Ediciones de la Flecha

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3/16/11

Sobre el intercambio cultural

Obra de José Emilio Fuentes en el bulevar de Cienfuegos
Me gustaría saber la opinión de alguno de los tantos colegas beneficiados con el intercambio cultural con los Estados Unidos.   ¿Escribirá alguien un comentario?  Quien pasó tres meses investigando en una excelente biblioteca, dialogó con otros sobre su tema de estudio  y tuvo una conexión directa a la Internet desde su cubículo, no cree que éste  sea siniestro, tampoco si le tradujeron un libro y lo presentó, si fue escuchado en alguna tribuna y discutió sus ideas con sus compañeros.  Nos quejábamos de la cancelación del intercambio  y ahora que muchos han disfrutado de becas, estancias, han impartido cursos o han tenido a disposición archivos y bibliotecas, cuando pensamos que  una cierta normalidad al fin nos acompañaría y más profesores, intelectuales  y artistas serían parte de lo que debiera ser un flujo natural, un incidente parece empañar el viaje de ida, que muchos como yo comparten porque es necesario y útil.
En el año 1998, en el siglo anterior,  asistí a un "intercambio" como parte de un grupo de escritoras de la isla invitadas a Nueva York. Espero que para ellas haya sido tan enriquecedor como lo fue para mí.  Abortar el renacer de una relación normal entre los Estados Unidos y la cultura cubana  no encontrará respaldo ni siquiera entre los que no están muy convencidos de su razón de ser.  Y no prosperará,  aunque en el camino se interpongan incidentes  "siniestros". De la misma forma que nadie dejará de amar su país, su cuna, su casa, el lugar de sus hijos y sus nietos, sus afectos y su lector natural,  no hay desarrollo posible en soledad y la cultura cubana vivió y vive en relación con el mundo.  Las restricciones son incontables. A todo el mundo no se le pone en las manos  el material que necesita, ni el presidente de la UNEAC en persona se preocupa porque se le facilite la bibliografía disponible.  Los más trabajamos sin contar con el intercambio oficial  como siempre ha sido. Porque ese pese a todo, existirá, podrá salir en los periódicos, estar rodeado de misterio, glamour y/o pompa o producirse en  la soledad de la cuartilla, pero allá nuestros compañeros  necesitan el libro o la cita, como necesitamos nosotros no el último libro que no puede llegar (también se ha detenido la paquetería) sino el interés y el estímulo que es más importante.  Es el tema de El collar o El baile, de Abelardo Estorino, la cultura escindida más allá de la familia.
En estos días estoy leyendo al F. Wurdemann por la edición cubana – que encontré en Old Cuban Books– que atesora libros agotados, raros y curiosos. No existían los "intercambios" en la época de este viajero norteamericano, y sin embargo, cuánto respeto y admiración por Cuba hay en su libro aunque la nota de contra-portada diga que "en ocasiones, nos observó a través de una mirada reaccionaria". A los  incidentes y a  las notas de solapa  se los lleva el viento pero  Notas sobre Cuba permanerá.  

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