Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

1/8/14

Rescate de San Duarsedo

El nombre de Eduardo Sans dice poco a la gente de teatro. Quizás sí a los cienfuegueros, ya que aunque muchos lo consideraron un revistero sin importancia, para otros fue el creador del ambiente teatral en Cienfuegos como cronista de espectáculos y por muchos años redactor, entre otros, del periódico local La Correspondencia así como corresponsal de otros periódicos. Como Zerep (Rafael Pérez Cabello) en 1898, recogió una mínima parte de sus crónicas o notas de prensa en su libro De las dos farsas, (Imprenta del Siglo XX, 1916), que me facilitó Lisley Peña Benavides, documentalista del Centro Yolanda Perdiguer del Teatro Terry y se encuentra en la Biblioteca Provincial de Cienfuegos.
Pequeña memoria del movimiento teatral local, lo califica en el prólogo el poeta Hilarión Cabrisas, quien cita elogios de sus compañeros de oficio, Luis G. Costi, Denis, y otros, que hoy apenas significan a los lectores. Nació en 1888 y firmaba San Duarsedo y aunque escribe desde 1902, el libro se redujo de cuatrocientas páginas a noventa y dos "por las dificultades que existen en este pueblo para editar".
Cuando seleccioné textos para Escritos de teatro: crónica, crítica y gacetilla, me pareció que Sans era un caso muy peculiar y su libro, como el de Zerep, debía ser rescatado en esas colecciones imaginarias de Ediciones de la Flecha que no hace falta imprimir, pues basta  digitalizar para los pocos estudiantes de Teatrología interesados por el pasado. De Zerep recogí algunas, las mejores, el libro está en Google y hay quien lo vende impreso, pero éste existe en pocas bibliotecas y publicar una o dos reseñas no le hacía justicia.
Sans reseñó todo lo que pasó por Cienfuegos en los primeros años de la República, figuras mayores y menores, de Ana Pávlova a María Guerrero, de Emma Calvé a Enrique Borrás, de las actuaciones de la compañía de Luisa Martínez Casado "enemiga del reclamo a bombo y platillo" a la inauguración del teatro Luisa (de su propiedad convertido en cine)  y los artistas que allí se presentaron (entre ellos, Esperanza Iris), los empresarios (Carlos Rafael Sanz) y el escenógrafo Miguel Lamoglia. Escribió sobre glorias locales como Arquímedes Pous, quien "nació para vivir entre las bambalinas como otros nacen para aburrir a los demás con su eterna ridiculez e insoportable grosería", pero lo más valioso y original para el estudio de la sensibilidad de una época, son sus reseñas sobre  coristas, cupletistas, bailarinas exóticas que ofrendan su pulga o sus lunares o sus «picos de paloma», de la Pepita Pupill, con sus ademanes peligrosos, a La Tirana, Alyna Lyna, Angelita Torrijos, la bella Oterito y tantas otras, así como los teatros de variedades y los ilusionistas.  Volveré sobre San Duarsedo. Lo leerán con más placer quienes se ocupan de las variedades y la sicalipsis.  Dijo que "la crítica teatral para ser sana y docta requiere antes que nada la ausencia de improvisación pues ésta trae desasosiegos e injusticias."

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