Ediciones de la Flecha

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5/4/12

Jenny Lind: pico de oro

Se sabe que Fredrika Bremer pasó con ella los últimos días en La Habana  después de sus funciones del 10, 13, 15 y 17 de enero de 1851, que nunca estuvo contenta con su hospedaje en la calle Mercaderes y buscó otro, que caminaron juntas por los paseos, admiraron la flora y el clima,   la sueca y el ruiseñor del Norte, Jenny Lind, quien  irradiaba según Bremer, "la primavera" de su país.  Jenny Lind in America,  de C. G. Rosenberg, devela otros detalles. No es  el libro para entendidos sino la crónica de viajes y se puede hallar en él  la extensa bibliografía de su gira norteamericana y  su periplo habanero que nos ganó fama de público «fastidioso y difícil», no dispuesto a soltar los centenes, según el empresario Phineas T. Barnum, cerebro de la gira. 
Mientras una visión hasta cierto punto idealizada permanece porque, contra todos los pronósticos, la Lind se impuso  y según Rosenberg hasta le permitieron  encoresLa Ilustración de Madrid (15 de marzo de 1881) y otros periódicos destacan, sin embargo, no  sus excelencias vocales sino los precios "para oír sus gorgoritos", que a saber, fueron, en el Tacón, de 4 pesos dos reales por una luneta, 17 por un palco de primera y segunda, 13 por los de tercera, 2 pesos por la tertulia  y 12 reales sencillos por la cazuela. Casi toda la prensa  insiste  como un estribillo:
Si la Jenny Lind no es un pico de oro no será porque sus admiradores no le hayan suministrado metal para mandarlo a hacer.  
Muchos años después El Moro Muza  todavía habla, irónico, de la calandria, el ruiseñor y el sinsonte sueco. Su belleza ilumina la primera página.

Próximo "La Lind y el signor Vivalla".

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