Ediciones de la Flecha

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6/24/12

Cueto-Roig: segunda edición del libro sobre Raquel

Palabras de Juan Cueto-Roig en la presentación de la segunda edición de Raquel Revuelta: a la memoria de una gran actriz en Akuara Teatro, Miami. 


Los vídeos que vamos a ver aquí esta noche no creo que puedan ser vistos de otra forma o en otro lugar, pues me llegaron hace pocas semanas de Cuba. El primero, Fueteovejuna es un documental que filmó Pineda Barnet de la puesta de esa obra en 1963. Hasta el mismo Enrique lo había dado por perdido, y de pronto “apareció” entre el caos y el abandono de los archivos del ICAIC y del ICRT.
El segundo DVD de 30 minutos de duración es un homenaje póstumo de Lisette Vila a Raquel. 
Y el último, que yo considero el más valioso, es el primer acto de El dulce pájaro de la juventud, de Tennessee Williams, con Raquel, Enrique Almirante y Silvio Falcón, en una grabación del programa televisivo Teatro ICR, transmitido por CMQ TV en 1964.
El crítico Orlando Quiroga opinó sobre dicho programa en la revista Bohemia: Las gentes quedaron paralizadas en sus casas: nunca antes se había visto nada tan franco… Soberbia creación de Raquel Revuelta… El mejor programa de televisión hasta 1964.
Y dije que era muy valioso, a pesar de que no se ve con la suficiente nitidez, porque da una idea de la excelencia de la televisión de nuestro país, no sólo por las obras presentadas y las magníficas actuaciones, sino por los directores y adaptadores que contribuyeron a engrandecerla, como Roberto Garriga, Antonio Vázquez Gallo y Antonio Losada, por citar sólo tres. En las fotos del libro que dediqué a Raquel se aprecian también la calidad del vestuario y la escenografía en las transmisiones de Un romance cada jueves y Gran teatro del sábado.
Y hay que considerar que todo eso se lograba en una época en que los programas eran en vivo, sin teleprompters, ni los adelantos técnicos que hay hoy en día. No sé cómo podían aprenderse los libretos en tan poco tiempo, y que no se equivocaran al decir sus parlamentos. Recientemente leí Medea, obra que protagonizó Raquel el 7 de septiembre del 57 en Gran teatro del sábado, de CMQ TV, y me quedé asombrado de los largos párrafos que tenían que memorizar los actores. Cuando se lo comenté una vez a Manolo Coego, me lo explicó: teníamos la mecánica de aprender y enseguida olvidar.
En el apéndice del libro, nombro al azar casi un centenar de obras de la literatura universal interpretadas por Raquel en los años 55, 56 y 57. Un acervo cultural más valioso, en cuanto a cantidad y calidad, que sus actuaciones teatrales o cinematográficas.
Por eso, siempre he dicho que es imperdonable no haber conservado esos kinescopios. Lo mismo expresó una persona que compró el libro y escribió en el acuse de recibo: Este libro deja constancia de la magnitud y calidad de ese legado, y es prueba incriminatoria de un delito de lesa cultura, porque no haber conservado esos  kinescopios es un crimen.
Con este acto pienso doblar la página y dejar descansar a Raquel, y espero que ella haga lo mismo conmigo, ya que durante meses la lucha ha sido intensa. He tenido que vencer infinidad de dificultades, de las cuales la culpo sólo a ella, que desde el más allá sigue opuesta a que se le ensalce y adule. Y si hay alguien que tenía razones para presumir de sus atributos  era Raquel, y sin embargo, como dijo Fela Jar en una entrevista: Raquel es la persona más desprovista de vanidad que he conocido en mi vida.
Por mi parte, me siento satisfecho, como expreso en el libro, de haberle pagado una deuda de cariño, agradecimiento y admiración.
Para terminar, voy a leer un email que me envió hace unas horas Eduardo Casado, cuya hija, Raquelita, está hoy aquí con nosotros. Eduardo, vive en España y es profesor de la Universidad de Córdoba.

Querido Juan:

Me alegra mucho el éxito de tu libro sobre mi madre. Lo mereces. Es un libro sincero, ameno, informativo, completo, hecho desde el cariño, que refleja bien la esencia de mi madre.
Me hubiera gustado enormemente poder estar con ustedes hoy en la presentación del libro, pero ya sabes que ando lejos, en la vieja Europa. Desde aquí, recibe un fuerte abrazo,

Eduardo

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