Ediciones de la Flecha

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9/17/13

Homenaje a Trinidad Rolando


Por Gerardo Fulleda León




Se dice fácil: 40 años de vida artística. ¿Y alguien puede aquilatar de un soplo los sueños, los contratiempos y los desengaños que reporta tal cosecha? Confieso no ser quien para responderlo; pero me vienen a la memoria
fragmentos de imágenes, retazos de conversaciones, múltiples planes, noches
de estreno con últimas funciones y los recuerdos me zarandean como a un barquito de papel en la tina del baño.

Pues hay historias que transcurren al lado de la propia y que llegan, sin uno darse cuenta, a formar parte de la de uno y por medio de las cuales se realizan también, algunos de nuestros propios anhelos. No he olvidado
aquella primera aparición de relámpago, por las cortinas del fondo lateral
izquierdo del Teatro Guiñol de Cuba, a mitad de La corte del faraón, en
aquella innovadora función de estreno de la puesta de Carucha Camejo. Una
muchacha joven y hermosa, como los antiguos retratos de mi familia, que con
su entrada en vez de truenos desató sobre los espectadores la dulzura de su
voz interpretando, con gracia y picardía: “La mazurca de la sombrilla” de la
zarzuela Luisa Fernanda, para robarme para siempre, parte del corazón, con
su actuación.

Corría el año 68 del siglo pasado, preñado de grandes acontecimientos
sociales, pero en lo personal el suceso anterior fue para mí uno de los más
importantes: quería que aquella joven actriz interpretara alguna vez mis
textos dramáticos. Un ángel del delirio debe haberme escuchado en aquel
instante, porque al cabo de los tiempos, hoy por hoy es aquella “aparición”
la que ha interpretado mas obras de mi cosecha.
En ellas y en otras muchas ha demostrado su profesionalismo ante todo riesgo
artístico. Se ha crecido con rigor y eficacia en uno y otro rol hasta
convertirse en una indispensable actriz de nuestra escena. Al privilegio de
su voz, le acompaña su temperamento, ese alto sentido de lo artístico y esa
fuerza de linaje dramático que sabe atemperar con ironía, buen gusto y
sobrada sensibilidad escénica.

No voy a enumerar ahora los numerosos roles interpretados a lo largo de su
carrera que le han valido el reconocimiento de la crítica y el publico que
la ha ovacionado en nuestros teatros y que se ha extendido en los últimos
cuatro años a escenarios internacionales de cuatro continentes, donde ella
ha actuado como figura central de una comedia musical: Lady Salsa, que
recorre con drama, bailes y canciones un panorama de nuestra historia social
y musical.

Solo citaré aquella jacarandosa y chispeante protagonista de Los cheverones
de José Barreiro, bajo la dirección de Miguel Montesco; la Emelina Cundeamor
del maestro Eugenio Hernández Espinosa y con realización del mismo que marcó
un derrotero; su impactante protagónico de La hija de Nacho de Rolando
Ferrer bajo la mano directriz de Alejandro Iglesias; el patetismo y lo
incisivo de su Samarkanda en Noches de satén regio de José Gabriel Nuñez; la
protagonista de Los cuernos de don Friolera de Ramón del Valle Inclán, con
puesta de Fernando Quiñones y la trágica mesura alcanzada con su Jabá de
Réquiem por Yarini, de Carlos Felipe.
Y por supuesto su conmovedora Atcide de Chago de Guisa, su caracterización
de un Ruandi que atesoró en la memoria y le valió elogios y premios; el
garbo con el que conducía la trama en Provinciana y, en lo máximo, la
creación de la Yiyiyi de Remolino en las aguas que escribiera para ella y
que en todas alcanzaran su esplendor bajo la dirección admirable de Tony
Díaz; gracias a la iniciativa del cual y en un inusual y hermoso gesto suyo,
nos encontramos esta tarde para agradecerle a Trinidad Rolando Portocarrero,
o mejor simplemente a nuestra Trini, por todo lo que nos ha entregado en su
vivir en escena, de ella y de nosotros mismos, con su integridad artística,
su dominio escénico y su talento.

Estas palabras del dramaturgo Fulleda León fueron pronunciadas en el año 2008, en el homenaje por los cuarenta años de vida artística de Trinidad Rolando.

1 comment :

  1. Lindo homenaje. Nada se compara con el dolor de perderla, ella fue luz como actriz, como persona y como madre, es una pena que no haya podido ver a su unica hija antes de morir. No pudo llegar a tiempo y por lo que se, aun espera porque quienes autorizan a los emigrantes a volver "de visita" por esta "razon humanitaria" le den respuesta de su caso.

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