Ediciones de la Flecha

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4/8/11

Héctor Quintero: la libertad de soñar

Ignacio Gutiérrez en primer plano y Quintero
Héctor Quintero hizo tantas cosas en el teatro  (actor, director, dramaturgo, guionista radial y cinematográfico, narrador de documentales y obras sinfónicas, crítico y antologador ocasional, creador de espectáculos musicales y revistas, animador de tertulias) aparte de las nominaciones oficiales, director del Teatro Musical de la Habana, ejecutivo de la UNEAC,  presidente  del comité de teatro musical y del Centro Cubano del Instituto Internacional del Teatro, que no hay obituario que abarque  su extensa y sorprendente obra, siempre fiel a una de sus frases: "prefiero hablar de la Loma del Burro que de los Campos Elíseos". Y habló de la loma  pero llegó a Francia  donde gustó al jurado internacional que le otorgó en  1968 el galardón del ITI,  que consistió en la traducción a varios idiomas de El premio flaco, con su mezcla de absurdo y comedia sentimental-grotesca, que también le interesó a Luibimov que la vio representada en La Habana por Candita Quintana. Según Amado del Pino que lo entendió y admiró, su obra más perdurable. La noticia de su muerte, por inesperada, duele más, porque Héctor -con 68 años-  podía darnos más, ya que a pesar de sus dolencias y de no estar muy "inspirado",  acababa de re-estrenar en La Habana su obra sobre Bola, representada primero en el teatro Gala de Washington, que hizo otros títulos suyos.
Guardo conmigo un Quintero muy especial, caballeroso y amable, doméstico e imprevisible que lo mismo admiraba la zarzuela y el music hall  que nos impresionaba con una entrevista a Heiner Müller a quien celebró su cumpleaños en la isla. En los viajes, camino a alguna reunión del ITI,  podía decir ¿trajiste tu chambrita? como cualquiera de sus queridos personajes. Aunque  identificada con el "teatro nuevo" mientras Quintero era el bastión del teatro que prefería llamar, de formas clásicas, conversamos mucho, sobre todo en 1996, cuando integró el jurado del Premio Casa y se sintió tan feliz que volvió a las andadas. Una nueva obra larga: Te sigo esperando, que describe los tristes noventa en los avatares de una dirigente cuadrada, su padre y una fauna de vividores. Mientras casi todas sus obras terminan con un final abierto de cierto optimismo, Teté sigue con el mismo hueco de su ventana contra el que lanza un cubo de agua. Un rayo de luz entra hacia el público.  Se inscribe también en el que se ha llamado su teatro mayor, en el que retrata la voluntad de la gente común y más simple, su particular comedia de la pobreza. Con la muerte de Héctor, se acaba parte del teatro que nos ilusionó. Uno de los  grandes, queda en sus creaciones  y  junto a su hermana Yolanda y Marta Viera, su madre, que se fue antes, lo lloramos sus compañeros del teatro y también Esperanza Mayor, Lala Fundora, Teté Mondragón e  Iluminada Pacheco. Pero sobre todo, el público, que lo dejó soñar.


El programa de Sábado corto estará en mi cajita. En la fotografía, Corina Mestre, que encarnó a Teté Mondragón en la puesta de Teatro Estudio.

Sábado corto. Programa. I 

Sábado corto. Programa. II

Nota: Cuando hay alguna entrada que se lee más de lo acostumbrado, la reviso pero  no he podido arreglar en ésta la inconsistencia del tamaño de la letra. También avisarles que los programas no están en mi cajita porque un anónimo denunció una violación de sus derechos de autor con el programa de Fuenteovejuna,  por lo que,  desprotegida desde un blog, saqué con gran pesar, programas y otros. Se podría documentar que el programa pertenecía en todo caso al Consejo Nacional de Cultura, que no existe, pero intentarlo es entablar una batalla legal que no es del caso pues hay Archivos como el Digital Cubano que con toda propiedad protegen los documentos y los preservan. Pienso que cualquiera que haya sido perdió más porque en este blog  cualquier investigador o interesado podría servirse de él. Mi cajita se empobreció y nada más que la uso  para mis documentos.
P.D. Al fin arreglé la tipografía. Ojalá los que llegan revisen otras entradas relativas al Centro Cubano del ITI que no comenzó con Quintero, sino con Morín y en el que fungió más de quince años como presidente, el dramaturgo Ignacio Gutiérrez que acompaña a Quintero en la fotografía.  

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