Ediciones de la Flecha

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3/27/09

Antígona: una tragedia latinoamericana


Rómulo E. Pianacci – arquitecto, profesor y estudioso– lleva años rastreando las Antígonas (su "Antígona: vectorización del deseo" es de 1996) para concluir un ensayo --nada farragoso y sí muy ameno– Antígona, una tragedia latinoamericana (Ediciones de Gestos, 2008) sobre el lugar de la mujer en la sociedad griega, en el que discute las teorías (feministas, queer, freudianas, lacanianas), se refiere a las Antígonas europeas y brinda un corpus de 22 obras latinoamericanas, reescrituras del mito de Antígona. Libro útil si lo hay para los estudiosos, los teatristas y los estudiantes que sueñan con hacer alguna vez el gran personaje. Conocí a Rómulo en el ISTA (International School of Theatre Anthropology), la escuela de Eugenio Barba, hace algún tiempo, después fue varias veces a Cuba en busca de datos, y ahora, más de una década después, su libro resume información y talento, aparte de dedicación.

Cuba está representada por la Antígona (1993), que Joel Sáez estrenó con el Estudio Teatral de Santa Clara, en dieciséis escenas y para una actriz, Roxana Pineda, que por lo que recuerdo - no está publicado– estaba muy influido por las investigaciones de Barba, que Roxana resume en un artículo donde decía que primero fue Barba y ahora es Eugenio. Lo que en aquel espectáculo era el Odin aprendido, teorético, "barbiano", casi calcado del grupo, se decía entonces, se ha convertido con los años –según leo– en un lenguaje personal. Llamar a su maestro por su nombre, tutearlo, aprehender de él. Roxana fue mi alumna en el Instituto Superior de Arte, una de las más brillantes teatrólogas. Su recorrido es original, no ha renunciado a expresarse como investigadora a través del cuerpo y la gestualidad y pensaba tanto el teatro que escogió vivirlo de cerca.
Cuando terminé de leer el libro de Rómulo, me pregunté por qué hay tan pocas Antígonas en el teatro cubano, cuyo gran momento es la paródica Electra.... y donde hay varias Medeas (Triana, Montero, Estorino). Desaparece de Los siete contra Tebas de Arrufat, a pesar de que Esquilo es el primero en presentar su batalla por sepultar el cadáver de su hermano Polinices. La ciudad se divide otra vez. El libro de Rómulo me ha hecho pensar muchísimo en el teatro cubano, por ausencia. Antígona quiere enterrar a su hermano muerto, pese a los decretos, el dictado, los mandamientos. Antígona rebelde, contestataria por naturaleza.
Entonces no conocía El viaje en círculo, (1989) pero publicada en el 2005, de Tomás González Pérez, que se fue de Santa Clara, la ciudad del Teatro Estudio. Antígona y Edipo hacen en harapos el viaje hasta Colono donde Creonte los espera. Mi círculo se cierra (en la obra ninguno de los dos avanza, es un viaje detenido, en el vacío) Antígona (que representa varios personajes) y el anciano rey, destronado, está renuente a ceder el poder. Y ella quiere despertar a la ciudad de su letargo. Y gracias al libro, en mi memoria, se junta la imagen de Roxana, los intensos recuerdos de mi propio conocimiento –gratitud y aprendizaje con el Odin– y las obras menos conocidas e Tomás González.


Antígona de Frederic Leighton.

1 comment :

  1. Acaba de ser estrebada en Cuba una nueva Antígona, esta vez de Reinaldo Montero. Con respecto a Esquilo, pues realmente en su obra Los siete contra Tebas no participaban ni Ismene ni Antígona. En la versión que se conserva aparecen al final de la obra e introducen el asunto del entierro Polinices porque en el período helenísitico tras dicha obra esquilea solía ser presentada la Antígona de Sófocles, pero en realidad los especialistas de teatro clásico griego consideran que la parte en cuestión es espuria.

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