Ediciones de la Flecha

Ediciones de la Flecha

12/9/15

¿Borrón y cuenta nueva?


Una nueva etapa de las relaciones entre los teatros de Cuba y los Estados Unidos empieza a interesar a los estudiosos. Acabo de leer  este documentado artículo y otros en la revista Elevate, que recibí  convoyada con el  LA Times,  puesto que, dedicada a estilo de vida e inmobiliaria,  nunca compraría. Son puntos de vista optimistas sobre la “apertura” o el deshielo, triunfalistas,  más bien llamados al turismo. Resalta un interés, quizás inconsciente, por adjudicar el protagonismo, repartir las parcelas del pasado,  o simplificar procesos muy complejos  en los que han intervenido muchas personas.
Se dice por ejemplo que el  Festival de Teatro de La Habana es de la autoría de Helmo Hernández – lo inventó en 1980– no que fue  creado por una institución ni fue obra del Ministerio de Cultura. Cuando intenté documentar o precisar muchos datos del artículo, al que presupongo muy buenas intenciones, y escribir un comentario, me di cuenta que al hacerlo pareciese que yo misma busco protagonismo. En mi pesquisa de autores y apoyatura, hay muchos, más jóvenes que yo, que han muerto en el camino.  Y me di cuenta que el único remedio y la única salida a tantos intentos de reescritura a conveniencia, serán los muchos libros que vendrán.
De  paso, me enteré en Facebook que Esther Suárez lo ha emprendido. Muy jovencita, recién terminados sus estudios de Sociología,  su sensibilidad  e inteligencia la decidió por el teatro y  vino a los Estados Unidos con el Teatro Escambray, en una gira apenas recordada,  casi por las mismas fechas en las que el San Francisco Mime Troupe nos dejó encantados con su commedia dell' arte  política y el carismático Ronnie Davies se apropió de un lunajod de recogida de basura y eso fue el revuelo de su taller del ISA. Antes probamos el pan del Bread and Puppet ¿o fue después?  Visitaron Cuba José Luis Valenzuela, Oscar Ciccone, Joe Papp, Ntozake Shange como antes Joanne Pottlitzer (traductora de Triana)  y gracias al apoyo de  Martha Coagney, presidenta por muchos años del centro norteamericano del Instituto Internacional del Teatro, entre otros, se celebró en La Habana, en 1989 un congreso de teatristas, que los rusos en medio de la guerra fría, querían adjudicar a Finlandia. Pero un finés que nos entendía –Ralf Långbacka– comprendió que no había otra oportunidad.   Todos sabemos qué ocurrió en 1989.
Me gustaría rectificar que todo no empieza en los 50, sino mucho antes. En los veinte Jorge Mañach traduce In the Zone, de O'Neill y en 1860, el Black Crook está en La Habana como luego los minstrels. Y en los cuarenta, Cuqui Ponce de León, antes que Modesto Centeno, está al día en las comedias de Broadway,  viene a los Estados Unidos todas las temporadas,  traduce y las dirige en la isla. Por favor, ¿y las vilipendiadas "salitas"?

Cada vez que pueda, como el Murciélago, intentaré «reescribir» no los hechos  que he vivido, sino mejor,  los que he leído y no hay forma de borrar.         

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