Ediciones de la Flecha

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9/21/12

Remite Virgilio Piñera

La portada la he tomado de la Biblioteca de Barbarito
Virgilio de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978 recupera un nutrido volumen de cartas de Piñera y de amigos e intelectuales de su entorno como remitentes. Siempre es una alegría el rescate de la correspondencia como parte de la obra literaria de un autor. El énfasis de  Roberto Pérez León –autor del prólogo- en los momentos de brillantez en los que Piñera está «en cueros y en pelotas» con su material,  reafirman  que el derrotero del libro no era “documentar” sino exponer las cartas  “atronadoramente comunes”, como se dice en la solapa, sin más.

"También estas cartas deben estar dentro de la suma de su obra. Tenemos que reconocer que gran parte de la mejor literatura es algo común. Estas cartas son todo lo atronadoramente comunes para pertenecer a la mejor literatura. ¿Podemos asombrarnos al leerlas? No son novedad. Son la confirmación de una personalidad literaria que tendrá siempre el estrépito de lo callejero, lo común, donde habita la buena literatura. Sin falsedad. Como una fulminación (fogonazo) están estas cartas en la literatura cubana. No tienen secretos ni se bifurcan: son así (y qué)."

Y  aunque no es la forma más ortodoxa de publicar correspondencia, estamos interesados en Virgilio de cualquier manera. La edición no indica dónde se hallan las cartas ni  especifica, en la mayoría de los casos, sus características físicas. Se habla como posible destino de éstas  de dos universidades norteamericanas, la Biblioteca Nacional José Martí  y de otras, desperdigadas en Argentina, de lo que infiero es un proyecto viejo,  actualizado para la edición del Centenario que no intentó incorporar las publicadas en revistas o archivos digitales, a saber en el Archivo de Gombrowicz,  la revista Albur,  por Julio Rodríguez Luis,  en Viaje a los frutos de Ana Cairo y en la Colección la Herencia Cubana en Miami, entre las que recuerdo, pero hay más, algunas digitalizadas. 
Sobresale la arbitrariedad de las notas, no sé si de la editora [Patricia Semidey] o del prologuista. Mientras se identifica a René Portocarrero y a Milián, no se dice nada de Lam, Amelia o Mariano. Mientras hay una nota larga de Pérez Cisneros, nada de Luis A. Baralt ni de Adolfo Fernández de Obieta y así la lista es larga y no es mi propósito cansar al lector con detalles editoriales ni con los descuidos:  Rosa Chanel por Chacel y una Julia Tomey por Tomeu, así como errores en muchos nombres, títulos, mal escritos y sin sic. Creí que sólo me pasaba a mí que hago de editora y  correctora de mis libros. No es nada especial. En mi ejemplar de Mi correspondencia con Lezama Lima, dedicado por su autor Rodríguez Feo,  él mismo corrigió a mano las erratas y comillas de una edición muy cuidada. De leer ésta, Pepe  sufriría un shock parecido al que tuvo con una entrega de Ciclón.

Pareciera una demanda injustificada, pero se debía  saber dónde están las cartas. Hay una, a propósito del estreno de La boda, que  Carlos Espinosa Domínguez  cita : “En cuanto a La boda hay una lucha a muerte con las “artistitas” porque temen decir la palabra «tetas». ¡Qué van a decir sus padres!” (Virgilio Piñera en persona, Término Editorial, 2003, p. 153.) Aquí se transcribe las artistas en lugar de «artistitas», que suena más piñeriano.  Como se comprenderá, un editor del futuro necesitará volver a cotejar el original.
El prólogo es bellísimo, las cartas deliciosas, pero nos quedamos sin saber, entre tantos, quiénes son Eva [Frejaville], Agustín [Fernández], Niso [Malaret], Los Vieta, [Ezequiel y Beatriz Maggie] Annabell [Rodríguez], Mario [Parajón], Rine [Leal] ni qué relación guardan con el destinatario, lo que impide entender o disfrutar  o sufrir con los  episodios entre "Ramona", Pepe [Rodríguez Feo] y Piñera. Ramón Ferreira, del que se apunta a secas "dramaturgo cubano" y Gastón Baquero,  su fecha de nacimiento y muerte,  entre tantos otros, merecen algo más que una línea por identificación.  Se desperdició una oportunidad única de arrojar más luz sobre el teatro perdido de los cincuenta. Sobre todo porque no se sabe cuándo se podrá reeditar  un volumen de esta envergadura. 

Sigue en Remite Piñera II

2 comments :

  1. Es muy fácil saber quién Agustin Fernández, uno de los mejores y más exitosos artistas plásticos cubanos. Murió recientemente en Nueva York, donde además de decorar con sus esculturas numerosos sitios públicos, era dueño de todo un edificio en Manhattan. Cada vez que podía, le caía a puñetazos a Virgilio Piñera, a quien no podía soportar.

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  2. Cuando no estemos vivos los que podemos identificar los personajes, nadie lo sabrá. Espere por favor la próxima entrega donde se hablará de Ramón, Agustín y Piñera.

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