Cuando los Robreño escriben
Tin tan te comiste un pan trabajan dentro de una tradición que inaugura Covarrubias, que se sabe por Bachiller y Morales cantó en
Los velorios de La Habana (1818) “Tata, ven acá” y el año que José Agustín Millán da a conocer
Un velorio en Jesús María, (1848) hay ocho obras más con el mismo tema. Sin embargo, hay una obra – escrita en 1941 por Flora Díaz Parrado – dramaturgo y novelista que ejerció como diplomática–, que ha suscitado escaso interés, a pesar de tratar el tema del velorio. Natividad González Freire resaltó “era una estampa pintoresca de un típico velorio cubano” y su “ diálogo, ceñido, breve, quebrado por constantes interrupciones”.
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| De la primera edición |
Confieso que cuando, gracias a Carlos Espinosa Domínguez, pude leer toda la obra teatral de Díaz Parrado para el prólogo a la edición de
El velorio de Pura, mi sorpresa fue mayúscula no sólo por los valores de la pieza, sino porque en momentos de absoluta preponderancia del lenguaje verbal, Flora apelaba al diálogo entrecortado, fluido, cinemático, a la gestualidad y a un cuerpo de acotaciones precisas y elocuentes. El suyo es un velorio concebido con música no como acompañamiento (que podría ser) sino como ritmo, acompasado con el son. Un espectáculo de palabra- hablada-.cantada lleno de cadencias y sugerencias con la promiscuidad de dolientes, su coro de plañideras, su hipocresía y su insolencia. Su obra mayor, sin dudas, es "Juana Revolico", precursora de
María Antonia, de Hernández Espinosa. Si embargo, mi sorpresa no ha disminuido porque a pesar de los unos cuantos que hemos encontrado valores en su texto, nadie se ha atrevido a montarlo y nunca se podrá saber si se trata de hipótesis de ilusos o si
El velorio de Pura con su humor negro y su mueca cruel resiste una puesta en escena actual.
Flora Díaz Parrado.
El velorio de Pura. Colección La Torre de Papel. Miami, verano de 2001.
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