Ediciones de la Flecha

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2/6/11

Regresa Pachencho ¿vivo o muerto?

Cartel de Rolando de Oráa
Las agencias de noticias se ocupan hoy de un velorio singular, el número 27 de Pachencho, por el cual la comunidad de Santiago de las Vegas reescribe de manera festiva, esperpéntica y tragi-cómica un clásico del bufo, estrenado en julio de 1901 con el título Tin tan te comiste un pan, escrito por  Francisco y Gustavo Robreño, con música de Manuel Mauri y publicado en el repertorio del Teatro Alhambra. Según parece,  una versión interpretada por Aurora Basnuevo, que tuvo mucho éxito en la localidad, embulló a los vecinos a divertirse con el falso velorio. Si este entierro-resurreción de Pachencho comienza a representarse en los ochenta, es una tradición contemporánea por la que el bufo, aplastado y vilependiado,  se niega a morir y o a ir al exilio. 
La obra, conocida como El velorio de Pachencho, es más bien pobre y se basa en el ardid que traman los compañeros de estudios de Francisco Albuerne y Pinzón - "recogido" en el mísero cuarto de un  solar- para obtener dinero con su entierro. Lo mejor es la entrada de Pachencho (recuerdo a Julito Martínez), borracho y de frac, con sus  frases incoherentes y sin sentido,  sus juegos de palabras y  sus discursos, entre ellos uno muy inflamado sobre la lucha entre el capital y el trabajo, que hace decir a Arturo que Pachencho es "sovietista" y le manda a buscar la payama que le trajo su tío de Rusia. O el parlamento en el que busca trabajo como motorista en la ¡Havana Electric Railways Company¡ y mientras llena la planilla, sí, como después en Piñera, se burla de la humanidad. Las situaciones cómicas se producen  durante la fingida muerte, las condolencias, los equívocos y enredos alrededor de la componenda para que se "crea" muerto mientras venden papeletas y  escogen el ataúd y las honras fúnebres.
¿Quién desenreda el entuerto? La mulata Rosalía, zalamera y provocadora, que se esconde y descubre la farsa. A pesar de estar distanciada de Pachencho,  lo perdona al final que, como siempre, con la rumba bailada por toda la compañía, es de reconciliación.
La versión callejera y ambulante de los vecinos de Santiago de las Vegas, de la que nunca tuve noticia entonces, prolonga la fiesta más allá de los predios del solar con el muerto de rumba hasta el cementerio, como en el Cabildo Teatral Santiago la comparsa, pero como sucede con la fiesta popular o el carnaval, para escribir con propiedad, hay que vivirlos. 


La nota en Cuba Debate

La celebración del 2010

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