimas y funciones con caballos, pero ya  en agosto los escuderos se han fugado y Fuentes anuncia en el periódico la venta de los animales. Trae al profesor  Juan Gaillet (Guillet en Aguirre) y lo aprovecha para bailes de maroma y bailes de cuerda floja con Mr. Andersen. Yolanda Aguirre en Apuntes sobre el teatro colonial, (1967) repara en algunos, y aunque la ortografía no puede ser uniforme, leemos papeles muy deteriorados, son los mismos personajes.  Recordemos que  La selva oscura se nutre en buena medida de las investigaciones de Arrom, Aguirre y  los Anales de Jorge Antonio González. 
El primer Circo donde debutan los Cómicos del País, luego Cómicos Habaneros, no es exclusivamente  circo, si seguimos las mesas censorias sobre las diversiones del Regañón, incluso la citada (p.102) y este se escandalizó  también por  hacer comedias en «semejante paraje», sobre todo porque la lluvia impedía el acceso,  queja que se mantiene en el Circo de 1847.
Ninguno de estos comentarios al vuelo debe empañar mi enorme respeto por una búsqueda tan acuciosa ni por sus reales hallazgos. Entre estos la llegada del artista ecuestre sueco Felipe Lailson, reseñada en el Papel Periódico de 1799, que ha sido pasada por alto por todos los historiadores. El año anterior giró por los Estados Unidos con un grupo de jinetes y amazonas y la pantomima “La muerte de Bucéfalo”.  Ese año aparece pallaso  en la prensa.  Como quien solventa un rompecabezas, Catalina Vanice, mima para Aguirre y Leal, es además amazona.  Ese año se muestra un elefante en el cuartel de milicia y el anuncio del paquidermo ilustra la noticia con las palabras "Animal ignoto en la isla". 
En 1850 el circo es tan importante como la ópera. Narra Venero de la  Paz que Macallister es el único prestidigitador que ha superado a Alexandr Vattemare con nueve funciones en el Tacón con su esposa, tiene un grabado muy hermoso como anuncio, hay dos compañías ecuestres, la de Mr. Bernabo y la cubana, dirigida por Escopeletti con caballos del país muy lindos y jinetes regulares, el primero en presentar caballos criollos según se dice, así como los acróbatas americanos de Franklin, han dado 175 funciones de distintos géneros.
Acompañado de un índice onomástico y una selección de imágenes,  bella portada y emplane,  los  dos o tres descuidos de la edición  pueden pasarse por alto en aras de lo mucho que hace este libro por reivindicar el circo.

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