Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

8/8/09

Recuerdo de Pepe Santos


José (Pepe) Santos Marrero (1939) realizó a finales de los sesenta montajes sorpresivos a partir de sus propios textos, entre los que sobresalen Una novia para el rey (con música de Juanito Márquez, 1967 ), Collage USA (1969) y Los juegos santos (1970) que han sido considerada por muchos precursores de una tendencia a la "escritura" escénica que influyó en otras zonas de la dramaturgia. En 1960 se trasladó de Sagua la Grande a La Habana e ingresa en el Seminario de Dramaturgia. Aunque en la biografía de Cuba literaria reza que se graduó en la Escuela para Instructores de Arte, fue de los «parametrados» antes de la parametración y no se graduó. Director del Teatro El Candil, dirigió, entre otras, "Vendo mi casa", de Renzo Casali, y su pieza "Un nido de pájaros en la cabeza" en la valla de gallos de Agua dulce. Perteneció más tarde al Teatro Juvenil de La Habana, donde actuó y estrenó, bajo su propia dirección, comedias musicales "Una novia para el rey" y "La sonrisa de los jóvenes" (ambas en 1967).
Con posterioridad fue director artístico de los grupos Teatro Experimental de La Habana y Joven Teatro. Con Teatro Estudio realizó extensión teatral y sus obras "Del pobre B.B. a Bertolt Brecht" y "Sueño de amor a la criolla", versión libre de "Sueño de una noche de verano", de Shakespeare. Desde 1979 era director del grupo Extramuros. De confirmarse la noticia que me ha dado Alberto Sarraín y ojalá no sea cierta, que murió en La Habana, Pepe deja una extensísima obra de creación que incluye textos propios y decenas de versiones y reescrituras de obras de la dramaturgia universal, como sus espectáculos de finales de los ochenta Orestes marginal y Los sueños prohibidos de Sor Juana.
Siempre pensé que volvería a hablar con Pepe alguna vez, más allá de comentar sus montajes y a veces mis discrepancias erradas o no. Empecinado en ver el teatro sólo a través de sus ojos, en leer la dramaturgia universal a través de la suya propia, Pepe no ha tenido una trayectoria mundial, como Casali, el autor que dio a conocer cuando teníamos veinte años, mientras tirábamos los trastos de la escenografía, en una «valla de gallos» para siempre en desuso, pero cuando se estudie bien el teatro de esta época, recuperaremos como emblema el falo tricolor de Los juegos santos y su voluntad de hacer teatro político sin pancarta.
Zoraida Marrero y Rolen Hernández en una escena de Una novia para el rey, de Pepe Santos.
Los que se interesen por el programa.

No comments :

Post a Comment

Note: Only a member of this blog may post a comment.