Ediciones de la Flecha

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9/26/11

Recortes de prensa: Un Moisés de apellido Simons


 A los periodistas  nos admira el recorte de prensa que a veces falsea o encubre la realidad, pero siempre es fascinante de leer.

Nació a finales del siglo antepasado en el barrio de Jesús María, pero su relieve llega después de los treinta, cuando con Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona  lanza la música cubana en los Estados Unidos y Europa, lo que Robin Moore ha llamado la “rumba craze”. Hijo de  Leandro Simón Guergué, el Simón se transformó en algún momento en el Simons de su conocido apellido. Sin embargo, lo primero que hizo fue música religiosa, como comenta en una entrevista, en Madrid, en plena fama, cuando ya “El manisero”, grabado por Rita Montaner en 1928, ha sido un hit en todas partes.  Antes de partir a Francia, según cuenta Eduardo Robreño, escribió en una servilleta, en un bar,  los compases del pregón que pondría a Cuba en el mapa musical del mundo. Ya componía  para el Teatro Martí  y el Payret y grabó con su propia orquesta del Hotel Plaza. En su muy documentado Rita Montaner: testimonio de una época, Ramón Fajardo Estrada ofrece diferentes versiones de cuál era el bar y de cómo se gesta la canción, entre ellas, una en  la que la propia Rita Montaner le pide escriba algo para ella, otra que se lo atribuye a Alejo Carpentier.  Simons, preocupado por el viaje, no le dio tanta importancia. Lo que sí está  claro es que Rita es su primera intérprete.
El compositor, junto a  la cantante Josefina Meca, contesta a Rafael Martínez Gaudia, de la revista madrileña  Crónica no. 271 (1935) que hasta la fecha ha cobrado por “El manisero” cincuenta mil dólares que no sabe administrar.

¿Dónde buscó usted la fuente de inspiración de “El manisero”?

En la música popular de los antiguos pregoneros de La Habana. Ha sido ésta una cantera  de la que, aparte de “El manisero”, he extraído bastante. Otra canción mía, “El tamalero”, tiene el mismo origen. Naturalmente, del éxito de ésta fui el primer sorprendido. “El Manisero”, que era ya bastante pupular en mi país, fue radiado  una noche desde la estación instalada en un gran hotel. Esa fue su suerte. Esa estación se oía en Nueva York y de ahí vino la primera proposición para la internacionalización de “El Manisero”.
Y aunque insista en que es autor de otros pregones, y también de “Marta”, la de capullito de rosa”, es avallasadora  la fama de una sola canción.
Con Anna May Wong en Madrid
Conjunto en Unión Radio, Madrid.

Está de paso en Madrid proveniente de París donde en 1934 estrenó en los Bufos Parisienses –existe una  crónica de Alejo Carpentier– su opereta Toi C'est moi, escrita en colaboración con el novelista Henri Duvernois  y la  rutilante Simone Simon. El templo de Offenbach en el que Arderíus se inspiró para sus bufos. Vino a Madrid, dice, en busca del sol y se siente allí como en su casa. En 1930 se representó en esa ciudad Niña Mersé, zarzuela de Torres del Álamo y Asenjo en el Teatro Calderón con Matilde Revenga, Flora Pereira, Baldrich, Marcón, Manolito Hernández y Carrasco con gran éxito. La colonia cubana le prepara agasajos y proyecta estrenar “El club de los virtuosos”.
 En 1931 un cuadro musical bajo su dirección tiene gran éxito en Unión Radio, como reseña la madrileña revista Ondas de junio de ese año. El  mismo en que se estrena  Cuban Love Song –dirigida por W.S. Van Dyke– que intentó reunir música popular y melodrama así como retratar los ambientes de los guateques campesinos, el exótico carnaval y la idílica vida rural de la isla. La historia del marine Terry (Lawrence Tibbett) que después de visitar  los barrios orientales de San Francisco en 1917, desembarca en La Habana con las tropas interventoras de los Estados Unidos. Aquí, una vendedora de maní, Nenita López (Lupe Vélez) cambia su suerte y lo atrapa con su vitalidad cuando pregona  “El manisero” de Moisés Simons que se constituye en tema musical. El operático incorpora la melodía y ambos la cantan a dúo o por separado en muchos momentos. Terminada la contienda, Terry dejó a Nenita y volvió  a los Estados Unidos con su antigua novia, y en su  décimo aniversario de bodas, oye en un cabaret,  nostálgico, el tema de Simons – interpretado por la orquesta de los Hermanos Palau y Ernesto Lecuona y termina en La Habana en busca de Nenita que ha muerto pero le dejó un hijo que regresa con él en Estados Unidos.


La cinta es “uno de los mejores musicales del año” según Clive Hirshhorn en The Hollywood musical.   Un emblema musical como “El manisero” –que popularizó Don Azpiazu con letra de Marion Sunshine y Wolf Gilbert como “The Peanut Vendor”– es su única autenticidad. En el guateque los guaracheros tocan “Buchi pluma na má” y en el carnaval se escucha “ Carnaval de Oriente”, la conga de Rafael Cueto, melodías que recorrieron el mundo en el repertorio del Trío Matamoros. Se impone la espléndida y universal canción de Moisés Simons, el primer hit latino en los Estados Unidos.
En Madrid es una celebridad de Hollywood y si la que llega es Anna May Wong, la actriz china nacida en California, que protagonizó Shangai Express, dirigida por Sternberg, nada menos que con Marlene Dietrich,  allí sentado está en el banquete en su honor, y aunque parece que bosteza en la fotografía y se aburre,  dice  la crónica que bailó para ella “El manisero”.
“El manisero está en más de cuarenta películas”, dice.  Y rodeado de artistas entonces en Madrid, en otro banquete, la prensa que lo sigue describe su recorrido de las costas de Portugal a los cabarés de París. En su crónica para El Heraldo de Madrid, “Una comida de negros con el autor de El Manisero" (24 de enero de 1935), Juan G. Olmedilla   narra las veces que se ha encontrado al autor, siempre saludado  con esa "melodía de siesta, como una consigna de gloria: su famoso pregón habanero, que seguía estremeciendo, en un indolente desperezo musical al mundo".  Pero de lo que se trata es de  una rica comelancia de arroz con frijoles -con tocino y chorizo- y un enchilado de cangrejo que los artistas Rosa Negra, Mercedes Blanco y el grupo los “Diamantes Negros” ofrecen al autor  entre plato y plato y entre son y rumba. El periodista escribe que “la gramola desenrosca las serpientes negras de todos los discos del maestro Simons” mientras el autor sonríe entre sus iguales. 

El artículo de Crónica fue desempolvado antes por Javier de Castromori en su excelente blog.
Las revistas en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.


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