Ediciones de la Flecha

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2/23/14

Las Tulas de Montes Huidobro

Retrato de Antonio María Esquivel tomado del blog La divina Tula, de mi preferencia.
La Avellaneda regresa  triunfante como personaje. Matías Montes Huidobro concibe La Avellaneda una y otra vez en siete partes que podrían funcionar como obras independientes o actos, entre ellas, un monólogo o unipersonal en el que Gertrudis dialoga con las cartas que escribe a Ignacio de Cepeda.  Prevalece en su arquitectura, una imagen majestuosa,  presidida por tres personajes, Tula, Gertrudis y la Peregrina, que  interactúan entre sí y con más de veinte caracteres, que, de acuerdo al autor, pueden reducirse  a doce y transitan una escenografía que a partir de un muro y una rampa,  abarca el espacio geográfico en el que vivió la Avellaneda. La idea de cubrir, historiar y documentar  una vida y una obra que se resisten a ser enmarcados, crea una tensión legítima entre la fidelidad al material  y a las extensas citas de la obra literaria de Tula y la plasmación de éste como carne y hueso en la escena y, sobre todo, lo más arriesgado, que Tula o las Tulas vivan en el escenario en su dimensión espiritual.  No creo que la extensión o las citas interfieran en que un director logre un  espectáculo, sino más bien que la ausencia de la «gran» biografía de la Avellaneda  obliga a casi todos los que emprenden llevarla a escena, a insistir en hechos  que podrían ser  sugeridos o esbozados en aras de aligerar y no solamente de ropas a este personaje-emblema cuyo bicentenario celebramos.  El autor lo consiguió en Un objeto del deseo, una pieza larga para tres personajes, José Martí, su esposa Carmen y Lucía, uno de sus personajes de ficción.

Sin embargo, es difícil que obras así lleguen a la escena. Pienso en La divina Fanny,  (1995) o Las tres partes del criollo (2003), de Antón Arrufat, nunca representadas, salvo la primera como ballet, a pesar de su excelencia y apuesto por nuevos  directores que no se asusten con los clásicos, con el teatro histórico ni con los extensos repartos. Piense el lector en los muchos  personajes de Calígula, de Camus y las reducidas dimensiones de una salita como Prometeo donde Morín la estrenó  o los montajes de Roberto Blanco, de Valle Inclán a María Antonia, de Eugenio Hernández. 
Montes Huidobro se propuso  unir  al estudioso y el dramaturgo, y envuelto en una capa, se presenta como el Autor que ironiza, comenta y se integra a la acción para develar una imagen multifacética, pasional y profunda, que se abre paso a pesar del peso de la Gertrudis grave y monumental. Sorprende un "juicio" ¿uno más? a la Avellaneda, en la tradición del enjuiciamiento de los bufos y Falsa alarma, con Fornaris, Portuondo, y hasta Piñera presentes en el tribunal y desde luego, su regreso a Cuba y la “coronación”, momento en el que al fin, las Tulas oyen un eficaz leit motiv sonoro, el repicar de las campanas de la Soledad.


La Avellaneda una y otra vez, Plaza Editorial, 2014. www.plazaeditorial.com


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