Ediciones de la Flecha

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8/21/13

Santos y Artigas hasta 1945

El espectáculo de  carpa fue por años casi  el único representado en los campos de Cuba pero muy pocos lo han explorado.  Muy buenas noches, señoras y señores... de Rigoberto Cruz Díaz (1972) es hasta ahora uno de los más valiosos testimonios sobre la vida de un circo (La Rosa) aunque Ramón Díaz, en su documentada entrada, refiere otras investigaciones  y es posible que a estas alturas nuevos libros se sumen a El arte circense en Cuba, de Miguel Menéndez Mariño, de la Colección Tablas-Alarcos.


Cartel de la colección de la Universidad de Princeton
De ahí mi entusiasmo por encontrar El circo a través de los años (El Artista, 1945), del periodista Jesús Sánchez Valcayo, reportaje escrito  a partir del diario de Pablo Santos, uno de los empresarios del Santos y Artigas junto con Jesús. Santos  abandonó su escritura a la muerte de su hijo Carlos y sus datos sirven a  Valcayo para su recuento. Presentado por Francisco Meluzá y Otero, el folleto de noventa y tres páginas, cuenta el día a día en el vagón del tren, las emociones, los avatares con los animales, los números estelares y los accidentes de la empresa que ha sido considerada un binomio perfecto. Los  jóvenes entonces inexpertos se conocen en Taco-Taco, Pinar del Río en 1898 y mucho después se unen como representantes de la Pathe y Gaumont, luego de una empresa cinematográfica –también una productora  y agencia teatral. 
En una ocasión Pubillones, hasta entonces el circo cubano  más renombrado, les niega un palco en el Payret, donde se presentaba todos los años, y por el desaire Pablo y Jesús crean el que hasta hoy es, incluso para los que nunca lo vimos,  el Circo de Cuba por antonomasia: el Santos y Artigas, el santiartigas de  Severo Sarduy. 
En los Estados Unidos  reciben la asesoría de Charles S. Sasse,  John y Charles Ringling –del Ringling, Barnun and Bailly– y de su director ecuestre Fred Bradna y en noviembre de 1916 comienza el famoso circo con una cabalgata y tiendas en la zona aldedaña al Payret.
 Según Valcayo, salvo en los años 1931-1932, se mantuvo activo hasta 1945, fecha de  publicación del libro, generalmente con dos carpas, el Circo Azul, bajo la dirección de Pablo Santos y el circo Rojo, al mando de Artigas, que recorrían  en tren ciudades y pueblos de Cuba, en especial, los ingenios azucareros. 

Un conocedor de las figuras del circo reconocerá la troupe de Horrin Davenport y los Hanneford en actos ecuestres, los alambristas Mijares, el domador Tom Wilmouth, las Loretta Twins, Castrillons, el príncipe Gargarán, el bailarín Pagán y Manolita y muchos otros, aunque más que en los artistas –siempre tan desconocidos– su interés es destacar los momentos emocionales, como su primera gira por América: duró  casi dos años al frente de Santos, mientras  Artigas cumplía con sus  temporadas habaneras. De los  "tarugos", a la vida en comunidad, los números  con el fiero Sansón y la tigresa Diana, y el cuidado de los animales. También sus desastres –el traga-espadas Drumon o el acuario humano del Sr. Vallens– y el fatal  accidente en el trapecio que  costó la vida a José Arrieta (Chelín). No es el libro que esperaba y no habla del "circo" sino sólo del Santos y Artigas,  obra de quienes con su imaginación y eficaz empleo de la prensa y la publicidad convirtieron  los "caballitos" en memoria e institución.

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