Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

6/7/12

Viva Bradbury

Con el ejemplar de Crónicas marcianas, de Daína Chaviano, que he tomado en préstamo, (gracias), el que todos leímos a cualquier edad, La flecha... rinde tributo al escritor que ha influido no sólo a los que cultivan la ciencia-ficción o la fantasía, la tecnología o la imaginación,  sino  la literatura y más que a la literatura, la lectura. En un despliegue estupendo, Los Angeles Times de hoy,  publica varios artículos que hablan del escritor que adoptó Los Ángeles como residencia desde la adolescencia. En los pequeños detalles, Ray Bradbury, fallecido a los noventa y un años, y con  una obra colosal, se hace todavía más entrañable. Amó las bibliotecas angelinas y escribió Fahrenheit 451 en una máquina de escribir que alquiló por minutos en el sótano de la Powell en la Universidad de UCLA. Diez centavos cada media hora, mecanografiar la obra le costó 9.80. Era un caminante. No tuvo nunca automóvil y se le vio hasta muy tarde merodear en las librerías y las bibliotecas, los barrios y los parques. También acudió a los teatros donde se realizaron muchas adaptaciones de sus textos y sus cuentos cortos. Le fue fiel a la máquina de escribir y consideró que ni el fax ni el e-mail eran esenciales. Las bibliotecas sí. En ellas olió los libros como perfumes, los llevó en la cabeza como sombreros, se encaramó en sus escaleras, hurgó en los anaqueles y  halló allí su educación y la materia de sus sueños y sus historias. ¿Volverá a nacer un escritor como él? Viva Ray Bradbury.

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